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-Sobre la libélula emperador, hembra
-Tres
historias de fotografía nocturna
-Favelas,
cachoeiras, borboletas y una iguana
-La
desconcertante taxonomía de la libélula
tigre
-Otros
mundos
-Vida
y muerte del pequeño ciervo volador
-Doce
fotos
-Tres
historias de serpientes
-De
entre las ruinas
-26
horas esperando al pájaro inverosímil
(II)
-26
horas esperando al pájaro inverosímil
(I)
-A
propósito de las lagartijas y la mística
hinduista
-Cuatro
bichos con mala fama, del 2006
-Breve
informe sobre el comportamiento sexual de las mantis
religiosas, ameles y empusas
-Los
pájaros que han vuelto al río
-El
lado oscuro de la Machaon: la historia de la mujer mariposa,
Ali y el malvado genio
-En
el museo
-Mariposas
-60
minutos en P4
-Una pequeña
maravilla en tiempos de la sexta extinción
-Buscando
al individuo entre la marabunta
-Ya es primavera (y otras cosas
de poca importancia)
-El viajero
accidental. Primera parte: Túnez
-Poder volar
-El fin del mundo,
los patos y el sexo rápido
-Frikifotografía-Primera
parte
-Semana Santa, Goya,
procesión y procesionarias
Sobre la libélula emperador, hembra
El
anax imperator, o libélula emperador,
mide casi 9 centímetros y es uno de los
insectos más espectaculares de Europa.
Si estos días os acercáis a una
charca o a una zona de aguas tranquilas de un
pequeño río, es posible que veáis
al macho patrullando incansablemente arriba y
abajo en su territorio. A diferencia de otras
especies, como las libélulas
tigre, el macho de la emperador no
se detiene en una rama visible o en una piedra
para exhibirse y descansar, si no que está
continuamente volando. Y si caza por ejemplo una
mariposa, separa las alas del cuerpo y la devora
sin necesidad de detenerse.
El
año pasado tuve la suerte de poder fotografiar
a una hembra en vuelo. Esta primavera las he visto
varias veces poniendo huevos, y me preguntaba
si sería capaz de fotografiarlas algún
día (como ya pude hacer con las Pyrrhosoma
nymphula.
El
otro día fui a una charca de aguas casi
completamente estancadas y por tanto algo cenagosa
y llena de algas e insectos muertos pudriéndose.
Pero limpia. Por que incluso las aguas putrefactas,
si no están contaminadas con residuos humanos
de ningún tipo, conservan su dignidad natural
y son un paraíso para muchos animales (y
para los entusiastas de los bichos).

Estando
en la charca, tuve la suerte de poder ver y fotografiar
a esta emperatriz poniendo sus huevos. Esta especie
se caracteriza por que el macho suelta a la hembra
y se desentiende de ella después de la
cópula, lo que es una excepción
entre las libélulas. La puesta, aunque
no sea comparable en dificultad al parto de los
mamíferos, si que entraña una cierta
complicación y casi puede verse la cara
de sufrimiento de la libélula. Y haciendo
las fotos desde tan cerca, uno tiene la sensación
de estar invadiendo su intimidad.

A
veces agitan las alas como para controlar mejor
su posición. Aquí parece que se
estaba como cayendo y movió una pata para
recuperar el equilibrio.
Otro
día os hablo del macho y de sus luchas
con la muy agresiva libellula depressa.
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Tres historias de fotografía
nocturna
1-Cazar una estrella (fugaz)
¿Se
puede cazar una estrella fugaz? Si ampliáis
la foto, veréis una línea sutil
en el cielo, algo inclinada, larga (atención
no la confundáis con la luz de un avión,
casi vertical, que es corta y
gruesa).

Ese
trazo lánguido es mi pequeña estrella
fugaz.
Esta
captura me sugiere mil cosas para contar, el abismal
vacío del espacio y la brutal entrada de
esa partícula en nuestro planeta, el vértigo
de la mecánica celeste con sus atracciones
entre cuerpos y sus ecuaciones diferenciales,
la técnica fotográfica empleada..
Prefiero
dejar aquí el recuerdo del silencio absoluto
de una noche de invierno en soledad, la impresión
del cielo plagado de estrellas, el recuerdo del
frío intenso en las manos y en la cara.
Y
de pronto la mirada que descubre con alegría
un rayo en la noche, tan breve que para cuando
el pensamiento alcanza a alegrarse ya se ha desvanecido.
2-Noche
y día
Con
las primeras luces, un poco antes del amanecer,
pude sorprender a una discreta mariposa nocturna
escondiéndose detrás de una hoja
para pasar el día.

3-La
noche de la mariposa-toro
Yo
nunca he militado en partídos políticos,
organizaciones religiosas ni clubs de fútbol.
Pero debo reconocer que soy miembro de una modestísima
secta. Nos reunimos sin falta una vez al año,
en una noche de primavera sin luna.

