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Por David Wapner
"El
otro oriental, para el occidental, no es más
que una idea, un concepto, y no un humano"
Mois
Benarroch (Tetuán,
Marruecos, 1959), vive y escribe en Jerusalén.
Lo conocí hace ocho o nueve años, luego
de haber leído poemas suyos en una revista de
la Universidad Nacional de Chile. De hecho, pensé
que se trataba de un poeta chileno; luego, tras buscar
su teléfono y llamarlo, me sacó del error.
Según difiera el punto de vista, hablamos de
un poeta y novelista israelí, o marroquí,
o magrebí y, aún, español, y a
todos estas aproximaciones tiene derecho. A los 19 años
comenzó a escribir poesía en hebreo, su
lengua adoptiva, luego de haber escrito sus primeros
poemas en inglés. Mucho más tarde, luego
de editar en España "Esquina en Tetuán",
poemas escritos en castellano, y una traducción
del hebreo de la novela "Lucena", se animó,
por fin, a escribir una novela en lengua materna, "En
las puertas de Tánger"
, que acaba de publicar la editorial española
Destino.
Fuerte crítico de la sociedad israelí,
de su cultura, y , en especial, de su literatura, la
calidad de su obra es reconocida por figuras como los
poetas Natan Zaj o Yitzak Lahor. Se ha escrito y hablado
sobre él en los principales medios de Israel,
y alguien lo ha calificado como "el Bukowski israelí"
(a propósito, Benarroch tradujo más de
cien poemas del autor norteamericano). Pero sus libros
no circulan en Israel, y Mois se siente invisible en
este país.
Sobre mucho más que estos temas, Mois Benarroch
habla, fuerte y en extenso, en esta entrevista, que
realizamos a principios de marzo, por correo electrónico,
cada uno, desde su casa (la mía es en Bat-Yam,
vecina a Tel-Aviv).
Mois, toda tu obra, tanto la escrita en hebreo
como en castellano, se puede leer como un corpus descompuesto
en fragmentos, cada uno de los cuales, ya sea en forma
de poema, relato o novela, tiene asignado la misión
de contar, desde ángulos diferentes, pero con
recurrencia, lo mismo: la ida y vuelta desde el origen,
Tetuán, hasta el destino no elegido, Israel de
una identidad que se escapa: cuando querés agarrarla
en Tel Aviv, ya se te fue para Tánger, y cuando
te apurás para interceptarla en Marruecos, seguro
voló para Madrid. En ese juego están Mois-Moshe-Mois,
por un lado, y España-Tetuán-Israel, por
el otro. ¿Es así? ¿Qué pasa
con esa identidad?¿Qué le sucede? ¿En
qué planos se mueve?
Llegué a Israel en 1972,
a los trece años, y en diez años, hasta
1982, viajé tres largos viajes a Madrid, donde
estaba mi familia y muchos de mis amigos de infancia.
Después dejé de viajar a España
hasta 1999, 17 años. Desde entonces he viajado
ya cinco o seis veces a España. Ese lapso de
diecisiete años era un intento (o por lo menos
ahora me doy cuenta de eso) de dejar de compararme con
mí mismo, con mis vidas paralelas. Desde que
nací viví en un ambiente esquizofrénico
de inmigrante, era evidente que mi familia estaba durante
toda mi infancia preparándose para emigrar, pero
no se sabía adonde, a veces se hablaba de Francia,
Venezuela, España, Canadá, y, claro, Israel.
Pero vino la literatura y empezó a meterme con
todos esos personajes que fui y que no fui a la vez,
el Mois que se quedó en Tetuán, en Marruecos,el
que se fue a Madrid, o a Canaria, el que se fue a Estrasburgo,
el que se fue a Caracas, o a Montreal, todos esos personajes
empezaron a salir en mis libros, y no tuve más
remedio que dejarlos hablar, porque si no era yo el
que me iba a ahogar. De esos años de búsqueda,
entre el 1994 y hasta hoy, escribí las novelas
"Llaves de Tetuán" que no ha sido publicada
en castellano, "Lucena" que fue publicada
en 2005 (lf ediciones), y la última "En
Las puertas de Tánger" que acaba de salir
en la editorial Destino. En ese viaje, que no solo fue
literario, cambie de lengua y me pasé a escribir
en castellano, fui volviendo a Madrid y a España,
y también volví por primera vez a Tetuán,
y me cambie, o más bien me descambie, de nombre,
y de Moshe volví a ser Mois. Mi identidad ahora
incluye muchos más parámetros, y muchos
más grupos y geografías y creo que en
ese proceso me he vuelto más rico y que mi literatura
ha ganado mucho con todo esto. Aunque mi cuenta de banco
esté peor.
