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Nº 90 (3ª Epoca) Mayo 2008. Zaragoza. 
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CUADERNOS DE NATURALEZA
 Eduardo Viñuales (Escritor y naturalista)


-El catálogo de especies amenazadas en Aragón

-Cuevas y karst, los paisajes de la roca caliza

-El efecto del aumento de las temperaturas en los ecosistemas de montaña de los Pirineos
-La gruta helada de Casteret
-Abejas, insectos sociales amigos del hombre
-Hospitales para la fauna silvestre
-El lagópodo alpino o perdiz nival. El habitante más genuino de las alturas montañosas de Europa
-El tritón de los Pirineos, un ser antediluviano en las aguas más frías y claras del Altoaragón
-El acebo, símbolo de la prudencia
-El Parque Natural de los Valles Occidentales es ya una realidad
-Reserva Natural de las Lagunas Saladas de Chiprana. TambiénSitio Ramsar
-El espectáculo del sol en el horizonte
-Por las alturas del Parque Natural de la Sierra de Guara.
-El hayedo de Gamueta, en el Valle de Ansó: el mejor bosque atlántico de Aragón.

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EL CATÁLOGO DE ESPECIES AMENAZADAS DE ARAGÓN

El Gobierno de Aragón publica un volumen para la fauna y otro para la flora

    Algunas especies vivas en Aragón están "puestas contra las cuerdas" de la extinción. Las hay por motivos naturales, muchas por la acción directa del hombre, y otras por factores globales como el cambio climático. Se trata de la fauna y flora amenazada. En Aragón contamos con 228 taxones o especies y subespecies de animales y plantas catalogadas en cuatro diferentes categorías de amenaza. El Gobierno de Aragón ha publicado dos volúmenes divulgativos de unas 400 páginas cada uno, que ayuda a conocer y proteger mejor a todas esta biodiversidad.

    El oso pardo, el quebrantahuesos, el cangrejo de río o plantas como algunas orquídeas silvestres o vegetales de la estepa fueron en tiempos no muy lejanos dueños de todo Aragón, hace cientos de años. El águila azor perdicera volaba por los cielos de las sierras prepirenaicas, el urogallo cantaba sin alteración en muchos más bosques de montaña, la tropical Borderea chouardii crecía a sus anchas -sin problema ambiental alguno- en el último congosto para esta especie en la Ribagorza… y el carpintero pico dorsiblanco tamborileaba a placer por los recónditos bosques maduros de hayas de Los Valles Occidentales. Ahora todas ellos son reliquias y están en grave peligro de desaparición si no se adoptan las oportunas medidas de conservación. La triste historia del bucardo, antaño presente en todo el alto Pirineo y hoy desaparecido, nos enseña la lección de que una presión y persecución continuada del hombre hacia estas especies vivas puede dar al traste para siempre con esos seres vivos. Cuando la extinción se produce, no hay vuelta atrás.

    El catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, que es una norma legal, el Decreto 181/2005, habla de cuatro categorías diferentes. De menor a mayor gravedad son: De interés especial, Vulnerable, Sensible a la alteración de su hábitat y, finalmente En peligro de extinción. En esta última categoría, la más preocupante, se encuentra algunas plantas, joyas únicas todas ellas y entre las cuales hay que citar: el helecho boreo-alpino Diphasiastrum alpinum, la conocida Borderea chouardii, las orquídeas Corallorhiza trifida y Cipripedium calceolus, los briófitos Crossidium aberrans -de suelos arenosos y de yesos-, Orthotrichum rogeri, Riella notoriasi -en las saldas de Ballobar- y otro musgo más, Buxbaumia viridis -de troncos en descomposición en bosques muy húmedos-.

    Entre la fauna aragonesa que está en peligro de extinción a nivel de Aragón cabe citar al cangrejo de río -presente aún en algunas cuencas fluviales prepirenaicas-, el pez fraile, el quebrantahuesos, la muy escasa águila azor perdicera, el avetoro -con importante área de cría en la laguna de Sariñena-, la garcilla cangrejera, el alcaudón chico -que tiene en la zona del Bajo Cinca una de sus dos únicas áreas de cría en la península Ibérica-, la avutarda, el pico dorsiblanco- con una sola pareja reproductora- o el oso pardo.