No
puedo dar muchos detalles. Tan solo diré
que no tenemos nombre, ni mucho menos estatutos
o mandamientos. Los iniciados (paz y amor para
todos ellos) consideramos que esas formalidades
no son necesarias.

Las ceremonias se celebran
en lo más profundo de ciertos bosques.
Nuestro único propósito es el de
invocar a una de las poténcias de la naturaleza,
una mariposa nocturna que por el momento no ha
tenido a bien aparecer. Entre tanto, amenizamos
las reuniones con langostinos -eso si es preceptivo-
y unos vinitos.

Durante
la última reunión, apareció
de entre las tinieblas esta enorme mariposa-toro.
Los sabios han dictaminado que es la Laothoe
populi, hembra.
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Favelas, cachoeiras, borboletas
y una iguana
1-Favelas

La famosa playa de Ipanema (de la que volveré
a hablar). Al fondo, a la izquierda, monte arriba,
se ve una de las muchas favelas de Rio.
Tuve
ocasión de pasar unos días en Rio
de Janeiro (Brasil) por motivos profesionales.
Es una suerte poder hacer este tipo de viajes
cortos, que además dan ocasión de
hablar personas de diferentes países y
hacer un poco de turismo. Pero al mismo tiempo
siempre me quedo con la miel en los labios, muy
cerca de lugares que me encantaría poder
visitar, pero sin tiempo para hacerlo. Teniendo
solamente un fin de semana libre y unas pocas
horas sueltas cada día es muy difícil
poder acceder a los lugares naturales que a mi
me gustan. De todos modos, en Rio la naturaleza
es exuberante y en la propia ciudad, en cualquier
jardín ya se pueden ver colibries y unos
insectos despampanantes que dejan a los europeos
en total ridículo.
Disponiendo
de solamente un fin de semana es casi obligado
alquilar un coche para poder ver algo, pero en
Rio es peligroso conducir. No solamente por el
estilo brasilero de tráfico, si no por
que si por error entramos en una favela las consecuencias
pueden (¿suelen?) ser fatales. De modo
que el primer día nos trajo del aeropuerto
un taxista al que preguntamos que nos costaría
alquilar el taxi para pasar un día entero
en Itatiaia. Nos dijo un precio que, sin ser barato,
me pareció una cantidad razonable contando
el cambio ventajoso del e
nos propusieron una alternativa, que por un precio
tripe de la "cantidad razonable" acordada
con Tiago, nos daría el mismo servicio.
Después de un poco de regateo, lo pudimos
bajar a algo más del doble, con lo que
la cifra perdió su razonabilidad (y después
de pagar, mi bolsillo se quedó con una
persistente sensación de vacío).
Pero esa era la única forma de desplazarse
a Itatiaia. A los cinco minutos de acordar el
precio, se presentó el Sr. Antonio con
un coche normal (sin taxímetro) que como
casi todos los vehículos de Rio podía
funcionar con gas, gasolina, alcohol o una mezcla
de los dos últimos.

Por el camino, preguntándole
acerca de las favelas y su peligro, Antonio (no
es su verdadero nombre) nos confirmó que
efectivamente, un coche entrando en una favela
sin pararse sería tiroteado con seguridad.
¿Por que? No para robar, si no por que
podría tratarse de la policía o
de periodistas. Según Antonio, si la policía
entra en una favela, se trata casi de una operación
militar en la que es seguro que habrán
muertos. O sin el casi, mirad este espeluznante
vídeo. ¿Y los periodistas? Son casi
tan mal recibidos como la policía por que
sus fotos de armas y drogas en la favela, si se
difunden, obligan a intervenir (además
del robo, esto es uno de los motivos que hacen
desaconsejable llevar mucho equipo fotográfico
a Rio).