Pero
en "En las puertas de Tánger", llevás
el tratamiento de esa multiplicidad a un paroxismo paródico.
Construís, con cada alter-ego, con cada variable,
una comedia de estereotipos: el antagonosmo sefaradí-ashkenazí,
él médico alópatico-homeópático,el
escritor (frustrado, no frustrado), el sionista, el
antisionista, la pareja que hace el amor: todos hablan
como la caricatura de sì mismos. ¿Creés
que esta vuelta de tuerca que le diste a estos temas,
que son tus obseciones -precisamente en este libro.
que es tu desembarco en España, de manos de una
editoria limportant- implica un quiebre con respecto
a tu obra anterior? ¿Con respecto a tu idea de
la identidad?
Cada
uno como lo ve. Lo primero que me gustaría decir
sobre "En las puertas de Tánger", es
que me divertí bastante escribiendo esta novela
y es una de esas novelas que casi se escribió
por si misma. La escribí en un tiempo record
de 11 días. Bueno, no exactamente, porque la
llevaba en mí ya un año, y la trabajé
desde un folio en el que ya estaban todos los personajes
y todos los viajes y las vueltas y revueltas de cada
uno. Lo que tu llamas caricatura creo que una forma
de ver la vida muy magrebí que consiste en siempre
ver lo que haces y verte al mismo desde afuera y reírte
de todo. Eso parece poco serio para el israelí,
después del lavado de cerebro occidental que
ha pasado en el que uno debe siempre hacerlas cosas
en serio. Es también una defensa ante la realidad.
Creo que con "En las puertas de Tánger",
se acaba un ciclo y un proceso importante de mi vida,
y creo que gracias a ese proceso asumo mejor mi identidad,
o más bien dichoÑ mis identidades. Yo
creo que la palabra identidad es un poco dictatorial,
ser idéntico, ser identificable. Me gusta más
la noción de pertenencia, de pertenecer, uno
puede pertenecer a varios grupos y a varias identidades
y el grado de pertenencia también puede cambiar,
tú puedes ser un día argentino, el otro
israelí, otro judío y otras tantas cosas,
puedes sentirte el día de un atentado más
judío y menos argentino, al igual que cuando
pasa algo que te toca en Argentina te puedes sentir
más argentino. Y creo que el siglo veinte ha
dejado a muchísima gente en una situación
de inmigrantes e hijos de inmigrantes, en la que las
definiciones de identidad no pueden definirlos. Lo de
las obsesiones, sí que son obsesiones y soy de
la escuela de Sabato en la que uno tiene que escribir
sus obsesiones, porque lo demás es estética
o escribir bien o mejor, pero no escribirse a si mismo.
Las obsesiones, por otro lado, nunca se acaban, siguen
viviendo y visten trajes nuevos, cambian y siguen iguales.
Con eso te digo que no veo la novela como una comedia,
y menos de estereotipos, tal vez una tragicomedia, pero
ni eso. Hay humor en el libro y espero que el lector
lo perciba, pero no es una novela de humor, creo que
más que nada es una descripción de la
realidad marroquí a través del siglo veinte,
y al final del siglo veinte.
Tu
respuesta me lleva a dos preguntas, Mois:vos hablás
del lavado de cerebro occidental que sufrió Israel.
Pero es, justamente desde una perspectiva occidental,
que el humor se lee como paradoja que potencia una manifestación
"seria", en literatura, en el arte. Entonces,
a Israel, al Israel que te lee, le sucede algo más:
¿cuál es el problema del israelí?
¿Quién es el israelí? Y, luego,
¿qué es el marroquí? ¿En
donde está tu Marruecos? ¿Qué Magreb
te entiende, adónde queda? En tu novela, Tetuán,
Tanger, sus olores, son lugares que residen más
en la memoria que en el mundo tangible. O en la memoria
de la lengua. Si querés, también hablame
de tu lengua materna puesta en acto, ahora que escribiste
en castellano para España, para una editorial
de allá, para el lector español.
