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TEATRO,
CINE Y SURREALISMO
Es
fácil denominar surrealista al humor de los Hermanos
Marx y, de hecho, frecuentemente son sometidos a este calificativo
junto a otros sensacionalistas por igual, por ejemplo anarquistas,
corrosivos, humor negro... sin dar unas explicaciones completas
del porqué. La facultad experimental de estos actores,
más que la apenas constatable de los directores de
las películas, ha quedado justificada, así como
el origen en el vodevil, la verdadera causa de esta actitud:
la heterogeneidad del espectáculo, la utilización
de los más variados recursos para hacer visibles sucesos
mágicos, la retórica utilizada y el alejamiento
de cualquier relación causa-efecto.
El cine es un arte que, por
consistir en una naturaleza nueva, interesó e inspiró
a muchos escritores y artistas de vanguardia, desde el protagonismo
del movimiento hasta el montaje capaz de crear imágenes
de calidad poética, añadiendo el hecho de que
en sus comienzos formó parte del espectáculo
de variedades (Méliès), las cuales también
fueron punto de atención de las nuevas corrientes artísticas
y literarias. El éxito de los Hermanos Marx radica
en el recuerdo constante de ese origen que siempre estuvo
superpuesto a lo cinematográfico y al que miraron con
nostalgia, explicación de la voluntad de Groucho de
volver a los escenarios, al menos para comprobar la eficacia
de los guiones antes de ser proyectados en pantalla. No hay
que olvidar el predominio de la commedia dell´arte
en sus escenas, carácter gestado en las películas
de Méliès, frente al slapstick que llegó
a ser predominante en el cine cómico mudo anterior
y que el sonoro perdió, en su primer momento, en una
nueva aproximación al teatro a causa de la reciente
innovación. No eran profesionales del cine. Lo único
que habían aprendido desde jóvenes era un teatro
menor que guardaba la tradición mágica de las
representaciones populares, que obligaba a cambiar constantemente
las escenas al descubrir algo que hiciese reír a los
espectadores. Harpo recuerda en Harpo habla! la actuación
de un dúo cantando mientras ordeñaba una vaca.
La manera de defender el teatro popular no dista mucho de
la de Alfred Jarry o Marinetti, los cuales ya vieron en él
un arma perfecta contra el teatro narrativo mimético
de altos presupuestos y, en verdad, los medios de los Hermanos
Marx resultan altamente antinarrativos aunque requieran la
narración para producir comicidad mediante sus ataques.
Los recursos utilizados son cercanos al teatro de Artaud,
mediante el cual pretendió acabar con esa trama burguesa
representativa para recuperar lo que según él
se había perdido desde el siglo XVII: la vinculación
con el individuo. Ya advierte que el cine tiene esa capacidad
por sus propios recursos y que pronto apartará al teatro
del interés popular; pero no fue tan pesimista en pensar
que también podría caer en la misma trampa confiando
demasiado en la voluntad del público para decantarse.
Dentro del clásico panorama del cine norteamericano
se dio la circunstancia de que, en la avalancha de reclutamientos
de actores del teatro producido al triunfar el cine sonoro,
llegaron estos especializados en el humor no teniendo así
que renunciar a los no profesionales orígenes de las
variedades. Harpo, bajo su invalidez conservaba la comicidad
del cine mudo concentrando la habladuría en Groucho,
capaz de hacer más inútil la palabra que el
gesto. Un reparto de papeles al que ya llegaron en los años
de juventud, lo que nos hace suponer que el nacimiento del
sonoro les era propicio.
Las películas no poseen
ningún valor de sonido y la cámara estará
centrada en mostrar la interpretación de estos tres
artistas. Muy atadas al teatro, no llegan a tener una estructura
cinematográfica hasta A Night at the Opera,
bajo la producción y las instrucciones de Irving Thalberg,
cuando precisamente comienza a notarse un decaimiento de los
hermanos, una pérdida de vitalidad. Quedan relegados
a apoyos cómicos de los buenos de las películas
y sufren circunstancias que, por ejemplo en Harpo, intentan
despertar compasión, lo cual es un error. Ellos deben
estar por encima de todos los personajes ya que su humor así
lo exige. Cuando Harpo rompe bolsillos y sombreros con tijeras
causará la "muerte teatral" de quien los
lleve puestos, y de esta manera pierden su identidad y el
papel correspondido. Las alusiones son teatrales y se extienden
a toda la vida (son prácticas que llevaron en su vida
real a los camerinos, los restaurantes, así como poner
boca abajo a sus víctimas); aún con todos los
componentes cinematográficos que puedan aparecer en
las películas, no serán imprescindibles para
la comprensión de los gags ya que son éstos
el centro de interés. Muchas de las posibilidades que
ofrecía el cine atrajeron a vanguardistas, por ejemplo
la representación de una persona con una parte de su
cuerpo, como los Hermanos Marx las reducen a sus sombreros
y sus barbas. Pero no hacen uso de los recursos exclusivos
del cine. Por poner un caso paralelo, en la obra teatral de
Marinetti Pies sólo interpretaban estos miembros de
los intérpretes, los únicos visibles en la escena.
Entre cine y teatro, ¿hasta qué punto ha llegado
la confusión en el caso de los Hermanos Marx?
Aún con todo el aparato
de comedia clásica y narrativa que rodea a estos gags,
capaz de hacer pasar desapercibida toda la riqueza del humor,
para hablar de su relación con el surrealismo después
de todo lo comentado anteriormente, basta con citar un fragmento
del artículo escrito por Artaud en el número
220 de la Nouvelle Revue Française del uno de
enero de 1932, acerca de Animal Crackes y Monkey
Business, donde no duda en calificar de poéticas,
revolucionarias, surrealistas y mágicas las bromas
de los Hermanos Marx:
...
Animal Crackers, me ha parecido y ha sido visto por todo
el mundo como una cosa extraordinaria, como una liberación,
por medio de la pantalla, de una magia particular que
las relaciones habituales de palabras e imágenes
no revelan normalmente, y si existe un estado característico,
un diferente grado poético del espíritu
que se pueda llamar surrealismo, Animal Crackers participa
de él enteramente.
Decir en qué consiste esa especie de magia no es
fácil, es, en todo caso, algo que tal vez no sea
especialmente cinematográfico, pero que pertenece
aún menos al teatro y de los que solamente algunos
poemas surrealistas logrados, si existen, podrían
dar una idea. La calidad poética de un film como
Animal Crackers podría responder a la definición
de humor, si esta palabra no hubiera perdido hace ya tiempo
su sentido de liberación total, de desgarro de
toda realidad en el espíritu.
Este surrealismo, innato al
verdadero humor gestado en los valores poéticos defendidos
por los surrealistas tanto oficiales como no oficiales, quedó
también afirmado por Dalí cuando escribió
pensando en ellos su guión, creando una incompatibilidad
que justifica la necesidad de la temática clasicista
sobre la que se asentaron siempre. Al ponerlos al lado de
una "mujer surrealista" entroncan con los sucesos
misteriosos que se desencadenan: el mar oculta con una enorme
ola un reloj de péndulo (sistematización del
tiempo), una estampida de jirafas incendiarias... En las ilustraciones
Groucho aparece como Buda confundiendo sus brazos y demás
miembros. Harpo colecciona enanos que coloca sobre basamentos
de cristal con flores alrededor de una cama. Brazos de mujer
salen de espejos y paredes sugiriendo nuevos espacios bajo
la llamada del deseo femenino, tal y como hemos observado
en el lenguaje de las películas de los Marx. Dalí
captó la sorpresa misteriosa que suscitan, pero no
el papel como cómicos que toman en un film: les introdujo
en una serie de sucesos que les resta importancia, y la misma
mujer surrealista, soñadora y fantasiosa, no es la
más indicada para ser acompañada por ellos.
