EL POLLO URBANO
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Desde 1977 primera revista de sátira política, información, ocio y cultura del mundo negro aragolés        
Nº 92 (3ª Epoca) Extra Verano: Julio, Agosto y Septiembre 2008. Zaragoza. 
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FOTOGRAFIA

Manel Soria
http://frikosal.blogspot.com/

Unas fotos y un rollete


-Sobre la libélula emperador, hembra
-Tres historias de fotografía nocturna
-Favelas, cachoeiras, borboletas y una iguana
-La desconcertante taxonomía de la libélula tigre
-Otros mundos
-Vida y muerte del pequeño ciervo volador
-Doce fotos
-Tres historias de serpientes
-De entre las ruinas
-26 horas esperando al pájaro inverosímil (II)
-26 horas esperando al pájaro inverosímil (I)
-A propósito de las lagartijas y la mística hinduista
-Cuatro bichos con mala fama, del 2006
-Breve informe sobre el comportamiento sexual de las mantis religiosas, ameles y empusas
-Los pájaros que han vuelto al río
-El lado oscuro de la Machaon: la historia de la mujer mariposa, Ali y el malvado genio
-En el museo
-Mariposas

-60 minutos en P4

-Una pequeña maravilla en tiempos de la sexta extinción

-Buscando al individuo entre la marabunta
-Ya es primavera (y otras cosas de poca importancia)

-El viajero accidental. Primera parte: Túnez
-Poder volar
-El fin del mundo, los patos y el sexo rápido
-Frikifotografía-Primera parte
-Semana Santa, Goya, procesión y procesionarias


Sobre la libélula emperador, hembra

    El anax imperator, o libélula emperador, mide casi 9 centímetros y es uno de los insectos más espectaculares de Europa. Si estos días os acercáis a una charca o a una zona de aguas tranquilas de un pequeño río, es posible que veáis al macho patrullando incansablemente arriba y abajo en su territorio. A diferencia de otras especies, como las libélulas tigre, el macho de la emperador no se detiene en una rama visible o en una piedra para exhibirse y descansar, si no que está continuamente volando. Y si caza por ejemplo una mariposa, separa las alas del cuerpo y la devora sin necesidad de detenerse.

    El año pasado tuve la suerte de poder fotografiar a una hembra en vuelo. Esta primavera las he visto varias veces poniendo huevos, y me preguntaba si sería capaz de fotografiarlas algún día (como ya pude hacer con las Pyrrhosoma nymphula.

    El otro día fui a una charca de aguas casi completamente estancadas y por tanto algo cenagosa y llena de algas e insectos muertos pudriéndose. Pero limpia. Por que incluso las aguas putrefactas, si no están contaminadas con residuos humanos de ningún tipo, conservan su dignidad natural y son un paraíso para muchos animales (y para los entusiastas de los bichos).


    Estando en la charca, tuve la suerte de poder ver y fotografiar a esta emperatriz poniendo sus huevos. Esta especie se caracteriza por que el macho suelta a la hembra y se desentiende de ella después de la cópula, lo que es una excepción entre las libélulas. La puesta, aunque no sea comparable en dificultad al parto de los mamíferos, si que entraña una cierta complicación y casi puede verse la cara de sufrimiento de la libélula. Y haciendo las fotos desde tan cerca, uno tiene la sensación de estar invadiendo su intimidad.


    A veces agitan las alas como para controlar mejor su posición. Aquí parece que se estaba como cayendo y movió una pata para recuperar el equilibrio.

    Otro día os hablo del macho y de sus luchas con la muy agresiva libellula depressa.




Tres historias de fotografía nocturna

1-Cazar una estrella (fugaz)

    ¿Se puede cazar una estrella fugaz? Si ampliáis la foto, veréis una línea sutil en el cielo, algo inclinada, larga (atención no la confundáis con la luz de un avión, casi vertical, que es corta y
gruesa).


Ese trazo lánguido es mi pequeña estrella fugaz.

    Esta captura me sugiere mil cosas para contar, el abismal vacío del espacio y la brutal entrada de esa partícula en nuestro planeta, el vértigo de la mecánica celeste con sus atracciones entre cuerpos y sus ecuaciones diferenciales, la técnica fotográfica empleada..

    Prefiero dejar aquí el recuerdo del silencio absoluto de una noche de invierno en soledad, la impresión del cielo plagado de estrellas, el recuerdo del frío intenso en las manos y en la cara.

    Y de pronto la mirada que descubre con alegría un rayo en la noche, tan breve que para cuando el pensamiento alcanza a alegrarse ya se ha desvanecido.

2-Noche y día

    Con las primeras luces, un poco antes del amanecer, pude sorprender a una discreta mariposa nocturna escondiéndose detrás de una hoja para pasar el día.



