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Fotos del autor
La manifestación que
se celebró el pasado 2 de junio en Rostock, al norte
de Alemania, para protestar contra la reunión de los
G-8 (ocho países más ricos del planeta), acabó
como el rosario de la Aurora. Si bien es cierto que venía
precedida por mil medidas de seguridad (detenciones preventivas,
redadas, un amplio despliegue policial, etc...) emprendidas
por el Ministerio de Interior alemán, y a pesar de
que se prevían posibles enfrentamientos entre la Policía
y los manifestantes altermundistas, nadie podría haber
imaginado que la marcha iba a acabar con los disturbios más
graves de la última década en Alemania. El resultado
de los enfrentamientos: alrededor de 1.000 heridos, entre
agentes de las fuerzas de seguridad, manifestantes y periodistas.
La manifestación,
convocada por asocaciones y ONGs asiduas a este tipo de contra
actos (Attac, Greenpeace, diversos partidos comunistas, socialistas
y sindicatos, además de un crisol de diversas asociaciones
anarquistas y revolucionarias), consiguió reunir en
las calles de la ciudad a unas 90.000 personas. La marcha
comenzó con un carácter festivo y pacífico.
Conforme fue avanzando, comenzaron a aparecer a sus costados
nutridos batallones de policías antidisturbios, que
complementaron el vuelo constante de dos helicópteros
sobre nuestras cabezas, y que grababan con sus cámaras
cada uno de nuestros movimientos.
Enrocados
en medio de la masa manifestante iba el conocido como "bloque
negro": alrededor de 2.000 jóvenes anarquistas,
de todas las nacionalidades, que vestidos de negro se mantenían
fuertemente unidos y mostraban una actitud desafiante hacia
la Policía. A la llegada al puerto de Rostock, donde
se celebraron los discursos y los conciertos, el bloque negro
se encontró de frente con un impresionante cordón
policial. Ante la negativa de los agentes de dejarlos continuar
con su marcha, comenzaron los primeros empujones, los primeros
lanzamientos de piedras y botellas, y los consecuentes disturbios.
La Policía cargo sin hacer distinción contra
todo lo que encontró. Muchos manifestantes, que no
habían tenido nada que ver con el inicio de los enfrentamientos,
se defendieron.
Los fotos
cuentan el resto. El Ministerio de Interior alemán
justificó sus exageradas medidas de seguridad con los
disturbios, el contenido político de la reunión
del G-8 quedó en un segundo plano y mucha gente volvió
a casa con contusiones y la cabeza abierta (otros tantos pasaron
un par de días en prisión).
El
G-8, la seguridad preventiva y la rabia reavivada
El G-8 se vuelve a reunir: el grupo
de siete países más ricos del mundo y Rusia
eligen esta vez un pequeñito pueblo alemán,
Heiligendamm, situado en el Mar Báltico, al norte del
país. Y lo fortifica para que las amenazas de "la
extrema izquierda" y del "terrorismo islamista",
en palabras de Schäuble, ministro de Interior germano,
no eche por tierra la gran cantidad de expectativas que las
gentes de este mundo tienen puestas en el encuentro.

Doce
kilómetros de valla alambrada (a un millón de
euros por kilómetro, hagan ustedes el cálculo),
16.000 policías y un perímetro de seguridad
digno de una prueba nuclear son las medidas que ha tomado
el Ministerio de Interio alemán para asegurarse de
que nada ni nadie moleste a los autodesignados amos del planeta.
Detrás de la reunión, las grandes multinacionales
que marcan la agenda de la política y las relaciones
internacionales. Al fin y al cabo, son ellas las que mandan.
"Ya no somos ciudadanos, sino consumidores", como
decía aquél.
"Detenciones preventivas"
Pero
lo grave del asunto no son las medidas de seguridad que ha
tomado el Gobierno alemán para proteger a los más
ilegitimamente ricos de los grandes peligros que amenazan
este planeta nuestro tan estropeado. Lo peor son las razzias
que la Policía alemana ha llevado a cabo fundamentalmente
entre la escena de izquierda, autónoma y okupa de Berlín
y Hamburgo. Las fuerzas de seguridad han organizado durante
las últimas semanas numerosas redadas, con el resultado
de una veintena de "detenciones preventivas" y confiscación
de numeroso material e información.

Para
complementar este tipo de medidas de prevención y limpieza
ideológica, el ministerio de Interior alemán
ha creído oportuno abrir las cartas enviadas entre
asociaciones y militantes de la extrema izquierda y el anarquismo
alemanes. Método que recuerda al afortunadamente desaparecido
sistema de control social impuesto por la estalinista ex República
Democrática Alemana (DDR en sus siglas en alemán)
y de su policía política, la Stasi.

No
quiero hacer un discurso panfletario (aunque quizá
ya lo estoy haciendo), que ya hay muchos que lo saben hacer
muy bien. De hecho, hay opiniones de ese mundo radical con
las que no comulgo. Pero este tipo de medidas "preventivas"
dan por hecho que tener una ciertas ideas ya es delictivo
de por sí, y por tanto son razón para la detención
"preventiva". Ya ocurrió algo parecido en
la Barcelona preolímpica, de la que ya poco queda,
en la que Policía detuvo a numeroso militantes del
independentismo catalán "por si acaso".
Gracias, señor Schäuble
Este
tipo de medidas de prevención tienen, desde mi punto
de vista, dos claros objetivos: criminalizar a este tipo de
movimientos contestatarios ante la gran masa de consumidores
de medios de comunicación y, sobre todo y lo más
importante, meter miedo en el cuerpo a aquéllos que
están dispuestos dar un paso adelante para protestar
contra un modelo de planeta que va clara e inequívocamente
en la dirección errónea.
Después
de haber haber participado en no pocas manifestaciones contra
la Guerra, la Globalización y las Privatizaciones de
lo público a uno se le van apagando poco a poco las
fuerzas de saltar a la calle. Los años le van desgastando
a uno las ganas de oponerse a la innumerable cantidad de injusticias
diarias de este mundo.
Por
eso, y pensándolo bien, le doy las gracias desde esta
humilde tribuna al Ministerio de Interior alemán: gracias
por haber reavivado mi rabia y mis ganas de plantarme y gritar
contra lo que me parece un modelo de planeta abocado al fracaso.
Por todo eso y mucho más, muchas gracias señor
Schäuble: ha conseguido que yo me una a los que están
dispuestos a dar un paso adelante pese a la política
del miedo y la represión. Y, aunque quizá sirva
de poco, sí, yo también iré a Heiligendamm.
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