Zeppo ya no encontró sitio sino era el de contrapeso
humano real y sus hermanos van donde se encuentra la estabilidad
ficticio-humana para desmembrarla, no ahí donde ya
tienen lugar los sucesos misteriosos. Sin duda alguna sus
lenguajes fueron incompatibles por ser ambos surrealistas,
y Dalí no fue consciente del cuidado técnico
que les era necesario: una trama clásica y las unidades
teatrales que no respetó en su proyecto, como son necesarias
las ilustraciones decimonónicas para los colages de
Max Ernst o el realismo academicista (o "fotográfico")
de las imágenes en sus propias pinturas. Menos aún
pueden ir acompañados con dramatismos como el desenlace
en las muertes de los enamorados del guión, puesto
que el dramatismo estará implícito en la misma
agresividad de sus gags dirigida al espectador.
Los Hermanos Marx, en una época
donde habían sucumbido todos los valores posibles,
perseguirán la aniquilación de los esquemas
forjados por la humanidad que han gobernado la sociedad hasta
entonces. Los dadaístas no provocaron ninguna caída
sino que la materializaron en sus haceres. Fueron las propias
ideas las que condujeron el mundo a la crisis. Por ello ve
Groucho en su profesión una labor médica al
hacer reír al público a la vez que se considera
experto en nada. Es la risa la única capaz, por ser
gratuita, de compensar los divorcios, las pérdidas
en el Crack, la guerra, etcétera. Lo mismo que el juego
y la apuesta suponen para la trascendencia del valor de las
cosas. Vieron en estos valores unos nombres que empezaron
estando al servicio de la humanidad y ahora ésta se
mata por ellos. Para demostrarlo han recurrido a la fragmentación
y a la metamorfosis de la realidad en niveles sintácticos
arbitrarios a los ojos de la naturaleza lingüística
del ser humano, como advierte Magritte con ventanas rotas
que anteponen pinturas realistas a un paisaje real, o mediante
una representación pictórica de una pipa que
no es una pipa. Han detectado esa complejidad barroca en Shakespeare
para crear unos espacios imprevisibles donde ubicar el honor,
la patria, la cultura, la riqueza... tan sólo como
vocablos que basta con ser pronunciados en momentos de inseguridad
para dejarlos a merced del juego, allí donde sólo
vale la pena apostar por ellos. Y en eso consiste el buen
sabor de boca que dejan sus películas, incluso hoy
más que cuando se estrenaron. Esta manera de crear
un misterio cómicamente, mediante cuestiones cotidianas,
recoge todo un sistema de integración de registros
lingüísticos, y por ello me he sentido obligado
a relacionar sus creaciones cinematográficas tanto
con obras tanto literarias como plásticas. Además,
esta misma integración supone uno de los mayores logros
de las vanguardias.
Surrealismo y cine Marx comparten
una misma comicidad con el establecimiento de una simbología
de proyección individual, sólo que la industria
cinematográfica norteamericana resulta en muchos casos
un freno en el procedimiento. El público debe quedar
satisfecho y no totalmente confuso (hay una mayor brutalidad
en los libros de Groucho). Tuvieron problemas con la velocidad
de los chistes en los primeros filmes, aunque este determinante
y el de la censura les sirvieron para mostrar aún más
sus ingenios. Bien podrían entroncarse tanto en un
tipo de cine que arrastra modos arcaicos sujetos a las variedades
y al teatro, como a una lista de cine poético surrealista
aunque se viesen determinados por la existencia de la trama
(pero también las encontramos en algunas películas
de Man Ray, en los guiones de Artaud, en Entr´Acte,
en Un Chien Andalou y en L´Age d´Or).
En cuanto a un carácter revolucionario no quisieron
luchar contra la hipocresía social (y eso no los convierte
en meros conformistas), ya que ésta pertenece a la
naturaleza humana y les encanta. Incluso se incluyen, y si
así no fuese su humor no tendría lugar. Quizás
ofrezcan un espectáculo distinto a la comedia fílmica
de entonces a pesar de que nunca se sintieron exclusivos,
pero tal modestia no quita para que hayan dado una buena evidencia
poética y revolucionaria del espectáculo de
cada una de nuestras vidas.
MATIZACIONES RESPECTO AL
CASO DE LA VANGUARDIA ESPAÑOLA.
Aplicación del método crítico
En la apreciación de
Artaud encontramos un problema escabroso referente a lo que
aquí concierne. Afirma que lo extraordinario de Animal
Crackers no se sabe muy bien a qué corresponde,
pero cae fuera de lo cinematográfico y de lo teatral
. Un encanto que nace de la conexión mágica
de ideas, y eso sin prescindir del lenguaje que comparte con
el teatro de la crueldad. La liberación poética
es una vivencia que se extiende más allá de
las plumas y papeles en los que escriben los denominados poetas.
Es la desnuda captación de la naturaleza que permite
la mayor intensidad cualitativa. ¿Se refiere Artaud
a los elementos propios del teatro o al teatro que ha dominado
durante cinco siglos de separación y expectación
pasiva del público?
La vanguardia española
no contó con una base teatral como la francesa, alemana
o italiana, con la que incidir en la consolidación
de las actitudes vanguardistas. Pero paralelamente encontramos
en la temática una atención especial hacia las
verbenas y las fiestas populares, las procesiones y las ferias
de todo tipo, mostrando una gran sensibilidad por las metrópolis
y la masa.
Las actuaciones vanguardistas
españolas que pudieran estar cerca de ser prácticas
teatrales en un sentido abierto, fueron muy escasas. Podemos
citar las veladas ultraístas, conferencias como la
de Dalí en el Ateneo de Barcelona "Posición
moral del surrealismo" , la Telefonía celeste
de Adriano del Valle y Caballero, sesiones en el A.D.L.A.N.
, ciertas actitudes de Lorca, Dalí y Buñuel
en la Residencia de Estudiantes de Madrid , algún atentado
en la vía pública recogido por la revista Grecia,
y el apenas conocido Grup de Sabadell citado por Joaquim Moras
, que actuó desde principios de los veinte ofreciendo
conferencias y recreaciones de concursos de poesía
en que los ganadores recibían recortes de periódicos,
invitaciones a comer judías dentro de cráneos
humanos y charlas donde el ponente se hacía acompañar
de un caballo. Parece tratarse de jóvenes con recursos
económicos para hacer incursiones a París y
tener noticia de los "últimos escándalos
literarios", sobre todo de Cocteau. Por lo tanto, estaban
más influenciados por el exterior y la repercusión
en Barcelona apenas tuvo lugar. Estas acciones, por lo general,
a diferencia de las propuestas futuristas, de Hausmann, Artaud,
Cocteau y de tantas otras cabezas de la vanguardia internacional,
carecían de una voluntad y una aportación teatral.
Nada de textos teóricos y de reivindicaciones dentro
de este género literario. Eran medios para exponer
las voluntades artísticas, plásticas y literarias
adoctrinando al público, aunque, quizás por
el talante anti-artístico extendido en la península,
huirán de la comedia por considerarla de antemano retrógrada
y desajustada respecto a las nuevas exigencias sociales. Tanto
La deshumanización del arte de Ortega y Gasset
(1925) por un lado, como la influencia decisiva de Dalí
por otro, tras una aparente radicalidad en el excesivo uso
del término anti-artístico , apartaron a la
vanguardia de las preocupaciones escenográficas que
no fuesen cinematográficas. En realidad, para ello
era necesario un origen fuerte más allá de la
comedia burguesa benaventina, y el teatro popular español
siempre estuvo en cierta manera vigente por su gran tradición
desde el barroco (sainetes, entremeses...) No había
un material extendido como las variedades o el music-hall
que ofreciesen contenidos rompedores respecto a lo anterior.
Una mayor sensibilidad ante la masificación de las
fiestas populares unido a las nuevas creaciones, que hace
pensar a Ortega en la "deshumanización del arte"
como propuesta de los nuevos artistas y literatos, no se correspondía
con lo que acontecía en el exterior. El revolucionario
teatro cultivado desde Jarry hasta Artaud permitió
la unión entre el arte y la vida, el espectáculo
como vivencia que, para nada hacía al arte más
frío y ajeno a la humanidad, así como una voluntad
menos separada del público de lo que había supuesto
la narrativa del siglo anterior.