3-La noche de la mariposa-toro

    Yo nunca he militado en partídos políticos, organizaciones religiosas ni clubs de fútbol. Pero debo reconocer que soy miembro de una modestísima secta. Nos reunimos sin falta una vez al año, en una noche de primavera sin luna.


    No puedo dar muchos detalles. Tan solo diré que no tenemos nombre, ni mucho menos estatutos o mandamientos. Los iniciados (paz y amor para todos ellos) consideramos que esas formalidades no son necesarias.



    Las ceremonias se celebran en lo más profundo de ciertos bosques. Nuestro único propósito es el de invocar a una de las poténcias de la naturaleza, una mariposa nocturna que por el momento no ha tenido a bien aparecer. Entre tanto, amenizamos las reuniones con langostinos -eso si es preceptivo- y unos vinitos.


    Durante la última reunión, apareció de entre las tinieblas esta enorme mariposa-toro. Los sabios han dictaminado que es la Laothoe populi, hembra.



Favelas, cachoeiras, borboletas y una iguana

1-Favelas


La famosa playa de Ipanema (de la que volveré a hablar). Al fondo, a la izquierda, monte arriba, se ve una de las muchas favelas de Rio.

    Tuve ocasión de pasar unos días en Rio de Janeiro (Brasil) por motivos profesionales. Es una suerte poder hacer este tipo de viajes cortos, que además dan ocasión de hablar personas de diferentes países y hacer un poco de turismo. Pero al mismo tiempo siempre me quedo con la miel en los labios, muy cerca de lugares que me encantaría poder visitar, pero sin tiempo para hacerlo. Teniendo solamente un fin de semana libre y unas pocas horas sueltas cada día es muy difícil poder acceder a los lugares naturales que a mi me gustan. De todos modos, en Rio la naturaleza es exuberante y en la propia ciudad, en cualquier jardín ya se pueden ver colibries y unos insectos despampanantes que dejan a los europeos en total ridículo.

    Disponiendo de solamente un fin de semana es casi obligado alquilar un coche para poder ver algo, pero en Rio es peligroso conducir. No solamente por el estilo brasilero de tráfico, si no por que si por error entramos en una favela las consecuencias pueden (¿suelen?) ser fatales. De modo que el primer día nos trajo del aeropuerto un taxista al que preguntamos que nos costaría alquilar el taxi para pasar un día entero en Itatiaia. Nos dijo un precio que, sin ser barato, me pareció una cantidad razonable contando el cambio ventajoso del e

nos propusieron una alternativa, que por un precio tripe de la "cantidad razonable" acordada con Tiago, nos daría el mismo servicio. Después de un poco de regateo, lo pudimos bajar a algo más del doble, con lo que la cifra perdió su razonabilidad (y después de pagar, mi bolsillo se quedó con una persistente sensación de vacío). Pero esa era la única forma de desplazarse a Itatiaia. A los cinco minutos de acordar el precio, se presentó el Sr. Antonio con un coche normal (sin taxímetro) que como casi todos los vehículos de Rio podía funcionar con gas, gasolina, alcohol o una mezcla de los dos últimos.



    Por el camino, preguntándole acerca de las favelas y su peligro, Antonio (no es su verdadero nombre) nos confirmó que efectivamente, un coche entrando en una favela sin pararse sería tiroteado con seguridad. ¿Por que? No para robar, si no por que podría tratarse de la policía o de periodistas. Según Antonio, si la policía entra en una favela, se trata casi de una operación militar en la que es seguro que habrán muertos. O sin el casi, mirad este espeluznante vídeo. ¿Y los periodistas? Son casi tan mal recibidos como la policía por que sus fotos de armas y drogas en la favela, si se difunden, obligan a intervenir (además del robo, esto es uno de los motivos que hacen desaconsejable llevar mucho equipo fotográfico a Rio).



    Esto no significa que la mayoría de personas en las favelas sean delincuentes. Más bien al contrario. El propio taxista Antonio vive en una favela, como el 60% de la población de Rio (no se si este dato es exacto). Se trata de gente normal, trabajadora, pobre pero no famélica, que tienen la desgracia de vivir en un lugar fuera del la ley. O, más bien sometidos a una ley paralela de grupos mafiosos. ¿Es para tanto? Antonio sonrió y dijo que la anterior noche no pudo dormir por que hubo un tiroteo. Por la mañana, a las cinco, viendo que estaba tranquilo, salió y vio que el taxi tenía un disparo entre las dos puertas de la derecha, pero gracias a Dios ningún daño grave.