Un
cerebro occidental me parece una noción exagerada.
El primer problema con mi encuentro con la sociedad
israelí es la forma en la que me define, y eso
sin preguntarme. No veo en qué el marroquí
no es occidental, y menos el marroquí de Tetuán,
pero sin entrar en muchos detalles, el judío
urbano marroquí es occidental y piensa de forma
occidental. Lo que no es es eurocentrico, no puede serlo.
Por eso el lector israelí no puede entenderme,
porque su noción de identidad es la del nuevo
judío sionista, de un judío sionista que
rechaza y anula la diáspora, y toda su riqueza,
cultura y complejidad. Lo que existe de la diáspora
es sólo lo que justifica el estado sionista,
lo otro es deplorable e inútil. Bueno, el marroquí
es muchas cosas, y muy contradictorias. Estoy leyendo
una antología muy interesante que acaba de salir
en Inglaterra que se titula "If Salt Has Memory"
y allí el escritor Andre Aciman que nació
en Alejandría, cuenta como vivía en Egipto
a Paris, a Europa, y como al llegar a Europa siguió
viviendo su Alejandría. Mi Marruecos esta finalmente
en lo que escribo, porque mi Marruecos sin judíos,
mi Tetuán limpia de judíos, ya no es mi
Marruecos, ni puede serlo. El judaísmo marroquí
era un judaísmo comunitario, y existía
en dependencia de la existencia de su comunidad, lo
que quiere decir que sin comunidad es algo que ya no
existe. Este judaísmo no es un judaísmo
de ideas, es un judaísmo de vida diaria que se
crea cada día. Ese dejo de existir, lo que existe
ahora es un judaísmo en exilio. Volví
a escribir en castellano en 1997, en Paris. Desde entonces
no he vuelto a Paris, a pesar de que antes viajaba a
Paris muy a menudo y en cada oportunidad, cuando podía.
Me gustaba la soledad de Paris y ella me devolvió
mi lengua. Desde entonces he publicado en España
un poemario y dos novelas que han sido bien recibidas.
Yo en España, me siento muy
bien, bueno, hasta que empieza alguien a hablar de Israel
y sobre todo hasta que tengo que oír frases como
"Estáis perdiendo el derecho de existir",
me siento bien en la vida diaria, en las tapas y en
el encuentro diario con el otro. Eso no me hace dejar
de ver que España sigue siendo un país
muy antisemita, y a veces hasta los que se ocupan de
cultura sefardí tienen ideas muy antisemitas
del judío. Creo que sobre todo, el paisaje geográfico
de mis libros incluye sitios que son conocidos por el
lector español, ya sea Tánger o Tetuán,
para el israelí son algo que existe detrás
del monte del fin del mundo, o sea que no existe en
el mapa del israelí. En la presentación
de "En las puertas de Tánger", el escritor
marroquí Abdelkader Chaui y el periodista Javier
Valenzuela se disputaron si mi novela era una novela
marroquí o española, y Valenzuela llegó
a decir que hasta es una novela andaluz. Tetuán
es un pueblo andaluz, en todo lo que se puede definir
como andaluz. Y me siento muy bien publicando en España,
en una época que creo que es de las mejores para
la novela española, yo diría que hasta
una época de oro. No sólo los más
conocidos como Almudena Grandes y Javier Marías
han publicado muy buenas novelas en el siglo XXI, sino
que autores menos famosos como Ramiro Pinilla, con La
Higuera, y Hidalgo Bayal con "Paradoja del interventor"
han publicado fabulosas novelas. Podría citar
a muchísimos más novelistas, como Esther
Bendahan, Adolfo García Ortega, pero vamos a
pararnos aquí. Lo que más leo en estos
últimos años es narrativa española
y me parece genial.
Vuelvo sobre una pregunta: ¿cómo te sentís
escribiendo en castellano, ya metido de cabeza en el
idioma? ¿Qué diferencias notas entre tu
capacidad expresiva en esta lengua y el hebreo?