Al igual que el deporte, la
aviación y el automovilismo, la gran ciudad y el periodismo,
el cine despertó un gran interés, siempre desde
la misma voluntad anti-artística aunque los postulados
fuesen cercanos al de los movimientos extranjeros. El film
anti-artístico de Dalí y Sach rechazaba el cine
de vanguardia de Man Ray y Léger por responder a cuestiones
estéticas y, en cambio, se arrimaba al cine cómico
de Chaplin y Harold Lloyd, mismo cuando una producción
de este tipo no cuenta con el máximo de los recursos
cinematográficos, deteniéndose en la mera visualización
de las escenas interpretadas por la estrella, teatralidad
que aumenta en el caso de los Hermanos Marx ante la mayor
reducción del espacio y del protagonismo de la cámara
y del montaje. Para ilustrar ese rechazo hacia las artes dramáticas
contamos con el testimonio de Antonio Espina: "He aquí
porqué resulta ridícula y mezquina la mayor
parte de la cinematografía de nuestra hora. Los industriales
de ella, atentos sólo a su negocio, no se preocupan
más que de satisfacer el gusto mediocre de la burguesía
universal, que es el público de teatro, y de teatro
pueril" . ¿Acaso no podía librarse por
igual de la lógica narrativa burguesa tanto el género
dramático como el cine? Es verdad que Artaud aborrece
la intromisión de cuestiones teatrales y literarias
en el cine, pero no por ello deja de valorar las dos primeras
películas de los Hermanos Marx aún con toda
la carga teatral que éstas albergan. Evidencia que
hay algo más y que es lo mismo que liberó al
teatro de las garras narrativas y representativas: la poesía
.
Pero si la expresión literaria
de la vanguardia española va a ser cercana a la de
las demás, los mismo ocurrirá con el humor de
los Hermanos Marx a pesar de lo lejos que parecen encontrarse
los ultras y surrealistas peninsulares del teatro. Para dar
una muestra meticulosa empezaré por el que, junto al
pintor Barradas, ha sido principal promotor de estos movimientos
y ha determinado en gran medida el lenguaje posterior: Ramón
Gómez de la Serna y sus principales producciones, las
greguerías. La fragmentación de la que parten
se imbuye en la naturaleza real como base y permite la toma
aislada de las cosas en la categoría de imágenes,
algo necesario en los gags de los filmes "marxistas"
y que elevan, en cierto modo, la comprensión de estos
chistes al intelecto y no a lo puramente sensitivo (uno de
los argumentos de la anti-artisticidad). La descomposición
recreativa de la totalidad de una vivencia nos remite al puzzle,
a la incógnita, al caligrama...
La importancia radica en los
nexos donde funciona la metáfora como clave, siendo
ésta altamente arbitraria y de las modalidades más
diversas, a veces correspondiendo a niveles de la configuración
del lenguaje, desde el fonema hasta la sintaxis, y desde la
significación hasta el significante. Cuando la fonetización
o la lectura establece una conexión, la relación
de los contenidos será de lo más dispar. Por
lo tanto ya tenemos una de las condiciones necesarias para
el humor de los Hermanos Marx reconocido por el propio Gómez
de la Serna: "El humorista es el gran químico
de disolvencias". De la misma manera reconoce la necesidad
poética para que las risas tengan lugar: "El humorismo
ha de tener una nobleza improvisadora de poeta" . Ante
todo, tal y como sentencia el estudioso de Ramón, César
Nicolás, es la chispa de la conexión de dos
realidades aisladas lo que produce la cómica sorpresa,
y el mismo Ramón no duda en citar versos de Breton,
Benjamin Peret y Éluard como buenas greguerías
en el prólogo a la sexta edición de la antología
de greguerías (1910-1960) aparecida en la Colección
Austral .
Tal fragmentación tiene dos consecuencias importantes:
el barroquismo y la posición del cómico frente
a la realidad.
1.
Las idas y venidas de los niveles reales y lingüísticos
marcan un recorrido barroco que recoge el culteranismo
de Góngora. Este poeta del Siglo de Oro español
tuvo su aniversario en 1927 celebrado por los vanguardistas
adscritos a la Residencia de Estudiantes de Madrid en
un reconocimiento a su legado conceptual. Ortega y Gasset
observa una gran relación entre las inquietudes
de la vanguardia española y el Barroco, donde reinó
"la confusión y el mal gusto" . El choque
de lo cotidiano con lo asombroso, lo serio-cómico,
los niveles de realidad en la disposición de mediadores
("los auriculares son las gafas ahumadas de los oídos"
es una de las numerosas greguerías), la comprensión
virtual, el recorrido entre los dispares representantes
y representados, lo racional enfrentado con lo más
lúdico dando la banalidad... remiten a la confusión
del Barroco.
2. La fragmentación y la descomposición
suponen un punto de vista exterior del artista; analítico
y crítico, se sitúa ante un mundo de objetos
en cuya categoría entran personas reducidas a sus
disfraces, situaciones y fenómenos. No se trata
del reflejo en la obra de arte sino en la libre manipulación
en la que todo pierde su función y su valor. Es
el flâneur de Walter Benjamin (sobre Baudelaire)
como artista del nuevo capitalismo triunfante, cuya objetividad
y distancia le permite encontrarse cosificado junto a
su entorno. Gracias a esta libre entrega de su persona
busca la posibilidad y la novedad por lo que todo se revela
efímero. La sorpresa alcanza el más elevado
puesto de las categorías vitales y los seres se
destruyen mediante la ironía. En Locura y muerte
de nadie de Benjamín Jarnés , Arturo,
fuera del espectáculo pero observador, mira distante
asomado a un balcón la escena de unos cadáveres
que trasladan a la farmacia. Groucho disfruta en A
Night at the Opera del espectáculo planeado
con sus hermanos anteriormente desde un palco de la ópera.
Junto a la divinidad de La tournée de Dios
(1932) de Poncela , con el que mantiene cierta identificación
simpática, son unos personajes distintos a los
demás, llegados de afuera y que observan los distintos
tipos sociales a los que casi responden con indiferencia.
La fragmentación en escenas con claras líneas
divisorias (fundidos en negro de los filmes) corresponde
a los distintos pacientes de sus ataques cómicos.
Estas escenas, tanto las de la "tournée"
como las de los Hermanos Marx, van encabezados por letreros
intentando establecerlas en el espacio y en el tiempo
(Poncela, a modo Louis Aragon en Le paysan de Paris
, recurre a cabeceras de noticiarios reproduciendo los
caracteres, o a mayúsculas fingiendo carteles que
sitúan la acción en un lugar). En aquellos
tiempos, en España, había una verdadera
atracción entre los escritores por los carteles
luminosos publicitarios (Harpo los atraviesa en The
Big Store)
En las greguerías, la
distancia del autor está perfectamente delimitada por
los requisitos fundamentales que el propio Gómez de
la Serna establece y que los Hermanos Marx consiguen ante
la falta de subjetividad tanto de la cámara como de
las imágenes filmadas y de los diálogos: "No
debe haber en ella sentimentalismo rabilargo, ni cursilería
rabicorta, ni descripcionismo" . Nada de lo que aparece
en las películas de estos cómicos tiene un origen
definido y la puesta en escena nunca es paulatina a base de
anteriores referencias que coincidan, algo que los ultraístas
y surrealistas pudieron apreciar en otras películas
cómicas americanas y en las que vislumbraron anti-artisticidad
.
El barroquismo de la vanguardia
española permite que aprecien la ficcionalidad del
cine y sus ventajas frente a las del teatro y la novela, ante
las cuales se presentan inversas. Antonio Espina, en Reflexiones
sobre cinematografía, encuentra el valor de este
espectáculo en su irrealidad, siempre algo distinto
a lo sucedido en la vida (para lo que previamente ha tenido
que reducir esta vida a pura materialidad). Gracias a esa
falta de alusiones a lo "humano" el cine evita la
representación y así la proyección de
unas vidas a las que el espectador es ajeno. No es algo que
poseyera de por sí, puesto que el párrafo referente
viene encabezado por "el ideal sería, precisamente,
alejar al cine todo lo posible de la realidad". Artaud
sí ve en esta industria una mayor capacidad del teatro
para crear un "otro", aunque, con el fin de elevarlo,
proponga el cambio teatral esencial .