    En Aragón actualmente hay ocho planes aprobados, seis de recuperación (para quebrantahuesos, Margaritifera auricularia, cangrejo de río, Borderea chouardii, crujiente aragonés y zapatito de dama), uno de conservación (la planta al-arba) y otro de conservación del hábitat (para el cernícalo primilla).

    El Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, a través del Servicio de Biodiversidad, trabaja en la elaboración de algo más de una docena de nuevos documentos que darán lugar en los próximos años a la aprobación de nuevos planes de actuación. Además, buena parte de todas estas especies cuentan ya con acciones de conservación directa promovidas por el Departamento de Medio Ambiente. El seguimiento de las poblaciones de aves esteparias, el manejo y mejora del hábitat del urogallo pirenaico o del rocín, o las pioneras experiencias en el seguimiento del águila azor perdicera con tecnología satélite son algunos de los trabajos consolidados como líneas de actuación de la Dirección General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad.





CUEVAS Y KARST, LOS PAISAJES DE LA ROCA CALIZA

    Los paisajes kársticos son paisajes generalmente desnudos, descarnados, con la piedra caliza a flor de piel. Lugares casi lunares, trabajados por el agua y donde las precipitaciones se filtran rápidamente bajo el suelo. Aragón es una tierra rica en este tipo de paisajes.

    En numerosas ocasiones geógrafos, naturalistas y excursionistas nos referimos a la existencia de un paisaje de tipo "kárstico". ¿A qué nos estamos refiriendo con este vocablo?


Bco. de Mascún, Guara

    Pero antes viajemos al Pirineo, donde siempre concurre una gran diversidad de naturaleza y paisaje. Geológicamente, para no armarnos mucho lío, podemos afirmar que en la parte norte del Alto Aragón o de los Pirineos de Huesca hay tres tipos de rocas dominantes: las graníticas o ígneas propias de las montañas del Pirineo Axial o verdadero eje central de la cadena (Aneto, Balaitús, Panticosa, Posets), las rocas calizas de tipo sedimentario en las llamadas "Sierras Interiores" (que dan lugar a macizos no menos imponentes como el Monte Perdido, Cotiella, Telera o Bisaurín), y las metamórficas que son el resultado que experimenta una roca sedimentaria al ser sometida a una gran presión y temperatura (mármoles de Pondiellos y calizas de Peña Foratata).

    Pues bien, es el grupo de esas segundas rocas, llamadas sedimentarias por nacer de la precipitación del carbonato cálcico los fondos marinos, donde se localiza, por norma general, el paisaje denominado "kárstico". ¿Por qué se llama así? Pues por que Karst es una palabra yugoslava que en un principio simplemente se correspondía a una región de naturaleza caliza situada entre Eslovenia y Croacia, y que tras su popularización se ha hecho extensible para hacer referencia a los paisajes, ambientes y procesos desarrollados por una serie de fenómenos físico-químicos entre los que siempre está presente el de la disolución de las rocas por el agua. "Esta, a medida que circula, va corroyendo la roca y formando en su seno una red de conductos y oquedades en un proceso llamado karstificación", explica claramente el espeleólogo José Martínez, autor de varios libros sobre cuevas y procesos kársticos.


Detrás de la cascada

    La disolución selectiva a favor de los planos de debilidad de la roca (caso de planos de estratificación, fallas o diaclasas) produce un progresivo desarrollo de surcos, canales y galerías desde las zonas superficiales del terreno hasta las más profundas, dando lugar a formas de relieve propias de estos fenómenos de infiltración y emanación del agua como se puede ver en el artículo anexo de la derecha de esta doble página. Las reacciones de la karstificación son bastante complejas, y dependen de condiciones ambientales de humedad, temperatura y, especialmente, de la presencia o ausencia de CO2 en las reacciones químicas del agua pura y las rocas carbónicas.

     José Antonio Cuchí, de la Universidad de Huesca, ha sido uno de los grandes estudiosos del conjunto kárstico de la provincia oscense. No ha dudado en caminar cuesta arriba para encontrar lapiaces, en hacer muchos kilómetros para analizar sumideros y surgencias de agua, o en penetrar en las entrañas de la tierra para explorar simas, cuevas y oscuras galerías naturales. De esta manera Cuchí ha podido manifestar con rotundidad que "la provincia de Huesca y, en especial, su mitad norte, es rica en manifestaciones kársticas desarrolladas en las importantes masas de calizas que existen en el Pirineo y el Prepirineo, aunque en los somontanos y en la zona monegrina existen manifestaciones de menor espectacularidad que se desarrollan en calizas, yesos y limos".


