Vaya por delante una aclaración
o aviso: el que esto escribe es un pintor. Entiéndase
la palabra pintor aplicada a mi caso del modo siguiente: soy
un pintor porque vivo y veo el mundo a través de la pintura.
No soy un fabricante de imágenes más o menos artísticas,
ni tan siquiera un hacedor de cuadros; soy, repito, un pintor
y esto antes que nada es un modo de ser y vivir. Un modo de
vivir rancio y obsoleto, lo sé, pero ni quiero ni puedo
hacer nada para enmendarme.
Dicho
esto vayamos al asunto. Lo que entendemos por pintura, cuando
nos referimos al vasto conjunto de soportes pintarrajeados
por homínidos desde el principio de la civilización,
no es un modo de ser de las cosas, ni de las paredes. Es un
modo de ser hombre que algunos vienen ejercitando desde antiguo.
La pintura es pues, intrínseca a lo humano. Sin embargo
aún siendo una actividad humana no es un oficio, sería
más un vicio que un oficio. Al contrario de la creencia
general este viciosuele hacer infelices a los
que lo practican. El artista pintor por el mero hecho de serlo
y a los ojos de sus contemporáneos sólo tiene
una salida profesional, una sola plaza laboral que les satisfaga:
sólo lo será si alcanza el éxito más
rutilante y planetario que quepa imaginar. Todo lo que no
sea alcanzar esta plaza gloriosa será considerado insuficiente
por el entorno del pintor artista. Por esto a partir de una
cierta edad casi todos están frustrados y son recriminados
en silencio por sus cercanos.
A
mí, afortunadamente, el cinismo me ha ido salvando
de la frustración. El cinismo y la falta absoluta de
fe en mí. La fe en uno mismo, el creer en uno y en
su obra, siempre me ha parecido de una estupidez y pedantería
insoportables. Pero esto de la fe parece ser obligatorio para
los artistas en el mundo del arte reciente. Cuando escucho
a un artista hablar de sí mismo y de su obra sin que
le quepa la más mínima duda de ambos, su obra
y el, conforman una pieza indiscutible para armar el arte
contemporáneo, no puedo evitar partirme de risa. Me
ocurre un poco como cuando un empleado del Corte Ingles dice
orgulloso:
-Este
año hemos conseguido unos beneficios de tantos millones
de euros.
¡Ay
señor, señor!
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