Esto no significa que
la mayoría de personas en las favelas sean
delincuentes. Más bien al contrario. El
propio taxista Antonio vive en una favela, como
el 60% de la población de Rio (no se si
este dato es exacto). Se trata de gente normal,
trabajadora, pobre pero no famélica, que
tienen la desgracia de vivir en un lugar fuera
del la ley. O, más bien sometidos a una
ley paralela de grupos mafiosos. ¿Es para
tanto? Antonio sonrió y dijo que la anterior
noche no pudo dormir por que hubo un tiroteo.
Por la mañana, a las cinco, viendo que
estaba tranquilo, salió y vio que el taxi
tenía un disparo entre las dos puertas
de la derecha, pero gracias a Dios ningún
daño grave.
Al
cabo de unos kilómetros paramos a cargar
gas y, efectivamente, allí estaba lo que
parecía ser un disparo. Impresionados,
continuamos el viaje. Para entrar en una favela
hay que dejar el coche lejos, acercarse andando
y avisar a los niños que están vigilando
en la entrada. Se explica quien se es y que se
va a hacer. Cuando ya están informados
los jefes, si se tiene el permiso, se puede entrar.
Gracias a Dios, continúa Antonio, él
tiene trabajo y puede sacar a sus dos hijos adelante.
Todo lo que viene del gobierno, la educación,
la sanidad, la policía, es malo. Las posibilidades
de que un niño de la favela salga de este
submundo son escasas. Incluso trabajando y siendo
aplicado en los estudios, las universidades parecen
fuera de su alcance, incluidas las públicas.
No existe algo como la clase media. Lula, en su
opinión, pese a haber salido de la pobreza,
se ha vuelto como "ellos" (pero la televisión
insiste en que el porcentaje de niños escolarizados
ha aumentado espectacularmente y otros conductores
creen que si que ha habido alguna mejora).
La
conversación continua hasta llegar a Itatiaia.
Sin dejar de dar gracias a Dios, Antonio nos dibuja
un paisaje con dos brasiles. Uno, el oficial,
de lujosas playas y gente que vive mejor que los
europeos medios, está recibiendo una importante
inyección de dinero gracias al aumento
del precio del petróleo y se va de vacaciones
a Europa o Australia. En el otro, completamente
al margen del estado, los niños se acostumbran
a convivir con la pobreza (y sobretodo, con la
violencia) desde muy pronto. Viendo el video,
casi parece que Rio es una ciudad sorprendentemente
segura.
Siempre
he pensado que normalmente los que dan más
gracias a Dios son los que tal vez tienen menos
que agradecerle. Después de esta conversación,
al entrar en el parque mi interés por los
insectos me pareció insoportablemente pueril
y el sueldo de Antonio algo mejor gastado, aunque
sospecho que una parte importante fue la comisión
para el personal del hotel.
De
todos modos, si el mundo tuviera arreglo, tal
vez pasaría por la apreciación de
la naturaleza, y quijotescamente pienso que podría
ser que a los niños de las favelas les
hiciera algún bien oir algo acerca de los
insectos, igual que a los de aquí.
Antes
parecía que en el mundo quedaban cosas
por probar, buenas (o malas) ideas que, en caso
de ser llevadas a la práctica, tal vez
podrían resolver los problemas de la humanidad.
O por lo menos eran puntos de referencia. Ahora
todo eso parece que ya pasó y no nos queda
más que una cierta resignación y
miedo ante el futuro.

Estas fotos de una favela
están tomadas desde la autopista sin correr
absolutamente ningún riesgo. He dudado
en subirlas, al final he elegido las que no mostraban
ninguna persona reconocible. Estos son problemas
muy serios para los que yo no tengo ninguna solución.
Pero por lo menos, no quisiera dar la impresión
de que me recreo en la miseria de los demás.
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La desconcertante taxonomía de la libélula
tigre
Busquen las diferencias entre estas dos libélulas
tigre (pinchar para ampliarlas):


Los Onychogomphus
son unas libélulas grandes, con la piel
rallada de amarillo y negro y los ojos azules,
que frecuentan charcas y riachuelos de toda la
península. En casa las conocemos como libélulas
tigre. Lo que ya resulta más deconcertante
es que hay por lo menos dos especies de Onychogomphus,
muy parecidas. ¿Era necesario?
Yo
sé que mucha gente duerme feliz sin preocuparse
por esta multiplicidad de libélulas tigre,
pero a mí me angustia un poco. Entre otras
razones, porque a pesar de lo mucho
que me gustan, y lo que llego a disfrutar mirando
de cerca sus ojos de holograma, soy incapaz de
diferenciarlas.
Mi
libro de cabecera, el Dijkstra-Lewington,
da varias claves: difieren principalmente en algún
detalle de las alas, en la pinza para agarrar
a las hembras durante la cópula y en la
vulva. Las diferencias en la disposición
de las rayas, o los ojos, no son concluyentes
(vienen a ser, por ejemplo, como el color de la
piel en nuestra especie). Estos detalles bastan
para que sean dos especies distintas, su apareamiento
es imposible (ignoro si hay híbridos).

Onychogomphus forcipatus (recorte de la anterior).
Pero
esta tarde he dado con una
clave certera, que el Dijkstra-Lewington
apenas menciona: el Onychogomphus forcipatus
tiene una mancha amarilla entre los ojos y el
Onychogomphus uncatus, no. Siento decir
que dentro de unas horas no voy a recordar
cuál es cuál, espero retener
por lo menos el detalle de la mancha. La taxonomía
y la ortografía me resultan dificilísimas.
Repito: forcipatus macha, uncatus liso, forcipatus
macha, uncatus liso...
El
uncatus tiene restos de comida en la boca, pero
eso es pura casualidad.
Onychogomphus
Uncatus (recorte de la anterior).
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Otros mundos