La prueba de que los Hermanos
Marx, gracias a la situación central de su comicidad
en las películas, se encuentran en el recto camino
de estas proposiciones vanguardistas, reside en la obligación
de su público a conectar las imágenes ofrecidas,
algo que Espina no llega a reconocer sobre el cine en general,
aunque sí admite un tipo de imaginación capaz
de abstraerlo y aislarlo de su pasado , más aún
en este caso de cine cómico en que la experiencia se
ve fracturada y sorprendida de continuo mediante las conexiones
cercanas al azar objetivo. Si el espectador se encuentra aislado
de su entorno pasado y presente (para lo que Espina cita la
oscuridad de la sala que baña a cada sujeto espectador),
participa en última instancia de la película
como objeto paciente de las acciones desgarradoras del humor.
Él mismo se ve abstraído y en cierta medida
manipulado en pro del resultado final y, gracias a la poesía
de vanguardia, por ser de aplicación directa vital
sobre las imágenes materiales, se explica el encanto
mágico de estas producciones a pesar de sus apariencias
industriales y menores en cuanto a calidad cinematográfica.
Los recursos tanto de la cámara como del montaje o
de la escenografía, recogen el espíritu experimental
de Méliès, mediante el cual consiguió
la magia necesaria para sus fines, olvidado por los grandes
y espectaculares recursos.
El sentido de ese recorrido
desde la realidad hasta la ficción literaria y burguesa,
mediante las reivindicaciones de Espina, se invierte para
partir de la ficción que muestra el cine hasta llegar
a la realidad de la vida de los espectadores. Nada de bibliografías
ni de historia, sólo la percepción inteligente
e infantil de las imágenes ofrecidas: la exigencia
al público de un "esfuerzo, de una postura violenta.
Primero, de la atención; después de la inteligencia,
y, por último, de la conciencia entera." Estas
palabras suyas anticipan la interioridad propuesta por Dalí
para el film anti-artístico: "Cinema mudo, sordo,
ciego, diría aún yo, ya que el mejor cine es
aquel que puede percibirse con los ojos cerrados" , declaraciones
que tan bien respaldan la condición de Harpo y su supremacía
frente a los demás, no tratándose únicamente
de la presentación de un personaje sino que sus habilidades
serán las exaltadas en la totalidad de los filmes.
Pero el surrealismo español,
muy poco desarrollado por entonces (1927-1928), no había
comprendido de una manera consolidada la propuesta, no de
la destrucción del realismo en pro de la fantasía,
sino de uno nuevo que integrase la interioridad del sujeto
junto a la superficial materia y las relaciones entre ambas,
que la despertase en el público con la muestra en un
mismo registro de lo material y lo metafísico, incluso
de aquello que se localizase más allá. Las reminiscencias
al ultraísmo con su posterior deshumanización
y anti-artisticidad cerrada eran aún enormes, y para
cuando el conocimiento del surrealismo fue completado en España
en los años treinta, la tendencia social y el compromiso
político eran ya patentes, así como cierta tendencia
al lenguaje individual con algunas contaminaciones no surrealistas.
A pesar de tales limitaciones, el artículo de Antonio,
en el apartado Ampliaciones del protagonismo, llega
a las mismas ventajas del cine que encontró Artaud.
Al teatro de antemano lo identifica la acción de teatralizar
la vida calificándola de estética y pobre, mientras
que lo que consigue el cine es vitalizar el teatro. Sin las
referencias a la interiorización, los cambios de los
puntos de vista, uno de los medios con los que Gómez
de la Serna consigue el barroquismo vanguardista, marca unas
posibilidades teatrales más amplias que lo enfatizan
sin apreciar todavía el propio lenguaje de la cámara.
La carencia de la observación es aún una consecuencia
sensitiva. El eclecticismo ultraísta que aglutinaba
cubismo, constructivismo, futurismo y dadaísmo, a veces
con talante poco observador, sometía a unos principios
de armonía a todos los registros creativos en comparación
constante y platónica con la música, careciendo
de la sistematización teatral de Artaud gracias a la
base anteriormente asentada por Jarry y Roussel. La cámara
es capaz de desvelar el dramatismo y la comicidad de las cosas
mediante la "violación previa de su naturaleza
aparente" y complicar "al vegetal, a la máquina,
al ser racional y hasta al mineral yaciente" . Pero la
negación de la imaginación creativa en la percepción
del espectador convierte a estas apreciaciones del cine en
preámbulos de la vanguardia surrealista, sin la sensibilidad
consolidada hacia los logros de la fragmentación.
Entrando en la cuestión
del papel del espectador en la proyección final de
la película, Espina reconoce un "subprotagonismo"
en la asimilación de lo presentado con el fin de excitarle,
cerrando la creación con el reconocimiento del destinatario
. Aún con esta leve aproximación a la idea de
vouyerismo, en las greguerías sí se da
una fenomenología fundamental en la relación
sujeto-objeto, siendo estas fórmulas literarias mediadoras
entre las cosas y naciendo la poesía en lo puramente
cotidiano y minúsculo. La metáfora, el hipérbaton,
alterando el orden de estas cosas advierte aún más
de sus presencias, ahora aisladas y con categorías
abstractas (ya que de este modo quedan abstraídas,
entendiéndolo como atemporización, descontextualización).
En el manifiesto Film-arte film-antiartístico de
Dalí, encontramos el mismo carácter fenomenológico
descubierto por el reduccionismo antiestético: "El
filmador antiartístico se limita a emociones psicológicas,
primarias, constantes, estandarizadas, así tiende a
la supresión de la anécdota (...) El filmador
antiartístico llega a acción y signos constantes."
Que mejor que un típico gag del cine cómico
más pleno, como en las películas más
radicales de los Hermanos Marx, para disfrutar de esa auténtica
reducción al fenómeno psicológico como
afirma al final del manifiesto: "sólo el cinema
antiartístico, especialmente el cinema cómico,
produce filmes cada vez más perfectos, de una emoción
más inéditamente intensa y divertidísima".
De nuevo, como denominador
común de este manifiesto y del resto de las fuentes
utilizadas a lo largo de este estudio, volvemos a encontrar
la homogeneidad virtual de naturalezas distintas, todas presentadas
en la misma pantalla: "La luz del cine es una luz toda
espiritual y toda física a la vez (...) El árbol,
la calle, el partido de rugby, en el cinema, son turbadoramente
transustanciados" . Este virtualismo se basa en una actitud
pura e infantil del filmador: "filma de una manera pura,
obedeciendo únicamente a las necesidades técnicas
de su aparato y al instinto infantil y alegrísimo de
su fisiología deportiva" . Dudando mucho de que
estas actitudes se den en el equipo fílmico de las
películas de los Hermanos Marx, sí son exaltadas
en el plató por los protagonistas cuyo humor debía
adaptarse en parte al de Chaplin, el cual ya se había
hecho con el gran público mientras era él mismo
el que dirigía sus propias películas. También
lo encontramos en el contenido de novelas vanguardistas que
en muchas ocasiones sirven de exposición de las novedosas
inquietudes de sus autores, entendido todo como una unión
del arte con la vida basada en la posición del sujeto
frente a su propia realidad. Así, en Hermes en la
vía pública (1934), Antonio de Obregón
dota a su protagonista de una gracia cuya creatividad es opuesta
al mero inventor tipo Edison: "inventaba su propia vida,
que ante él se desarrollaba como un film increíble.
Eso de inventar la propia vida se daba muy pocas veces en
el mundo, donde cada cual es un plagiario de los demás
y donde nadie vive nunca de sí mismo, sino de las aportaciones
vulgares de los otros." Con esta referencia el cine queda
a salvo de la empobrecedora mímesis de la teatralidad
social que apela únicamente a la pasividad del espectador.
El mismo Hermes se presenta como el objeto de la invención,
"un prodigioso muñeco moderno de fabricación
especial que llevaba grabada en su peana la preciada etiqueta
de su patente de invención, el blasón más
codiciado de la juguetería (...) El materialismo es
como el aceite, que suaviza nuestra maquinaria y del que no
debemos nunca prescindir" (de nuevo la metáfora).
