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Por
Alberto Delso Salvador
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Madrid, mayo
2010
Desde
mi ventana, en Valdegeña, al despertar cada mañana,
lo primero que se aprecia es la silueta del Moncayo, este monte
es una referencia para la gente de su entorno. Siempre que miras
hacia el sur ahí está, en invierno con su manto
blanco, en primavera y otoño con las nubes agarradas a
su cubre y en verano, sobre un fondo azul, imponente y solo, se
alza vestido de verde y gris.

La zona sur es la más desconocida,
en mi caso es lógico, al estar más alejada; de todas
formas es posible que sea más accesible la parte norte,
mejor comunicada. También han ayudado a dar a conocer más
el norte del Moncayo ilustres como Becquer por su estancia en
el sanatorio y mención en sus escritos. Además ayudan
a este mayor conocimiento elementos naturales sorprendentes como
el imponente manantial de Vozmediano, así como la proximidad
de localidades como son Ágreda, Tarazona o Veruela, cargadas
de historia y monumentos arquitectónicos. La cara sur es
la cara oculta, no se si además es la desfavorecida, posiblemente,
aunque desfavorecidas son todas las zonas de alta montaña,
donde el abandono llega casi por igual a todas partes, solo hay
que darse una vuelta por el Moncayo y resto del Sistema Ibérico
para descubrir la cantidad de pueblecitos abandonados.
Cuando
vi esta imagen, que utiliza la carátula del disco de Pink
Floyd, me pareció acertada para reflejar el desconocimiento
de la zona, "Dark side of the Mooncayo", cara oculta
y desconocida del Moncayo.
Calcena
es uno de los pueblecitos de la cara oculta del Moncayo en la
comarca del Aranda, como tantos pueblos del Sistema Ibérico
condenado por la emigración, pero una asociación
cultural "Amigos de la Villa de Calcena" lucha por mantener
vivo este pueblo y una forma de dar a conocer es aprovechar la
orografía y la belleza del entorno, para ello se han especializado
en organizar rutas de senderismo de gran calibre como es la vuelta
al Moncayo, "La Calcenada" de ciento cuatro kilómetros
en veinticuatro horas, para expertos senderistas, en plena forma
y con capacidad de sufrimiento.
http://www.calcenada.com/calcenada/primavera10.htm
En
primavera y otoño organizan rutas más llevaderas,
está de primavera parecía más accesible,
veinte y seis kilómetros y al alcance de casi todos. Y
como la mejor forma de apreciar y conocer el paisaje de la cara
oculta es caminando, decidimos participar en la calcenada de primavera
de este año, que se realizó el domingo, 16 de mayo.
Debo
confesar que cuando vi publicado el perfil de la ruta, con desnivel
de más de mil metros y una cota de 1500 metros de altitud,
estuve tentado en abandonar la aventura, pero el deseo de conocer
la zona al final se impuso.
A las siete de la mañana
partimos desde Soria, tomamos la carretera hacia Calatayud y en
Ciria nos desviamos por una carretera de montaña llena
de curvas y olvidada por Diputaciones y Gobiernos Autonómicos,
llegamos medio mareados a Villa Calcena, un sitio encantador en
la falda de la montaña, todo en cuesta, la iglesia en lo
alto y el río a los pies, transcurre sin prisa por el en
el Valle, donde aún se aprecian huertos bien cuidados.
La primavera en pleno auge, todo lo ha pintado de infinidad de
tonalidades de verde y un sol esplendido nos da la bienvenida.
Senderistas
y aficionados de todas las partes, 775 exactamente, lo recuerdo
por que mi hermano Juan al no haberse inscrito por Internet en
el plazo previsto, se inscribió justo antes de comenzar
la prueba y le correspondió el dorsal más alto.
Gentes venidas de todas parte, los maños más numerosos.
Dejamos los coches en el parking acondicionado para la ocasión
en unos huertos abandonados y seguidamente invadimos la villa,
tomamos la plaza, la estupenda organización nos recibió
con chocolate y moscatel y cumplimos con la formalidad de recoger
el dorsal y firmar la declaración jurada.
Emprendemos
la ruta sobre las 8,30 horas, recorremos las calles empinadas,
imagino como tienen que ponerse esto en invierno con nieve y hielo,
pasamos junto al cementerio, situado por encima del pueblo en
la salida hacia el monte, alguien se pregunta como se las arreglaban
para subir a sus muertos hasta allí, no se si para dar
el toque macabro o para dejar entrever la dureza del recorrido.
La
cuesta se va endureciendo progresivamente, los participantes se
estiran por las sendas y caminos según las fuerzas de cada
uno, nos adelantan unos "locos" que has decidido hacer
la ruta corriendo. A diestra y siniestra, cortados calizos nos
vigilan, alguna carrasca resiste la dureza del terreno, las aliagas
en flor, dan un toque de amarillo a la alfombra verde, el espliego
con su flor azul,
.Apenas había pasado media hora
y descubrimos junto a una majada en ruinas que la organización
ha previsto el primer avituallamiento; no paramos, tenemos delante
una buena subida y estamos frescos y con las fuerzas aún
integras. Coronamos el alto y todo lo ascendido lo perdemos hasta
llegar a un barranco, caminamos siguiendo el cauce seco hasta
que la señalización de la ruta indica desviarse
a la izquierda y volver a subir. Alguien que conoce el perfil
de años anteriores, trata de asustar diciendo que queda
lo mejor, y así era, habíamos comenzado la subida
a la cota mas alta, 1500 metros.