Nebulosa Rosetta - (c) De los autores,
reproducida con permiso
Ya
hacía tiempo que tenía ganas de
acompañar a mis
amigos Oriol e Ivette a una de sus
sesiones de astrofotografía. Aquel día
el tiempo fue muy malo, pero en las fotos del
satélite se veía un claro en el
frente de nubes que se dirigía justamente
hacia nosotros. De modo que decidimos probar suerte.
Para
poder ver algo en el cielo hay que alejarse de
la luz de las ciudades. En nuestro caso, hay que
conducir más de 100km entre ida y vuelta,
abonar los correspondientes peajes y tener un
entusiasmo a prueba de bomba. El entusiasmo es
esencial: esa tarde el cielo no parecía
despejarse por ningún sitio. Al llegar,
además de las nubes, había una niebla
muy espesa, que predisponía más
a la ufología que a la astronomía.

Pero
a pesar del mal tiempo, allí estaban todos
los aficionados, hablando de telescopios, galaxias
y un montón de cosas más que yo
no entendía (por que de astronomía
yo no se nada, quiero dejarlo claro: yo solamente
he fotografiado planetas
en la cocina. Hacia las once de la
noche, en vista de que no despejaba, decidimos
regresar. Me comentaron que lo malo hubiera sido
no ir, siendo una noche sin luna, y después
que el cielo se aclarara.
Al
cabo de unos días repetimos la excursión.
El cielo estaba sereno, pero al llegar pude ver
lo que la niebla me ocultó el día
anterior: la contaminación lumínica
era horrible. Yo pensaba que estando relativamente
lejos de la capital el cielo sería bastante
más oscuro. Donde yo suelo hacer mis fotos
nocturnas, el cielo es mucho mejor, pero está
lejísimos y no puedo ir más que
de vez en cuando. Una verdadera lástima.
Un cielo en condiciones es un tesoro para los
ojos, del que cada vez menos gente puede disfrutar.
Y no todo el mundo sabe valorarlo.

Las
fotos que hacen son espectaculares.
Últimamente, suelen fotografiar nebulosas
y galaxias. Las nebulosas (la primera foto) son
grandes nubes de gas con estrellas en su interior.
Se representan con colores arbitrarios que indican
la composición del gas en cada punto. Las
galaxias son enormes conjuntos de estrellas que
orbitan parsimoniosamente a una distancia inconcebible.
Cada una de estas estrellas emite su luz, fotones
y más fotones que se dispersan en todas
direcciones. Al cabo de millones de años,
una parte infinitesimal de ellos llega a nuestro
planeta y entre esos, unos pocos son capturados
por la cámara y conservados en forma de
imagen. Podría ser que cuando llegan, la
estrella de la que partieron ya haya dejado de
existir. Y lo que es peor, podría ser que
después de su largo viaje, esos fotones
quedaran totalmente diluidos por las luces de
la ciudad.

Galaxia Andrómeda - (c)
De los autores, reproducida con permiso
Ya
lo decía Paul Simon,
These
are the days of miracle and wonder
The way we look to a distant constellation
That's dying in a corner of the sky
Aunque
la palabra constelación aquí no
debe interpretarse en forma literal, a los poetas
y a los cantantes se les pueden permitir ciertas
licencias.

M51, la galaxia caníbal
- (c) De los autores, reproducida con permiso
Ya
de regreso a casa, la radio del coche informó
extensamente de la liga de fútbol. Resulta
que los asientos de un famoso estadio miden 48cm
en lugar de los 50 reglamentarios. El asunto es
serio y ha terminado en el juzgado. Esto les ocupó
todo el viaje de regreso. Del resto del universo
no comentaron nada.

El
equipo necesario es sofisticado. Los objetos de
interés son tenues y no pueden captarse
si no es con una exposición larga, pero
como la tierra gira, el telescopio debe moverse
en sentido inverso para enfocar al mismo punto
del espacio (en la foto se ve un poco este movimiento).
El telescopio era un Newton, sobre una montura
con motor de seguimiento. La cámara es
una CCD especial para astronomía (que solamente
funciona conectada al PC). Lleva un sistema de
refrigeración que mantiene el sensor a
20 grados bajo cero, para reducir el ruido. Encima
del telescopio se monta otro más pequeño,
con una segunda cámara que sirve para guiar
al principal. Se enfoca a una estrella, que debería
estar fija. Un programa analiza las imágenes
de la cámara auxiliar, detecta los cambios
de posición en la estrella guía
y corrige los errores en la rotación del
telescopio principal. Cada exposición dura
horas. Se toman varias imágenes con diferentes
filtros que después se superponen. El equipo
se controla con dos ordenadores desde dentro del
coche. La luz roja a la derecha es una batería
que alimenta al conjunto.
Agradezco a Oriol Lehmkuhl e Ivette Rodríguez
que me hayan permitido usar sus increíbles
astrofotografías para este artículo.
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Vida y muerte del pequeño
ciervo volador

