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Nº 92 (3ª Epoca) Extra Verano: Julio, Agosto y Septiembre 2008. Zaragoza. 
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LAS ENTREVISTAS DEL POLLO


 Helena Santolaya, artista.
Entrevista realizada por El Sastre para el blog La Caja de los Hilos
http://lacajadeloshilos.blogia.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


    Pastelera, tabernera, artista iconoclasta, agitadora cultural, madre de todas las hadas, amante arrebatada, pasión arrebolada… Pero, sobre todo, bella. Helena Santolaya es bella. Bella por dentro y bella por fuera. Hoy ha aceptado responder a las preguntas de La Caja de los Hilos, que es su casa. Ha estrenado pendientes para la ocasión.

    ¡Estás muy guapa!
    Ésta sí es una buena manera de comenzar una entrevista.

    Bueno, bueno… Se te ve muy atareada, con muchas cosas en la cabeza.
    Se me enganchan al pelo, no lo puedo evitar.

    ¿No será que dentro de poco nuestras vidas se llenarán de harapos?
    Dentro de poco nuestros harapos se llenarán de vida, que es casi casi lo mismo.

    Como te veo un tanto misteriosa con este asunto, cambiaré de tercio. ¿En el Barrio Oliver, cuando eras niña, ya inventabas hadas y amores?
    Las hadas y el amor tenían entonces nombre propio. Vivía con un hada que se llamaba Carmen, pero yo prefería llamarla mamá.

    ¿Fue su varita mágica la que te convirtió en el personaje fantástico que eres?
    Me gusta pensar que gracias a ella soy mejor persona. Mi madre era una mujer maravillosa. No era una persona culta como mi padre, pero tenía una inteligencia natural que superaba cualquier cabeza cultivada. Supo enseñarnos a mi hermano y a mí a convivir con la esquizofrenia de mi padre sin tener jamás un mal gesto hacia él o una palabra de reproche. La locura de mi padre se convirtió en una fuente de fantasía. La obsesión por los libros se la debo a él. Y digo libros, no textos. Mi padre leía siempre en voz alta. Cuando en otros lugares sonaban los Rollings, en mi casa sólo se escuchaba la voz de mi padre como una especie de música permanente. Las palabras formaban parte del mobiliario doméstico y los libros eran objetos sin texto.

    ¿Y a quién le debes tu habilidad para hacer el pino? ¿Es cierto que podías hacer el pino y taparte las bragas al mismo tiempo?
    Nadie me cree, pero tengo un documento que lo demuestra y te lo voy a enseñar ahora mismo.

    Después creciste, hiciste el amor con un seminarista, metiste pescado en conserva en Galicia, te encadenaste por la revolución, viviste desnuda en una playa de Eivissa, estudiaste Filología Hispánica en Zaragoza, Bellas Artes en Cuenca, jugaste a indios y vaqueros … ¿No son demasiadas cosas?
    Para un mismo día, quizás sí. Pero olvidas que tengo un hijo que ya es mayor que yo.

    ¿Nunca se agota Helena Santolaya?
    Cruzo los dedos.

    Pero además, buena parte de tu vida ha pasado al otro lado de la barra. "El Monaguillo", "El Sopa de Letras", "La Campanita", "La Caja de los Hilos"… Estos locales quedaron grabados en la vida de todos nosotros, porque en ellos no solo se servía cerveza. Eran algo más.
    Eso pretendíamos, al menos. Y parece ser que lo logramos, porque en lugar de estar al otro lado de la barra conseguimos estar casi siempre al otro lado de la barrera.

    ¿Qué echas de menos de aquella época?
    Excepto a la vecina de arriba, a la policía y a la asociación antirruido, todo.

    ¿Todo?
    Echo de menos a Mariángeles pintándose el bigote con ceniza, a Pedro Bericat marcando el ritmo de la música con su cabeza enfundada en esa especie de boina-seta, a Luis Marco disfrutando en la esquina como un adolescente, a Pablo cruzando el umbral de la puerta y del alcohol en el último instante, a Fernando calculando la probabilidad de que las cosas sucediesen de una o de otra manera ante el terror de cualquier oyente ocasional, a ti, a vosotros, a tantas personas… y por supuesto, echo de menos los jueves de Tutú, nuestra "galería de bolsillo". Cada tres o cuatro semanas, ¿te acuerdas?, un artista se apropiaba del escaparate y preparábamos una inauguración que ya quisiera el Reina Sofía.

    ¿Qué te parece si otro día nos cuentas al detalle el experimento de la Galería Tutú? ¿Queda pendiente un recorrido por los escaparates?
    Encantada. Viajar en el tren Tutú es una experiencia siempre emocionante.

    Ya que hablamos de emociones, Pablo me pide una confesión procaz. ¿Cómo te parece más placentero en la barra del bar o en la cama?
    Si te refieres a beber cerveza, prefiero sin dudar la barra del bar; la cama me marea. Para otros placeres me parece tan estimulante la barra del bar como la barra de la cama.

    Has creado libros gigantes, libros diminutos, hadas domésticas, juguetes insólitos, todo cosas hermosas… ¿Eres inventora, poeta, artista, exploradora…?
    Siguiendo con la terminología de los bares, digamos que un cóctel.

    Quizás me equivoque, pero el reciclaje es una de las constantes en tu obra, en tu vestuario, en tus abalorios, en tus amores… ¿Todo se puede volver a usar?
    No a todo se le puede dar el mismo uso más de una vez, pero sí todo puede transformarse y adquirir nuevos usos. Yo siento debilidad por los objetos y los sujetos de segunda mano.

    ¿Y el amor no se gasta de tanto usarlo?
    Es posible, pero es más lamentable que se agote sin haberlo casi estrenado.

    ¿Dónde está el palíndromo?
    Hay quien todavía lo busca en el arroz que dábale el abad a la zorra, pero, en realidad, quedó atrapado para siempre en el espejo.

    Ya sé que la pregunta suena tonta, pero ¿serías capaz de morir de amor?
    Confieso haber estado muy cerca, pero, hasta hoy, he conseguido sobrevivir.

    ¿Y a quién ama Helena Santolaya?
    A quien quiere.

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