|

Cuando el pasado agosto la guerra
entre Georgia y Rusia por los territorios de Abjasia y Osetia
del Sur irrumpió en la soporifera actualidad estival,
el fantasma balcánico recorrió la espina dorsal
de Europa. Expresiones como limpieza étnica
e imágenes de masas de población civil huyendo
de las regiones en guerra volvieron a aparecer en los medios
de comunicación de todo el mundo. En Europa occidental
se temió el inicio de otra guerra de corte étnico
como la que desangró a los Balcanes durante la primera
mitad de la década de los 90.
Los
Balcanes y el Cáucaso, dos regiones separadas geográficamente,
pero que comparten la esencia conflictiva de las zonas fronterizas
situadas entre potencias medias o ex imperios venidos a menos.
Regiones en las que conviven poblaciones de diferentes procedencias
étnicas y religiones, y que a menudo se han convertido
en el marco en el que poderes externos han dirimido sus conflictos
de intereses.
El
próximo diciembre se cumplirán 13 años
de la firma del Acuerdo de paz de Dayton que puso fin a la
guerra dentro de la guerra; es decir, al enfrentamiento armado
a tres bandas entre bosnios musulmanes, serbiobosnios y serbiocroatas
en Bosnia-Herzegovina. Una sucia y sangrienta guerra que,
enmarcada en un conflicto de nivel bálcanico entre
los países surgidos del disolución del Estado
yugoslavo, dejó alrededor de 150.000 muertos y un millón
y medio de refugiados. 13 años han pasado desde que
el sonido de armas ligeras y de morteros desapareciera de
las calles y campos de Bosnia. Pero la guerra sigue sin estar
cerrada: la herida sigue abierta.
Lejos de los focos de la actualidad
Bosnia-Herzegovina
ya apenas es noticia. El país balcánico sólo
provoca titulares en las portadas de diarios e informativos
con detenciones estrella como la de Radovan Karadzic, ex líder
serbosnio y más que probable criminal de guerra que
ahora se enfrenta un proceso ante el Tribunal Penal para la
Antigua Yugoslavia de La Haya. Cuando a principios de octubre
los Ministros de Exteriores de la Unión Europea decidieron
reducir considerablemente los efectivos de la misión
de paz de la misión de la EUFOR en el país balcánico,
los diarios que informaron sobre ello ventilaron el asunto
con un breve o media columna. Quizá sólo el
eco de las armas ligeras y los morteros convertirá
de nuevo a Bosnia en noticia.
El país se recupera lentamente
de la guerra civil. Es díficil pasear por las calles
de la capital, Sarajevo, sin ver fachadas con agujeros de
bala o incluso grandes boquetes de artillería pesada.
Más de 3 años de enfrentamiento armado que marcaron
psicológicamente a la población del país
y siguen condicionando su actual organización. Bosnia
no es un Estado al uso. Dentro de él conviven dos entidades
paraestatales: la República Srpska y la Federación
Bosnia. En la primera se concentra la mayor parte de la población
serbobosnia ortodoxa, mientras en la segunda conviven croatas
católicos y bosnios musulmanes. Ambas entidades se
limpian las heridas mientras se observan de reojo.
Nebojsa Savija-Valha es director
de proyectos de la ONG Nansen Dialogue Center, una asociación
de origen noruego que trabaja en el ámbito de diálogo
interétnico, la mediación y la reconciliación
en gran parte de los países de la antigua Yugoslavia.
Nebojsa confirma la agudización de ese proceso de concentración
de la población civil según criterios étnicos
en Bosnia-Herzegovina: Actualmente, entre el 60 y el
70% de la población de Sarajevo es bosnio musulmana.
Ese mismo proceso también se está dando en la
República Sprska, pero con la población serbiobosnia.
Si te fijas en el número de mezquitas que han sido
construidas en los últimos años en Sarajevo
y alrededores, te darás cuenta de cuál es la
comunidad que domina en la capital. Otro ejemplo: los directores
de instituciones públicas y los profesores de universidad
son prácticamente todos bosnios musulmanes. Mientras
tanto, Banja Luca, la capital de República Sprska,
se está convirtiendo en una ciudad poblada casi exclusivamente
por serbiobosnios, y la parte oeste de Mostar, en la capital
de los bosniocroatas. Esa tendencia responde al reparto de
poder entre las élites de las diferentes comunidades.
Se trata de un gran obstáculo para la reconciliación
de la población bosnia. Es la llamada etnocracia.
Lejos quedan los años de mezcolanza y convivencia previos
a la guerra.
Al
otro lado de la frontera
República Sprska significa
en serbocroata República Serbia. Son los
restos del sueño de Radovan Kardazic de anexionar buena
parte del actual territorio bosnio al proyecto de la Gran
Serbia. A pesar de que la República Sprska pertenece
oficialmente al Estado de Bosnia-Herzegovina, el visitante
tiene la sensación de estar en un territorio que de
facto pertenece a Serbia. Las banderas del país vecino
cuelgan en calles y balcones, y gran parte de los letreros
y señales están escritos en alfabeto cirílico.