El pequeño ciervo volador,
Pseudolucanus barbarossa, macho y hembra.
El macho tiene las mandíbulas exageradamente
grandes.
El
ciervo volador, lucanus
cervus, es un escarabajo
interesantísimo, que yo creo
daría para un libro entero. Solamente destacar
su enorme tamaño (¡hasta 90 mm!)
y la gran diferencia entre machos y hembras. Los
machos adultos tienen unas enormes mandíbulas
que los incapacitan para cualquier cosa útil
pero que en cambio les permiten pelearse entre
ellos con gran eficacia. Los vencedores del combate
se aseguran el favor de las hembras, de menor
tamaño y con una boca que les permite comer,
actividad más mundana que la guerra pero
sin duda más útil. Los hijos machos
de la unión heredarán las mandíbulas
del padre y las hembras la preferencia de la madre
por los machos de mandíbula exagerada.
La evolución tiene estas cosas, no basta
con estar adaptado al medio ambiente, si no que
hay que ser capaz de encontrar pareja. Esto a
veces da lugar al runaway
sexual selection , proceso natural
que engendra monstruos como el escarabajo ciervo,
el pavo real y otras aberraciones que los lectores
del libro The
mating mind conocen bien.
Los
jóvenes escarabajos ciervo tienen el aspecto
de un gusano. Pasan años enteros ocultos,
alimentándose de madera podrida, preferentemente
de roble (pero tal vez no únicamente).
Cuando ya son grandes gusanos de más de
10cm y se sienten con fuerzas para enfrentarse
a la vida adulta, vacían una cámara
dentro de la madera y realizan la metamorfosis
que les convertirá en escarabajos gigantes.
La vida del adulto es relativamente corta y tiene
por finalidad casi exclusiva la reproducción.
Pero nada de esto se conoce con certeza: la duración
de la vida larvaria, su dieta, el momento de la
metamorfosis.. son pequeños misterios que
probablemente nunca se van a resolver por que
la extinción del Lucanus cervus
ya se da casi por segura desde finales de los
80 (aunque últimamente los entendidos en
el tema son algo más optimistas).
Su
problema principal es la destrucción del
hábitat. Como en el caso de uno de sus
depredadores, el autillo, necesita bosques viejos
con ramas y árboles caídos que se
pudran tranquilamente allí mismo. Si se
cortan los bosques, desaparece el autillo, el
ciervo volante y quien sabe cuantas especies más.
Yo
nunca he tenido la suerte de ver al lucanus
cervus. En cambio, he podido ver y fotografiar
a un pariente suyo, muy parecido, algo más
pequeño y más escaso: el Pseudolucanus
barbarossa que os muestro en estas fotos.
Dice el texto que citaba al principio: Si poco
se sabe del Ciervo Volante, menos aún se
conoce sobre Pseudolucanus barbarossa,
una especie próxima, endémica
de la Península Ibérica y norte
de Marruecos (Baraud, 1993) y que se enfrenta
a los mismos peligros potenciales. Cuenta con
el agravante de que sus poblaciones parecen ser
bastante más escasas. Y yo añadiría
que además, lo atrae la luz.
Los
endemismos como el Pseudolucanus son animales
que solamente existen en pequeñas zonas
del planeta. Y hacen temblar de emoción
a los expertos, que pueden llegar a recorrer muchos
kilómetros para poder verlos y fotografiarlos.
La Península, por su situación entre
África y Europa y por su clima variado,
es especialmente rica en endemismos ¿No
es emocionante pensar que cerca de nuestra casa
tal vez podemos ver un animal único en
el mundo?
Yo,
sin ser consciente de su gran importancia, había
visto al Pseudolucanus barbarossa en varias
ocasiones, pero siempre animales medio muertos.
El verano del 2006, estando en un pueblo aragonés
cuyo nombre no es prudente citar (por que este
insecto es realmente escaso), al salir de madrugada
de una fiesta en casa de un amigo, pasé
andando por la plaza y cerca de la farola oi un
fuerte zumbido. Era el Pseudolucanus, que
es más pequeño que el Lucanus
pero también espectacularmente grande.
Fui corriendo a por la cámara y me las
arreglé para fotografiarlo. Yo lo confundí
con el Lucanus, pero el biólogo
Pedro
Ayerbe me corrigió el error.
Los insectos siempre encuentran la manera de sorprendernos,
son más complicados de lo que uno imaginaba.
Desde
que pusieron las farolas nuevas en dicho pueblo
los he visto en alguna ocasión más.
Da la impresión de que la luz de las farolas
los atrae fatalmente. En mi opinión, las
farolas son más potentes de lo necesario
e iluminan innecesariamente el cielo, para la
desesperación de los aficionados a la astronomía
y de los insectos. El verano pasado vi a este
ejemplar totalmente desorientado. Alzó
el vuelo varias veces. Es realmente espectacular
verlo abrir las enormes alas inferiores, tomar
aire durante unos segundos, empezar a agitar las
alas con un zumbido fuerte, y salir volando rapidísimo
... para acabar chocando tontamente contra la
farola.

