Suavemente
en el modo, fuertemente en la cosa. Esta frase, del abogado, profesor
de retórica y escritor romano Marco Fabio Quintiliano (siglo
I d.C.), nacido en Calahorra, indica la conveniencia de conciliar
la energía con la suavidad en la gestión de los asuntos
como norma para alcanzar el éxito.
Traducidos
sus efectos al día de hoy, se aplicaría a la necesidad
de eludir algunos modos políticos particularmente inútiles,
si no dañinos, que deterioran a las instituciones y la
imagen general de quienes nos ocupamos de los asuntos públicos.
Así, gritar, insultar, gobernar a golpe de titulares de
prensa (que no de resultados), la falta de estrategia en la gestión,
de claridad al exponer las propuestas, la ausencia de planificación
y de objetivos claros (abusando de las generalidades que no dicen
nada), etc. Véase, por ejemplo, cómo José
Luis Rodríguez Zapatero cada vez chilla más y dice
menos.
Está
en contra de esta frase y su poderoso significado recurrir periódicamente
al insulto (como hace el Teniente de Alcalde de Zaragoza Francisco
Catalá), a la improvisación en el cuidado de las
infraestructuras básicas por falta de interés (como
hace el PSOE municipal de nuestra capital), a la megalomanía
grandilocuente y milenarista (lanzamiento de grandes eventos para
2014, 2016, 2022, etc.) que no atiende el día a día,
a erradicar las críticas de las entidades sociales a golpe
de subvención (no de acción o argumentos), a destrozar
la Participación Ciudadana e intentar que los funcionarios
ejerzan de control de los políticos (como hace el Vicealcalde
Fernando Gimeno), al saqueo de las magras cuentas del ciudadano
de a pié (subidas de tasas, impuestos y sanciones de tráfico),
etc.
El
PSOE de Aragón y, por supuesto, el de Zaragoza, fiel reflejo
de sus jefes nacionales, funciona así. Causan más
preocupación en la fontanería del Gobierno de Aragón
los cambios que querrá introducir Eva Almunia en cargos
y asesores que la situación económica de nuestra
tierra, o el trasvase a Cataluña, o la cada vez más
preocupante debilidad de nuestro comercio, industria y servicios,
origen de un paro laboral de dimensiones crecientes. Y se vale
de cortinas de humo, como la Ley de Lenguas, para eludir sus auténticas
responsabilidades sociales mediante la generación de la
confrontación social improductiva. Mientras tanto, los
bienes del Aragón Oriental siguen en Cataluña. Los
artistas aragoneses desasistidos, salvo algún intelectual
del régimen. La administración autonómica
sobredimensionada. Más la de las provincias. Más
la de las comarcas. Más la municipal. Mucha institución,
poca gestión. Mucho coche oficial, sueldo y dieta, demasiados
generales para los soldados que hay en Aragón. Eso sí,
tenemos la "matrioshka" aragonesa de Gran Scala: un
enigma, que contiene otro enigma, que a su vez encierra un nuevo
enigma
Es
necesario un Segundo Renacimiento en Aragón, en Zaragoza,
Huesca y Teruel. Soy historiador y sé que los momentos
de crisis son una buena oportunidad para superar anquilosamientos,
errores y vicios del pasado. Los gobiernos monocolores del PSOE
(los partidos coaligados están cada vez más de adorno)
son el pasado. El PSOE se ha aliado con unos u otros e, invariablemente,
ha terminado por quemar a sus socios de gobierno.
Vamos
a preparar ese Segundo Renacimiento desde hoy, en el ámbito
político, social, económico, de las artes plásticas,
musicales, literarias, escénicas, etc. Sin improvisaciones
ni indefiniciones, ni ataques de grandeza. Suaves en las formas,
enérgicos en la gestión de los intereses públicos,
los de todos los ciudadanos.