Harpo, en varias ocasiones, gesticula los mecanismos de una
marioneta o un autómata haciendo reconocible su interior
mediante la reducción máxima de la expresión.
En Locura y muerte de nadie,
Benjamín Jarnés dibuja a la muchedumbre usando
el predominio de sombreros, tal y como lo encontramos en las
gradas del circo y del partido en At the Circus y Horse
Feathers: "Una espuma de sombreros, de cráneos
mondos, de pañuelos." En A Day at the Races,
Harpo, con una manguera de aire, hace volar los sombreros
del público con la sorpresa posterior que despierta
la desnudez. En El ventrílocuo y la muda de
Samuel Ros (1929), Braulio, que ejerce esta profesión
que le permite ascender entre las capas sociales más
elevadas, -el poder de la palabra-, reniega de su habilidad.
De camino a la estación de trenes tira el sombrero
y se quita los zapatos en la vía pública porque
le molestaban: "Ese hombre acaba de hacer lo que diariamente
piensan millares de ciudadanos. Ese hombre es un valiente
y un sincero, que ha roto una de las mil estúpidas
normas sociales", pone en boca de uno de transeúntes
que se cruzan ante él .
Braulio, al renegar de la palabra invierte sus poderes en
la dirección de Harpo. Sustituye en principio el habla
(así como los zapatos y el sombrero) por la acción
mientras se sitúa en una relación directa con
las distintas escenas que encuentra a lo largo de su marcha
(en sucesión o yuxtaposición). Llega hasta el
punto en que la ruptura de las normas le permite parar un
tren justo antes de descarrilarse por un desprendimiento en
la vía sin saberlo. Al conversar con un mendigo que
también dejó de lado el habla, el novelista
expone sus ideas: "Sí, señor, pereza de
hablar, pereza infinita y convencida. Créame, la palabra
es perfectamente inútil; si el hombre fuera mudo como
le corresponde por su condición animal sería
más perfecto y se adaptaría mejor a la vida...
La palabra fue el gran castigo de Dios... Adán no habló
hasta la expulsión del Paraíso". Siguiendo
la misma línea se posiciona frente a la escritura cuando
Braulio encuentra un banco recién pintado con un cartel
que así lo advierte y él se sienta. Otro transeúnte
opina de manera parecida: "alguna vez tenía que
funcionar la inutilidad de esta advertencia." La repetición
de inutilidad niega el valor de aquello que va encontrando
y, al liberarse de tales imposiciones, goza de una enorme
distensión, igualmente gratuita y por tanto poética:
la imagen se presenta por sí misma. Lo más significativo
es que un escritor en su novela, precisamente, niegue el poder
de la palabra. La obra se niega a sí misma y de ahí
el humor. Los Hermanos Marx niegan la suya al atentar constantemente
contra ella, y todo desde un instinto infantil porque, para
poder desprestigiarla, el ataque debe carecer de razón.
Al final son las peticiones caprichosas de una niña
las que, al complacerla Braulio, consiguen detener el tren
a tiempo.
Cuando los filmes de los Hermanos
Marx presentan un público nos observamos en él.
La pantalla se convierte en un espejo que hace evidente la
miseria teatral. Vemos cómo vemos la escena, observamos
lo que ha sido reservado para el público a lo largo
de la historia del teatro. Locura y muerte de nadie
construye la escena de una aglomeración de gente ante
un crimen y lo reproduce después en la pantalla en
la que se observa la misma masa: "En un momento de peligro
se destrozarían unos a otros. Un momento de placer
les hace sonreír al compás." El desdoblamiento
se suma a la fragmentación y a la conversión
en otras categorías existenciales (en este caso la
masa material de gente se hace virtual para poder contemplarse),
y es así que el tema de la masificación y su
poder alienante atrajo tanto a estos escritores. No hay nexo
coherente entre un individuo y otro, entre una partícula
y otra, "rostros agrupados al azar" y, aunque parezca
contradictorio, observándose en el espejo de la pantalla
cambia sus gustos: "A casi nadie le interesa un problema
individual. El mundo entero está cansado de monólogos"
(da gusto ver como Groucho los parodia). Si todos tenemos
la necesidad de vernos identificados en la película,
la masificación pasa por el orden del azar tal y como
hemos observado y, extendiéndonos, el azar sería
lo opuesto a cualquier otro orden que se adapte a la matemática
de la experiencia y que reproduce el teatro convencional,
el mismo enemigo de la vanguardia española que fijaron
previamente los movimientos extranjeros aunque existan matizaciones.
Así como las obras dramáticas se sitúan
entre el espectador y su vida empobreciéndola, la razón
es mediadora entre el individuo y su entorno acogedor. De
nuevo, Benjamín Jarnés en el prefacio a Paula
y Paulita, hace una reflexión respecto al aislacionismo
que somete al hombre la lógica: "Llamaremos pues
miedo a cierto frío espiritual -que a veces se atribuye,
aturdidamente, a la razón- capaz de abrir anchos espacios
vacíos entre el espíritu y las cosas (...) Sería
preciso que volvamos a enamorarnos del mundo, risueñamente,
como niños. Que intimemos con él. Que le tiremos
de las greñas como a un león domesticado."
La razón como intermediaria
es un tema latente en las diversas novelas vanguardistas y
cuyas causas, en parte, vienen determinadas por la nueva sensibilidad
cinematográfica general. Es el dilema de la identidad
y una cuestión fenomenológica la que se sitúa
detrás del posicionamiento de la lógica imperante,
encontrando la máxima correspondencia en los elementos
identificadores de los personajes, desde el vestuario, las
profesiones, los vehículos, hasta las costumbres y
los modales, o simplemente una serie de imágenes que
acompañan en el tiempo y en el espacio (un ejemplo
en los Hermanos Marx lo encontramos en At the Circus,
cuando al comienzo Chico camina en la misma dirección
que unos caballos negros cruzándose con otros blancos).
Las relaciones serán metafóricas, pero aún
así esto no es exacto. Se expondrá la tensión
creada entre los intentos de metaforización. En las
producciones de los Marx vemos como el componente trágico
y humorístico, al mismo tiempo, nace de unos personajes
que intentan hacer corresponder sus gestos y actuaciones al
papel asignado. El policía intenta hacer bien su trabajo,
el malo debe mostrarse como el más frívolo de
los malos, el burgués tiene unos modales que respetar...
frente a la desnudez de las cómicas estrellas que les
permite asumir distintos papeles a su lúdica voluntad.
La variedad de códigos puestos al servicio del discurso
cinematográfico (tecnológicos, visuales, gráficos,
sonoros y el montaje), ofrece unas relaciones metafóricas
en unos casos y simbólicas en otros, mucho más
directas en grados de igualdad. Es sobre todo la asociación
por identidad dentro del código sintáctico en
que las tensiones de similitud adquieren una mayor poética,
ya que la ausencia de la descripción sustituida por
la aparición (el simultaneísmo del cine) refuerza
este efecto. Proserpina rescatada de Jaime Torres Bodet
(1931) es una novela en la que la protagonista principal,
-Proserpina Jiménez-, no encuentra correspondencia
a los ojos del narrador entre su apariencia y un cierto oscurantismo
de carácter: "Tus trajes -le dije- no tienen aire
de trajes. No confiesan nunca de qué color están
hechos. Parecen teoremas. Necesitan siempre que los demuestre.
Tus costumbres son todavía más misteriosas."
Si por un lado tenemos algo visible, -la apariencia-, y por
otro un interior invisible, aún con la carencia de
letras, la dualidad de condiciones informativas presentadas
nos coloca ante un verdadero caligrama. "No te incendies.
No vayas tan deprisa. Dale un descanso a tu sombra",
suplica el protagonista a Proserpina.
