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(culpables e inocentes)
Frente al tribunal, aquellos sujetos sólo existían
en calidad de condenados. El procedimiento era rutinario
y cada día, una vez leídas las sentencias,
en la cara de los prelados se abría una mueca
-sonrisa y grito- que dejaba entrever cada uno de sus
dientes. Mientras tanto, los sujetos se quedaban allí
parados, con la cabeza casi colgando sin que nadie los
reclamara, como si efectivamente la cosa no fuera con
ellos. Así continuó en lo sucesivo y para
siempre, incluso aquella mañana en que los sujetos
fueron declarados inocentes y el tribunal tuvo que admitir
que la justicia había fracasado. Los mismos destellos
blancos e idénticos colgajos sin reclamar.
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La
estirpe de aquel que se predica sus propios atributos
es la misma a la que pertenecen los que 'copulan' para
avoir quelque chose à dire. Su verdad:
pura praxis sintáctica; aquello que se atribuyen:
martillo que atenaza las carencias de su ser, estar
o parecer
***
Como plomo que desciende a lo profundo, Aforismo se
hunde -en lo oscuro del embalse- para apresar al siluro
***
Pese a ser el cinematógrafo uno de sus mecanismos
más efectivos de difusión, cierto estadio
rudimentario de la técnica impidió a la
Muerte, durante algún tiempo, ser considerada
con la gravedad que requería tan brillante puesta
en escena: pensaron que aquellas personas sincopadas,
en blanco y negro, les eran completamente ajenas; y
aquello les hizo gracia. Pero la Muerte, que si algo
tiene es paciencia y empeño didáctico,
supo esperarse al refinamiento del tecnicolor y, a través
de un escenario bastante más próximo a
la realidad, les reveló que la historia de semejante
inventó también se construía con
los cadáveres de sus protagonistas; y que éstos
no eran distintos de sus espectadores. La fiel reproducción
'ad infinitum' les recordó su miseria; y aquello
les borró la sonrisa del semblante.
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(Tratado
de alquimia: de los materiales)
"Como
el barro fresco se prestan a la marca de las huellas,
todavía,
pero una vez cocidas -las ideas- cualquier desequilibrio
es un quebranto".
Se
piensa que lo frágil nace de la contradicción:
el calor del fuego los endurece al tiempo que los vuelve
quebradizos; sin embargo, no esto lo que dicen los tratados:
"VI.I [...] que la vulnerabilidad acontece en
la forma, sometida como ésta, desde un principio,
a aquello que impulsa las ruedas de los tornos: la voluntad".
Es esta voluntad la que hace que en la forma se consuma
el potencial de la materia que, una vez se ha vuelto
precisa, abandona todo proyecto de expansión.
Según tales observaciones, se puede aventurar,
que sólo lo informe conservaría -stricto
sensu- el vigor de la potencialidad. A continuación,
tomando a la arcilla como ejemplo, se tratará
de iluminar la cuestión: la arcilla, en tanto
materia, alberga dos potencias. Una ya ha sido lo suficientemente
estudiada, y sólo recordaremos que su desarrollo
no se entiende sin el fin que la posibilita, siendo
su aspiración el acto, el objeto concreto...
la vasija. Si la forma es su final y la utilidad -contener
agua- su límite, la voluntad que inicia el desarrollo
su constante amenaza de quiebra. La energía de
esta potencia es, por tanto, limitada y en la
forma halla su muerte. Existe, sin embargo, otra potencia
que no aspira a convertirse en acto y no por ello su
energía latente es menos prometedora que en la
potencia al uso. Lo que las diferencia sustancialmente
es hacia donde tienden sus fuerzas de tensión.
Si en la primera se vuelcan hacia un afuera y
concluyen su camino en la transformación, en
la segunda -las tensiones- renuncian a una expansión
efectiva manteniéndose, de forma ilimitada, hacia
un adentro; su promesa, de este modo, solo trabaja
para ella misma; ésta es su voluntad. Por supuesto,
la fuerza que presupone esta potencia, que hemos llamado
invertida o negativa, es mucho más inquietante,
pues aquello que promete no es otra cosa que la imposibilidad:
el advenimiento de lo que no puede ser; tan sólo
barro fresco en su informidad. Carente de objeto, la
fabulosa concentración de ocres chorreantes
nos interroga y amenaza, indefinidamente; tal es su
virtud. La potencia al uso, en cambio, aún
se pretendan ocultar sus intenciones, no se concibe,
como vimos, sin la finalidad que la posibilita, por
lo que el margen de sorpresa es nulo -la arcilla, en
tanto cerámica, alberga un número de limitadas
variaciones- y su respuesta ya viene construida en la
pregunta. Así, perdido como está hoy el
enigma de los materiales -en la roca están escritas
sus magníficas suertes progresivas?- debería
ser la principal tarea devolverlos a su interrogación
pura, a esa potencia negativa. Parcialidad, fragmentación
y un cierto carácter informe son sólo
algunas de las vías descubiertas hasta ahora,
de modo que cuando le preguntan "¿por qué
estas investigaciones? ¿cuál es la utilidad
de tales experimentos?", contesta, con Cioran,
el alquimista: "sólo tengo la impresión
de ser eficaz, de estar donde debo, de hacer algo positivo,
cuando me tumbo para entregarme a una interrogación
sin fin y sin objeto". Tal es su piedra filosofal
¿y acaso no habrá mostrado ya, con pelos
y señales, cuál es su proceder y en qué
consisten sus experimentos?
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