Desplegando las alas

Listo para volar!

Visto de frente
Los
insectos tienen dos pares de alas, pero en el
caso de los coleópteros, el primer par
(los élitros) sirven principalmente para
proteger a las inferiores. Las alas verdaderas
son tan grandes que no podrían caber debajo
de los élitros si no estuvieran plegadas.
Alzar el vuelo o recoger las alas es una delicada
tarea de papiroflexia. Una mariquita lo hace demasiado
rápido para poder verla, pero estos bichos
tardan por lo menos dos segundos y da tiempo a
intuir la complicación del movimiento.
También se aprecian en las fotos los grandes
músculos en el tórax, que son los
que mueven las alas. Pero ese vuelo es caro en
términos de energía, hay que comer
mucha madera podrida para poder levantar a ese
gran escarabajo. A las pocas veces de intentar
volar y chocar, el pequeño ciervo volador
estaba exhausto y maltrecho por los golpes.

Viendo que estaba próximo
a morir, después de mucho pensarlo, lo
llevé al bosque de robles que está
a unos 500 metros, por ver si allí encontraba
a su media naranja. Me temo que no fue así.
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Doce fotos
Queridos
amigos y familiares,
Como pasa el tiempo. Después
de una ausencia involuntaria durante el mes de
octubre, aquí estoy de nuevo con en este
vértigo pudoroso que da pensar que las
cosas que yo escribo ahora, tal vez van a ser
leídas allá en el otro extremo del
cable.
Mi habitual melancolía
de otoño, la magia que tiene el número
doce a finales de año, y sobretodo la idea
(desechada) de editar un calendario con una foto
mía para cada mes, me sugieren un juego:
Elegir una foto de cada mes para este último
Pollo del año. No necesariamente la
foto que más me guste, simplemente alguna
que me traiga recuerdos agradables y que no haya
publicado en otro rollete. Esta es la selección,
empezando por diciembre del 2006, y terminando
este noviembre. De doce fotos, once me han salido
de naturaleza. A ver que os parecen.
Diciembre: Aguilucho lagunero
cerniéndose

Ese día, hace
un año, prácticamente estaba estrenando
mi nueva cámara. Ahora ya me parece que
la haya tenido toda la vida. En solamente doce
meses, ya tiene la correa amarillenta de tantas
horas de llevarla a cuestas. Debo decir que este
color amarillento, producido por el sudor del
cogote y el sol, es mi secreto mejor guardado.
Si alguna foto mía os gusta, no penséis
que se debe a la cámara ni a mí,
si no a las horas necesarias para que la correa
se gaste.
Este aguilucho lagunero se detuvo en el aire antes
de lanzarse a capturar una presa.
Aquí
cuento algún detalle de como la hice.
Enero: Cormorán en
el Océano Pacífico

En Chile, una tarde de
mucho viento. Una amiga me llevó a ver
el Océano Pacífico estrellándose
contra las rocas. Eran tan grandes que el cormorán,
a punto de ser engullido por la espuma, casi parecía
un puntito. Esa tarde yo apenas podía andar
a causa de una caída en el mar, justamente
persiguiendo a otros cormoranes. Tuve suerte,
solamente fue un buen susto, una cámara
remojada (la de los viajes, que sigue funcionando
perfectamente) y un mes a base de tres ibuprofenos
al día.
Febrero: Atardecer en los
Mallos de Riglos

Siempre que paso por
esta serpenteante carretera tengo la tentación
de esperarme a ver el atardecer en los mallos,
que parecen puestos a propósito para que
se iluminen con los últimos rayos de sol.
Marzo: La cigüeña
y el sol

Al amanecer, en la soledad
de una marisma. Una cigüeña levanta
el vuelo y pasa frente al sol.
Abril: La lagartija y yo

Después de observarla
durante horas, una lagartija me tomó tanta
confianza que llegó a apoyar su pata sobre
mi dedo izquierdo. Más cosas sobre la mística
de las lagartijas
Mayo: Ecos de danzas sufís

Es Estambul, por fin
pude presenciar la danza hipnótica de los
derviches.
Algún comentario más sobre los derviches
aquí.
Junio: El abejaruco

Después de varios
intentos, esta primavera pude fotografiar al abejaruco,
en compañía de un buen amigo, desde
un escondite. Aquí
cuento más cosas de como la hice y donde
colocarse para tener la mejor luz al amanecer,
según el día del año.
Julio: Zigaena fausta

Una zigaena, mariposa
nocturna y venenosa que vuela de día. Posada
sobre una flor, en un prado verde y rebosante
de insectos, al lado de un río.
Agosto: La luz de la luciérnaga

