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De la historia de
la okupación en la capital alemana
Es
curioso que muchos españoles se refieran todavía
a países como Inglaterra, Francia o Alemania
utilizando la palabra "Europa". Pero, ¿no
quedamos en somos europeos? Sin embargo, quizá
por un sentimiento de inferioridad (o superioridad),
o simplemente de lejanía, España (o el
Estado español, para no herir sensibilidades
nacionales o nacionalistas) sigue siendo para muchos
algo ajeno, tan ajeno como ese concepto más o
menos tangible correspondiente a la palabra "Europa".
Pues bien, hoy echamos un vistazo a Europa, más
concretamente a Berlín, Alemania, para ver cómo
está el panorana de la okupación. Para
muchos, en Berlín la okupación ya ha muerto
para pasar a una fase de postokupación. Veamos
por qué.

Berlín es una ciudad
que transmite una sensación de constante cambio,
de transformaciones urbanas que dan paso a otras mutaciones
arquitectónicas, sin que nunca parezca que la
capital haya llegado a su estadio de desarrollo final,
como pasa, por ejemplo, en Barcelona, donde la fisonomía
urbana de la ciudad y las políticas urbanistas
y económicas ya no dejan espacio para la improvisación
o lo paralelo a la línea oficial. En Berlín
queda espacio, y mucho, y eso ofrece muchas posibilidades
en un contexto que transmite a menudo la sensación
de vacío, un vacío que se presta a ser
llenado.
Antes, durante y
después del muro
Antes,
durante y después de la caída del Muro,
la sociedad berlinesa vivió en una revolución
diaria, un especie de ambiente libertario que muchos
que lo vivieron recuerdan entre suspiros y con tremenda
nostalgia. Rebuscando entre los archivos del Museo de
Kreuzberg, uno de los distritos con un mayor número
de proyectos sociales y alternativos, así como
con un mayor porcentaje de población inmigrante,
me encuentro con una extensa y detallada descripción
de ese proceso de okupación de vivienda vacías
a ambos lados del desaparecido muro.

"A comienzos del
1992 había en Berlín alrededor de 1.000
casas okupadas", comienza el texto del informe.
Ese gran cantidad de acciones ilegales, pero para muchos
legítimas, comenzó entre finales de los
'70 y principios de los '80: "En la parte occidental
de la ciudad había uno de los movimientos sociales
más significativos de la República Federal
Alemana, a caballo entre el movimiento estudiantil de
los '60 y los movimientos alternativos de los '80".
Este movimiento se vió alimentado por el malestar
social en una gran parte de la sociedad y por el intento
de influir en el rumbo de la parte occidental del país
desde fuera del sistema de partidos, para muchos herencia
del nacionalsocialismo, todavía presente en muchos
altos estratos del aparato burocrático del RFA.
¿Y
qué pasaba en la cínicamente autodenominada
República Democrática Alemana, en el estado
socialista del Este? "Ya durante los últimos
y agonizantes años de la RDA, muchos bloques
de viviendas fueron okupados. Este proceso se acentuó
tras la caída del muro, el 9 de noviembre de
1989, sobre todo en los distritos de Prenzlauer Berg,
Mitte y Friedrichshain. Las razones de ese proceso de
okupación fueron diversas: formas alternativas
de crear comunidades de vecinos, organización
de comunidades políticas contestatarias con los
statu quo tanto del Este como del Oeste, respuesta a
la especulación y la existencia de viviendas
vacías, o simplemente una forma de autoyuda de
los sectores sociales más pobres.