Grutas de Cristal de Molinos

    Cuchí ha subdividido la riqueza kárstica de la provincia en grandes unidades o paisajes kársticos: primero, el karst de las calizas devónicas sobre materiales paleozoicos, como sucede en las zonas de Estanés, Portalet, Barrosa, Chistau, Montes Malditos,... y con fenómenos tan conocidos como el del Forau de Aigüalluts donde se filtran las aguas en fusión del glaciar de Aneto que casi misteriosamente aparecerán en el valle de Arán para ir al río Garona; otra segunda unidad es la del karst pirenaico cretácico eoceno, dividido a su vez en cinco zonas evidentes (1.- Larra-Zuriza, 2.- Alanos-Aspe-Lecherines-Canfranc, 3.- Collarada-Telera-Tendeñera, 4.- Ordesa-Marboré-Monte Perdido. y 5.- Cotiella-Turbón); la tercera gran unidad la constituye el karst del Prepirineo formado en calizas del Cretácico Superior y del Eoceno con más de mil metros de espesor en la Sierra de Guara (Cupierlo, Bastarás, Belsué), Santo Domingo, Montsec, etc.; por último, encontramos otras tres unidades de menor interés en la depersión del Ebro o Tierra Llana que corresponde a los paisajes kársticos de las calizas monegrinas, de las zonas de yesos y a la formas pseudokársticas en arcillas y limos.


FORMAS DE RELIEVE PARA ENTENDER Y CONOCER LA PERSONALIDAD DEL KARST: DESDE LOS LAPIACES A LAS CUEVAS Y SIMAS.

    Hay dos tipos de karst exterior e interior. Técnicamente hablando, diremos que hay dos formas generales de relieve que se producen por el fenómeno de la karstificación: endokársticas y exokársticas, es decir, según se hallan generado de forma subterránea o subaérea (en el subsuelo o al aire libre).


Mascún. El Delfin

    Dentro de las formas endokársticas, al aire libre, hay que destacar los lapiaces, las dolinas, los poljes, los cañones o barrancos, además de sumideros y surgencias. Estos dos últimos son los puntos del terreno por donde los cursos fluviales o arroyos inician y terminan su viaje por el subsuelo mediante la infiltración. Algunas surgencias o fuentes bien conocidas en la provincia de Huesca son la Cola de Caballo de Ordesa, los Chorros de Fornos en Lafortunada, las fuentes de Rodellar y Lecina en Guara, las Fuentes de Escuaín,... o la Surgencia de Cienfuéns en Belsué. Y entre los sumideros más populares hay que volver a mencionar el Forau de Aigüalluts en el valle de Benasque.

    Los lapiaces son acanaladuras superficiales e irregulares en el terreno rocoso, recibiendo el nombre también de "lenares" o "leneras". Presentan, por tanto, microcanales, oquedades, alvéolos de escalas muy variadas, siempre originadas por corrosión del agua meteórica. En Huesca hay muchos ejemplos, algunos de ellos tan inolvidables como los de Castillo Mayor, Ereta de las Brujas y sector superior de Cotiella, Alanos, Millaris-Brecha de Rolando, y un largo etcétera. Una dolina u "hoya" es una depresión a modo de embudo, de boca redonda u ovalada, más ancha que profunda, y sin desagüe visible. Son frecuente en toda zona kárstica del Alto Aragón. En el Prepirineo, cuando estas depresiones son algo impermeables y se llenan de agua tras las lluvias se les conoce con el nombre de "lacos". Los llamados poljes son grandes extensiones de áreas deprimidas, de fondo plano, cubiertas de aluviones y productos residuales de la disolución de las calizas. El polje de Jaganta es el más espectacular de todo Huesca con unas dimensiones de 17 kilómetros de longitud y seis de anchura.

