|
Distinto del cameratismo fascista,
que evoca a rudos conmilitones amparados bajo el mismo techo, el
término compagno/a tiende idealmente al convivio,
a la reunión de experiencias y proyectos, a una eterna primavera
colegial. Palabras en desuso, empañadas de sentido colectivo,
quién sabe si de nostalgia. Allá, en cambio, tradujimos
Tovarich por "camarada" y por esa vía discurrió
nuestra izquierda Pekín acaba de suspender su uso revolucionario,
plegándose a un neutro "señor-señora"
de atención al cliente, aun cuando la palabra teñía
igualmente la tradición falangista (véase, para una
gaya antología, El florido pensil). La guerrilla de
inspiración guevarista "vamos juntos, compañero"
prefirió siempre el fuego de una Panamérica solidaria.
Reflexiono sobre los afectos del lenguaje porque el actor Fabrizio
Gifuni ha levantado una polvareda resucitando esos viejos clichés
en una convención demócrata, donde el ala "joven"
habría condenado ese gesto pasadista... En uno de sus últimos
testimonios, un escritor probado y comprometido con el hombre y
la naturaleza como Mario Rigoni Stern aún levantaba la desgastada
bandera de las palabras: "nosotros somos compañeros,
porque hemos compartido el pan (cum panis) cuando había
hambre y hemos catado juntos el pan de la libertad, el más
difícil de ganar y de mantener." Y recordando a Primo
Levi "con una casa caliente y el estómago lleno,
nos parece haber zanjado el problema de la existencia y damos cabezadas
delante del televisor" reconocía que tal vez no
fuera éste el momento de coger un fusil, pero sí de
"desarmar el cerebro: el arma de la razón es más
difícil de usar que la violencia." Prevenía contra
la seducción de "un mundo que nos ofrece vehículos
cada vez más atractivos y chicas cada vez con menos ropa.
Otros son los problemas: la paz, trabajo para todos, derecho al
estudio, una vejez serena... Principios fundamentales de nuestra
Constitución, nacida de la Resistencia." Y terminaba,
vibrante, con un saludo a los "compañeros partisanos".
En una Italia de maniobras financieras donde campa la insolidaridad
interregional y se suceden los ataques contra jueces, periodistas
y trabajadores asalariados, el abucheado Gifuni denunciaba, con
el antropólogo escocés Victor Turner, la actual fractura
entre el tiempo de las cosas serias y el tiempo libre, al cual se
habría relegado el arte y la cultura (también la escuela,
y la investigación), cuando la masa de productores-consumidores,
individuos inmunes al compañerismo, acude a ver su liviano
espectáculo, su peliculilla, alguna que otra olvidable exposición.
|