En marzo de 1980 veinte
casas okupas de Kreuzberg formaron un Consejo de la
okupación ("Besetzerrat"), consejo
que ganó cierto protagonismo público y
representó en cierta manera a la numerosa y heterogénea
comunidad okupa berlinesa. Este protagonismo se vió
además acentuada por la salida a la luz de numerosos
escándalos urbanísticos. La comunidad
consiguió sacar a la calle hasta 30.000 personas
para protestar contra el desalojo de algunos centros
sociales y casas okupadas.
"Berliner Linie"
Ante
una situación que se les escapaba de las manos,
en 1981, el Senado de Berlín occidental, bajo
la tutela del entonces alcalde Hans-Jochen Vogel, puso
en marcha la llamada "Línea Berlinesa"
("Berliner Linie"): a partir de ese momento,
todas las nuevas casas okupadas fueron desalojadas inmediatamente.
Las casas anteriormente okupadas sólo fueron
desalojadas antes de la previa petición del propetario,
y siempre que éste se hiciese cargo de la rehabilitación
de su propiedad. El resto de casas tuvieron que acogerse
a un proceso de legalización si no quería
ser desalojadas.

Dentro de esta atmósfera
de enfrentamientos, muchos movimientos alternativos,
con partidos con representación como los Verdes,
pusieron en marcha acciones como "Manifestantes
buscan especuladores": grupos señalaban
dónde y cómo actuaban grupos empresariales
que se enriquecían con la especulación
con viviendas. Muchos sindicalistas, escritores y profesores
universitarios apoyaron públicamente este tipo
de acciones y al movimiento.
Enfrentamientos
En
esta atmósfera de medidas y contramedidas, los
enfrentamientos entre los movimientos alternativos con
la policía eran habituales: en una de estas manifestaciones
y disturbios fue asesinado por la Policía el
manifestante Jürgen Rattay. A este asesinato siguieron
masivas marchas en contra del Senado berlinés
y de su "Línea".

En ese momento saltó
dentro del movimiento de la okupación el debate
de "¿Legalización o no?; es decir,
si las casas okupadas debían acogerse al proceso
de legalización puesto en marcha por el Senado.
Algunos de ellas optaron por esa legalización
(muchas de los actuales bloques de vivienda son herederas
de los proyectos sociales que nacieron en casas okupadas),
pero la mayoría optó por dejar las viviendas
para no traicionar la filosofía contestataria
de la okupación.
Con
la caída del Muro, la "Línea de Berlín"
también fue aplicada por el Senado en el Berlín
oriental, donde había aproximádamente
25.000 casas vacías, muchas de ellas abandonadas
por sus propietarios tras el derrumbamiento de la RDA.
Muchas han sido las nuevas okupaciones, los desalojos
y los enfrentamientos entre okupas y Policía.
Sin embargo, todo parece indicar que el panorama de
la okupación se ha ido apagando poco a poco,
hasta quedar en un fenómeno residual.
Actualmente,
en Berlín muy pocas casas okupadas, en su sentido
más auténtico (es decir, ilegales). La
mayor parte de ellas se han ido acogiendo a las diferentes
fases de legalización, que permiten a sus habitantes
seguir ocupando las viviendas en condiciones muy favorables
(alquileres bajísimos, subvenciones del Senado
de Berlín en caso de que las casas organicen
actividades consideradas de interés colectivo,
etc...).
Obviamente,
sigue habiendo un puñado de okupas que mantienen
la filosofía de la okupación: es decir,
hacerse con espacios vacíos como forma de respuesta
frontal a un sistema económico y social considerado
por ellos como injusto. Sigue habiendo enfrentamientos
esporádicos, pero desde luego, la vida de Berlín
vive bastante ajena a los conflictos provocados por
las casas okupas. Quizá porque la falta de espacio
en la capital no sea un problema tan acuciante como
en Madrid o Barcelona. Tal vez por todas esas razones
se dice que en Berlín se vive en una situación
de postokupación. ¿Llegará España
(o el Estado español, como ustedes quieran) algún
día a ser Europa? ¿Llegará a ser
el problema de la vivienda en España algún
día algo anecdótico? Mientras tanto, la
okupación seguirá teniendo en nuestra
país todo el sentido del mundo...
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