La metáfora de tal naturaleza
fabrica una poética moderna de placer intelectual (frente
a lo sensual), cuya apreciación hacia ciertas imágenes
está, en ocasiones, tan cerca del retablo de codificaciones
confusas de las películas de los Hermanos Marx como
el uso de conocidos animales que da Francisco Ayala en el
cuento Erika ante el invierno (1930): "Bien es
cierto que en los días de mercado se veía obligada
a permanecer, horas y horas, quieta junto al carro de su padre,
cerca de los anchos caballos pensativos y de las ocas prisioneras,
(...) viendo como las altas botas mojadas de los hombres iban
y venían." Simplemente, la persistencia de esta
permanencia junto a ambos tipos de animales observando aquello
que detecta la presencia de hombres (las botas mojadas), permite
que poco antes, en la descripción de la joven, Ayala
manifieste la identificación con su adolescencia: "Ni
tan preciosa como un hermoso caballo, ni tan deliciosa como
una pequeña oca." Otro ejemplo más dispar
en el tiempo pero cuyo humor recoge las influencias de Poncela
y Jarnés, lo encontramos en la comedia Cuatro patas
para un sueño (1966) de Álvaro de la Iglesia,
interesante por tratarse de un libro de humor comercial y
de gran tirada. En la presentación del libro, antes
de abordar la narración, incluye dos definiciones,
una de ellas de su propia invención :
CAMA: Cuadrúpedo mucho más rápido
que el caballo, porque montados en él recorremos
a velocidades increíbles las fabulosas regiones de
los sueños.
Pero así como las imágenes
se asocian gracias al simultaneísmo del cine, también
se disocian por la voluntad de romper con la tradición
teatral y de atentar contra sus componentes más intrínsecos.
Las actitudes y los contenidos latentes de los Hermanos Marx
cuestionan las condiciones de la representación de
las artes espectaculares, y los vanguardistas de las capacidades
de la narración, de la descripción y de la palabra
escrita en sí. La negativa hacia las normas miméticas
del teatro por parte de la vanguardia española coincide
con las burlas y los atentados iconoclastas de estos cómicos.
En ambos casos, al menos el humor hace uso de sus propios
elementos desvelándonoslos, y hablan sobre la propia
puesta en escena y sobre la misma narrativa, un arte que cuestiona
el material de su elaboración, conocido en la plástica
mediante la tautología. Coincidencia la de aquella
referencia a Macbeth de Torres Bodet en Proserpina rescatada
para calificar el ambiente que rodea a la protagonista y de
la disociación con el misterio de su persona que intenta
desvelar a lo largo del libro: "Nos envolvía una
excelente escenografía de otoño, que hace pensar
en las inmediaciones de aquellos lugares en que deberían
representarse los dramas de Shakespeare. Por ejemplo: Un rincón
en el bosque. Sale Macbeth, seguido por el fantasma de Banquo."
A pesar del enfoque autobiográfico de la novela, la
alusión a la escenografía y su falta de correspondencia
con los personajes que alberga es directa. Las referencias
a la misma elaboración de las escenas y a los propios
elementos novelescos compartidos con el teatro, son parte
esencial en la temática de este tiempo. El trasunto
de Paula y Paulita de Benjamín Jarnés
es la confrontación de una estética tradicional
frente a otra moderna acorde con los nuevos sucesos de la
contemporaneidad, ofrecidos a la lectura en la puesta en escena
de una trama que a la vez oculta esta discusión, verdadero
asunto del libro. Nace una nueva relación con el vestuario
que en los géneros literarios han sido encargados de
ofrecer la definición de los personajes asegurando
la lógica compacta del argumento. Sumada a la nueva
sensibilidad hacia la masificación, los individuos
se cubren de unos modelos constantes en la sociedad. La relación
será el intento permanente de correspondencia entre
fundas y contenido:
Fisionomías
nuevas e iguales siempre, siempre repetidas, que permitían
catalogar a la humanidad (...) con relación a cuatro
o cinco -o tal vez más- tipos-patrones, a alguno
de los cuales había de ajustarse cada individuo.
Ella misma se sabía perteneciente al modelo: ojos
azules y vivos, corpulencia, tez tierna y pelo casi albino,
aunque su boca enérgica, severa, la aproximaba al
tipo ojinegro, de rostro arquitectónico y expresión
entre melancolizante y dura. (Esto la hacía vacilar
y la envolvía en cierto aire indeciso.) Durante el
verano -estaba comprobado- los distintos individuos se distanciaban
algo de su patrón correspondiente, y los distintos
patrones se distanciaban un poco más entre sí.
En invierno, los gorros, las expresiones ateridas, los abrigos
y el difumino de la niebla, todo contribuía a dar
mayor homogeneidad al rebaño. (Francisco Ayala,
Erika ante el invierno)
... así entró Erika en el local, portadora
de un vestido nuevo, malva. Alguien debería encontrarse
con ella, alguien debería esperarla, y por eso salta
su corazón bajo el malva de su vestido. (Ibíd..
)
Las formas contenidas desean
librarse y salir al mundo de la apariencia (el corazón
de Erika). Los personajes experimentan una liberación
como las de Braulio de Samuel Ros, pero también apelan
a la seguridad de su rol:
-¡Ah!
Pero si llevas el traje de todos los días.
(...)
-Un bigote. Al menos un bigote
(Francisco Ayala, la hora muerta)
-Ya
conoces mi habilidad infalible, Cesárea. ¿Qué
quieres que te traiga? ¿Codornices, perdices o liebres?
(...)
-Si fueses tan amable que me trajeras un sombrero...
(Enrique Jardiel Poncela, La vida de Mario averiguada
por Palmera)
Al tratarse de nuevos tiempos en los que las influencias proceden
de nuevos medios, la codificación muchas veces viene
determinada por el cine gracias a su poder instantáneo
de descripción, a la vez que por la extensión
de su difusión: "... y Hermann no se había
hecho todavía chófer, ni adoptaba aires de galán
de cine." (Francisco Ayala, Erika ante el invierno.)
, "... era un miembro más de la secta de esa generación
de señoritas para quienes el mar no es sino un producto
de los trasatlánticos; el amor, una condición
de los cinematográficos; el verano, la propaganda de
una playa de moda..." (Jaime Torres Bodet, Proserpina
rescatada) . Hasta la naturaleza representativa se extiende
para determinar las condiciones de las identidades que se
dan en vida real: "Se podría decir que padecía
una parálisis cinematográfica de las que permiten
tomar todas las actitudes, no dejando, sin embargo, de estar
muerta" (Ramón Gómez de la Serna, Cinelandia,
1923) . En este mismo libro, Ramón propone una condición
gratuita de vida sin especulaciones, en boca de unos personajes
de cine:
-¿Y no te preocupa el más allá?
- preguntó Edma Blake a Elsa.
-Nada... Unos seres intermediarios entre la sombra y la
realidad como nosotros no tienen ni que pensar en eso.
-¿Entonces sólo debemos dedicarnos a vivir...?
Con estas alusiones tan
repetidas en la literatura española de los años
veinte y treinta, la vida queda estructurada gracias al fragmentarismo
del cine (planos, tomas, secuencias...) y del teatro (escenas,
actos...). Llegamos a la meditación de la esencia de
las artes literarias y cinematográficas en pro de la
especulación filosófica contenida en las tramas,
la condición de la vanguardia que expone en el cuestionario
realizado por Miguel Pérez Ferrero sobre vanguardismo
español para el número del 1 de junio de 1930
de La Gaceta Literaria , Ernestina de Champourcín,
al afirmar que la vanguardia se ha caracterizado por las novedades
"lo mismo en literatura que en la vida" . En Erika
ante el invierno he encontrado esta cita ilustrativa:
"Después, de pronto [el simultaneísmo propio
del cine], las cosas han cambiado en uno de esos giros de
escenografía que la vida tiene" .
Si mediante la meditación de la propia naturaleza de
los medios literarios en su papel, tras el nacimiento del
cine, desemboca en la especulación filosófica,
ya he advertido que ésta es de raíz fenomenológica
y existencial. El hombre y su medio, sus intermediarios, los
objetos y las palabras, sustitutas de su existir, son temas
cómicos en las películas de los Hermanos Marx
que parten de la misma fragmentación para el libre
manejo de los elementos que utiliza Ramón Gómez
de la Serna al abordar el humorismo: "es la tragicomedia
sin crimen ni sangre, con baile de cosas, seres y hechos en
medio de su acción" .
