|
Tuve
que ir acompañado de un agente de protección de la
naturaleza del Gobierno de Aragón. Yo sabía que en
aquella semana había cortes en el Canal Imperial, y él
sabía donde estaba ella. Era el momento. Si no acudía
ahora, luego tendría que esperar hasta el año que
viene. Ella y yo nunca nos habíamos visto, a pesar de que
en más de una ocasión había escrito en público
sobre su vida azarosa.

Una lámina de agua color barro
descansaba en el lecho de este canal artificial. Cuando llegamos
había un equipo de tres biólogos vestidos con neoprenos
y guantes tanteando con las palmas de sus manos el fondo del canal.
En un pozal, un cubo de agua, estaba ella, la margaritona o Margaritifera,
una especie de molusco bivalvo con aspecto de mejillón negro
-de gran tamaño- que se encuentra en peligro de extinción,
en la misma categoría de amenaza que el oso, el quebrantahuesos
o el lince.

La tomé en mis manos, la saqué
de aquel cubo azul y la fotografié con la mitad de su cuerpo
sumergido en el agua.

El agente me enseñó
a distinguir a la margaritífera de otros tres moluscos presentes.
Este funcionario vino también para vigilar que las obras
de reparación de los taludes del canal se hicieran respetando
el hábitat de una especie única que aún tenemos
la suerte de albergar en Aragón. En esos momentos me acordé
de aquella chica que estaba enfadada porque a la empresa para la
que trabajaba le pararon por un tiempo las palas excavadoras que
arañaban el fondo del río Ebro dada la presencia de
lo que ella consideró indignada como "un simple mejillón".

Lo que no sabía esta chica
es que la margaritota actúa como un filtro natural de las
aguas -hasta 50 litros a la hora-, reteniendo los sedimentos y nutrientes
que lleva el río y con ello aumentando la transparencia y
mejorando su calidad. Tampoco sabía que estaba ante una especie
animal única, que si no preservas su hábitat la margaritota
desaparece, que los ríos son ecosistemas frágiles,
vivos y hermosos, y que lo que le sucede a un animal o a una planta
del conjunto le sucederá pronto o tarde al resto de las especies
vivas que allí se encuentran
incluido el hombre. Que
todos somos un eslabón de la cadena.
Por eso ahora mi deseo es que
todos seamos un poco más sensibles a la defensa del medio
ambiente
aunque no nos hayamos visto nunca cara a cara con
las especies, o aunque no comprendamos del todo lo complejo que
es este mundo tan maravilloso que nos rodea.
Fotografias de Eduardo Viñuales
|