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CUADERNOS DE NATURALEZA

Eduardo Viñuales / Escritor y naturalista
OLOR A FUEGO EN LA EXPO

         Tarde del martes 5 de agosto. El olor del humo llegó hasta el recinto de la Expo de Zaragoza 2008. "Huele a hoguera", comenta una señora que sale del Acuario. Cuatro pabellones más allá un niño de diez años dice: "Algo se ha quemado".

    Mi amigo Carlos Sánchez, experto en orquídeas y setas, me llama para contarme que de nuevo un tremendo incendio se ha cebado con los Pinares de Zuera. Transportado por el bochorno, el olor del desastre ecológico se adentra en la capital del Ebro y penetra en las calles de la ciudad y en el recinto de la exposición internacional sin que nadie adivine lo que ha sucedido. Sólo el agua será capaz de sofocar este problema ambiental que el año pasado acabó en Aragón con 1.953 hectáreas de monte.

    Los bomberos, retenes de incendios, agentes de medio ambiente, militares y técnicos forestales se afanan en poner freno a las llamas que avanzan con ayuda del viento y el intenso calor. Se calcula que han ardido miles de hectáreas del monte de Zuera. Los hidroaviones sueltan con puntería más y más agua. Pero como si fuera una premonición de Amaral, llegó la tormenta. Llovió, gracias al cielo. El fuego que ardía en los Pinares de Zuera y los Montes de Castejón se debilitó finalmente… y paró con un saldo drástico.

    Y ahora nos viene a la memoria aquel otro incendio que se produjo en el año 1979 en estos mismos parajes boscosos. Fueron muchas hectáreas devastadas en aquel entonces. Luego, en 1995, una tercera parte de esta superficie verde, unas 4.200 hectáreas, volvieron a arder. Igualmente hubo bomberos, gente voluntaria, amigos del bosque y agua. También mucha agua. Pero lo que ahora nos faltaba es "un Domingo Esteban", aquel hombre vecino de Zuera, albañil jubilado que tras aquel pavoroso incendio emprendió una labor de hormiguita sembrando y repoblando para que los árboles recuperaran el espacio perdido.

A Domingo se le conocía como "el hombre que plantaba árboles". Cada año plantaba entre 1.500 y 2.000 pinos, encinas o carrascas. El Gobierno de Aragón le concedió en el año 2000 el Premio Aragón de Medio Ambiente. Domingo Esteban nos dejó hace tres años y medio, pero nos legó a todos su faena desinteresada cifrada en cerca de 100.000 árboles. Su quehacer era como la del agua y el hielo en los paisajes, que actúan poco a poco, sin prisa aparente pero sin pausa… y al final crea bellos lugares que son únicos e irrepetibles.

    Lástima que tras la tormenta y su precipitación, con las llamas ya medio controladas, no haya gente tan tenaz como él. Lástima de verano cuando empezamos a contabilizar los bosques que se han incendiado.



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