Manuel Abril, en un artículo
que responde a La deshumanización del arte de
Ortega y Gasset ocho años después en la revista
Arte, encuentra la cuestión de la deshumanización
en el mismo hombre, puesto que lo más humano, al ser
su propia superación, siempre está por encima
de su componente humano. Su capacidad de abstraer -en caso
de que aceptemos que fuese exclusivo del ser humano- además
de ser una ventaja se vuelve contra él, para lo que
expone el ejemplo del placer (instintivo) que, previamente
aislado y abstraído, queda sometido a la voluntad de
su componente humano . El aislacionismo, colocando a su frente
los intermediarios aislados, lo incapacita para recurrir a
otra manera de entenderse con su medio. Las palabras adquieren
categorías nacidas de esta condición, muy bien
expuestas por Jiménez Caballero en Yo, inspector
de alcantarillas (1928): "¡Qué bien
me hicieron sus palabras! El bien de las definiciones inmutables
(...) ¡Qué dos palabras mágicas, yo y
mí! Pronombres por nombres sustituyentes; palabras
en sustitución de sustancias, en alusión de
esencias, de inmanencias" .
La fragmentación es
un ejercicio de libertad por el que los objetos quedan desvelados
a la vez que éstos permiten el juego de las asociaciones,
el "jugar a la poesía" de Benjamín
Palencia , y al que aluden por lo general todos aquellos artistas
que han contactado con el surrealismo: Dalí, Jiménez
Caballero, Ángel Ferrant al liberar a los objetos de
sus funciones , como Harpo cuando hace uso de ellos para despertar
las risas del público... En estas nuevas asociaciones
de imágenes lo latente se vuelve virtual y el nuevo
realismo engloba lo oculto y lo visible en esa nueva virtualidad.
"Concepto y metáfora como trampolines esenciales"
de la nueva literatura española según Giménez
Caballero , y que aplicadas a la plasticidad de Dalí
adoptan bajo la opinión de Domingo López Torres
un poder iconoclasta y poético, en lo que seguramente
consistiría ese tipo de imaginación que el pintor
creía compartir con Harpo: "...va destrozando
ídolos, descolgando bellas estampas amaneradas y pisoteando
los más graves perjuicios (...) En sus representaciones
se enlazan las figuras más insospechadas, los seres
más extraños, los cuerpos más frenéticos
y desesperados" .
La poesía se opone a
cualquier forma retórica, al empirismo impuesto y generalizado
del que parte. Es una pureza negativa hacia el mero contacto
con los objetos, a poder ser lúdico y poético:
"Las cosas están ahí, esperando al hombre
decidido. Están en rededor nuestro, cargadas de posibilidades
de belleza, como de una luminosa electricidad inagotable que
podríamos hacer brotar aproximando a ellas un dedo
bruscamente. Todo, entorno, aguarda la violación del
artista. La materia es siempre dócil al espíritu
sincero, cuya vitalidad es una continua creación."
(Benjamín Jarnés, Paula y Paulita) .
Reducir a la imagen y a la palabra los asuntos vitales, un
mínimo que parece oponerse al barroquismo que impera
por otro lado en el trasunto de este capítulo, aunque
en realidad lo recargado no responde más que a la infinidad
de posibilidades que el juego de la poesía otorga:
"Vuelve el arte a la célula. En arquitectura,
al plano. En el pentagrama, a la pura línea melódica.
En el poema, al esqueleto de imagen. Desnudez, punto de partida."
.
El Manifiesto anti-artístico
catalán de 1928 redactado por Dalí, Montanyá
y Gasch, confía en una pureza de la creación
después de haber aniquilado cualquier síntoma
de retórica ("argumentación, literatura,
lírica" -que no es lo mismo que poesía-,
"filosofía", y todo "a favor de nuestras
ideas") para limitarse "a la más objetiva
enumeración de hechos", alentados por "una
nueva época, de una intensidad poética imprevista",
en cuyos síntomas destacan la multitud y el maquinismo,
confiando, por ejemplo (y eso nos ayuda a enlazar el estilo
con los filmes de los Marx), en el "desnudo del music-hall
americano", a lo que suman, como elementos acordes a
su tiempo, el cinema, los deportes, la "música
popular de hoy: el jazz y la danza actual", la
luz eléctrica, el desfile de maniquíes y el
teatro moderno entre otros fenómenos culturales que
aportarán una nueva poesía por su velocidad
e inmediatez , reconocido así por Jiménez Caballero:
"El tren, la bomba, el telégrafo, el gran trasatlántico,
las multitudes, los salones de baile, el cine: temas para
una nueva poesía..." , iconos que aparecen en
los fotogramas cómicos de entonces, y por supuesto
en los de los Hermanos Marx.
Hay unas condiciones históricas
comunes y de las que ambos ámbitos espectaculares se
han hecho eco. José Díaz Fernández, en
El nuevo romanticismo (1930), expone algunos caracteres
de época :
Se
produce la guerra europea.
La guerra es el fracaso de todos los principios y todas
las predicciones del último siglo. La democracia
liberal tenía como último objetivo la paz
universal. El pacifismo había informado las palabras
de los políticos y las doctrinas de los sociólogos
(...) Pero es que aquel río retórico, espejeante
y gigantesco, arrastraba una materia corrupta: el dinero.
El dinero flota por encima de las ideas de fraternidad y
pacificación y organizan un choque casi cósmico
(...)
Esto coincidió con la hegemonía de la máquina.
La máquina significa una nueva civilización.
El desarrollo de la técnica y del capitalismo industrial
colocó en el centro de la vida una clase para quien
la justicia seguía siendo una palabra. El artesano
de antes fue sustituido por el proletariado (...) La vida
sindical empezó a actuar en la órbita de los
poderes tradicionales y nació el hombre que, aliado
con la máquina, concibe nuevas formas de convivencia
(...) Los pueblos sufren otra vez la sarampión nacionalista,
llámese Italia con su fascismo gobernante o Inglaterra
con su laborismo imperialista y burocrático. Algunos
programas políticos retrocedieron a formas despóticas
de gobierno, creyendo apuntalar así el ruinoso sistema
que la guerra dejó deshecho.
En
la vida creativa y artística, estas nuevas circunstancias
de modernidad caracterizadas en parte por las nuevas multitudes
y la masificación, colocan al artista en una posición
exterior. Se convierte en algo distinto tomando diversos ángulos
variables (Gómez de la Serna se decanta por la toma
de las cosas desde sus lados inexistentes), descompone y recrea
los objetos en el imperio de las apariencias, de lo visible,
condición esencial en los personajes de los Hermanos
Marx a los cuales les confiamos una comicidad asegurada de
antemano. Harpo no necesita explicación, y tanto Groucho
como Chico son capaces de aislar, de tomar las cosas y los
asuntos con independencia del valor que adquieren en el "mercado
teatral". R. Buckley y J. Crispin creen tratarse la heroína
vanguardista de una temática imprescindible, y la definen
como "misteriosa, cambiante, tornadiza, difícil,
quizá imposible de entender" frente a la "monotonía
burguesa" . Todas estas virtudes nos remiten a Harpo,
el más infantil y femenino de los tres, y sus poderes
coinciden con La Vénus mecánica
de Díaz Fernández (1929) en el juego de identidades:
"Pequeñas burguesas que carecen de imaginación,
miden el pecado por los centímetros de tela y no conocen
la gracia del escorzo ni el valor del movimiento (...) Yo
Venus mecánica, maniquí humano, sé bien
en qué consiste la gracia de vestirse" . La neurastenia,
anomalía que llamó mucho la atención
de estos críticos , sitúan al individuo que
la padece en un lugar exterior al resto de la masa. Juan José
Domenchina califica al neurasténico de "ex - hombre"
. A su vez, Wenceslao Fernández-Flórez, en todo
un ensayo fechado en 1924 sobre esta patología psicológica,
cree que otorga la verdadera creatividad artística,
puesto que "agudiza las percepciones" y advierte
del mundo tal y como es. Sin duda alguna, su lógica
fuera de control tiene bastante que ver con el término
flâneur que propone Walter Benjamin para el artista
moderno (en una sociedad capitalista) y que César Nicolás
atribuye a Gómez de la Serna , una exterioridad registradora
de la realidad compartida por la cámara cinematográfica
al permitir el libre manejo de esa misma realidad rota en
imágenes aparentes, y que asumen los Hermanos Marx
dentro de las películas así como la voluntad
humorística de manipular poéticamente los elementos
teatrales (por lo menos) del film, aunque ¿es la falta
de respeto al propio medio cinematográfico lo que nos
despierta las risas?
