Que en Alemania uno sea atacado
por defender que aquél que trabaja tiene que tener más
que el que no lo hace es socialismo mental. Palabras de
Guido Westerwelle (FPD), ministro de Exteriores alemán
y socio liberal de la canciller Angela Merkel. En unas declaraciones
publicadas el pasado viernes por el diario regional Passauer Neuen
Presse, Westerwelle cargaba sin tapujos contra el reciente fallo
del Tribunal Constitucional sobre el actual sistema que fija la
ayuda social conocida popularmente como Hartz IV: el subsidio
para parados de larga duración y unidades familiares sin
ingresos.
Según
el tribunal, el sistema de cálculo es poco transparente
y las ayudas, insuficientes para garantizar un mínimo existencial
digno. Por tanto, el sistema es inconstitucional,
pues choca contra el artículo 1 de la Carta Magna. Todo
un varapalo jurídico a una de las columnas vertebrales
del plan de recortes sociales introducido en 2005 por el Gobierno
rojiverde del ex canciller Schröder. Actualmente, los adultos
solteros desempleados de larga duración reciben 359 euros
mensuales. Las unidades familiares sin ingresos, 646 euros, más
una ayuda por cada hijo que oscila entre los 215 y los 287 euros.
Alrededor de 6,5 millones de personas viven exclusivamente del
Hartz IV (1,7 de ellas niños).
A
pesar de que la sentencia del Constitucional no establece una
cifra concreta de dinero, parece claro que Berlín se verá
obligado a desembolsar más dinero de una manera u otra,
aunque no sea con un aumento directo del Hartz IV. La Agencia
Federal de Empleo calcula que un incremento de los 359 a los 420
euros mensuales supondría 10.000 millones de euros adicionales
para los presupuestos públicos. Además, y dados
los bajos sueldos de algunos sectores, ese aumento también
provocaría un probable crecimiento del desempleo voluntario:
no trabajar saldría más económico que hacerlo
por sueldos míseros.
Teniendo
en cuenta las firmes intenciones del FDP de aplicar sus prometidas
rebajas fiscales, y la no menos firme posición del ministro
de finanzas, Wolfgang Schäuble (CDU), de recortar los gastos
públicos a partir de 2011 en busca del equilibrio presupuestario,
la reacción de Westerwelle parece comprensible: la decisión
del Constitucional estrecha aún más el margen para
bajar los impuestos. Merkel, a través de una portavoz,
se desmarcó la semana pasada de las declaraciones de su
socio. El Gobierno tiene hasta el próximo 31 de diciembre
para reformar el sistema de ayuda asistencial: la decisión
del Constitucional amenaza hasta entonces con abrir nuevas grietas
en la coalición de conservadores y liberales.