    Por otro lado, dentro de las formas endokársticas, en el subsuelo, podemos encontrar lo que popularmente todos conocemos como simas, cuevas y cavernas. Pero si profundizamos más en las formas de relieve de las entrañas de la Tierra podemos encontrar formas excénticas con aspecto de estrellas, banderas de sedimentación o cortinas, columnas, coladas, discos o paletas, las espectaculares concreciones de los gours, otras concreciones epifreáticas, tubos de presión, geysermitas, macrocristales, concreciones aborregadas, calcitas flotantes,... y tobas o travertinos.


EL EFECTO DEL AUMENTO DE LAS TEMPERATURAS EN LOS ECOSISTEMAS DE MONTAÑA DE LOS PIRINEOS

    El cambio climático está desplazando a muchos animales y plantas de sus lugares habituales de residencia. El Instituto Pirenaico de Ecología analiza a largo plazo los efectos de este fenómeno en las plantas alpinas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.


Anayet y lotus

    En las altas montañas se dan cita especies vivas muy sensibles a cualquier alteración climática. Y es en dieciocho regiones de montaña del Viejo Continente donde un selecto grupo de científicos estudian conjuntamente las comunidades vegetales de altitud y los efectos que sobre las mismas produce el cambio climático. Se trata del proyecto Gloria (Global Observacion Research Iniciative in Alpine Environnements), llevado a cabo en diversas cordilleras de Europa, así como en los Andes argentinos y peruanos, las Montañas Rocosas norteamericanas y los Alpes de Nueva Zelanda. Iniciado en el Viejo Continente, entre las áreas naturales o regiones de trabajo se hallan los Urales, el Cáucaso, los Alpes, los Cárpatos, las montañas de Córcega y Creta, Escocia, Noruega, la andaluza Sierra Nevada... y el Pirineos de Huesca. En cada cordillera se han elegido cuatro cimas o cumbres de diferente elevación para el seguimiento de la vegetación alpina, pensando que estos lugares son una referencia única, con hábitats bien definidos.


Erino alpino

   El proyecto Gloria-Europe, promovido por la Agencia Europea del Medio Ambiente, está coordinado por el Instituto de Ecología y Conservación Biológica de la Universidad de Viena (Austria). El origen de partida de este estudio se sitúa en los datos obtenidos hace ya cien años en los Alpes, con los que se demuestra que en un siglo muchas plantas de alta montaña que vivían en las cumbres bajas se han visto obligadas a desplazarse en altitud o han desaparecido por completo.


Acónito

    En los Pirineos, concretamente en el sector central o aragonés, son los botánicos Luis Villar y José Luis Benito quienes desde el Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca se han encargado dirigir esta interesante experiencia que comenzó en el año 2001.


Saxifraga oppositifolia

    El método empleado consiste en dividir cada cumbre en ocho parcelas de un metro cuadrado de superficie, recogiendo datos de biotemperatura -para el seguimiento del clima en intervalos de una hora-, tomando fotos, registrando el pisoteo, la presencia de herbívoros... y detectando la migración o desplazamiento de la flora con el transcurso de los años. Los paisajes y cumbres pirenaicas escogidas por los investigadores pirenaicos son la Punta Acuta, la Sierra Custodia, el Pico Tobacor y la Punta de las Olas, todas ellas en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

    Las montañas, y sus especies vivas, son por tanto ejemplos evidentes que, más tarde, sus consecuencias pueden ser trasladadas a otros ecosistemas representativos de Europa. La flora de las montañas es considerada un ejemplo sensible de los efectos indirectos y cambios ambientales que se crean en otros medios y elementos de los medios alpinos: cambios de suelo, incrementos de erosión, desplazamiento de la fauna alpina.

    De momento, los cinco años de análisis pirenaico son pocos para adelantar conclusiones. Pero los termómetros ya han sido sustituidos por otros nuevos para cinco o seis años más. Aunque algunos de los datos registrados han merecido trabajos y publicaciones científicas que se han
presentado en la Asociación de Ecología Terrestre o en la reunión de la Asociación Española para el Estudio de los Pastos. Uno de los resultados es saber que entre la cara norte y la sur de las montañas hay una diferencia de un mes de helada, y que ello equivale a un mes más de vida
vegetativa. Aunque en otras cordilleras de Europa ha sorprendido descubrir que las vertientes orientadas al este son más cálidas que las que miran al sur. Ahora, desde el Instituto Pirenaico de Ecología, se prepara la redacción de un artículo en lengua inglesa para la prestigiosa revista internacional "Oecologia".

