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Artículo publicado en
Heraldo
de Aragón
Hola a todos. Iba el otro día
por el Paseo de la Independencia, como muy despistado, y casi
me tropiezo con una escultura de acero, mucho más alta
que yo. "Hola, escultura, ¿cómo te llamas?"
"Me llamo Jardín y mi padre se llama Santiago
Gimeno. Mira, ése es, el que pasa por ahí montado
en una Harley". De repente, Zaragoza se ha espabilado,
y hace arte de guerrilla, que es algo que la publicidad viene
haciendo desde hace algún tiempo. Se trata de invadir
por sorpresa terrenos vedados o, al menos, inéditos,
y salir al encuentro de la gente, pillándola desprevenida.
El efecto sorpresa debe provocar una reacción impactante
pero placentera, que lleve a la reflexión y cree discusión.
Lo sé de buena tinta, a Santiago
Gimeno le mola la música rockera de los 60 y 70: Jimmy
Hendrix, Led Zeppelin o los Ramones. Cuanto más guitarrera,
mejor. Eso le da marcha para crear sus esculturas gigantes
en acero o en hierro. Me lo imagino en su taller, peleando
con el metal mientras suena Jethro Tull, un poner, que fue,
y es, una banda original que juntaba el rock duro con toques
de música barroca. En su exposición de la CAI,
ésa de la que se escapan las esculturas a la calle,
Gimeno ha unido la furia y el ruido de los metales con las
formas de la naturaleza, con la versatilidad del agua y los
sonidos del viento. No, no estoy haciendo metáforas,
es que es así. Basta ponerse delante de "Ríos
de metal", y sentir la cercanía de una cascada
en caída lenta. Me temo que, cuando el guarda jurado
se vaya un momento al servicio, "Ríos de metal"
va a salir corriendo de la sala CAI-Luzán y vete tú
a saber en qué plaza aparece.
Mientras la pintura tiende a vivir en interiores, por simple
supervivencia, la escultura prefiere, por gusto, vivir al
aire libre. La luz cambiante y el viento jugando alrededor
sientan bien al arte del volumen; en este caso, al de Santiago
Gimeno, ese artista que pasa por ahí, montado en una
Harley y tarareando por lo bajinis a los Rolling. Nos vemos.
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