I'm dreaming of a white Christmas ....
Jingle Bells
En Belén ha nacido
Arre borriquita
Mientras repaso el repertorio del que nunca nos acordamos,
pero que, asombrosamente recordamos en toda su amplitud durante
estos días, como cualquier hombre y mujer de bien del lado
occidental cristiano del Planeta me preparo para celebrar la Navidad
y la llegada de un año más. Me doy cuenta de nuevo
de que es el momento de las promesas para los próximos
365 días, y la verdad que me salen muchas: viajar más,
dejar el estrés en un cajón al salir y al entrar
en casa, aprender a cocinar de una vez, ser más solidaria,
ir al teatro alguna vez , entrenar para la San Silvestre Vallecana
o al menos para la Carrera de la Mujer, que sólo son 5
kilómetros, ser más puntual en mis entregas al Pollo
... En fin, la lista es más interminable de lo que a principio
parecía, creo que iré por partes, paso a paso. Comenzaremos
por el principio, por el mes de enero.
ENERO.
1ª Promesa: Mejorar mi portugués. Pues sí,
aunque pueda parecer extraño, la primera de las promesas
con la que quiero arrancar el año es la de mejorar mi portugués.
Espero que no os extrañe, porque el aprendizaje y la mejora
de los idiomas extranjeros es lo que se promete el 80% de los
mortales en cuanto acaba de sonar la última de las campanadas
de la Puerta del Sol. Pero en lugar de inglés, francés
o chino, yo, como soy más original que nadie, hace años
que me decanté por el portugués. Brasil, el país
del mundo en el que más personas hablan esta lengua me
traen a la memoria mis últimos comentarios en este medio,
cuando me despedí con una corazonada olímpica,
que, aunque me quedé con las ganas de decirlo, tenía
sabor de caipirinha. Y, aunque tampoco muchos quisieran
reconocerlo, estoy convencida de que la mayor parte de las personas
que vivimos en esta ciudad suspiramos de alivio al ver el nombre
de "Rio de Janeiro" en esa cartulina del Comité
Olímpico internacional. Me alegro por ellos. A pesar de
no ser brasileña, tengo apellido de origen galaico-portugués,
y nací en un país de África que hace millones
de años, cuando la tierra era todavía Pangea,
estuvo unido a Brasil, así que reivindico mis "saudades"
por este país. Pero, siendo realista, y en medio de estos
días de frío polar, he decidido que es mejor conformarse
con probar calmar mis nostalgias en algunos de los rincones llenos
de sabor brasileño que Madrid ofrece. A pesar de sus obras,
de su ruido y de la planificación urbanística catastrófica
llevada a cabo por el Ayuntamiento, Madrid tiene cientos de cosas
buenas, y es por todas ellas por las que estoy aquí de
emigrada. Una de ellas es que esta ciudad es cada vez menos provinciana
y cada día más multicultural. Es fácil encontrar
tiendas con productos de todas partes del mundo, asociaciones,
bares con música africana o latinoamericana y los mejores
restaurantes mexicanos, peruanos, japoneses. Lo que busques, lo
encuentras y los amantes de lo brasileño tenemos la suerte
de que nos sea tremendamente fácil encontrar nuestro "pequeño
Brasil" en las calles de Madrid.

Foto cedida
por el Departamento de Prensa de Telefónica
Para
los que lleguéis hasta aquí en enero y os apetezca
saber algo más de este país que tiene una selección
canarinha de fútbol que "joga bonito", dos recomendaciones:
en primer lugar es imprescindible acercarse a la Fundación
Telefónica, en la Gran Vía, 28 (http://www.fundacion.telefonica.com/arteytecnologia/exposiciones/niemeyer.htm)
a ver la bella exposición con la que se ha querido celebrar
la vida y obra del más conocido arquitecto brasileño:
Oscar Niemeyer. Maquetas, planos, fotografías de
los grandes proyectos de este hombre longevo que ha visto pasar
nada más y nada menos que 102 años de vida por delante
de sus ojos. Niemeyer es el hombre que no cogía aviones,
pero realizaba edificios que eran como platillos volantes, como
el hipnotizante Museo de Niteroi, imponente objeto extraño
que mira hacia el Pan de Azúcar, o que creaba ciudades,
como la Brasilia que creó de la nada de la mano de Lucio
Costa. Sus obras, que pueden verse en todos los continentes, nos
remiten a las formas sensuales de su país, las de sus montañas
o ríos o la de las curvas de sus mujeres, como las de aquella
garota de Ipanema llamada Eloísa y que volvió loco
a un tal Jobim. Recomiendo tiempo para ver el video proyectado,
que tiene el irónico nombre (por venir de quien viene y
no porque no sea cierto) "La vida es un soplo",
en el que se hace repaso no sólo a su vida , sino a todo
un siglo de cambios en Latinoamérica, que no es poco. Una
vez disfrutada la obra de Niemeyer, podría ser que las
frías calles madrileñas os achucharan el estómago.
Si aún os quedasen ganas de Brasil, nada mejor que saciar
nuestro hambre con un poco de comida brasileña. La gastronomía
brasileña tiene fama de no ser demasiado variada, y dependiendo
de la zona de origen podemos pasar del típico rodizio a
la sempiterna y omnipresente feijoada, simple pero "gostosa".
En Madrid tenemos la oportunidad de saborear muchas de estas variedades:
desde la carne exquisita en Rubayat o Baby Beef Rubayat,
hasta la feijoada del fin de semana en lugares más alternativos
como Kabokla o Maloka. Para el mes de enero una buena opción
para adentraros en los paladares brasileños del sur del
país es la de probar los petiscos (pequeños aperitivos
o tapas) que se sirven en Gaucho Brasileiro (Calle Cartagena,
82). Los camareros van vestidos de gauchos, que es como llaman
a los brasileños que viven en la zona fronteriza con Argentina
y, sí, allí también se come mucha carne,
que encontraréis en forma de asado y chorizos criollos
pero, por favor, no os perdáis las coxinhas de
pollo (una especie de croqueta), las bolas de queixo
(bolas de queso sin las que los brasileños en el exilio
no pueden vivir) o el kibe (hecho con harina integral,
hierbabuena y carne de ternera). Y todo, por supuesto, regado
con una estupenda caipirinha, (que nos hará olvidarnos
definitivamente de las corazonadas). ¿Qué mejor
manera para comenzar el año?
Y en febrero, mi promesa nº 2: Disfrutar
de la ciudad, a pesar de las personas que la gobiernan.