-Exposición en la Cinémathèque Française
(abril-julio 2008)
Tanto
Guillaume Apollinaire como Charlie Chaplin "Charlot",
utilizaban el apelativo "alquimista de la luz" para
rodear de un aura de distinción la resplandeciente
personalidad de Georges Méliès (1)
(París, 1861-1938). El encanto alquímico fue
recíproco, pues la poesía y el cine, prefigurados
poco después por ambos artífices, fueron las
dos cargas esenciales que imantaron la vida y la obra de Méliès
... el mago del accidente, el amante leal, el ingenioso cineasta,
el empresario escacharrado, el inventor de trucos, el soñador,
el padre... el que siguió con fervor instintivo la
senda que trazaba cada una de sus pasiones.
La existencia de Georges Méliès
fue un homenaje a la autarquía desde la "Star
Films", su empresa, creada en 1897 para pergeñar
sus producciones. Pero esa autonomía se extinguió
con la irrupción de la dictadura industrial, comercial
y masiva más salvaje, verdadera apisonadora cuyo avance
inexorable extendía su sombra morbosa por doquier:
canto al progreso, larga agonía. La innovación
del lenguaje fílmico a ambos lados del océano,
las guerras de patentes, la producción "en serie"
de miles de películas, los plagios y copias sin protección,
la confrontación fantasía versus realidad...
Méliès creía poder resistir, impertérrito,
pero la técnica, desprovista en él de la descarada
búsqueda del beneficio a ultranza, acabó por
darle la espalda; en el fondo, nunca deseó adaptarse.
Al hilo de esto, el propio autor confesaba: Son las máquinas
lo que me interesa... la mecánica... Pero no me veo
poniendo algo por las nubes a un cliente (2).
Esta declaración de intenciones
fue algo que recalcó en su entorno para argumentar
su negativa a participar en la floreciente empresa familiar
de fabricación de calzado en pro de su atracción
por las artes . En efecto, rechazaba una visión utilitaria
y meramente productiva de las máquinas, pero adoraba
todo el aura de magia, potencia creativa y peculiaridad que
se desprendía de cada mecanismo en su mismidad. No
fabricó cualquier zapato de entre miles, pero no vaciló
a la hora de construir, en su estudio de Montreuil, un maniquí
articulado de una altura de varios metros, y movido por varios
operarios, para dar su golpe de efecto en el filme La Conquête
du Pôle (La Conquista del Polo, 1912).
Una interesante maqueta del estudio de
Montreuil está incluida en esta muestra localizada
en la sede de la Cinémathèque Française,
lugar especialmente apropiado, ya que su co-fundador, Henri
Langlois, fue una de las personas más interesadas en
la persona y la obra de este rutilante artista.
La maqueta a escala y varios dibujos preparatorios y otros
testimonios, dan cuenta del que fue el primer estudio de cine
de la historia realizado para rodajes en estudio, de ahí
que fuera enteramente realizado en vidrio, en 1897. La reconstrucción
a escala incluye el comentado "Gigante de las nieves",
especie de apoteosis colosal de su pasión por los autómatas,
los muñecos articulados, los trucajes, los mecanismos
de hacer magia, los instrumentos que alimentan la fantasía.
Este caldo de cultivo constituye el germen más directo
de su propia concepción del cine como ...un oficio
que consiste en realizarlo todo, mismo lo que parece imposible,
y en dar la apariencia de ser reales a los sueños más
quiméricos, a las invenciones más inverosímiles
(4). Rechazaba la reducción del
cine a la función simplista de ser un mero intento
de reproducción de la "realidad", ya que
siempre quedaría empobrecido respecto a ella.
Su
espíritu curioso era insaciable, así aprendió
trucos de prestidigitación, los secretos de la fotografía
y del tratamiento y creación de la imagen en sus estadios
iniciales -en especial la cronofotografía de Étienne-Jules
Marey- y, en otro orden de cosas, se involucró activamente
en asuntos de la vida política (5).
Este
enérgico artífice, adquiere el Teatro Robert-Houdin
en 1888, incluidos los autómatas, vestuario, decorados
y demás ingredientes que ese "mago-relojero"
utilizaba para sus números de ilusionismo. Algunas
de estas valiosísimas piezas han llegado hasta nosotros
en buen estado, fruto de la protección y el mimo que
Méliès les prodigó hasta que hubo de
cederlas: restauraba los mecanismos y cuidaba todos los elementos
del teatro, y así, en la Cinemateca, se lucen hoy en
todo su esplendor varios accesorios para trucajes, trajes
de las puestas en escena y alguno de los autómatas,
a los que se añaden algunas piezas concebidas por el
mismo Georges Méliès, notablemente "El
decapitado recalcitrante" (Le décapité
récalcitrant), de tamaño natural, "La Fuente
encantada" (La Source enchantée), o "El Hombre
de cabeza de caucho" (L'Homme à la tête
en caoutchouc), presentes en distintos soportes, dibujos,
fotografías, incluso en tres dimensiones.