    Al cabo de unos kilómetros paramos a cargar gas y, efectivamente, allí estaba lo que parecía ser un disparo. Impresionados, continuamos el viaje. Para entrar en una favela hay que dejar el coche lejos, acercarse andando y avisar a los niños que están vigilando en la entrada. Se explica quien se es y que se va a hacer. Cuando ya están informados los jefes, si se tiene el permiso, se puede entrar. Gracias a Dios, continúa Antonio, él tiene trabajo y puede sacar a sus dos hijos adelante. Todo lo que viene del gobierno, la educación, la sanidad, la policía, es malo. Las posibilidades de que un niño de la favela salga de este submundo son escasas. Incluso trabajando y siendo aplicado en los estudios, las universidades parecen fuera de su alcance, incluidas las públicas. No existe algo como la clase media. Lula, en su opinión, pese a haber salido de la pobreza, se ha vuelto como "ellos" (pero la televisión insiste en que el porcentaje de niños escolarizados ha aumentado espectacularmente y otros conductores creen que si que ha habido alguna mejora).

    La conversación continua hasta llegar a Itatiaia. Sin dejar de dar gracias a Dios, Antonio nos dibuja un paisaje con dos brasiles. Uno, el oficial, de lujosas playas y gente que vive mejor que los europeos medios, está recibiendo una importante inyección de dinero gracias al aumento del precio del petróleo y se va de vacaciones a Europa o Australia. En el otro, completamente al margen del estado, los niños se acostumbran a convivir con la pobreza (y sobretodo, con la violencia) desde muy pronto. Viendo el video, casi parece que Rio es una ciudad sorprendentemente segura.

    Siempre he pensado que normalmente los que dan más gracias a Dios son los que tal vez tienen menos que agradecerle. Después de esta conversación, al entrar en el parque mi interés por los insectos me pareció insoportablemente pueril y el sueldo de Antonio algo mejor gastado, aunque sospecho que una parte importante fue la comisión para el personal del hotel.

    De todos modos, si el mundo tuviera arreglo, tal vez pasaría por la apreciación de la naturaleza, y quijotescamente pienso que podría ser que a los niños de las favelas les hiciera algún bien oir algo acerca de los insectos, igual que a los de aquí.

    Antes parecía que en el mundo quedaban cosas por probar, buenas (o malas) ideas que, en caso de ser llevadas a la práctica, tal vez podrían resolver los problemas de la humanidad. O por lo menos eran puntos de referencia. Ahora todo eso parece que ya pasó y no nos queda más que una cierta resignación y miedo ante el futuro.


Estas fotos de una favela están tomadas desde la autopista sin correr absolutamente ningún riesgo. He dudado en subirlas, al final he elegido las que no mostraban ninguna persona reconocible. Estos son problemas muy serios para los que yo no tengo ninguna solución. Pero por lo menos, no quisiera dar la impresión de que me recreo en la miseria de los demás.





La desconcertante taxonomía de la libélula tigre


Busquen las diferencias entre estas dos libélulas tigre (pinchar para ampliarlas):





     Los Onychogomphus son unas libélulas grandes, con la piel rallada de amarillo y negro y los ojos azules, que frecuentan charcas y riachuelos de toda la península. En casa las conocemos como libélulas tigre. Lo que ya resulta más deconcertante es que hay por lo menos dos especies de Onychogomphus, muy parecidas. ¿Era necesario?

    Yo sé que mucha gente duerme feliz sin preocuparse por esta multiplicidad de libélulas tigre, pero a mí me angustia un poco. Entre otras razones, porque a pesar de lo mucho que me gustan, y lo que llego a disfrutar mirando de cerca sus ojos de holograma, soy incapaz de diferenciarlas.

    Mi libro de cabecera, el Dijkstra-Lewington, da varias claves: difieren principalmente en algún detalle de las alas, en la pinza para agarrar a las hembras durante la cópula y en la vulva. Las diferencias en la disposición de las rayas, o los ojos, no son concluyentes (vienen a ser, por ejemplo, como el color de la piel en nuestra especie). Estos detalles bastan para que sean dos especies distintas, su apareamiento es imposible (ignoro si hay híbridos).


Onychogomphus forcipatus (recorte de la anterior).

    Pero esta tarde he dado con una clave certera, que el Dijkstra-Lewington apenas menciona: el Onychogomphus forcipatus tiene una mancha amarilla entre los ojos y el Onychogomphus uncatus, no. Siento decir que dentro de unas horas no voy a recordar cuál es cuál, espero retener por lo menos el detalle de la mancha. La taxonomía y la ortografía me resultan dificilísimas. Repito: forcipatus macha, uncatus liso, forcipatus macha, uncatus liso...

    El uncatus tiene restos de comida en la boca, pero eso es pura casualidad.