Me
siento bien, aunque ahora cada vez que voy a escribir
algo tengo que pararme a pensar en qué idioma
escribo. No fue un proceso fácil, ni tampoco
lo recomiendo a nadie. Creo que todo empezó cuando
leí una entrevista con Tahar Ben Jelloun en la
que le preguntaban por qué no escribía
en árabe, y dijo "La quéstion est
resolue", o sea, el problema está ya resuelto,
o sellado, porque uno toma una decisión y la
sigue. Y puedo recordar que físicamente sentí
que mi cuerpo se revelaba contra esa resolución
y ese sello, y dije que no, que la cuestión de
mis lenguas no estaba resuelta. Ahora, aunque parece
evidente, mi español, a pesar de ser mi lengua
materna es un español de calles y de casa. En
Tetuán, en la Alliance Francaise, como buen instituto
colonialista francés se enseñaba todo
menos el castellano. Todas las clases se daban en francés.
Aprendíamos muchas lenguas, habían clases
de inglés, árabe, hebreo, pero no de castellano.
A pesar de que todos los alumnos y casi todos los profesores
hablaban castellano en el recreo, todos chillábamos
en castellano. Así que era la lengua de casa,
la lengua de la calle, la lengua de los amigos, pero
no la lengua de la sintaxis y de la gramática.
Hasta hoy sé mucho más de gramática
hebrea y francesa. y hasta inglesa, que de gramática
española. Todo eso tuve que aprender por mi cuenta
en estos últimos años y hasta ahora me
siento inseguro de mi castellano. He terminado hace
unos días una novela enorme, la mas larga que
he escrito, casi 500 paginas, y que sólo existe
en versión española. Se llama "Amor
y Exilio", y casi tengo terminada una novela corta
que se titula "El expulsado", así que
se puede decir que casi todo lo que he escrito en los
últimos años en prosa lo he escrito en
castellano. Escribí una novela corta en hebreo
"El argentino" el año pasado pero en
esa novela hay una discusión del narrador con
su lengua y escribe en hebreo para escaparse del castellano.
Tal vez era eso lo que me pasaba a mí hasta hace
unos años. En poesía he escrito más
en hebreo que en español en los últimos
dos años ,pero no he escrito mucha poesía.
De lo que va de la trilogía (o más bien
el tríptico) publicada, "Llaves deTetuán"
la escribí en hebreo, "Lucena" empecé
a escribirla en castellano y me pasé al hebreo
y al final la versión que se publicó en
español es una traducción del hebreo (De
Roser Lluch Oms), y "En las puertas de Tánger"
la escribí en hebreo y después escribí
la versión española, que es diferente
de la versión hebrea, es un poco complicado describir
en una lengua cómo los personajes hablan en otra,
y creo que finalmente sólo en español
muchas cosas de esta novela toman sentido. Si alguien
la traduce a otro idioma prefiero que lo haga desde
la versión española. Para terminar de
responder a tu pregunta, creo que hoy por hoy me expreso
igual en español que en hebreo, una mejor técnica
del hebreo se ve compensada con una sensibilidad más
profunda del español. No me planteo cómo
esto se desarrollará en el futuro, tal vez cambie
y vuelva al hebreo, tal vez siga sólo en español,
o tal vez siga mezclando las dos lenguas. Dejaré
a mis intuiciones decidir.
La primera vez que lei un poema tuyo, creí que
se trataba de un poeta chileno, ¿qué explicación
medarías ahora, años después? ¿Cuáles
son tus referentes, en poesía y narrativa, em
cualquie lengua?
Yo
me acuerdo de ese mensaje electrónico, hará
de esto diez años, o tal vez ocho, algo así,
y que te respondí que "todos los poetas
somos chilenos". Bueno, técnicamente, lo
más probable es que pensaste que era chileno
porque los poemas aparecieron en un pagina Web de una
universidad chilena, además eran traducciones
de Oscar Aguilera y no originales mías, o poemas
originales míos, y Oscar Aguilera es un profesor
de universidad chileno. Más allá de eso,
creo que en toda época he vivido con un poeta
chileno como libro acompañador, el primero fue
Neruda, después vino Parra, después Huidobro,
y estoy dispuesto a defender que "Altazor"
es el mejor poema épico de la lengua castellana,
y estos ultimo años es Gonzalo Rojas. Yo, en
los ochenta ya leía mucha poesía chilena
y sudamericana, gracias a muchos inmigrantes amigos
de Argentina, Uruguay y otros países sudamericanos.