Ya hacía tiempo
que trataba de fotografiar a una luciérnaga
encendida. Además de las dificultades técnicas,
el principal problema es que quedan poquísimas.
Aquí
cuento algo más de como hice la foto.
Septiembre: La increíble
charaxes jasius

Dando un paseo por el monte
con la familia, se nos apareció la increíble
Charaxes jasius, montando guardia en su atalaya
de madroño. Pero esta mariposa, además
de ser preciosa, esconde
alguna sorpresa.
Octubre: Té después
de una sauna rusa

Estuve en Moscú, y unos
amigos me invitaron a una sauna. Había
una mesa con te humeante preparado, para tomarlo
después de la sauna rusa (con baño
en agua a cuatro grados).
Más sobre la sauna rusa.
http://frikosal.blogspot.com/2007/11/la-sauna-en-rusia.html
Noviembre: La danza de las
estrellas

Disfrutando de la soledad de
una noche muy fría de noviembre, fotografié
la danza de las estrellas en torno a la polar.
Es inevitable pensar de nuevo en los derviches
y en su trance.
Así
como quien no quiere la cosa, ya han pasado doce
fotos y sus meses. A ver que nos va a traer el
próximo año, trataré de ir
contándolo.
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Tres historias de serpientes
Primera serpiente: la culebra de agua, natrix
maura
Este
año he pasado muchas horas buscando culebras
de agua en diferentes ríos. Lo primero,
preguntar por ellas a los bañistas y a
la gente del pueblo. Unos me dijeron que llevaban
años bañándose cada verano
allí, sin haber visto ni una, ¡por
suerte!. Otro, en el mismo lugar, me dijo que
había muchas, que una vez agarró
una por la cola y que le mordió la mano
(y se tocó con la otra mano, como si todavía
le doliera). Un naturalista competente me dijo
donde podía encontrarlas, y le creo, pero
en ese lugar yo solamente encontré un precioso
sapo, del que ya hablaré.

Esta se escondía debajo de una piedra
pero pude verla y al levantar la piedra me dejó
unos segundos antes de escaparse.
"Las
serpientes tienen sus ritmos, es cuestión
de aprenderlos", me dije. De manera que casi
cada mañana yo me paseaba río arriba,
río abajo, con el bañador, las chancletas
y la cámara, buscando a mi culebra, la
que tenía que hacerme feliz. Y vi varias,
aunque no pude hacer la foto que yo quería.
Pero
estoy contento solamente por haberlas podido ver.
Si no nos han visto y nos quedamos quietos, es
posible observarlas un rato. Es un placer contemplar
como van serpenteando por todos los rincones en
busca de una presa, con sus movimientos sinuosos
y lentísimos que dentro del agua las hacen
parecer una rama. Pero por desgracia, el más
mínimo movimiento de la superficie emborrona
la imagen. Para hacer una buena foto, hay que
sorprenderlas en la orilla... o lograr que salgan.

Esta es la que estuvo a punto de jorobármelo
todo.
Al
tratar de empujarlas cariñosamente con
un palo, se esconden y no hay forma de hacerlas
salir. Excepto esta última, que casi me
estropeó la cámara. Al verla, dejé
la bolsa en la orilla para sacar el polarizador,
lo que no mejoró demasiado la foto. Como
estaba tranquila pensé, "esta no se
me escapa" y dejé la cámara
encima de la bolsa abierta, cogí un palo
y fui a por ella con cuidado. Pero al empujarla
por el cuello, la culebra se empeñó
tozudamente en dirigirse a mi jugosa pierna en
lugar de a la orilla. Y al final, tanto se acercó,
que me asusté y di un gran paso atrás
dentro del agua, salpicando horriblemente la cámara
y todo el equipo. Como si hubiera tirado un cubo
de agua encima de los objetivos.
No
creo que pretendiera morderme, pero mi tontería
estuvo a punto de salirme muy cara. Tuve que usar
el procedimiento de emergencia para remojones:
sacar todos los trastos, apagarlos y sacar la
pila inmediatamente, secarlos con lo primero que
encontré (mi camiseta) y después
al sol un buen rato.

Otro
día si que pude fotografiar una culebra
de agua fuera del agua, pero no de la forma que
yo hubiera querido.
Segunda serpiente, la culebra de escalera, rhinechis
scalaris
Estaba
conduciendo con la familia a ultimísima
hora de la tarde, por una carretera estrecha que
a duras penas permite el paso de dos vehículos.
En pleno verano, a esa hora mágica entre
el día y la noche en que las luces están
recién encendidas y parece como que todavía
no alumbran, cualquier cosa es posible. Y nadie
se extraña si ve a un chotacabras esperando
agazapado en el centro de la carretera, para salir
volando justo cuando ya parecía que no
era un pájaro sino una piedra.
Pero
ese día yo vi un palo extraño y
sinuoso, justo a la salida de una curva. ¡Una
serpiente!