Onychogomphus Uncatus (recorte de la anterior).


Otros mundos


Nebulosa Rosetta - (c) De los autores, reproducida con permiso

    Ya hacía tiempo que tenía ganas de acompañar a mis amigos Oriol e Ivette a una de sus sesiones de astrofotografía. Aquel día el tiempo fue muy malo, pero en las fotos del satélite se veía un claro en el frente de nubes que se dirigía justamente hacia nosotros. De modo que decidimos probar suerte.

    Para poder ver algo en el cielo hay que alejarse de la luz de las ciudades. En nuestro caso, hay que conducir más de 100km entre ida y vuelta, abonar los correspondientes peajes y tener un entusiasmo a prueba de bomba. El entusiasmo es esencial: esa tarde el cielo no parecía despejarse por ningún sitio. Al llegar, además de las nubes, había una niebla muy espesa, que predisponía más a la ufología que a la astronomía.



    Pero a pesar del mal tiempo, allí estaban todos los aficionados, hablando de telescopios, galaxias y un montón de cosas más que yo no entendía (por que de astronomía yo no se nada, quiero dejarlo claro: yo solamente he fotografiado planetas en la cocina. Hacia las once de la noche, en vista de que no despejaba, decidimos regresar. Me comentaron que lo malo hubiera sido no ir, siendo una noche sin luna, y después que el cielo se aclarara.

     Al cabo de unos días repetimos la excursión. El cielo estaba sereno, pero al llegar pude ver lo que la niebla me ocultó el día anterior: la contaminación lumínica era horrible. Yo pensaba que estando relativamente lejos de la capital el cielo sería bastante más oscuro. Donde yo suelo hacer mis fotos nocturnas, el cielo es mucho mejor, pero está lejísimos y no puedo ir más que de vez en cuando. Una verdadera lástima. Un cielo en condiciones es un tesoro para los ojos, del que cada vez menos gente puede disfrutar. Y no todo el mundo sabe valorarlo.


     Las fotos que hacen son espectaculares. Últimamente, suelen fotografiar nebulosas y galaxias. Las nebulosas (la primera foto) son grandes nubes de gas con estrellas en su interior. Se representan con colores arbitrarios que indican la composición del gas en cada punto. Las galaxias son enormes conjuntos de estrellas que orbitan parsimoniosamente a una distancia inconcebible. Cada una de estas estrellas emite su luz, fotones y más fotones que se dispersan en todas direcciones. Al cabo de millones de años, una parte infinitesimal de ellos llega a nuestro planeta y entre esos, unos pocos son capturados por la cámara y conservados en forma de imagen. Podría ser que cuando llegan, la estrella de la que partieron ya haya dejado de existir. Y lo que es peor, podría ser que después de su largo viaje, esos fotones quedaran totalmente diluidos por las luces de la ciudad.


Galaxia Andrómeda - (c) De los autores, reproducida con permiso

Ya lo decía Paul Simon,

These are the days of miracle and wonder
The way we look to a distant constellation
That's dying in a corner of the sky

    Aunque la palabra constelación aquí no debe interpretarse en forma literal, a los poetas y a los cantantes se les pueden permitir ciertas licencias.


M51, la galaxia caníbal - (c) De los autores, reproducida con permiso

    Ya de regreso a casa, la radio del coche informó extensamente de la liga de fútbol. Resulta que los asientos de un famoso estadio miden 48cm en lugar de los 50 reglamentarios. El asunto es serio y ha terminado en el juzgado. Esto les ocupó todo el viaje de regreso. Del resto del universo no comentaron nada.


    El equipo necesario es sofisticado. Los objetos de interés son tenues y no pueden captarse si no es con una exposición larga, pero como la tierra gira, el telescopio debe moverse en sentido inverso para enfocar al mismo punto del espacio (en la foto se ve un poco este movimiento). El telescopio era un Newton, sobre una montura con motor de seguimiento. La cámara es una CCD especial para astronomía (que solamente funciona conectada al PC). Lleva un sistema de refrigeración que mantiene el sensor a 20 grados bajo cero, para reducir el ruido. Encima del telescopio se monta otro más pequeño, con una segunda cámara que sirve para guiar al principal. Se enfoca a una estrella, que debería estar fija. Un programa analiza las imágenes de la cámara auxiliar, detecta los cambios de posición en la estrella guía y corrige los errores en la rotación del telescopio principal. Cada exposición dura horas. Se toman varias imágenes con diferentes filtros que después se superponen. El equipo se controla con dos ordenadores desde dentro del coche. La luz roja a la derecha es una batería que alimenta al conjunto.

