Recordarán
los avisados lectores de una cierta edad el testamento político
de Franco, manifestando que dejaba "todo atado y bien atado".
Lacónica frase, motivo, con el tiempo, de chanza y chacota
por parte de prácticamente todos los políticos
posteriores y la sociedad en general. Pues bien, no se asombren,
pero nada más cerca de la realidad política española.
Lo dejó todo perfectamente hilvanado y atado con soga
fuerte. Vayamos a ello.
Al producirse el inicio de la transición
desde el régimen anterior al actual, la disyuntiva
política se planteó entre reforma y ruptura,
haciendo aparecer ésta última, el poder constituido,
como un nuevo intento de guerra civil, y la primera como la
única vía a un cambio sin trauma ni fricción
alguno. La manipulación, siempre interesada, incitada
desde las más altas instancias del país, vendió
la imagen de todos los defensores de la ruptura como revolucionarios
hambrientos de sangre y subversión. Les aseguro que
nada más alejado de la realidad. Las élites
defensoras de dicha opción habían negociado
con el Ejército y la Iglesia, fundamentalmente, la
convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes, una consulta
sobre la forma de Estado (monarquía o república),
e incluso un cambio legislativo profundo, para facilitar la
llegada de una Democracia con mayúsculas. Obvio es
el hecho de la existencia de sectores intransigentes en dichas
instituciones contrarias a ese cambio, las mismas que , pasado
el tiempo, tampoco aceptaron el mal remedo reformista permitido
(léase golpe de Estado del 23-F).
Fíjense si dejó todo
tan bien atado el dictador. Había impuesto en el año
1.969 un heredero de su régimen a título de
rey, pero heredero SUYO. A fecha de hoy nadie ha preguntado
al pueblo español, de forma democrática, si
lo quiere o no como monarca. La banca no movió ni un
solo duro ni una sola peseta para el advenimiento de un régimen
democrático, hasta la comprobación palmaria
de seguir dónde y cómo estaban con el anterior
sistema autoritario. Sólo siendo ya presidente Adolfo
Suárez, anterior Ministro Secretario General del Movimiento,
se embarcaron en tan "arriesgada" aventura.
A los sectores más retrógrados
de Iglesia y Ejército, a bodas les convidaron. Todavía
están bailando de contentos.
Los políticos... ¡Ay
los políticos! La derechona, AP, se creó desde
los más conspicuos sectores ideológicos franquistas.
UCD desde los resortes del poder más prácticos
y aferrados al mismo. El PSOE dejó en la estacada a
todos sus compañeros anteriores y estuvo dispuesto,
incluso, a pasar por la ventanilla de asociaciones de Arias
Navarro. El PCE, al llegar su legalización, calló
de una vez y para siempre sobre todo lo defendido anteriormente.
Lo demás fue "antisistema", "revolucionario",
y todos los adjetivos que quieran añadir.
Los medios de comunicación
no sufrieron mutación alguna. Siguieron siendo fieles
al poder, cada uno al suyo, intentando arrimar el ascua a
su sardina y protegiendo al señorito de turno más
interesante para cada cual. Nunca independientes, salvo honrosas
excepciones.
Pero nunca creí llegar a ver
y vivir los hechos y debates del PP en el momento actual.
Nada me une a ellos, ni me distancia, ni para bien ni para
mal, pero contemplar al hijo político del franquista
más veterano, confeso e irredento, Manuel Fraga, convertido
en paladín de la democracia y en la opción preferida
de los votantes de la derecha española, me produce
escalofríos y me espanta. Su nombre es Gallardón.
Su mentor, Fraga, en el año 1.976 tras los sucesos
de Vitoria dijo que la calle era suya (y de su policía
sin domesticar, añado). Después de los sucesos
de Montejurra del mismo año manifestó que toda
la responsabilidad era suya (y de su guardia civil, añado).
Si la memoria no me falla fueron seis los muertos habidos
entre ambos acontecimientos. Nunca mostró un ápice
de arrepentimiento, ni entonces ni ahora. Dijo el periodista
Pablo Sebastián hace ya varios años, perdónenme
la falta de concreción, producto de mis fallos de memoria,
que la derecha española no sería verdaderamente
democrática hasta no apartar de sí la alargada
sombra del fascista y franquista Fraga.
Su "hijito" Gallardón
no es otra cosa que su maestro, redivivo. A los diecisiete
años colaboró eficazmente con la extrema derecha
de entonces, intentando machacar a los sectores democráticos
en lucha. Les aconsejo lean un librito editado hace no mucho,
por mor de la censura anterior, sobre los mencionados sucesos
de Montejurra. Verán quién es el niño.
Formó parte, después, de la inefable AP, aquella
de los siete magníficos ministros de Franco y de su
fundación. Y luego recaló en el PP. Consiguió
hacerse con la imagen de demócrata de toda la vida
mediante el apoyo incondicional de los medios de comunicación
del movimiento (SER, El País, PRISA en general, y otros
grupos de diferentes tendencias), hecho lógico toda
vez que Polanco comenzó a amasar su fortuna con la
venta de libros de texto franquistas, editorial Santillana,
y Juan Luis Cebrián fue el último jefe de informativos
de TVE con el dictador vivo. Con tan inestimable ayuda alcanzó
la presidencia de la C.A. de Madrid, y posteriormente la Alcaldía
de la capital.
Pero
no se engañen, sigue siendo el mismo fascista de siempre,
interesado únicamente en el ejercicio del poder cueste
lo que cueste, y el control de todos sus resortes sociales
en pos de sus inconfesables fines. A modo de ejemplo de su
"talante", les contaré que al final de su
jornada en el Ayuntamiento de Madrid, cuando va a salir, envía
a su guardia pretoriana, guardaespaldas, a limpiar de funcionarios
y público los pasillos. No le gusta saludar a ningún
subordinado. Las caídas del caballo, como la de San
Pablo, exigen un arrepentimiento previo, nunca hecho notar
por estos personajes, y ser demócrata es mucho más
que tan sólo aligerar modos y formas, así como
no pensar sólo en detentar poder, sino intentar llegar
y ser sociedad.
Comprenderán ahora el acierto
y contenido profético del "todo atado y bien atado".
El dinero sigue en los mismos zurrones de antaño. El
heredero sigue en el sitial dejado por su predecesor. El resto
de poderes fácticos y clase política continúa
en sus poltronas y disfrutando de sus pingües gamellones.
El pueblo sigue adoctrinado, adocenado
y conducido por senderos de tranquilidad y paz. Como hace
cincuenta años.
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