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LA
ARQUITECTURA TRADIONAL PIRENAICA, LA MANERA MÁS SABIA
Y ECOLÓGICA DE CONSTRUIR EN LA MONTAÑA
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La arquitectura popular es un legado original
e irrepetible que hay que proteger. El Pirineo Aragonés constituye
una de las zonas de España más interesantes. Diversas
cartas y conferencias internacionales coinciden en subrayar la vinculación
entre la conservación del patrimonio y el desarrollo sostenible.
Pero la arquitectura popular está amenazada por las nuevas
construcciones y el desinterés de las instituciones públicas.
El
hombre en los Pirineos, de las montañas y el medio rural
en general, ha sabido convivir con la naturaleza. De ella ha extraído
a lo largo de los siglos, como si de una cantera se tratara, los
materiales necesarios para la construcción de sus viviendas.
El proceso ha dado lugar a lo que conocemos como "arquitectura
popular", un arraigado modo de edificar integrado en el medio
natural, donde los materiales son naturales y han sido obtenidos
del medio de una manera sostenible. Los bosques dieron los troncos
de pinos, sabinas y abetos para vigas y travesaños. Las rocas
y los campos, las piedras que servirían para muros y paredes
de mampostería. Las zonas calizas, la cal que cubriría
las fachadas. Las paredes por donde caen las cascadas aportaron
la "toba" para levantar las chimeneas...

Los expertos en patrimonio cultural
coinciden en destacar que la arquitectura popular del Pirineo Aragonés
es un legado original e irrepetible que hay que defender. La legislación
y las directrices de la Comunidad Europea sobre este asunto inciden
en que la conservación del patrimonio es un deber ineludible
de toda Comunidad y, en especial, de sus autoridades, tanto locales
como provinciales y autonómicas. De hecho, el interés
por este patrimonio es un termómetro que marca de forma infalible
el nivel cultural de un pueblo.
El conjunto de todas las construcciones tradicionales,
dispersas por los pueblos de la montaña, supone un valor
sociocultural de primer orden y forma parte del patrimonio arquitectónico
rural que hemos heredado de nuestros antepasados. "Nuestra
generación, como responsable actual de esta herencia, tiene
la obligación de conservarla y, tras disfrutarla, transmitirla
a las generaciones venideras, tanto por respeto al esfuerzo de los
que nos precedieron como por su valor histórico, etnológico,
artístico y ambiental", dice el manifiesto de la Asociaón
de Jaca Sancho Ramírez, que prosigue: "Este legado supone
la memoria de una cultura y una arquitectura autóctona, y
su mantenimiento es esencial para la conservación de las
raíces históricas sobre las que se sustentan las tradiciones
de los pueblos. La arquitectura popular nos da nuestra situación
en el mundo, nos dice dónde estamos, en este caso en el Pirineo
Aragonés, y, por ello, es un valor universal".
Actualmente, y tras la caída de los modos
de vida tradicionales, está emergiendo el turismo en los
pueblos pirenaicos y de montaña, siendo para muchas comarcas
rurales la única vida de revitalización y asentamiento
de la población. Para estos pueblos que se ven obligados
a diversificar su desarrollo, el mantener vivo este patrimonio arquitectónico
ayuda a garantizar, en parte, su futuro y sirve para que no malogren
su escenario de vida, su territorio y su cultura. Pero, las nuevas
construcciones no siempre respetan la arquitectura tradicional de
los pueblos que sufre la desaparición de elementos característicos
de sus edificaciones como ventanas, tejados, arcos, chimeneas o
el derribo de bordas o casas singulares de la montaña.
"Es sabido que la construcción es
uno de los factores de desarrollo que genera una actividad económica
importante, pero también lo es la rehabilitación de
estas edificaciones que generan esa misma actividad con valor añadido",
explican los defensores del patrimonio. Como refleja la Ley de Patrimonio
Cultural Aragonés, esta arquitectura popular debe ser cuidada
y protegida, tanto por los particulares como por las instituciones
públicas locales, provinciales o autonómicas, siendo
estas últimas las que deben establecer las medidas de fomento,
como ayudas directas, préstamos o beneficios fiscales.

En estas circunstancias, la sensatez y la
responsabilidad entre generaciones recomienda la necesidad de reaccionar
ante el peligro de la desaparición inminente de la arquitectura
popular de nuestra tierra.
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