    Agradezco a Oriol Lehmkuhl e Ivette Rodríguez que me hayan permitido usar sus increíbles astrofotografías para este artículo.


Vida y muerte del pequeño ciervo volador


             
El pequeño ciervo volador, Pseudolucanus barbarossa, macho y hembra. El macho tiene las mandíbulas exageradamente grandes.

    El ciervo volador, lucanus cervus, es un escarabajo interesantísimo, que yo creo daría para un libro entero. Solamente destacar su enorme tamaño (¡hasta 90 mm!) y la gran diferencia entre machos y hembras. Los machos adultos tienen unas enormes mandíbulas que los incapacitan para cualquier cosa útil pero que en cambio les permiten pelearse entre ellos con gran eficacia. Los vencedores del combate se aseguran el favor de las hembras, de menor tamaño y con una boca que les permite comer, actividad más mundana que la guerra pero sin duda más útil. Los hijos machos de la unión heredarán las mandíbulas del padre y las hembras la preferencia de la madre por los machos de mandíbula exagerada. La evolución tiene estas cosas, no basta con estar adaptado al medio ambiente, si no que hay que ser capaz de encontrar pareja. Esto a veces da lugar al runaway sexual selection , proceso natural que engendra monstruos como el escarabajo ciervo, el pavo real y otras aberraciones que los lectores del libro The mating mind conocen bien.

    Los jóvenes escarabajos ciervo tienen el aspecto de un gusano. Pasan años enteros ocultos, alimentándose de madera podrida, preferentemente de roble (pero tal vez no únicamente). Cuando ya son grandes gusanos de más de 10cm y se sienten con fuerzas para enfrentarse a la vida adulta, vacían una cámara dentro de la madera y realizan la metamorfosis que les convertirá en escarabajos gigantes. La vida del adulto es relativamente corta y tiene por finalidad casi exclusiva la reproducción. Pero nada de esto se conoce con certeza: la duración de la vida larvaria, su dieta, el momento de la metamorfosis.. son pequeños misterios que probablemente nunca se van a resolver por que la extinción del Lucanus cervus ya se da casi por segura desde finales de los 80 (aunque últimamente los entendidos en el tema son algo más optimistas).

    Su problema principal es la destrucción del hábitat. Como en el caso de uno de sus depredadores, el autillo, necesita bosques viejos con ramas y árboles caídos que se pudran tranquilamente allí mismo. Si se cortan los bosques, desaparece el autillo, el ciervo volante y quien sabe cuantas especies más.

    Yo nunca he tenido la suerte de ver al lucanus cervus. En cambio, he podido ver y fotografiar a un pariente suyo, muy parecido, algo más pequeño y más escaso: el Pseudolucanus barbarossa que os muestro en estas fotos. Dice el texto que citaba al principio: Si poco se sabe del Ciervo Volante, menos aún se conoce sobre Pseudolucanus barbarossa, una especie próxima, endémica de la Península Ibérica y norte de Marruecos (Baraud, 1993) y que se enfrenta a los mismos peligros potenciales. Cuenta con el agravante de que sus poblaciones parecen ser bastante más escasas. Y yo añadiría que además, lo atrae la luz.

    Los endemismos como el Pseudolucanus son animales que solamente existen en pequeñas zonas del planeta. Y hacen temblar de emoción a los expertos, que pueden llegar a recorrer muchos kilómetros para poder verlos y fotografiarlos. La Península, por su situación entre África y Europa y por su clima variado, es especialmente rica en endemismos ¿No es emocionante pensar que cerca de nuestra casa tal vez podemos ver un animal único en el mundo?

    Yo, sin ser consciente de su gran importancia, había visto al Pseudolucanus barbarossa en varias ocasiones, pero siempre animales medio muertos. El verano del 2006, estando en un pueblo aragonés cuyo nombre no es prudente citar (por que este insecto es realmente escaso), al salir de madrugada de una fiesta en casa de un amigo, pasé andando por la plaza y cerca de la farola oi un fuerte zumbido. Era el Pseudolucanus, que es más pequeño que el Lucanus pero también espectacularmente grande. Fui corriendo a por la cámara y me las arreglé para fotografiarlo. Yo lo confundí con el Lucanus, pero el biólogo Pedro Ayerbe me corrigió el error. Los insectos siempre encuentran la manera de sorprendernos, son más complicados de lo que uno imaginaba.

    Desde que pusieron las farolas nuevas en dicho pueblo los he visto en alguna ocasión más. Da la impresión de que la luz de las farolas los atrae fatalmente. En mi opinión, las farolas son más potentes de lo necesario e iluminan innecesariamente el cielo, para la desesperación de los aficionados a la astronomía y de los insectos. El verano pasado vi a este ejemplar totalmente desorientado. Alzó el vuelo varias veces. Es realmente espectacular verlo abrir las enormes alas inferiores, tomar aire durante unos segundos, empezar a agitar las alas con un zumbido fuerte, y salir volando rapidísimo ... para acabar chocando tontamente contra la farola.