Apenas
tuve tiempo de encajarla entre las ruedas del
coche, aparcar en la cuneta y poner las luces
de avería. "Es un palo", me dijo
mi mujer. "No, es una serpiente y creo que
no la he pisado". Salí del coche con
la cámara en la mano, y efectivamente no
era un palo si no una culebra de escalera, vivita
y coleando, sin ninguna lesión. Era una
de las que yo tanto había deseado (aunque
en otra ocasión ya la pude fotografiar
con tranquilidad, la veréis en otro de
mis rolletes).
El
asunto no estaba fácil. La carretera no
era transitada, pero unos conocidos venían
detrás con su furgoneta y no podían
tardar demasiado en llegar. La culebra había
tenido mucha suerte de que no la atropellara,
pero yo no estaba dispuesto a correr este riesgo.
Aquí lo suyo hubiera sido tumbarme en el
suelo y sacar un primer plano de la cara, sin
esa sombra tan fea. Estaba muy tranquila calentándose
encima del asfalto (la temperatura era de 19 grados)
y creo que me hubiera dejado.

Los
niños bajaron del coche y pudieron verla
un momento (a salvo desde la cuneta) mientras
la empujaba con un palo para que se apartara.
Después de haber visto tantas atropelladas,
es una sensación bonita salvar a una serpiente
y poder observar sus movimientos tan elegantes
y llenos de vida.
A
fuerza de preguntar constantemente por las serpientes,
todo el mundo estaba al corriente de mi obsesión
de este verano. De modo que al día siguiente
cuando salía hacia el río me preguntaron
como estaba la cosa.
-La
de agua se me resiste, solamente la he podido
retratar dentro del río, pero ayer vi una
culebra de escalera.
-¿Cómo
es que no la mataste?
Tercera serpiente: muerte de una culebra de
agua
El
día después de haber rescatado a
la culebra de escalera, me fui de nuevo al río,
como siempre con la ilusión de sorprender
a la mítica culebra de agua, pero esta
vez fuera del agua. Y debo decir que ese día
mejor me hubiera quedado en casa.
Ya
nos advirtió Heráclito de que no
es posible bañarse dos veces en el mismo
río, pero esta vez el cambio fue demasiado
grande. Cuando ya estaba dentro del agua con la
cámara al cuello, me di cuenta: el agua
casi estancada estaba llena de una especie de
uvas negras hinchadas que flotaban perezosamente.
No eran uvas, sino excrementos de cordero. Alguien
había llevado un rebaño a abrevar
(cosa que seguramente tiene todo el derecho a
hacer). Siempre he temido a las multitudes, incluso
las de corderos.
Asqueado
por tanta porquería flotando a mi alrededor,
di media vuelta para salir de allí cuanto
antes. Por donde han pasado los rebaños
siempre hay parásitos, por lo menos pulgas
y garrapatas e incluso una vez vi a la muy asquerosa
sanguijuela en un río frecuentado por vacas.

Me
esperaba una sorpresa algo macabra: Allí,
en mitad del río, estaba la culebra de
agua, flotando panza arriba entre las bolas hinchadas
de caca de cordero. Muerta, sin posibilidad de
resucitar. La saqué del agua con un palito
para poderla ver y rendirle justo homenaje. Era
un ejemplar pequeño que apenas debía
de estar empezando a descubrir como ser una serpiente.
Después de haberla buscado tanto, me dio
verdadera pena verla allí tumbada con la
mirada vidriosa, el cuerpo deforme y la sonrisa
helada por el rigor mortis. Imagino (quiero imaginar)
que los corderos la pisaron al entrar en masa
al río para beber.

Yo
había pedido poder fotografiar la culebra
de agua fuera del agua. Hay que tener mucho cuidado
con los deseos, por que a veces se cumplen.
Ya
me marchaba cuando una mosca acudió a darle
un beso en los labios a la serpiente muerta.

Y
con este beso hubieran terminado mis vacaciones
por lo que a reptiles se refiere, de no ser por
la providencial aparición de uno de mis
animales míticos: el lagarto ocelado. Pero
de eso, si Dios quiere, hablaremos otro día.
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De entre las ruinas
El
unicornio de los invertebrados

Hitler
y su arquitecto Speer pasaron muchas tardes decidiendo
los detalles de las obras faraónicas que
debía erigir el tercer Reich. Les preocupaba
el aspecto que tendrían dos o tres mil
años después, una vez reducidas
a ruinas. Querían que fueran tan espléndidas
como las de los templos griegos y romanos. Por
ello evitaban, en la medida de lo posible, el
uso de hormigón armado. Ya se sabe que
los hierros retorcidos hacen feo.
Estas
cosas pensaba yo el otro día estando en
Turquía (por motivos de trabajo). Una tarde,
a última hora, nos escapamos a visitar
unas ruinas romanas. La luz era espléndida
y disfruté muchísimo. Para mi, visitar
es | |