La Expo ha llegado. Y en Zaragoza no
sólo ha cambiado el recinto de Ranillas y su entorno.
Cierto es que muchas de las promesas que nos hicieron no han
llegado a tiempo.
Pero
no es menos cierto que la capital aragonesa ha cambiado y
está preparada para competir en el mundo.
Por
un lado, tenemos infraestructuras como los nuevos cinturones
de ronda, la primera línea de cercanías, la
nueva terminal del Aeropuerto, el entorno de la Estación
de Delicias o los nuevos puentes y pasarelas sobre el Ebro.
Simplemente
por estas obras, la Expo ha merecido la pena. Y es que estoy
convencido que no podríamos haber visto finalizadas
estas obras hasta dentro de al menos una década si
no hubiese sido por el compromiso de la Expo.
Por
otro lado, la ribera del Ebro ha sufrido una transformación
brutal que convertirá a nuestro río en uno de
los principales centros de ocio y diversión de la ciudad,
con unas riberas por las que ahora da gusto pasear, hacer
deporte o salir a tomar unas cañas en cualquiera de
sus terrazas.
Además,
por toda la ciudad la iniciativa privada ha contribuido a
hacer ciudad. Complejos como Puerto Venecia, Aragonia, el
Word Trade Center, los nuevos hoteles, o la renovación
que han sufrido numerosas tiendas y bares de la capital aragonesa
para dar una imagen moderna de la ciudad.
Y
por supuesto, no hay que olvidarse del propio recinto Expo.
Ya cuando llegas a Zaragoza en tren o en coche, y ves de lejos
la silueta del recinto de Ranillas, notas que algo ha cambiado.
La
Expo no es sólo la gran fiesta del agua que inunda
Zaragoza a lo largo de este verano. Los edificios de la Expo
han hecho que la capital aragonesa entre en el circuito de
las ciudades con edificios emblemáticos de prestigiosos
arquitectos, corrigiendo de esta manera una de las carencias
que sufría nuestra ciudad, tan falta de iconos modernos.
La
Torre del Agua, el Pabellón Puente, el Pabellón
de Aragón o el Pabellón de España quedarán
para la posterioridad integrados en la ciudad convertidos
en los nuevos iconos de la capital.
No
obstante, el recinto Expo ha sido diseñado con vocación
de futuro para evitar los problemas sucedidos en otras Expos,
como la de Sevilla, en la que el recinto de La Cartuja quedó
prácticamente muerto tras el fin de la Expo'92.
En
Zaragoza, todo ha sido diseñado para que tenga vida
en los próximos años. La Torre del Agua o el
Pabellón Puente serán grandes centros culturales
de las principales entidades de ahorro aragonesas. También
está prevista ya la reutilización de los Pabellones
de España y de Aragón, mientras que los edificios
de los Pabellones de países y Comunidades Autónomas
participantes serán reconvertidos en un moderno centro
empresarial, del que ya se ha vendido buena parte de su superficie.
Zaragoza,
ha sufrido cambios que todos podemos ver. Pero estos cambios
no son sólo urbanos, o de imagen. Yo creo que también
ha cambiado la mentalidad de los ciudadanos. El simple aumento
del número de ciclistas que recorren en la actualidad
nuestras calles es una buena muestra de este nuevo talante.
Ahora,
los zaragozanos somos conscientes de nuestro potencial, y
de todo lo que la ciudad es capaz de hacer. Zaragoza bulle
de vida, de proyectos, y eso se nota en la mentalidad de la
gente. Nos hemos dado cuenta, como sociedad, de que Zaragoza
tiene mucho que decir en la red de ciudades medias europeas,
y sobre todo, es que somos capaces de realizar lo que nos
propongamos.
En
apenas unos años, hemos sido capaces de cambiar la
ciudad. Ahora, tenemos el reto de mantener esa ilusión
en los próximos años, y considerar que la Expo
no es el punto y final de una etapa. La Expo debe ser el comienzo
de un gran proyecto que ponga a Zaragoza en el mundo. Sin
miedos, sin complejos, y sobre todo, con los pies en el suelo.
|