Desplegando las alas


Listo para volar!


Visto de frente

    Los insectos tienen dos pares de alas, pero en el caso de los coleópteros, el primer par (los élitros) sirven principalmente para proteger a las inferiores. Las alas verdaderas son tan grandes que no podrían caber debajo de los élitros si no estuvieran plegadas. Alzar el vuelo o recoger las alas es una delicada tarea de papiroflexia. Una mariquita lo hace demasiado rápido para poder verla, pero estos bichos tardan por lo menos dos segundos y da tiempo a intuir la complicación del movimiento. También se aprecian en las fotos los grandes músculos en el tórax, que son los que mueven las alas. Pero ese vuelo es caro en términos de energía, hay que comer mucha madera podrida para poder levantar a ese gran escarabajo. A las pocas veces de intentar volar y chocar, el pequeño ciervo volador estaba exhausto y maltrecho por los golpes.




    Viendo que estaba próximo a morir, después de mucho pensarlo, lo llevé al bosque de robles que está a unos 500 metros, por ver si allí encontraba a su media naranja. Me temo que no fue así.



Doce fotos

Queridos amigos y familiares,

    Como pasa el tiempo. Después de una ausencia involuntaria durante el mes de octubre, aquí estoy de nuevo con en este vértigo pudoroso que da pensar que las cosas que yo escribo ahora, tal vez van a ser leídas allá en el otro extremo del cable.

     Mi habitual melancolía de otoño, la magia que tiene el número doce a finales de año, y sobretodo la idea (desechada) de editar un calendario con una foto mía para cada mes, me sugieren un juego: Elegir una foto de cada mes para este último Pollo del año. No necesariamente la foto que más me guste, simplemente alguna que me traiga recuerdos agradables y que no haya publicado en otro rollete. Esta es la selección, empezando por diciembre del 2006, y terminando este noviembre. De doce fotos, once me han salido de naturaleza. A ver que os parecen.


Diciembre: Aguilucho lagunero cerniéndose




     Ese día, hace un año, prácticamente estaba estrenando mi nueva cámara. Ahora ya me parece que la haya tenido toda la vida. En solamente doce meses, ya tiene la correa amarillenta de tantas horas de llevarla a cuestas. Debo decir que este color amarillento, producido por el sudor del cogote y el sol, es mi secreto mejor guardado. Si alguna foto mía os gusta, no penséis que se debe a la cámara ni a mí, si no a las horas necesarias para que la correa se gaste.
Este aguilucho lagunero se detuvo en el aire antes de lanzarse a capturar una presa.
Aquí cuento algún detalle de como la hice.


Enero: Cormorán en el Océano Pacífico



     En Chile, una tarde de mucho viento. Una amiga me llevó a ver el Océano Pacífico estrellándose contra las rocas. Eran tan grandes que el cormorán, a punto de ser engullido por la espuma, casi parecía un puntito. Esa tarde yo apenas podía andar a causa de una caída en el mar, justamente persiguiendo a otros cormoranes. Tuve suerte, solamente fue un buen susto, una cámara remojada (la de los viajes, que sigue funcionando perfectamente) y un mes a base de tres ibuprofenos al día.


Febrero: Atardecer en los Mallos de Riglos




     Siempre que paso por esta serpenteante carretera tengo la tentación de esperarme a ver el atardecer en los mallos, que parecen puestos a propósito para que se iluminen con los últimos rayos de sol.


Marzo: La cigüeña y el sol




     Al amanecer, en la soledad de una marisma. Una cigüeña levanta el vuelo y pasa frente al sol.


Abril: La lagartija y yo




     Después de observarla durante horas, una lagartija me tomó tanta confianza que llegó a apoyar su pata sobre mi dedo izquierdo. Más cosas sobre la mística de las lagartijas


Mayo: Ecos de danzas sufís




     Es Estambul, por fin pude presenciar la danza hipnótica de los derviches.
Algún comentario más sobre los derviches aquí.


Junio: El abejaruco




    Después de varios intentos, esta primavera pude fotografiar al abejaruco, en compañía de un buen amigo, desde un escondite. Aquí cuento más cosas de como la hice y donde colocarse para tener la mejor luz al amanecer, según el día del año.


Julio: Zigaena fausta



     Una zigaena, mariposa nocturna y venenosa que vuela de día. Posada sobre una flor, en un prado verde y rebosante de insectos, al lado de un río.