Creo que los chilenos siempre me impresionaban por su
castellano que era el mejor de todos, algunos hasta
pronuncian una v diferente de la b. Con eso ya me difería
de mis compatriotas, que en esa época no sabían
gran cosa de la literatura hispana y hasta hoy saben
poco. La tendencia aquí siempre fue rusa, mucho
Pushkin, algo anglosajona, alemana, pero poco hispana
y un poquito más francesa. O sea que también
lo occidental en Israel es de solo una parte del occidente.
Recuerdo que hace un par de años estaba en un
café con Natan Zach y tenía en su mano
un minúsculo poemario de Neruda en hebreo, y
vino un poeta famoso que prefiero no decir su nombre,
y dijo, "Oh! Neroda", en hebreo se pueden
confundir la o y la u, no sabía ni quién
era. Lo peor es que aún hoy la poesía
de Neruda casi no está traducida al hebreo (No
como por ejemplo la de Pessoa) y es algo triste, hay
una traducción mala de 20 poemas de amor (el
traductor apenas sabía español y la traducción
es de otras lenguas) y el poemario citado de unas treinta
paginas, tal vez un tercer volumen que no recuerdo.
De Huidobro nada, y creo que de Parra un minúsculo
libro de poemas. Bueno, de Rojas, Oscar Hahn, y muchos
otros nada de nada. Hay mucho que hacer en ese tema.
Entonces vino el boom y algo cambió, con Borges
y Cortazar, también poco traducidos y mal, aunque
García Márquez, ¿cómo no?,
es un gran éxito aquí. Otros han sido
traducidos, como Sabato, pero parece que no dejan huellas
profundas. Siempre he leído mucha poesía
en castellano, y otro tanto en ingles, me gustaban los
beatniks, y Bukowski, y Ignatow, y muchos más.
De los israelíes también voy por la poesía
y creo que la prosa es muy mediocre, buenos poetas que
me influenciaron incluyen a Uri Zvi Grinberg, David
Avidan, Erez Biton, Moshe Sartel, muchos más
y sobre todo, Natan Zach, que al leer sus poemas a los
19 años me dije que podría intentar escribir
en hebreo, y fue cuando me pasé del inglés
al hebreo y en ese idioma escribo poemas hasta ahora.
La poesía de sus anteriores, como Bialik, Tshernejobski,
Rahel, Shlonski, que son los clásicos de la poesía
israelí me parece francamente muy mala poesía
(aunque Bialik tiene media docena de poemas decentes).
Por lo que va de la prosa, nunca he llegado a interesarme
de verdad por la prosa israelí, en una época
era la norteamericana, la beatnink, Brautigan, Burroughs
más que Kerouak, después Cortazar, Borges
y Sábato, este ultimo es mi argentino preferido.
Bukowski, aunque prefiero su poesía y sobre todo
la obra del escritor egipcio de lengua francesa Edmond
Jabes, que ha sido una influencia muy importante en
mi escritura. Ahora leo muchas novelas españolas,
me sorprende la calidad como dije antes, pero no sé
ni quien me influenciará o si alguien de los
que leo tendrá mucha influencia en lo que escriba
en el futuro. Puede ser que a los cincuenta años
ya tiene uno su camino, pero alguna influencia habrá.
Podría añadir que muchos de estos escritores
no han sido traducidos al hebreo, o su obra ha tenido
poca influencia en la literatura israelí, y sus
traducciones en muchos casos fueron tardías,
la obra de Bukowski fue traducido a finales del siglo
veinte y principios del veintiuno. Así que tal
vez la influencia todavía se verá. De
Jabes sólo se ha traducido un libro, de Burroughs
dos y hace muy poco de esto. Lo mismo de Brautigan,
pero no se vende aquí del todo.
¿Y el teatro? En tus novelas de la saga tetuaní-benzimriana,
intercalás, entre capítulo ycapítulo,
una instancia atemporal, un monólogo interno
en forma de dos voces que dialogan. Un fragmento de
"En las puertas de Tanger":
-¿Dònde estás, hermano?
-En Japón.
-¿Y qué haces en Japón?
-En Japón busco a Japón.
-¿Y lo encuentras?
-Sí. Es un Japón de papel y de cartón.
Le escribo sobre una hoja. En letras sobre una hoja.
.Estos puertos, a modo de coro, alcanzan, y en
especial en esta última novela, mucho vuelo.
¿Nunca pensaste en escribir dramaturgia?