*"L'HOMME
À LA TÊTE EN CAOUTCHOUC" ("El hombre
con cabeza de caucho", 1902; 2'40")
El
cine, entendido como fábrica de ilusiones, como prolongación
del reino de la ensoñación, y como sustituto
y coadyuvante de las sesiones mágicas de su teatro
(6), era un terreno que -casi por la
ilógica más lógica- había de ser
explorado por Méliès. No tardaría en
acercarse a los cada vez menos rudimentarios mecanismos de
producir imágenes. En este sentido hay que recalcar
que, bien que apasionado por sus variadas e intensas dedicaciones,
el polifacético artista estaba totalmente conectado
con la contemporaneidad, pese a que algunos de sus posicionamientos
hagan pensar, en ocasiones, todo lo contrario.
Obviamente se interesó por el aparato
de los Lumière -el cinematógrafo-, y asistió
estupefacto, como el tout Paris, a la proyección
de la que se considera la primera película de la historia,
La Sortie des Usines Lumière (La Salida de las
Fábricas Lumière) en marzo de 1895. La máquina,
el instrumento, ya era una realidad, pero faltaba por inventar
el Cine mismo, el arte, el espectáculo, el medio de
expresión, el generador de sorpresas y maravillas;
ése era el cometido reservado a Georges Méliès.
Al respecto, uno de los portaestandartes de la teoría
realista del cine, Sigfried Kracauer recalca, en relación
a este pionero, que su principal aportación al cine
fue sustituir la realidad no escenificada [ejemplificada
por el cine Lumière] por la ilusión escenificada,
y los incidentes cotidianos [característicos del
cine Lumière] por las tramas inventadas (7).
Ya
en 1896, empieza su producción de filmes, comenzando
por primitivos ensayos con el bioscopio de Robert William
Paul, similar al cinematógrafo que Lumière se
negó a vender a terceros (8).
Fueron esenciales estos tanteos hacia el perfeccionamiento
para transformar lo que era una curiosidad de la ciencia en
un arte con entidad propia, experimentos productivos que irán
llenando las páginas de todos los manuales sobre cómo
hacer cine que se han escrito hasta hoy: todo estaba por hacer,
había que crear el Cine mismo, y también todos
sus instrumentos técnicos y conceptuales.
Y
todo era poco para Méliès, que abarcó
en su sola e infatigable persona la globalidad del proceso
cinematográfico: desde la concepción de cada
obra hasta su financiación, desde el rodaje hasta la
actuación -Méliès aparece en casi todas
sus piezas y dirige a todo el reparto (9)-,
desde el revelado y distribución de la película,
hasta los recursos fílmicos y su lenguaje y, con todo
esto, consiguió ampliar ad infinitum el campo
de la ficción, derribando muchas de las fronteras espaciales,
temporales y de concepto impuestas por el teatro y las llamadas
bellas artes, a la vez que integraba en el cine recursos propios
de esas otras manifestaciones artísticas, logrando
interesantes realizaciones interdisciplinares. De ahí
que cada una de sus películas tome la apariencia de
un ensamblaje en construcción mediante yuxtaposiciones
o sustracciones en paulatina progresión-regresión,
sobre un plano fijo y, asimismo, que cada uno de los "cuadros"
en que se dividen sus filmes, se asemeje a un collage de elementos
heteróclitos en perfecto funcionamiento: los engranajes
de un mecanismo.
*"LE
MÉLOMANE" ("El Melómano", 1903;
1'52")
Su
intención era construir un arte total, universal y
comprensible por todos (recordemos que el cine hasta finales
de la década de 1920 (10), era
mudo, a lo sumo contaba con una acompañamiento musical
efectuado con un gramófono), donde el gesto y la expresión
corporal, aderezados por los decorados -que él mismo
pintaba- fueran suficientes para contar en un golpe de vista
con toda la información necesaria para prolongar nuestra
capacidad de imaginar a través de la pantalla.
*"LE
ROI DU MAQUILLAGE" ("El Rey del maquillaje",
1904; 2'18")
Las
tramas, muy apreciadas en la época, hoy con cierto
regusto cómico, estaban constituidas por sus trucos
(apariciones y desapariciones, multiplicaciones, explosiones,
humaradas o fantasmagorías, cambios de dimensión
y orientación, color (11), escamoteado,
o sus alucinantes "escenas de transformación"),
trucos que serán el germen de los futuros recursos
cinematográficos más trascendentes: el paso
de manivela, que permitirá rodar imagen por imagen,
las sobreimpresiones, disoluciones, los diversos tipos de
fundidos, dobles exposiciones, followshots.
