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Pues si queridos y queridas,
a alguno les sonará mi nombre de algo, pero no, afirmo
públicamente no estar en medio de ningún escándalo
económico ni político. El jefe de la tribu,
Dionisio, si que se acordaba de que en algún momento
del inicio de este siglo envié alguna crónica
desde la siempre controvertida Serbia. Pues bien, después
de un periodo de readaptación al medio aragonés
he puesto mis ojos en China, más concretamente en Pekín,
y espero que mi capacidad de organizarme mejore para poder
enviaros de vez en cuando curiosidades desde este gran país.

Después de casi un mes,
he de decir que Pekín engancha igual que lo hacen todas
las grandes, enormes, inabarcables ciudades del mundo. Yo
que soy de cemento y alquitrán, léase nacido
y crecido en una gran urbe, soy poco objetivo, pero las posibilidades
de esta metrópolis son impresionantes. No me refiero
a las posibilidades económicas ni nada parecido, me
refiero a las posibilidades de sumergirse en diferentes mundos
con el único aliado de las líneas de metro,
una buena bicicleta (cómo es mi caso) o el uso de un
barato servicio de taxi . Abogo por el uso de la bicicleta
aunque seguramente a medio y largo plazo mi sistema respiratorio
pueda pagar por ello, pero me parece la forma más directa
y personal de conocer Pekín, y porque no también
la más económica y ecológica.

Sólo con cuatro semanas uno
se da cuenta de los grandes cambios urbanísticos, sociales
y culturales que ha sufrido Pekín
..aunque
mejor será decir que al final (pero también
al principio y en el intermedio) lo sufren las personas. Por
recuperar la idea de los diferentes mundos pekineses, la posibilidad
de encontrarnos con los cuatro mundos que estudiábamos
en secundaria se hace realidad en Pekín: el primer
mundo de un país que crece cómo no lo hace nadie
más, con un gran nivel tecnológico, una alta
inversión en la arquitectura del momento para sus grandes
obras privadas y públicas; el segundo mundo se encuentra
en sus afueras, con los grandes centros industriales funcionando
a todo trapo, produciendo más de la mitad del consumo
que necesita menos de un cuarto del mundo; el tercer sector
representado por los agricultores y su entorno, que en Pekín
sólo es visible si uno se aleja bastante del área
metropolitana; y el cuarto mundo, toda esa población
que viviendo en el duro Pekín sobrevive con lo que
puede, vive en unas condiciones peores que los campesinos,
y que se dedican a esas profesiones que los mayores de 55
años en España todavía recuerdan pero
sin referencia para los menores de 35 años (entre los
que todavía me encuentro).

Aparte de estas primeras impresiones,
no puedo dejar de decir que la Ciudad Prohibida es IMPRESIONANTE,
obliga a volver a ver El último emperador de Bertolucci,
que ya no se ve con los mismos ojos del que nunca ha estado
en China, Pekín o en la misma Ciudad Prohibida. Igual
de impresión puede causar la plaza de Tiannanmen, aunque
es un lugar más politizado y en cierta manera pierde
parte de encanto.(admito que esta es una apreciación
muy personal).
Me
encanta de Pekín la posibilidad de poder desplazarse
por sus hutongs/callejones, que cruzan la ciudad de este a
oeste, en menor número que hace 30 años pero
todavía le permiten a uno hacer muchos kilómetros
sin pisar las grandes avenidas, observando a pie de calle
cómo viven muchos pekineses a la vez que te alejas
de las calles más contaminadas y circuladas. Y
en
fin, que creo que ya es suficiente para la primera corresponsalía,
así que dejo muchas más cosas para próximos
días.
PD: Es de obligado cumplimiento
el envío de comentarios olímpicos, pero paso
a paso, que aún estoy bajo el jet lag cultural.
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