1
Bat-Yam,
bajo la presente nube de vapor caliente que la cubre, no
tiene muchas posibilidades de sobrevivir.
La población en masa se refugia en la playa, pero
no todos saben nadar, ¿qué harán, cuando
tengan que decidir, entre el mar que abre sus brazos y la
masa incandescente de los barrios en que viven?
Hay quienes están decididos a resistir en el agua,
"hasta que los huesos se ablanden", pero, ¿qué
hay de las medusas?
Piensan todos en agua, aunque el 99.99 por ciento ignoren
que en Zaragoza, una mega-exposición le dedique al
agua sus festejos.
Mejor así, nadie aquí cuenta con la capacidad
atlética para dar salto tal que lo lleve a morir
estrellado contra una Torre de Agua.
Yo, el único en esta ciudad, y uno de los diez en
este país, que conocen la existencia de la Expo Zaragoza,
en mi calidad de corresponsal de El Pollo Urbano, me muero
de sed, me sofoco por falta de aire, me quemo con el viento
de mi ventilador, y lo que quiero decir ya se derrite, se
evapora, asciende, y se que nunca habrá de llover.
2
El
mirador frente a la costa de Yaffo, adonde vamos todos los
sábados a la tarde para ver caer el sol, huele hoy
a orín.
En el horizonte, nubes azules, espesas, cargan toneladas
de agua.
En algún punto del Mediterráneo llueve.
De otro modo, ¿a qué se refieren esas nubes?
3
A
decir verdad, este país se seca.
Hasta la tregua ahora vigente, la única lluvia persistente
era la de cohetes Kassam y proyectiles de mortero sobre
las ciudades del Néguev occidental.
Ahora, sólo el calor que aniquila.
4
Hace
dos semanas, dos tipos estaban allí, cuando llegamos
Ana y yo a ver atardecer.
"Ah, vienen a ver la puesta del sol", dijo aquel
que, segundos antes llamaba a alguien cuya ubicación
era en el cielo, "¡Itzik, cómo estás,
Itzik!"
Aventuró, "the sunshine", y el otro le
corrigió, "no, se dice sunrice".
"Ah, ah", asintió, de cara a nosotros,
"¿de dónde son ustedes? ¿De Argentina?
¡Argentina! ¡Qué país! ¿Por
qué se vinieron para acá?
El otro le explica, "allí, la policía
de secuestra, te mata y te tira al mar.
Preguntamos, "¿usted es turco?"
"Sí, sí, soy turco"
El otro aclara, "es rumano, nació en Rumania".
El otro asiente, "sí, rumano".
"¿Es de Budapest?"
"Claro, soy de Budapest".
El otro nos mira, gira el dedo índice en la sien,
pulgar arriba.
El otro corrige, "soy sirio, de Damasco".
Y enseguida: "nací en Libia".
Luego alguien hace una alusión a un leviatán,
"Moby Dick", pensamos.
O ellos fueron quienes dijeron ballena.
No recuerdo bien.
5
A
veinte metros de allí, un cartel señala, "En
esta casa vivió sus últimos años el
general Itzack Sadé, héroe de la independencia".
Pispeamos, a ver quién vive, si es que alguien vive
allí.
No percibimos nada, caminamos hasta la baranda, vemos formas
de perros en las nubes.
Entonces, sale un hombre canoso, que camina en dirección
a la panadería de la calle Yeffet, doscientos metros
noroeste.
Lo cruzamos cuando regresa, erguido, tostado, los ojos fijos,
hacia el horizonte.
El hijo del general.
6
Este
Yaffo, barrio de la costa, reducto árabe, poco a
poco comprado por judíos.
Aquí el metro cuadrado vale oro.
Hay un cementerio árabe-cristiano, en pendiente,
con vista al mar.
Más abajo, la playa para musulmanes.
Mujeres que se bañan vestidas, niños que juegan
al fútbol con niñas, música que atruena
desde los parlantes de los vehículos de los que acampan.
Si alguno de ellos vive en el barrio de la costa, seguro
ya recibió su cédula de desalojo.
A pocos metros, el edificio abandonado, a medio construir,
del Centro Peres para la Paz.
7
Anochece,
caminamos de regreso a Bat-Yam.
Tengo ganas de orinar, no hay dónde.
Me voy a meter en un jardín oscuro, voy a pishar
ahí.
Qué alivio.