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El médico estudia los síntomas
y los signos que presenta su paciente y a través de
ellos puede llegar a determinar con certeza la patología
que presenta. Pero si uno, como ciudadano, tuviera que dar
su opinión sobre el estado del entramado social de
la Argentina, al contrario del médico, no necesita
reparar en la sintomatología: el mal está a
la vista.
Y quienes gobiernan, por una razón
incomprensible para un ser humano, lejos de buscar la cura
agudizan día a día el mal. Error, omisón
o delirio. Pero lo cierto es que en esta circunstancia todo
vale. Esta noticia circuló por las Redacciones de los
diarios argentinos. La titular de Madres de Plaza de Mayo,
Hebe de Bonafini, consideró que el Gobierno debió
haber "desalojado a palos y a gases" a los productores
agropecuarios que manifestaron en las rutas en los últimos
meses, a quienes calificó de "ladrones",
"golpistas" y los acusó de "responsables
de la muerte de nuestros hijos". La dirigente de derechos
humanos consideró que la administración de la
presidenta Cristina Fernández de Kirchner "tiene
mucha democracia y mucha tolerancia, porque otro gobierno
los hubiera desalojado a palos y a gases, como merecían".
"Ellos (por el campo) son nuestros enemigos. Ellos fueron
los responsables de la muerte de nuestros hijos, de la desaparición,
de las torturas, de todo. Ellos siempre estuvieron adelante
de los golpes" (militares), manifestó.
Entonces
si en la opinión de esta incansable luchadora y defensora
de las instituciones democráticas se debe moler a palos
a quien disienta con el pensamiento del actual Gobierno, sí
que estamos mal. Muy mal. Para los gobernantes cualquier persona
que discrepe o descrea de la palabra oficial es un individuo
mal nacido que quiere bajarlos, por la fuerza, de su pedestal
al que accedió por el voto popular. Se vive en una
constante paranoia. Hoy todo delirio místico es válido
en la Argentina.
En
su columna del suplemento El Observador, que publica el diario
Perfil de Argentina en su edición del domingo 8 de
Junio del corriente año, el periodista Pepe Eliaschev
reflexiona al respecto: la noción de que un país
es patrimonio de quien ejerce el poder es de un primitivismo
desesperante. Vale la pena imaginar: ¿son Mariano Rajoy,
Ségolene Royal, Barak Obama, Walter Beltroni o David
Cameron enemigos de la patria o golpistas,
para José L. Rodríguez Zapatero, Nicolas Sarkozy,
George Bush, Silvio Berlusconi y George Brown?
Es
insólito, pero cunde un lenguaje viejo, obscenamente
anacrónico. Como era de esperar el diario en el que
escribe Eliaschev no recibe la publicidad oficial del Gobierno
nacional, que cambia aplausos y loas a su gestión por
la pauta publicitaria del Estado. De ese Estado que somos
todos: Perfil, Eliaschev, yo y no sólo el matrimonio
Kirchner.
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