La
ascensión me descubre lo que ya sabía, mi mala forma
física, y como el tabaco limita mi capacidad pulmonar,
mis colegas avanzan con más agilidad y me descuelgo a un
ritmo más cansino y llevadero. A mitad de cuesta veo la
gente parada junto a un refugio, es hora de reponer fuerzas; bocadillos
calientes de chorizo, panceta, longaniza y bebidas a destajo,
todo se ve de otra manera con el estomago lleno y un buen vaso
de vino de Cariñena. Mi hermano Juan ha tenido la delicadeza
de esperarme y emprendemos juntos la parte más dura para
llegar a la cumbre; a medida que ascendemos aparecen nubes y el
viento viene helador, me duelen las piernas, me falta aire, tengo
frío y la cuesta no parece acabar nunca. Por fin veo el
mojón que indica la cumbre junto a unas antenas, cuando
empezamos a descender, los organizadores nos miman y nos ofrecen
bebidas y glucosa para recuperar.
El
viento disminuye y el sol se agradece, la bajada es importante,
las rodillas y las piernas ya cargadas por la ascensión,
ni las siento, me da la impresión que mis pies se van cociendo
dentro de las botas, me encantaría poder ir descalzo; alguien
me apunta la importancia de unos buenos calcetines, tomo nota
para la próxima vez.
Descendemos
más y más, la ruta se hace llevadera por la ladera
de la montaña, seguimos el camino, vuelven a aparecer la
vegetación, pinos y encinas y de nuevo nos ofrecen un caldito
y un tentempié. La ruta es ya suave, pero se acumula el
cansancio y los kilómetros, las indicaciones marcan a la
perfección el recorrido, no hay pérdida. Hay un
cartel que señala Calcena a nueve kilómetros, "esto
ya esta vencido" anima algún espontáneo.
Junto
a un pequeño riachuelo, han dispuesto otro avituallamiento,
nos ofrecen fruta y bebidas, sigo pensando que nos tratan a cuerpo
de rey, no falta de nada. Avanzamos por praderas de montaña
muy apropiadas para el pastoreo, pero ni rastro de ovejas, no
he visto un solo rebaños en todo el trayecto y esta zona
parece adecuada para tal fin. Seguimos la senda que las botas
de los que me anteceden dejan en la hierba fresca, oteamos el
horizonte intentando ver la torre de la iglesia, pero no hay forma
de localizarla, debe estar detrás del monte, bajamos hasta
la carretera, y descubrimos asombrados que la organización
ha dispuesto para nosotros un grifo de cerveza fresquita, tomamos
un par de cañas. Los voluntarios nos animan, nos dicen
que ya solo faltan dos kilómetros, "esto está
hecho", siento que mis pies están en ebullición,
incluso me planteo desistir y que las asistencias me lleven hasta
el pueblo, pero no! por cabezonería o por amor propio,
decido terminar. Cruzamos el río y contra corriente, subimos
por la margen izquierda, protesto y me quejo de todo, de las vueltas
que nos hacen dar siguiendo la cuenca del río entre huertos
abandonados, algunos participantes me adelantan, me cabreo conmigo
mismo por andar en tan baja forma.
Por
fin aparece la esperada torre de la iglesia, "tierra a la
vista" ya está ahí mismo el pueblo. Lo primero,
nada más llegar, es liberar a mis pies de las botas y refrescarlos
en el río. A continuación hay que volver al punto
de partida, a la plaza, devolver el dorsal, nos obsequian con
regalos, camisetas, revista de senderismo y hasta una tableta
de chocolate me tocó en no se que sorteo; nos proporcionan
un vale para comer.
Junto
al río, de nuevo entre los huertos, han montado una gran
carpa, nos ofrecen una comida a base de fideguá, ensalada
y vino para reponer fuerzas.
Me
ha impresionado la cara oculta del Moncayo, todo un descubrimiento,
la organización ha sido perfecta, genial! , paisaje precioso,
el entorno digno para perderse por allí y mis pies y mi
body algo doloridos, pero todo esfuerzo tiene su recompensa, ha
merecido la pena.
Al
terminar la ruta me preguntaba yo por la "gran calcenada",
son palabras mayores y me decía: "ni arto de vino,
ni loco", aunque por otro lado, poder dar la vuelta al Moncayo
tiene que ser asombroso, merecería la pena, tal vez
se podría intentar hacer en montanbike, porque en caballo
parece complicado, a ver de donde sacamos un caballo para la ocasión.
Habrá que estudiarlo y meditarlo.
Me
comentan que la de otoño es más llevadera que hay
que animarse. Todo se andará.
Ya
solo resta felicitar a la organización, un sobresaliente
para ellos.