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El
23 de junio de este 2008, Dylan abrió su extensa gira
española dejándose ver en un rincón del
desierto zaragozano. Los organizadores seleccionaron el aparcamiento
de coches de La Feria de Muestras como escenario para la tercera
visita del mito hecho carne, botas y blanco sombrero tejano.
El emplazamiento, a unos 10 kilómetros de la Ciudad,
que ahora celebra el segundo centenario de la heroica y por
ende Inmortal resistencia a la invasión napoleónica,
está en un páramo que valdría como escenario
para un "espagueti western." Se supone que dicho
secarral se eligió por tener capacidad para unas 25.000
personas, aunque allí solo hicimos acto de presencia
unos 5.000. Yo fui en uno de los autobuses proporcionados
por la organización. Afortunadamente, ya que los que
eligieron ir en su vehículo se encontraron que la entrada
de coches privados tenía un atasco de una hora aproximadamente.
El
motivo de traer al Bardo Legendario era la Expo 08 cuyo lema
es el agua. Como todos sabemos, el excelente músico
y letrista americano predijo una lluvia apocalíptica
en su canción de los 1960 "A Hard Rain's A-Gonna
Fall". Quizás por ello La Exposición Universal
de Zaragoza convenció a Bob Dylan para regrabar la
canción y la hizo el himno del evento. No sé
cuanto le pagarían por ello, me imagino que un riñón.
La
canción, escrita en plena crisis de los misiles en
1962 (USA contra la URSS), previene de una guerra nuclear.
Se pregunta "¿Qué has visto, hijo de mis
entrañas?/ ¿Y qué has oído, niño
de mis ojos?", y luego responde que lo que ha visto son
"lobos feroces entorno a un recién nacido"
y "un cuarto lleno de hombres con martillos sangrantes".
Bella e intemporal. Digna del gran poeta que nunca recibió
el Nobel.
Pero
estoy hablando del pasado. Hoy Dylan parece que dedica su
vida al trabajo y con muchas horas extras. Desde hace dos
años conduce un programa de radio de una hora semanal
llamado "The Theme Time Radio Hour", excelente para
aquellos que quieran conocer la música de los USA en
sus años gloriosos, la época que va de los 1930
a 1960. Además, genera discos regularmente. Y, sobre
todo, hace giras mastodónticas por todo el mundo que
duran meses. En realidad vive en una gira perpetua. Desde
el 7 de junio de 1988, cuando empezó el 'Never Ending
Tour' ('La gira inerminable'), lleva ¡veinte años!
concediéndonos entre 70 y 110 conciertos al año,
en los que suele re-inventar unas 500/600 canciones.
Unos
amigos míos se preguntaban porqué Dylan trabaja
tanto. ¿Por dinero? ¿Por vanidad? ¿Porque
no tiene vida familiar? ¿Porque le da la gana? Probablemente
hace lo que le gusta.
Le
gustará pero no lo demuestra. Ya forma parte de su
leyenda la falta de comunicación con el público.
En el aquel desolado paisaje, al lado de una ruta de camiones
pesados, casi no levantó la cabeza del piano que le
protegía (y que, aunque toca, no se oye). No dirigió
ni una sola palabra al público con la poca voz rota
que le queda pero que tan bien saber usar en sus discos. Tampoco
vi que hablara con sus compañeros de trabajo. Un grupo
de músicos (Tony Garnier, George Recile, Stu Kimball,
Denny Freeman y Donnie Herron) que genera un sonido excelente
con la ayuda de un ingeniero barbudo vestido con camiseta
de negra de moto Harley.
Quizás
no vi dicha deferencia comunicativa del Gran Artista hacia
el público porque me perdí un rato de la actuación.
Dylan no permite filmaciones ni fotografías. Mientras
estaba filmando, un tipo con pinta de macarra, vestido de
verde, y con acento de la USA profunda, me empezó a
chillar con malos modos. Los responsables de seguridad españoles,
vestidos de negro, lo frenaron y se disculparon conmigo de
los malos modos del esbirro. Me explicaron que el contrato
que había hecho el Rápsoda de Minnesota (o su
ejército de abogados) no permitía tomar imágenes
del concierto. Pero también que ellos no le habían
dejado al sicario del rápsoda apropiarse a la fuerza,
como pretendía, de las cámaras y cintas intrusas.
Gente educada, como debe de ser. Da gusto ver que, el nuestro,
es un país civilizado. Pero, pese a creerme estas explicaciones,
yo no vi ningún cartel informando de dicha prohibición,
no había texto alusivo a ello en mi pase de entrada,
nadie me dijo nada a la entrada siendo que la cámara
era claramente visible, ni, por supuesto, me enseñaron
copia de dicho contrato. Aún así, deposité
la cámara durante el resto del concierto, aunque ya
había filmado unos cuantos minutos que están
a vuestra disposición en este Mensual Elegante. (Filmación
Dylan).
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