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CUADERNOS DE NATURALEZA

Eduardo Viñuales / Escritor y naturalista
   LA ARQUITECTURA TRADIONAL PIRENAICA, LA MANERA MÁS SABIA Y ECOLÓGICA DE CONSTRUIR EN LA MONTAÑA



    La arquitectura popular es un legado original e irrepetible que hay que proteger. El Pirineo Aragonés constituye una de las zonas de España más interesantes. Diversas cartas y conferencias internacionales coinciden en subrayar la vinculación entre la conservación del patrimonio y el desarrollo sostenible. Pero la arquitectura popular está amenazada por las nuevas construcciones y el desinterés de las instituciones públicas.

     El hombre en los Pirineos, de las montañas y el medio rural en general, ha sabido convivir con la naturaleza. De ella ha extraído a lo largo de los siglos, como si de una cantera se tratara, los materiales necesarios para la construcción de sus viviendas. El proceso ha dado lugar a lo que conocemos como "arquitectura popular", un arraigado modo de edificar integrado en el medio natural, donde los materiales son naturales y han sido obtenidos del medio de una manera sostenible. Los bosques dieron los troncos de pinos, sabinas y abetos para vigas y travesaños. Las rocas y los campos, las piedras que servirían para muros y paredes de mampostería. Las zonas calizas, la cal que cubriría las fachadas. Las paredes por donde caen las cascadas aportaron la "toba" para levantar las chimeneas...



     Los expertos en patrimonio cultural coinciden en destacar que la arquitectura popular del Pirineo Aragonés es un legado original e irrepetible que hay que defender. La legislación y las directrices de la Comunidad Europea sobre este asunto inciden en que la conservación del patrimonio es un deber ineludible de toda Comunidad y, en especial, de sus autoridades, tanto locales como provinciales y autonómicas. De hecho, el interés por este patrimonio es un termómetro que marca de forma infalible el nivel cultural de un pueblo.

 

   El conjunto de todas las construcciones tradicionales, dispersas por los pueblos de la montaña, supone un valor sociocultural de primer orden y forma parte del patrimonio arquitectónico rural que hemos heredado de nuestros antepasados. "Nuestra generación, como responsable actual de esta herencia, tiene la obligación de conservarla y, tras disfrutarla, transmitirla a las generaciones venideras, tanto por respeto al esfuerzo de los que nos precedieron como por su valor histórico, etnológico, artístico y ambiental", dice el manifiesto de la Asociaón de Jaca Sancho Ramírez, que prosigue: "Este legado supone la memoria de una cultura y una arquitectura autóctona, y su mantenimiento es esencial para la conservación de las raíces históricas sobre las que se sustentan las tradiciones de los pueblos. La arquitectura popular nos da nuestra situación en el mundo, nos dice dónde estamos, en este caso en el Pirineo Aragonés, y, por ello, es un valor universal".

 

   Actualmente, y tras la caída de los modos de vida tradicionales, está emergiendo el turismo en los pueblos pirenaicos y de montaña, siendo para muchas comarcas rurales la única vida de revitalización y asentamiento de la población. Para estos pueblos que se ven obligados a diversificar su desarrollo, el mantener vivo este patrimonio arquitectónico ayuda a garantizar, en parte, su futuro y sirve para que no malogren su escenario de vida, su territorio y su cultura. Pero, las nuevas construcciones no siempre respetan la arquitectura tradicional de los pueblos que sufre la desaparición de elementos característicos de sus edificaciones como ventanas, tejados, arcos, chimeneas o el derribo de bordas o casas singulares de la montaña.

 

   "Es sabido que la construcción es uno de los factores de desarrollo que genera una actividad económica importante, pero también lo es la rehabilitación de estas edificaciones que generan esa misma actividad con valor añadido", explican los defensores del patrimonio. Como refleja la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés, esta arquitectura popular debe ser cuidada y protegida, tanto por los particulares como por las instituciones públicas locales, provinciales o autonómicas, siendo estas últimas las que deben establecer las medidas de fomento, como ayudas directas, préstamos o beneficios fiscales.



    En estas circunstancias, la sensatez y la responsabilidad entre generaciones recomienda la necesidad de reaccionar ante el peligro de la desaparición inminente de la arquitectura popular de nuestra tierra.



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