SOBRE EL PROYECTO:
El proyecto GLORIA dispone de un sitio web, donde se puede obtener más información: www.gloria.ac.at
En los Pirineos el estudio se acomete desde el Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca por parte de los botánicos Luis Villar y José Luis Benito.

EN RELACIÓN
El cambio climático obliga a que las plantas alpinas retrocedan y se aíslen cada vez más en las cumbres. Lo mismo sucede en los Pirineos con animales como el lagópodo alpino. Otros indicadores evidentes en la alta montaña son el retroceso del hielo glaciar y el descenso de las precipitaciones en forma de nieve.

 


LA GRUTA HELADA DE CASTERET

Una cueva de hielo en el Parque Nacional de Ordesa, en peligro con el cambio climático

Texto y fotos: Eduardo Viñuales Cobos.

    El Monte Perdido esconde a gran altitud una treintena de majestuosas cavidades con hielo. Ocultos y oscuros palacios cuyo exponente más conocido y accesible es la Gruta Helada de Casteret, una cueva de dimensiones modestas, con 220 metros de desarrollo, pero fascinante.

    La Gruta Helada de Casteret, situada cerca de la Brecha de Rolando, bajo el collado de los Sarrios, debe su nombre al espeleólogo Norbert Casteret que la descubrió, en compañía de su familia, el 27 de junio del año 1926. Poco después escribiría: "Los ríos subterráneos de hielo eterno que hemos podido contemplar ofrecen un espectáculo inolvidable, uno de los más raros que se dan en nuestro planeta. En las entrañas de estos picos gigantes, donde imperan el silencio y la quietud, todo se halla inmutablemente congelado. Únicamente un viento glacial que ulula eternamente, circula por los corredores de estas cuevas y anima la soledad de las naves desiertas donde jamás había penetrado persona alguna".

    El camino más sencillo para acceder a la entrada de la Gruta Helada de Casteret parte del refugio de montaña de Góriz (2.195 m), situado a su vez a unas 4 horas de camino desde la Pradera de Ordesa (1.300 m) por los Llanos de Soaso. Es un sendero muy transitado con un repechón final en la zona del Circo de Soaso, donde hay que superar unas clavijas o el paso alternativo del camino de los Mulos.

    A partir de los prados de Góriz la senda prosigue en dirección a la Brecha de Rolando sobre los Llanos de Millaris (2.300 m), un mundo de turberas y humedales someros que da paso al collado Descargador (2.457 m). Desde aquí la senda marcada con hitos da la vuelta a la montaña y, en una zona rocosa, recogida, se halla la entrada principal de la Gruta, localizada a 2.710 metros de altitud bajo una gran pared de caliza. Estamos hablando, por tanto, de una zona elevada donde es frecuente la presencia de nieve dura durante buena parte del año, y donde se requerirá el empleo de piolets y crampones.

    La boca principal de la Gruta Helada de Casteret, enmarcada en el paisaje calizo del Casco de Marboré y el Pico Anónimo, da acceso a una amplia sala cuyo pavimento es un lago helado. Caminar por aquí obliga al uso de crampones, por tanto precaución para no sufrir un resbalón y el consabido golpe. Frágiles columnas de hielo cuelgan de las paredes, a modo de estalagtitas de cristal, algunas más notables que otras dependiendo de la época del año. A mano izquierda, a mitad de sala, una rampa helada de 12 metros desciende a otra sala inferior; se trata de una cascada de hielo traslúcido conocida como el Niágara Helado. Para el acceso a esta parte baja es obligatorio el empleo de material más específico de montaña y espeleología. Así mismo, hay que indicar que el interior de la gruta es hoy Zona de Reserva del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y la entrada precisa de un permiso administrativo.

    Frente al Niágara hay una pared tapizada de hielo azul, traslúcido y puro que tiene la condición de ser fósil. Aquí, en su mismo corazón, la Cueva de Casteret guarda su mejor secreto: el hielo residual de la última glaciación, con sus vetas, colores y grosores. Los estudios realizados entre los años 1957 y 1968 comprobaron que los hielos existentes en esta zona de la cueva no experimentan ninguna modificación de estado y volumen. Esto ha hecho sospechar que sean residuos reales de la llamada glaciación Würm, es decir, de hace 10.000 ó 15.000 años. ¿Podría tener esa edad el hielo acumulado en el fondo de la Gruta Helada de Casteret? La respuesta sigue ahí, congelada en el aire. Sin embargo, la desaparición en los últimos años de las espectaculares columnas de hielo que se observan en fotos antiguas, son imágenes que pronto o tarde pasarán a la historia. El cambio climático podría ser el causante de este deterioro.