Buena
pregunta, la verdad es que mi fuerte en prosa fue durante
mucho tiempo mis diálogos, era lo que hacía
a mis primeros lectores amigos reír y daba interés
a mi obra. Hasta llegué a escribir una novela
corta de sólo diálogos. Entonces, cuando
me metí en "Llaves de Tetuán"
decidí escribir sin diálogos. O con lo
mínimo posible, la obra estaba toda compuesta
por monólogos. Era un reto. Así llego
al editor de la obra en hebreo, el escritor y dramaturgo
Itzhak Gormezano Goren, que en esa época dirigía
la colección Keshet Hamizraj. Trabajando el texto
me objetó que a la novela le faltaban diálogos.
Le dije que lo pensaría. Y cuando me fui a casa,
me dije que si soy bueno en diálogos era algo
que podía remediar. Lo estuve pensando semanas
o meses y en un mismo día escribí 22 diálogos,
que fueron intercalados entre los capítulos.
En hebreo el abecedario tiene veintidós letras.
De alguna forma este sistema está influenciado
por Jabes, que intercala unos diálogos que más
que nada son diálogos de sordos mudos y que,
salvo una vez,la respuesta y la pregunta son dos mundos
remotos. En mi texto los diálogos son una especie
de diálogo entre los personajes fuera del tiempo-espacio.
Esto fue desarrollándose más en "Lucena",
y en "En Las uertas de Tánger", no
sé cómo los ve el lector, en una critica
española los consideraron poemas, lo cual me
pareció un poco raro, porque en hebreo no parecen
poemas al no tener los puntitos que son las vocales,
en hebreo se escribe sin vocales salvo en el caso de
la poesía. Para mí son parte esencial
de toda la obra, sin la cual no se puede entender el
mundo de la novela. Creo que los que hablan pueden ser
diferentes personajes y eso enriquece al texto.
Sobre escribir teatro: es una cosa
que siempre me interesó, y sólo he escrito
dos obras de teatro, pero la razón es más
bien practica. Como digo en muchos sitios, el mundo
de la literatura israelí es un mundo ashquenazí
muy cerrado, y si un libro es algo relativamente barato
de llevar a cabo hasta su publicación, una obra
de teatro necesita una buena inversión para que
llegue a su meta. Intenté una o dos veces meterme
en ese mundo y hasta ahora creo que durante mi vida
será un mundo cerrado para mí, como marroquí.
Ya me imagino que esto te va sonar como un trueno, pero
si en la poesía o en la prosa hay una que otra
posibilidad de entrar por la puerta trasera para un
marroquí, y creo que yo he sabido aprovechar
casi todas las posibilidades, en lo que va del mundo
dramático es algo imposible. A lo mejor en español,
pero la verdad es que hace ya años que daba por
perdida la posibilidad de meterme en el mundo teatro
y lo he dejado de lado. Bueno, lo del texto coral, lo
que pienso que es toda la trilogía, las tres
novelas de las que hablamos. Mi idea era la de un coro
o una orquesta, o mejor los dos a la vez, en las que
cada miembro canta algo diferente pero del caos de cada
uno sale una sinfonía armónica. En una
época era un sueño que soñaba a
menudo, y oía sinfonías enteras. Para
la suerte de los amantes de la música, y a pesar
de que estudie solfeo, no sabia escribirlas al despertarme
.Y algo más, al acabar en once días "En
Las puertas de Tánger", me pareció
que todo fue muy rápido y escribí una
tercera parte, que es en realidad una obra de teatro
con toda la familia comiendo en Tetuán, se llama
"La ultima cena en Tetuán". Pero al
final me di cuenta que no era parte de la novela y sólo
la escribí por pensar que uno puede o no debe
escribir una novela en once días, como hace Eduardo
Mendoza. Al final, cada libro se escribe a sí
mismo, como quiere y cuando quiere, para escribir. Lucena
tardé cinco años, y no fue fácil,
pero era el tiempo que el libro, la obra, necesitaba.
Los mismo me pasó con "Llaves de Tetuán".
Y no por que un libro se escribe en más o menos
tiempo es mejor o peor.
Pero Mois, si cada artista se moviese y actuase de acuerdo
a lo que el poder y las elites permiten, o admiten,
hace tiempo que la literatura y el arte se habrían
acabado, y sólo quedarían sus remedos,
que hoy en día son los que ocupan mayor espacio.
