Los veo cada día más hinchados.
En las fotografías es palpable. Hinchados de vanidad, de
orgullo, de soberbia... Hinchados de todo, hinchados de nada,
hinchados del gusto que les da haberse conocido. Hinchados de
dinero de nuestros bolsillos que utilizan a su libre albedrío,
nunca mejor dicho lo de libre, libre de impuestos, libre de control,
libre de problemas, libre de miserias, miles, millones, decenas
de millones, centenas de millones, lo que haga falta. Hinchados
de felicidad material a costa del pensionista superviviente, del
dependiente postrado, del autónomo angustiado, del comerciante
desesperado, del funcionario mileurista. Hinchados de viajar por
el mundo para defender nuestros intereses, faltaría más,
por ejemplo, esa tremenda ilusión colectiva que tenemos
en esta tierra (no hay más que ir por la calle para sentirla)
de albergar los juegos de invierno de no se qué año.
Hinchados de ansiedad, hinchados por la irrefenable pulsión
de saber que tienes los bolsillos llenos hasta el infinito de
billetes ajenos que hay que gastar. Como sea, donde sea, cuando
sea, al precio que sea. Hinchados de deseo: viajes, comidas, actos
con mandatarios, veladas prolongadas, todo bien servido, todo
bien regado, siempre clase business. Hinchados de pasión
por el gasto corriente, por el día a día, hinchados
de séquito, de coche oficial, de guardaespaldas, de comitiva,
de asesores, de lameculos, de abrazafarolas. Hinchados de excesos,
hinchados de reconocimiento oficial, ellos padres de la patria,
nuestros guías, nuestro faro, pobres corderos de nosotros,
qué haríamos sin ellos. Hinchados de locura, hinchados
de sectarismo, hinchados de rabia, hinchados de narcisismo.
De
repente, todo se termina, como decía Coti, todo menos vos.
El Real Decreto llegó como un mazazo: Desde hoy mismo,
ni un duro más, ni un crédito más. ¡Qué
susto! Casí hubieran preferido haber elegido muerte. Pero
salió ese al que llaman el tonto de los cojones (no sé
por qué pero lo intuyo) y les dio una prórroga a
todos los hinchados que pueblan los municipios y comunidades de
nuestra geografía nacional. El BOE se había equivocado,
había sido un error. Teneis siete meses más para
apurar los cartuchos, para aprovisionaros, que ya pagarán
los hijos y los nietos del rebaño, de los corderos silenciosos.
¡Joder, que respiro! ¡Vamos a por ello! Maricón
el último.