OTRAS CUEVAS HELADAS

    Pero Casteret no es la única cueva helada de los Pirineos. Fue la primera en descubrirse, y más tarde se han hallado y explorado otras 35 cavidades o simas donde también se produce esa bella conjunción de mundo subterráneo, el agua y el frío (altitud).

     Aunque para la formación de una de estas curiosas cuevas de hielo centelleante aún hay un último ingrediente preciso: el aire que debe de correr por su interior gracias a un sistema de ventilación entre bocas, y que permite que el agua se congele.

    La mayor parte de estas cuevas de aspecto ártico que hay en los Pirineos se concentran en la zona del Monte Perdido, el Marboré y la Punta de las Olas: Isards, Casco, Torre, Cilindro, Faja Luenga, Brecha, Roya, Devaux, Cristales y Covas del Gel,... así hasta completar la cifra de 29 simas independientes. Están situadas entre los 2.710 y los 3.060 metros, con desarrollos que van desde los 5 metros -de la más pequeña- a los 300 metros de longitud de la cueva Devaux.


GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar: Desde Huesca llegar hasta Torla por Sabiñánigo, Biescas y el túnel de Cotefablo. Desde Torla seguir 8 kilómetros más hasta la Pradera de Ordesa. Caminar a Góriz (4 h, 900 m) y a la Gruta Helada de Casteret (2 h 30 min, 500 m).
Tiempo: 6 h 30 min, ida. 11 horas, ida y vuelta. Aconsejable repartir en dos jornadas pernoctando en Góriz o vivaqueando a partir de los 2.100 metros.
Desnivel acumulado: 1.400 m desde la Pradera de Ordesa.
Dónde dormir y comer: Refugio de Góriz, Tel.: 974 34 12 01.
Teléfonos de información: 974 48 64 72, Parque Nacional en Torla.
Material: Piolet, crampones, ropa de montaña e iluminación para el acceso y entrada a la primera sala. Cuerda, casco y material de espeleología.
Época: Primavera antes del deshielo (mayo) es la época ideal de visita. Verano es una buena época por la facilidad de acceso sin nieve.
Permisos: La visita y fotografía del interior de la cueva requiere de un permiso del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Pasaje Baleares, 3. Paseo de las Autonomías, s/n. 22071 Huesca).
Mapa: Ordesa-Gavarnie. Sua Edizioak. Cuadernos pirenaicos.



ABEJAS, INSECTOS SOCIALES AMIGOS DEL HOMBRE

     Las abejas son insectos polinizadores que desempeñan un papel crucial en la naturaleza y, especialmente, en el mundo vegetal. Hacen acopio de néctar y polen, producen miel y nos endulzan la vida con su miel. En este artículo conoceremos a la abeja reina, las obreras y los machos o zánganos.

     Si hay un grupo de animales en la naturaleza por el que siempre va a merecer la pena romper una lanza a su favor, ese es el de los insectos. Muchas veces repudiados y temidos, estos animalillos no deben ser considerados unos "enemigos", ya que constituyen una pieza esencial dentro del mundo natural, un eslabón de la cadena de la naturaleza imprescindible para el buen funcionamiento de los campos y prados, los bosques, los cultivos, los montes... A pesar de su diminuto tamaño y de saber que la mayor parte de ellos son inofensivos, muchas personas con sólo pensar en ellos sienten una cierta inquietud, y simplemente por ello les declaran la guerra.



    Los naturalistas conocen bien que la vida es impensable sin los insectos. Son el principal alimento de muchos otros animales. Son necesarios para la perpetuación de muchas plantas a las que sirven como agentes polinizadores. E incluso forman parte de muchas culturas tradicionales humanas. En nuestro planeta se han descrito para la ciencia casi un millón de especies distintas de estos invertebrados. Pero si hubiera uno cercano y especialmente amigo del hombre, posiblemente elegiríamos a la discreta abeja. Es posiblemente el insecto más conocido, pero seguro que todavía desconocemos grandes cosas de este animal social que nos da la miel y nos proporciona grandes beneficios mediante la polinización. Sin las abejas las plantas silvestres producirían menos semillas, los frutales darían menos manzanas, peras y cerezas, y muchos animales morían de hambre. Veamos algunas cosas de su vida, sus costumbres y su comportamiento.