Si vos querés escribir teatro, debieras hacerlo,
aunque tus manuscritos duerman en un cajón. O
los publiques en tiradas mínimas, o secretas.
Veo en las minorías israelíes, no sólo
aquellas que sufren discriminación por su origen
y condición social, sino tambièn las intelectuales
e ideológicas, una pasividad que abruma. De este
modo, el estado, el sistema, hizo, y hace lo que quiere:
discrimina, mata las culturas de la diáspora,
le roba a los sobrevivientes de la shoáh, hace
guerras, construye amenazas, reprime, hacia adentro
y hacia afuera. No hay aquí una cultura de la
disidencia, de resistencia a lo establecido. Ni en el
judío ni el árabe. No hay una cultura
del pensamiento independiente ¿Qué tenés
para decir sobre ésto?
La
verdad es que nadie hasta ahora me ha dicho que he actuado
o actúo según lo que el poder permite.
Si fuese así nunca hubiese escrito nada y menos
publicado un libro. Lo del teatro es algo que me acosó
en el pasado, pero uno hace sus decisiones en respuesta
a muchos parámetros y alternativas. Creo que
el teatro demanda más que una casual incursión
y que se necesita un contacto con el publico para poder
avanzar y encontrar un sitio. Lo mismo que con la prosa
o la poesía, inclusive una respuesta a la indiferencia.
Pero con el teatro no llegué ni a la indeferencia,
así que sí, tienes razón, aquí
ganó el poder, como gana en el cine y en realidad
desde hace años el cine ha dejado de ser un arte
y es un negocio y una industria. El dinero ha destruido
el cine artístico, y veo muchísimo cine
de vanguardia y de todas las clases, pero ya nunca más
existirá un Tarkowski. Eso es imposible, y fue
más bien una anécdota en la historia industrial
del cine. Por lo que va de Israel, en Israel no hay
disidencia, ni existe siquiera el "enfant terrible"
de la literatura, simplemente no existe. La fuerza del
sionismo, y con eso digo ashquenazí, es y fue
en sus instituciones. Aquí el valor lo ganas
no por tu obra, si no por que tu obra ha sido reconocida
por una institución, ya sea una editorial o la
universidad. Eso es lo que te da valor como artista
o da valor a tu obra. Para una mente argentina u occidental
esto es muy difícil de entender, pero así
va la cosa. Recuerdo que cuando dirigía una revista
de vanguardia en los años ochenta propuse a un
poeta joven y desconocido publicarle un libro de poemas,
pensaba yo mismo cotizar toda la edición (era
con el dinero que había recibido de regalos mi
boda, ya era loco yo en esa época), la idea era
de publicarlo en la editorial de la revista, pero el
poeta dijo que no, que quería una editorial conocida.
Nunca pude entender esa actuación. Lo que yo
digo de discriminación étnica me lo dicen
muchos poetas, pero en voz baja, ellos nunca lo dirán
en una entrevista o en la tele. Una vez me encontré
con una escritor de origen marroquí antes de
una entrevista en la televisión, que me dijo
que tenía completamente razón y me contó
sus problemas, pero delante de las cámaras me
ataco a mí por lo que decía y dijo lo
contrario de lo que me había dicho antes. No
es que no lo entienda, darte a conocer como escritor
oriental, o alguien que habla de "esos" problemas
te convierte en enemigo del sistema, lo cual quiere
decir que más y más editoriales dejan
de hablar contigo, no hay becas ni hay premios. En Israel
hay pocos premios y becas, y muchos artistas. A mí
siempre me pareció un pequeño precio a
pagar por decir lo que pienso y escribir lo que pienso,
comparándolo con lo que pagó un héroe
como Víctor Jarra o García Lorca, u otros
muchos que siempre me parecieron verdaderos artistas.