En
1908 y 1909, el artista presidió dos Congresos internacionales
de cine, que resultarán trascendentales para el devenir
de la industria, pues de ahí derivaron importantes
convenios hacia una mayor normalización de sus elementos
(unificación de los pasos de perforación del
celuloide, largura estándar de la película en
35 mm, alquileres en vez de venta, etc). Pero ese mismo acuerdo
global hacia una mayor codificación del cine fue para
Méliès como abrir la caja de Pandora de las
desgracias, pues suponía un ataque frontal contra su
propia manera de ver, hacer, y gestionar el cine.
Nunca se adaptó a las demandas de
la creciente industria, se ancló en un género
y en un modo de trabajarlo que, a pesar de todas las virtudes
desplegadas ampliamente a lo largo de sus casi quinientos
filmes, había quedado obsoleto. Sus intentos de acercarse
al largometraje no se ajustaban al ritmo, ignoraba la potencia
del montaje y la cámara permanecía inmóvil.
Ni siquiera ese género particular de las "actualidades
reconstruidas", sus particulares guiños a la actualidad
histórica coetánea (12),
fructificaron en forma de salvavidas al que poder asirse.
Nada
impedirá que Méliès acabe arruinado,
sucumbiendo incluso al matrimonio con una antigua amante y
actriz, Jehanne d'Alcy, ya muerta su esposa, para consolidar
su futuro y el de su familia, aquellos que no le habían
dejado en la estacada. Paradójicamente, Natan, alias
de un estafador casi anónimo, enviaba periódicamente
un cheque al cineasta para asegurar su subsistencia desde
1929. Por lo demás, Georges y Jehanne regentaban una
tienda de juguetes y caramelos en la estación de Montparnasse
de la capital gala, donde el genial artesano del cine fue
"redescubierto", y automáticamente activados
los mecanismos del homenaje y el aplauso a posteriori por
parte de individuos e instituciones.
Pero
antes de cerrar un capítulo que bien pudiera haber
terminado de otro modo, las luces de la Cinémathèque
se apagan para rendir su homenaje a la alquimia de la luz;
el recorrido en la oscuridad, salpicado por una selección
iluminada de elementos queridos en el universo de este artífice,
desemboca en un recorrido circular por la ambientación
de su obra más onírica... o quizá menos.
El viaje que Méliès hizo
al satélite habitado por los selenitas, se alimentó
de los delirios más geniales de su paisano, Julio Verne
(13), ambos conectados por un espíritu
rebosante de un patrimonio tan exclusivo como excepcional:
la imaginación creativa. En ambos, la proeza de su
idea casi roza la literatura de anticipación, por avanzar
un hecho que tendrá lugar mucho tiempo después:
Méliès filma su particular versión de
la llegada del hombre a la luna sesenta y siete años
antes de que tuviera lugar el alunizaje de Armstrong en el
Mar de la Tranquilidad (1969), pero el cineasta nunca llegó
a saberlo.
El Viaje constituye un inventario de todos
los recursos cinematográficos explotados por el artista,
incluida una "visión submarina" filmada a
través de un acuario. Todo ello con una atractiva ingenuidad
que nunca ha dejado indiferente.
*"LE
VOYAGE DANS LA LUNE" ("El Viaje a la luna",
1902; 8'05")
Sólo
queda esperar que suceda lo mismo con Voyage à travers
l'Impossible ("Viaje a través de lo Imposible",
1904), donde la expedición imaginada por Méliès
alcanza el astro Sol. En el filme es posible; nosotros, por
el momento, sólo conseguiríamos abrasarnos.
1-Con esto no queremos decir que Méliès
tuviera predilección por Chaplin o por Apollinaire
en concreto, de hecho no le gustaba el aspecto triste de Charlot
y de su humor. Sin embargo, adoraba la poesía simbolista,
en especial la obra de Paul Verlaine. Más tarde se
sentirá halagado por los surrealistas, quienes reconocieron
sus geniales aportes dentro de la historia de la cultura en
su dominio más imaginativo.
2-(Traducción de la autora) Cita en MALTHÈTE-MÉLIÈS,
Madeleine, Méliès l'enchanteur, Éd. Hachette,
Paris, 1973 (p. 62): Ce sont surtout les machines qui m'intéressent...
la mécanique... Mais je me vois mal faisant l'article
à une cliente.
3-Al respecto, hemos de señalar aquí que Georges
Méliès poseía desde niño una buena
predisposición para el dibujo y las artes plásticas
en general, todo ello como parte de su destacable habilidad
manual. A pesar de la negativa paterna -siempre bajo el insistente
prejuicio de su carencia de utilidad-, recibió clases
de escultura de la mano de Joseph Grapinet, y de pintura por
parte de Gustave Moreau, adalid del Simbolismo.