Ni rastro de la bandera oficial de Bosnia-Herzegovina.
Foca es una pequeña ciudad de la República Srpska
situada a unos 50 kilómetros de Sarajevo. Fue unas
de las primeras en caer tras la primera ofensiva de las tropas
serbobosnias en abril de 1992. Las fachadas de la mayoría
de sus edificios aparecen marcadas por la guerra. Antes del
conflicto, la población de Foca estaba divivida prácticamente
a partes iguales entre musulmanes y ortodoxos, que convivían
de forma pacífica y tolerante. Actualmente sólo
quedan unos 1.000 bosnios musulmanes en Foca y alrededores.
De las 11 mezquitas que había antes de la guerra, sólo
una quedó en pie. Faruk, de 20 años, es el imán
de la pequeña comunidad musulmana. El joven imán
reconoce que su posición en la ciudad no es la más
cómoda: Tengo que soportar malas miradas o alguna
que otra palabra fea, amenazas no abiertas. El último
susto lo tuve con la independencia de Kosovo. Una manifestación
de unas 5.000 personas acabó frente a la mezquita.
Los manifestantes comenzaron a recordar cosas tan horribles
como la masacre de Sbrenica. Entonces me pregunté a
mí mismo: ¿qué tengo que ver yo o la
comunidad musulmana con la independencia de Kosovo?.
Faruk se lanza la pregunta con una expresión de absoluta
impotencia.
Mehmed
Bradaríc es un ex maestro de Historia de la escuela
de secundaria de Foca. Cuando estalló la guerra huyó
con su familia al enclave de Goradze, dominado por tropas
musulmanas. Su mujer y sus hijos se exiliaron a Alemania,
pero Mehmed decidió cumplir con su deber de historiador
y quedarse en su país para poder documentar lo que
estaba pasando. Aguantó hasta abril de 1993, cuando
decidió reunirse con su familia. De las notas tomadas
por él sobre paquetes de cigarillos vacíos nació
un libro en forma de diario. A Mehmed no le gusta hablar de
la guerra, pero la conversación siempre acaba desembocando
en ella: Cuando daba clases antes del conflicto, le
explicaba a mis alumnos la historia del apartheid en Sudáfrica.
Eso es lo que tenemos ahora en esta ciudad. Si pido trabajo
siempre llega el momento en el que el empresario o el funcionario
me pregunta dónde estuve durante la guerra. La moral
de los musulmanes que volvieron es cada vez más baja.
En la República Sprska es necesario que la gente entienda
que la guerra ya pasó. Lo más duro es la presión
psicológica a la que estamos sometidos. Hay que admitir
que esa presión también la sufren los serbios
que se quedaron en la Federación Bosnia. Si queremos
construir una auténtica sociedad multicultural, multiétnica
y multirreligiosa, no puede ser que yo, como maestro de escuela,
sólo pueda dar clase a niños musulmanes.
Ahora
Mehmed lo tiene difícil para dar clases. Como musulmán,
no es aceptado por el sistema educativo público de
la República Sprska, así que trabaja para la
asociación City Association of Returnees of Foca, que
lucha por los derechos de los bosnios musulmanes que volvieron
al municipio tras el conflicto. Con todo, el profesor no se
resigna y se niega a dejar una ciudad que considera suya.
Sistema
etnocrático
El
pasado 5 de octubre se celebraron elecciones municipales en
el país balcánico, los cuartos comicios locales
celebrados desde el fin de la guerra en 1995. Los resultados
confirmaron el poder de los principales partidos gobernantes
en los dos entes que forman el país. Según los
datos de la Comisión electoral central, de los partidos
serbios, la Unión de los Socialdemócratas Independientes
(SNSD), del primer ministro serbobosnio, Milorad Dodik, ganó
35 alcaldías. El nacionalista y opositor serbobosnio
Partido Democrático Serbio (SDS) conquistó 15
alcaldías. Entre las formaciones musulmanas, el nacionalista
Partido de Acción Democrática (SDA) obtuvo 38
alcaldías, mientras que el multiétnico y opositor
Partido Socialdemócrata (SDP), predominante en la zona
industrial de Tuzla, sólo consiguió 9 municipios.
En Sarajevo, el SDA controlará ahora 4 cantones y la
SDP 2. El Partido para Bosnia-Herzegovina, del copresidente
bosnio-musulmán Haris Silajdzic, que en los últimos
años ha agudizado su retórica nacionalista,
fue el gran perdedor de estas elecciones al vencer sólo
en 4 municipios.
| PUBLICIDAD |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
| Informativos,
reportajes... Una televisión
para toda la diáspora aragonesa.
¡Pincha el logo! |
 |
|
 |
 |
|
 |
 |
| |
 |
 |
 |
 |
| La
primera televisión a la carta
en la red especializada en Medio Ambiernte |
 |
|  |
 |
|
 |
Una
librería excepcional en Barcelona
¡Pincha el logo!
|
|
 |
|
 |
|  |
|