Agosto: La luz de la luciérnaga




     Ya hacía tiempo que trataba de fotografiar a una luciérnaga encendida. Además de las dificultades técnicas, el principal problema es que quedan poquísimas. Aquí cuento algo más de como hice la foto.


Septiembre: La increíble charaxes jasius




    Dando un paseo por el monte con la familia, se nos apareció la increíble Charaxes jasius, montando guardia en su atalaya de madroño. Pero esta mariposa, además de ser preciosa, esconde alguna sorpresa.


Octubre: Té después de una sauna rusa




    Estuve en Moscú, y unos amigos me invitaron a una sauna. Había una mesa con te humeante preparado, para tomarlo después de la sauna rusa (con baño en agua a cuatro grados). Más sobre la sauna rusa.
http://frikosal.blogspot.com/2007/11/la-sauna-en-rusia.html


Noviembre: La danza de las estrellas




    Disfrutando de la soledad de una noche muy fría de noviembre, fotografié la danza de las estrellas en torno a la polar. Es inevitable pensar de nuevo en los derviches y en su trance.

Así como quien no quiere la cosa, ya han pasado doce fotos y sus meses. A ver que nos va a traer el próximo año, trataré de ir contándolo.



Tres historias de serpientes


Primera serpiente: la culebra de agua, natrix maura

    Este año he pasado muchas horas buscando culebras de agua en diferentes ríos. Lo primero, preguntar por ellas a los bañistas y a la gente del pueblo. Unos me dijeron que llevaban años bañándose cada verano allí, sin haber visto ni una, ¡por suerte!. Otro, en el mismo lugar, me dijo que había muchas, que una vez agarró una por la cola y que le mordió la mano (y se tocó con la otra mano, como si todavía le doliera). Un naturalista competente me dijo donde podía encontrarlas, y le creo, pero en ese lugar yo solamente encontré un precioso sapo, del que ya hablaré.


Esta se escondía debajo de una piedra pero pude verla y al levantar la piedra me dejó unos segundos antes de escaparse.

    "Las serpientes tienen sus ritmos, es cuestión de aprenderlos", me dije. De manera que casi cada mañana yo me paseaba río arriba, río abajo, con el bañador, las chancletas y la cámara, buscando a mi culebra, la que tenía que hacerme feliz. Y vi varias, aunque no pude hacer la foto que yo quería.

    Pero estoy contento solamente por haberlas podido ver. Si no nos han visto y nos quedamos quietos, es posible observarlas un rato. Es un placer contemplar como van serpenteando por todos los rincones en busca de una presa, con sus movimientos sinuosos y lentísimos que dentro del agua las hacen parecer una rama. Pero por desgracia, el más mínimo movimiento de la superficie emborrona la imagen. Para hacer una buena foto, hay que sorprenderlas en la orilla... o lograr que salgan.


Esta es la que estuvo a punto de jorobármelo todo.

    Al tratar de empujarlas cariñosamente con un palo, se esconden y no hay forma de hacerlas salir. Excepto esta última, que casi me estropeó la cámara. Al verla, dejé la bolsa en la orilla para sacar el polarizador, lo que no mejoró demasiado la foto. Como estaba tranquila pensé, "esta no se me escapa" y dejé la cámara encima de la bolsa abierta, cogí un palo y fui a por ella con cuidado. Pero al empujarla por el cuello, la culebra se empeñó tozudamente en dirigirse a mi jugosa pierna en lugar de a la orilla. Y al final, tanto se acercó, que me asusté y di un gran paso atrás dentro del agua, salpicando horriblemente la cámara y todo el equipo. Como si hubiera tirado un cubo de agua encima de los objetivos.

    No creo que pretendiera morderme, pero mi tontería estuvo a punto de salirme muy cara. Tuve que usar el procedimiento de emergencia para remojones: sacar todos los trastos, apagarlos y sacar la pila inmediatamente, secarlos con lo primero que encontré (mi camiseta) y después al sol un buen rato.


    Otro día si que pude fotografiar una culebra de agua fuera del agua, pero no de la forma que yo hubiera querido.


Segunda serpiente, la culebra de escalera, rhinechis scalaris

    Estaba conduciendo con la familia a ultimísima hora de la tarde, por una carretera estrecha que a duras penas permite el paso de dos vehículos. En pleno verano, a esa hora mágica entre el día y la noche en que las luces están recién encendidas y parece como que todavía no alumbran, cualquier cosa es posible. Y nadie se extraña si ve a un chotacabras esperando agazapado en el centro de la carretera, para salir volando justo cuando ya parecía que no era un pájaro sino una piedra.

    Pero ese día yo vi un palo extraño y sinuoso, justo a la salida de una curva. ¡Una serpiente!