4-(Traducción
de la autora) Cita en MALTHÈTE-MÉLIÈS,
Madeleine, op.cit. (p. 186): ...un métier qui consiste
à réaliser tout, même ce qui semble impossible,
et à donner l'apparence de la réalité
aux rêves les plus chimériques, aux inventions
les plus invraisemblables de l'imagination.
5-Crea, junto con Alphonse Méliès, el periódico
satírico de sesgo pro-republicano La Griffe, cuyo primer
número se publica en 1889. Contribuye con excelentes
caricaturas, bajo el anagrama "Geo Smile". Algunos
números contarán con colaboradores de la talla
de Paul Verlaine o K. J. Huysmans.
No hay que confundir su sentido ético y moral con una
orientación política precisa, pues no obraba
por dictado. Así pues, en su "fabrica de sueños",
los trabajadores tenían bajas pagadas, vacaciones estipuladas,
y una consideración totalmente "humana",
lo que llevaba a Méliès a trabajar codo con
codo con ellos y formarlos en distintas especialidades. En
esta línea creará, en 1891, la "Academia
de prestidigitación", para proteger, apoyar y
dar crédito a los magos itinerantes e incipientes.
6-...Hay
que señalar, no obstante, que el trucaje es, para Méliès,
un fin en sí mismo y no un medio, como lo es en la
actualidad. Y es que nos hallamos, no hay que olvidarlo, ante
un prestidigitador profesional que ha visto en el cine un
"artefacto mágico" parangonable a la caja
de doble fondo o a la baraja trucada. No obstante, será
la necesidad la que espoleará su imaginación
incitándole hacia nuevos perfeccionamientos técnicos.
Esta cita resume justamente la evolución que experimentó
la idea del cine en Méliès. En GUBERN, Román,
Historia del cine, Ed. Lumen, Col. Palabra en el tiempo, nº
179, Barcelona, 1997. (4ª ed.) p. 37.
7-En KRACAUER, Sigfried, Teoría del cine, Ed. Paidós,
Col. Paidós Comunicación. Cine, nº 81,
Barcelona, 1996. (pp. 55-56). Las partes entre corchetes son
añadidos de la autora.
De tal frase se desprende la que es una de las herencias más
reseñables de Méliès -según las
teorías del cine más clásicas-, a saber,
el inaugurar una de las dos grandes vías en que se
bifurcará el cine desde entonces: ficción y
fantasía como contraposición a los realismos.
8- Los Lumière no reconocían posibilidades verdaderamente
creativas para su cinematógrafo, para ellos era casi
un aparato, un invento de ciencia.
9- Es interesante observar que los actores de las películas
eran, por aquel entonces, personas del ámbito del music
hall y las variedades, acróbatas y otros talentos,
ya que los actores de teatro miraban al cine por encima del
hombro y, en consecuencia, se negaban a participar en él.
La paradoja estaba servida, y no habrá que esperar
mucho para percibir cómo cambiaban las cosas a tenor
de los pingües beneficios que el cine comienza pronto
a reportar a sus actores.
10-Hubo bastantes intentonas de distinto signo hacia la inclusión
de efectos sonoros en los filmes a los largo de la década
de 1920. Sin embargo, hemos de recalcar que fue The Jazz Singer
(El cantante de jazz, 1927), de Alan Crosland, el primer largometraje
sonoro de la historia.
11- Fue Segundo de Chomón, otro de los pioneros del
cine, quien le sugirió colorear sus filmes con la técnica
del pochoir (mediante plantillas para cada color). Ambos tuvieron
plena conexión, pues Chomón colaboró
con Méliès desde 1902 como representante de
la Star Films en España y América Latina. Además,
sus producciones cinematográficas entran dentro de
una dinámica muy similar.
12-Georges Méliès, profundamente conmovido,
filmó L'affaire Dreyfus ("El proceso Dreyfus",
1899), intentando sacudir a la opinión pública.
Tanto fue así, que nos encontramos ante el primer ejemplo
de la potencialidad del cine como arma para movilizar conciencias
y alterar la realidad y nuestra concepción de la misma.
La respuesta a ello será igualmente "pionera",
pues con ese filme se abre el primer caso de la historia de
censura cinematográfica, derivado del alcance que logró
en la gente.
Otro de sus filmes históricos tratarán la explosión
del acorazado Maine en 1898 (Le cuirassé Maine), o
la coronación de Eduardo VII (Le sacre d'Edouard VII
à Westminster, 1902), que le reportarán ingentes
beneficios.
13- Nos referimos a la obra De la Terre à la Lune,
y su continuación, Autour de la Lune, que Verne publica
en 1865 y 1870, respectivamente, alrededor de un siglo antes
del hecho histórico.
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