Yo siempre me comparé con ellos y no con Amos
Oz. No es que me queje, pero no creas que después
del éxito de los últimos años en
el extranjero me vaya aquí mejor, estoy sin editorial
desde el 2002, y lo que he publicado en hebreo desde
ese año lo hice en ediciones mínimas (impresos
bajo demanda) y por mi cuenta. Estos últimos
libros me han recompensado con las mejores criticas
que he recibido en Israel, en los mejores periódicos
del país, Haaretz y Yediot Aharonot, y de los
mejores escritores y poetas (Natan Zach y Yitzhak Laor),
pero no por eso ninguna editorial ni grande ni mediana
me publica, así que mis libros casi no se ven
en librerías. Mi publico me lee en el Internet,
y de forma muy fragmentada, sin poder enfrentarse con
la amplitud de mi obra. Se me considera antisionista,
se habla de mi como "el marroquí ese que
odia a los ashquenazím", hay discusiones
en la web sobre si soy racista o no, bueno todo el armamento
para desacreditarme y darme a conocer como el enemigo
numero uno de la literatura. Para ser occidentales y
avanzados, el poder cree que tiene que defender a los
lectores israelíes y prevenir que me lean. Bueno,
no sigo, porque tampoco todo esto tiene tanta importancia,
pero esa es la situación de la cultura israelí.
Casi comunista.
¿Comunista?
Bueno,
más bien bolchevique, un ambiente artistico paracido
a los paises comunistas de Europa de Este.
Stalinista,
diría...
Castrista,
si quieres. Hay una literatura que se escribe y otra
que no. Hace veinte años era en nombre de una
calidad e ideologia, ahora es por razones capitalistas,
se vende o no se vende. Pero el resultado es el mismo,
y los mismos siguen escribiendo y publicando, hay ya
familias enteras de escritores, primos, hermanos, padre,
hijo, y toda la familia escribe mal...
A lo largo de toda esta entrevista, noto la "presencia"
de un gran ausente: el palestino, el árabe. ¿No
creés que el sistema, el sionismo, discrimina
al judío de los países musulmanes, por
la razón de que lo identifica con el árabe,
lo incluye en el genérico "árabe",
el "ememigo"?
Bueno,
tal vez porque no preguntaste antes. Aunque ya es algo,
porque siempre se habla con un escritor israelí
del problema árabe y más del problema
árabe. Como si en Israel no existiese una sociedad
compleja, y muy compleja que lo es, con sus problemas
sociales, económicos, culturales y otros.
La concepción del sionismo
es occidental y ve al árabe a través de
una concepción del oriental como alguien que
existe en el mas allá, y al que hay que educar.
Aquí vendría mejor el verbo francés
para educar, dresser, que es a la vez educar y domar.
Así que el otro oriental, para el occidental,
no es más que una idea, un concepto y no un humano.
En las 600 paginas de la novela de Amos Oz. "Una
Historia De Amor y Oscuridad" los judíos
sefardíes casi no aparecen, aunque vivió
gran parte de su vida en Jerusalén, una ciudad
con una populación muy grande de árabes
y sefardíes de todas las clases, y solo una vez
dice que un día ya serán como nosotros
(como los asquenazíes). El oriental solo vive
en el espacio de poder ser un día como el occidental,
no es un ente propio. Yo no veo al problema árabe-israelí
como un problema, por la simple razón que no
creo que tiene solución. Y cuando un problema
no tiene solución se convierte en una situación.
No es que sea pesimista, porque también que las
situaciones cambian, pero mi conclusión es que
no puedo o no se puede hacer nada por solucionar este
problema y mejor ocuparse de lo que se puede solucionar.
Los problemas de la sociedad son problemas y el problema
sefardí es un problema en plena evolución,
con sus altos y sus bajos, no siempre va para mejor,
pero creo que en él puedo influenciar en algo.
Creo que si la población sefardí
tuviese una mayor influencia en el conflicto, lo vería
de otra forma, y vería al árabe como una
enemigo pero también como persona. No creo que
eso crearía una paz de forma inmediata, pero
tal vez a lo largo crearía una mejor convivencia.
Por lo tanto, la respuesta a tu pregunta es sí
y no. Hay una relación entre la forma en la que
se ve al árabe y la que se ve al judío
de país árabe, pero los problemas son
distintos y la forma de enfrentarlos es distinta. Yo
si creo que el problema de discriminación y racismo
en contra del sefardí se va a solucionar, aunque
no creo que es un proceso evidente ni natural, se solucionará
sólo y cuando la sociedad esté dispuesta
a enfrentarse con él, cosa que no pasa. Ya sea
el sefardí que esté dispuesto exigir sus
derechos, como el asquenazí que debe dar la igualdad
a todo ciudadano. Lo mismo creo que debe pasar con los
palestinos de nacionalidad israelí, que ya son
más de un millón, aunque esto sea menos
fácil. Creo que un problema pasa por el otro.
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