    Apenas tuve tiempo de encajarla entre las ruedas del coche, aparcar en la cuneta y poner las luces de avería. "Es un palo", me dijo mi mujer. "No, es una serpiente y creo que no la he pisado". Salí del coche con la cámara en la mano, y efectivamente no era un palo si no una culebra de escalera, vivita y coleando, sin ninguna lesión. Era una de las que yo tanto había deseado (aunque en otra ocasión ya la pude fotografiar con tranquilidad, la veréis en otro de mis rolletes).

    El asunto no estaba fácil. La carretera no era transitada, pero unos conocidos venían detrás con su furgoneta y no podían tardar demasiado en llegar. La culebra había tenido mucha suerte de que no la atropellara, pero yo no estaba dispuesto a correr este riesgo. Aquí lo suyo hubiera sido tumbarme en el suelo y sacar un primer plano de la cara, sin esa sombra tan fea. Estaba muy tranquila calentándose encima del asfalto (la temperatura era de 19 grados) y creo que me hubiera dejado.


    Los niños bajaron del coche y pudieron verla un momento (a salvo desde la cuneta) mientras la empujaba con un palo para que se apartara. Después de haber visto tantas atropelladas, es una sensación bonita salvar a una serpiente y poder observar sus movimientos tan elegantes y llenos de vida.

    A fuerza de preguntar constantemente por las serpientes, todo el mundo estaba al corriente de mi obsesión de este verano. De modo que al día siguiente cuando salía hacia el río me preguntaron como estaba la cosa.

-La de agua se me resiste, solamente la he podido retratar dentro del río, pero ayer vi una culebra de escalera.

-¿Cómo es que no la mataste?


Tercera serpiente: muerte de una culebra de agua

    El día después de haber rescatado a la culebra de escalera, me fui de nuevo al río, como siempre con la ilusión de sorprender a la mítica culebra de agua, pero esta vez fuera del agua. Y debo decir que ese día mejor me hubiera quedado en casa.

    Ya nos advirtió Heráclito de que no es posible bañarse dos veces en el mismo río, pero esta vez el cambio fue demasiado grande. Cuando ya estaba dentro del agua con la cámara al cuello, me di cuenta: el agua casi estancada estaba llena de una especie de uvas negras hinchadas que flotaban perezosamente. No eran uvas, sino excrementos de cordero. Alguien había llevado un rebaño a abrevar (cosa que seguramente tiene todo el derecho a hacer). Siempre he temido a las multitudes, incluso las de corderos.

    Asqueado por tanta porquería flotando a mi alrededor, di media vuelta para salir de allí cuanto antes. Por donde han pasado los rebaños siempre hay parásitos, por lo menos pulgas y garrapatas e incluso una vez vi a la muy asquerosa sanguijuela en un río frecuentado por vacas.


    Me esperaba una sorpresa algo macabra: Allí, en mitad del río, estaba la culebra de agua, flotando panza arriba entre las bolas hinchadas de caca de cordero. Muerta, sin posibilidad de resucitar. La saqué del agua con un palito para poderla ver y rendirle justo homenaje. Era un ejemplar pequeño que apenas debía de estar empezando a descubrir como ser una serpiente. Después de haberla buscado tanto, me dio verdadera pena verla allí tumbada con la mirada vidriosa, el cuerpo deforme y la sonrisa helada por el rigor mortis. Imagino (quiero imaginar) que los corderos la pisaron al entrar en masa al río para beber.


    Yo había pedido poder fotografiar la culebra de agua fuera del agua. Hay que tener mucho cuidado con los deseos, por que a veces se cumplen.

    Ya me marchaba cuando una mosca acudió a darle un beso en los labios a la serpiente muerta.


    Y con este beso hubieran terminado mis vacaciones por lo que a reptiles se refiere, de no ser por la providencial aparición de uno de mis animales míticos: el lagarto ocelado. Pero de eso, si Dios quiere, hablaremos otro día.


De entre las ruinas

El unicornio de los invertebrados

    Hitler y su arquitecto Speer pasaron muchas tardes decidiendo los detalles de las obras faraónicas que debía erigir el tercer Reich. Les preocupaba el aspecto que tendrían dos o tres mil años después, una vez reducidas a ruinas. Querían que fueran tan espléndidas como las de los templos griegos y romanos. Por ello evitaban, en la medida de lo posible, el uso de hormigón armado. Ya se sabe que los hierros retorcidos hacen feo.

    Estas cosas pensaba yo el otro día estando en Turquía (por motivos de trabajo). Una tarde, a última hora, nos escapamos a visitar unas ruinas romanas. La luz era espléndida y disfruté muchísimo. Para mi, visitar es