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Postokupación en Berlín

Andreu Jerez (Corresponsal de El Pollo Urbano en Berlín)

 

De la historia de la okupación en la capital alemana

     Es curioso que muchos españoles se refieran todavía a países como Inglaterra, Francia o Alemania utilizando la palabra "Europa". Pero, ¿no quedamos en somos europeos? Sin embargo, quizá por un sentimiento de inferioridad (o superioridad), o simplemente de lejanía, España (o el Estado español, para no herir sensibilidades nacionales o nacionalistas) sigue siendo para muchos algo ajeno, tan ajeno como ese concepto más o menos tangible correspondiente a la palabra "Europa". Pues bien, hoy echamos un vistazo a Europa, más concretamente a Berlín, Alemania, para ver cómo está el panorana de la okupación. Para muchos, en Berlín la okupación ya ha muerto para pasar a una fase de postokupación. Veamos por qué.



     Berlín es una ciudad que transmite una sensación de constante cambio, de transformaciones urbanas que dan paso a otras mutaciones arquitectónicas, sin que nunca parezca que la capital haya llegado a su estadio de desarrollo final, como pasa, por ejemplo, en Barcelona, donde la fisonomía urbana de la ciudad y las políticas urbanistas y económicas ya no dejan espacio para la improvisación o lo paralelo a la línea oficial. En Berlín queda espacio, y mucho, y eso ofrece muchas posibilidades en un contexto que transmite a menudo la sensación de vacío, un vacío que se presta a ser llenado.

Antes, durante y después del muro

     Antes, durante y después de la caída del Muro, la sociedad berlinesa vivió en una revolución diaria, un especie de ambiente libertario que muchos que lo vivieron recuerdan entre suspiros y con tremenda nostalgia. Rebuscando entre los archivos del Museo de Kreuzberg, uno de los distritos con un mayor número de proyectos sociales y alternativos, así como con un mayor porcentaje de población inmigrante, me encuentro con una extensa y detallada descripción de ese proceso de okupación de vivienda vacías a ambos lados del desaparecido muro.



     "A comienzos del 1992 había en Berlín alrededor de 1.000 casas okupadas", comienza el texto del informe. Ese gran cantidad de acciones ilegales, pero para muchos legítimas, comenzó entre finales de los '70 y principios de los '80: "En la parte occidental de la ciudad había uno de los movimientos sociales más significativos de la República Federal Alemana, a caballo entre el movimiento estudiantil de los '60 y los movimientos alternativos de los '80". Este movimiento se vió alimentado por el malestar social en una gran parte de la sociedad y por el intento de influir en el rumbo de la parte occidental del país desde fuera del sistema de partidos, para muchos herencia del nacionalsocialismo, todavía presente en muchos altos estratos del aparato burocrático del RFA.

    ¿Y qué pasaba en la cínicamente autodenominada República Democrática Alemana, en el estado socialista del Este? "Ya durante los últimos y agonizantes años de la RDA, muchos bloques de viviendas fueron okupados. Este proceso se acentuó tras la caída del muro, el 9 de noviembre de 1989, sobre todo en los distritos de Prenzlauer Berg, Mitte y Friedrichshain. Las razones de ese proceso de okupación fueron diversas: formas alternativas de crear comunidades de vecinos, organización de comunidades políticas contestatarias con los statu quo tanto del Este como del Oeste, respuesta a la especulación y la existencia de viviendas vacías, o simplemente una forma de autoyuda de los sectores sociales más pobres.



     En marzo de 1980 veinte casas okupas de Kreuzberg formaron un Consejo de la okupación ("Besetzerrat"), consejo que ganó cierto protagonismo público y representó en cierta manera a la numerosa y heterogénea comunidad okupa berlinesa. Este protagonismo se vió además acentuada por la salida a la luz de numerosos escándalos urbanísticos. La comunidad consiguió sacar a la calle hasta 30.000 personas para protestar contra el desalojo de algunos centros sociales y casas okupadas.

"Berliner Linie"

     Ante una situación que se les escapaba de las manos, en 1981, el Senado de Berlín occidental, bajo la tutela del entonces alcalde Hans-Jochen Vogel, puso en marcha la llamada "Línea Berlinesa" ("Berliner Linie"): a partir de ese momento, todas las nuevas casas okupadas fueron desalojadas inmediatamente. Las casas anteriormente okupadas sólo fueron desalojadas antes de la previa petición del propetario, y siempre que éste se hiciese cargo de la rehabilitación de su propiedad. El resto de casas tuvieron que acogerse a un proceso de legalización si no quería ser desalojadas.



     Dentro de esta atmósfera de enfrentamientos, muchos movimientos alternativos, con partidos con representación como los Verdes, pusieron en marcha acciones como "Manifestantes buscan especuladores": grupos señalaban dónde y cómo actuaban grupos empresariales que se enriquecían con la especulación con viviendas. Muchos sindicalistas, escritores y profesores universitarios apoyaron públicamente este tipo de acciones y al movimiento.

Enfrentamientos

    En esta atmósfera de medidas y contramedidas, los enfrentamientos entre los movimientos alternativos con la policía eran habituales: en una de estas manifestaciones y disturbios fue asesinado por la Policía el manifestante Jürgen Rattay. A este asesinato siguieron masivas marchas en contra del Senado berlinés y de su "Línea".



    En ese momento saltó dentro del movimiento de la okupación el debate de "¿Legalización o no?; es decir, si las casas okupadas debían acogerse al proceso de legalización puesto en marcha por el Senado. Algunos de ellas optaron por esa legalización (muchas de los actuales bloques de vivienda son herederas de los proyectos sociales que nacieron en casas okupadas), pero la mayoría optó por dejar las viviendas para no traicionar la filosofía contestataria de la okupación.

    Con la caída del Muro, la "Línea de Berlín" también fue aplicada por el Senado en el Berlín oriental, donde había aproximádamente 25.000 casas vacías, muchas de ellas abandonadas por sus propietarios tras el derrumbamiento de la RDA. Muchas han sido las nuevas okupaciones, los desalojos y los enfrentamientos entre okupas y Policía. Sin embargo, todo parece indicar que el panorama de la okupación se ha ido apagando poco a poco, hasta quedar en un fenómeno residual.

    Actualmente, en Berlín muy pocas casas okupadas, en su sentido más auténtico (es decir, ilegales). La mayor parte de ellas se han ido acogiendo a las diferentes fases de legalización, que permiten a sus habitantes seguir ocupando las viviendas en condiciones muy favorables (alquileres bajísimos, subvenciones del Senado de Berlín en caso de que las casas organicen actividades consideradas de interés colectivo, etc...).

    Obviamente, sigue habiendo un puñado de okupas que mantienen la filosofía de la okupación: es decir, hacerse con espacios vacíos como forma de respuesta frontal a un sistema económico y social considerado por ellos como injusto. Sigue habiendo enfrentamientos esporádicos, pero desde luego, la vida de Berlín vive bastante ajena a los conflictos provocados por las casas okupas. Quizá porque la falta de espacio en la capital no sea un problema tan acuciante como en Madrid o Barcelona. Tal vez por todas esas razones se dice que en Berlín se vive en una situación de postokupación. ¿Llegará España (o el Estado español, como ustedes quieran) algún día a ser Europa? ¿Llegará a ser el problema de la vivienda en España algún día algo anecdótico? Mientras tanto, la okupación seguirá teniendo en nuestra país todo el sentido del mundo...

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