Son
muchas las analogías encontradas en los recursos literarios
de la vanguardia con los cinematográficos y teatrales
de los Hermanos Marx (ya hemos valorado la artesanía
teatral de estas películas ante los precarios recursos
fílmicos, en parte, por la reciente aparición
del sonoro, para el cual las cámaras no podían
moverse demasiado). El caligrama, no en un sentido estricto
sino extendido a los trajes del vestuario del film que modelan
al individuo cubierto en el plano de las apariencias del cine,
se repite en la novela española de entonces en el tema
de las multitudes, en el que son varias las descripciones
en las que dibujan formas más o menos geométricas
en movimiento y que se metamorfosean, aparecen y desaparecen
despertando la sorpresa: "La línea recta de salida,
formada por los puntos blancos de los cuerpos, se quebró,
deshaciéndose en la pista, como un collar roto"
(Antonio de Obregón, Hermes en la vía pública)
. Recurso que abrió camino en España a los caligramas
y a las palabras en libertad por influencia de Apollinaire
y Marinetti, donde el movimiento es esencial en el juego palabra-forma,
como en la reproducción del zig-zag en un poema así
titulado mediante la disposición de las frases, o la
forma de una "s" a base de palabras que nada tienen
que ver con la letra, u otros ejemplos de los poetas y pintores
catalanes Joaquim Folguera, Vicenç Solé de Sojo,
Carlos Sindreu i Upons entre otros .
Fernández-Flórez
reconoce la facilidad con la que nos vemos identificados en
ciertos animales, el parecido que cada individuo pueda encontrar
en ellos. Así mismo propone las nubes que se deforman
y se rehacen . Joaquín Arderíus, en Los príncipes
iguales (1928), narra las inquietudes acerca de las identidades
de tres príncipes tan perfectos que son idénticos
a su padre y entre sí, descubriendo al final no haber
sido concebidos por ninguna madre . Locura y muerte de
nadie presenta a una muchedumbre observándose a
sí misma en una pantalla . Los príncipes idénticos
reunidos recuerdan a tres espejos . En las películas
de los Hermanos Marx, públicos aparecen dentro de la
pantalla, en la que cada individuo, como los tres cómicos,
los objetos o muchos de los restantes personajes, no encuentran
unas razones de su estar, tan sólo consiste todo en
aparecer y en actuar dentro de la escena. Francisco Ayala,
en La hora muerta, compara el cine con un espejo en
donde nos vemos reflejados , como en los escaparates de las
tiendas, pero añadiendo por mi parte que nuestra aparición
es abstraída del contexto de la realidad, libres de
las razones del pasado. Edgar Neville, en Eva y Adán
(1929), destaca el azar como la razón de que tres náufragos
se encuentren en un mismo bote . En escena hay que encontrar
el papel para la seguridad, como el pez Oh! de este
mismo compendio de cuentos , que desea ser conejo y para ello
busca el contexto apropiado en las altas aguas de la montaña.
El análisis del lenguaje
de vanguardia de los Hermanos Marx, por comparación
con el caso español, además de servir de un
buen ejemplo del verdadero valor experimental del cine cómico
en el público en años de tanteo similares a
los de las variedades pero a gran escala de difusión
como fenómeno de masas, nos descarta la falta de humanización
en la estética presentada aparente por la carencia
de sentimentalismo. Como muy bien cuestiona Manuel Abril el
famoso artículo de Ortega y Gasset, es la propia concepción
aislada y elevada que el hombre tiene de sí mismo lo
que le obliga a negarse. El humanismo produce la deshumanización,
la cual se trata antes que nada de una soledad en el planeta
después de haber descartado cualquier comparación
con aquello que es distinto a él y por tanto inferior.
Las explicaciones, y menos en sociedad, no sacian a nadie,
sólo revelan el juego de disfraces y palabras con el
que las vanguardias se recrearon desvelándolos, ofreciendo
al individuo la libertad de la desnudez y la poesía
del gratuito manejo de la materia que desfila ante él.
La sorpresa, apartada a un lado por Ortega y de la que Dadá
ya hizo buena apología, es la que permite apreciar
la unión de las artes con la vida, la desnuda presencia
de las cosas que prescinde de razones en las que entra la
narración, el argumento y la representación
que nos separa de nuestras propias vidas. Pero el disfrute
de la realidad como el imperio de lo posible frente al ficticio
ser, exige sentirlo con profundidad, y el juego, desde su
máxima crueldad, es el único capaz de llegar
tan lejos, apostando y arriesgando toda nuestra vida para
que así vuelva a adquirir la totalidad perdida. Sólo
consciente el individuo del azar, la banalidad reconocida
englobará la vida humana. No puede haber deshumanización
en estas palabras de Giménez Caballero: "Fluía
la materia ante mí como ante Dios el primer día."
En la cuestión temática, no el único
ámbito de las analogías de los Hermanos Marx
con la literatura de las vanguardias, quizás el menor
pero sí el más para la novela española,
me he restringido a la labor crítica y recopilatoria
de BUCKLEY, Ramón y CRISPIN, John, Los vanguardistas
españoles 1925-1935, Ed. Alianza, Madrid, 1973, como
principal punto de referencia. También debería
citar a MORRIS, C. B., El surrealismo y España 1920-1936,
Ed. Espasa Calpe, Col. Austral 503, Madrid, 2000.
ARTAUD, Antonin, Les Frères Marx, Nouvelle Reue Française
nº 220, 1º de enero de 1932, recogido en ARTAUD,
A., El cine, Ed. Alianza, Madrid, 1973 (p. 36) Existe otra
versión de este artículo con mínimas
variantes recogido en Théâtre et son double,
Gallimard, Paris, 1938, publicado en España, El teatro
y su doble, E. Edhasa, Barcelona, 1978 (pp. 157-159)
Transcrita en GARCÍA DE CAPRI, Lucía, La pintura
surrealista española (1924-1936), Ed. Istmo, Madrid,
1986 (pp. 419-421). Publicado en su momento en Hélix,
nº 10, marzo de 1930, Vilafranca del Penedés.
Ver BRIHUEGA, Jaime, Las vanguardias artísticas en
España. 1909-1936, Ed. Istmo, Madrid, 1981
Por ejemplo, ARANDA, Francisco, El surrealismo español,
Ed. Lumen, Serie Ensayo, Col. Palabra en el tiempo, 139, Barcelona,
1981 (pp. 43-51) En este mismo ensayo, el escritor y colagista
Aranda compara al Buñuel de las representaciones de
Don Juan Tenorio celebradas en la Residencia con Groucho Marx
(p. 48)
MOLAS, J., "La literatura catalana y los movimientos
de vanguardia", en Cuadernos de Arquitectura, Barcelona,
4ª Trim. 1970, citado en BRIHUEGA, Jaime, op. cit. (p.
264)
ORTEGA Y GASSET, José, La deshumanización del
arte y otros ensayos de estética, Ed. Revista de Occidente
en Alianza Editorial, Col. Obras de José Ortega y Gasset,
10, Madrid, 1996 (10ª ed., 1ª ed. 1981) (pp. 11-54)
Por ejemplo, DALÍ, Salvador, "Film-Arte, Film-antiartístico",
en La Gaceta Ilustrada, nº 22, 1927 (p. 8), recogido
en BUCKLEY, Ramón y CRISPIN, John, op. cit. (pp. 224-229),
"El manifiesto anti-artístico catalán"
de Salvador Dalí, Sebastiá Gasch y Lluis Montanyá,
publicado en el Gallo de abril de 1928, y "Hacia la superación
del arte" de Sebastiá Gasch, en L´Amic de
les Arts, S |