    La abeja (Apis mellifera) pertenece al grupo de los himenópteros -junto con abejorros y avispas-, ya que posee una par de alas transparentes y nerviaciones oscuras, que puede batir casi cien veces por segundo. Es fácil imaginar la velocidad de estas alas cuando oímos el zumbido sonoro que producen. De distribución cosmopolita, vive en campos, prados, parques y jardines... y en general en cualquier hábitat natural donde haya numerosas flores de plantas herbáceas, árboles y arbustos. Las abejas, al igual que los abejorros, se alimenta de néctar y polen. Su constante visita a de flores de los campos, frutales y plantas silvestres, le ha llevado a ser considerada una de las especies que por, antonomasia, contribuyen a la polinización del reino vegetal, y por ello desde la antigüedad se les ha considerado como un insecto beneficioso. Se calcula que una colmena visita al año entre 1.000 millones de flores distintas. Y que el 30% de la alimentación humana depende de una u otra forma de las abejas.

     Las abejas ven colores que nosotros, los humanos, no podemos distinguir. Aprecian la luz ultravioleta, y por eso muchas flores blancas que nos pueden parecer uniformes y poco llamativas, para ellas son un semáforo lleno de líneas ultravioleta, un sistema de señales que atrae a los insectos como las luces de la pista de aterrizaje de un aeropuerto. La abeja es además una especie sedentaria, de costumbres diurnas, que sale de su colmena a partir de mediados de primavera, aunque únicamente cuando hace sol, ya que depende en gran medida de la temperatura ambiente.

     Como todos los insectos posee varios estadios de crecimiento o formas de vida: huevo, larva, preninfa, ninfa y adulto. Pero dentro de lo que es la abeja adulta podemos distinguir tres tipos: la "abeja reina" es grande y estilizada, tiene todo el cuerpo recubierto de finos pelos y alas transparentes; la "abeja obrera" es la más normal, mide entre 2 y 2'5 cm., con cuerpo oscuro y con el abdomen que no sobresale por detrás de las alas, posee patas traseras con celda para recoger el polen; y el "macho" o "zángano" es una abeja mayor -o más gruesa- que las obreras, con las alas muchos más grandes. Para éste último la cópula es un momento de la vida que le llevará a la muerte, puesto que el zángano debe desprenderse de sus genitales para sellar la cavidad que aloja al esperma en el interior de la reina. Genéticamente su sacrificio merece la pena, pues aumenta la cantidad de huevecillos fecundados por su propio esperma. Pero, como sólo hay una reina virgen en cada colonia, y muchos zánganos que la cortejan, sus posibilidades de copular otra vez son muy escasas.

    Las abejas son, en efecto, animales sociales. Forman colonias que pueden superar los 10.000 individuos. Allí la vida social está perfectamente organizada. Todas las obreras tienen un papel que desempeñar, el cual cambia conforme envejecen. Además de recoger polen, una tarea de las abejas es la de producir cera, material con el que construyen celdillas hexagonales donde a modo de "cunas" se alojan los huevos y larvas. Estas últimas se alimentan de "hámago", una mezcla de miel, polen y juegos gástricos de las obreras. La cera se produce por sintetización de los azúcares recolectados en el néctar de las flores y sale en forma de hojuelas de unas glándulas situadas en el abdomen de las abejas. Estas hojuelas se mastican y mezcladas con secreciones glandulares se moldean a una temperatura en torno a los 35º C. Otras celdas se convierten en simples depósitos de miel o de polen, en lugar de puesta de huevos, o para el nacimiento de las reinas.


HOSPITALES PARA LA FAUNA SILVESTRE

     Los Centros de Recuperación de la Fauna Salvaje son los hospitales donde reciben atención veterinaria aquellos animales del campo que, accidentados o desvalidos, ingresan allí debido a causas diversas. Intoxicaciones, venenos, expolios, atropellos, trampas, desnutrición o tiros son los casos más frecuentes que obligan a realizar intervenciones quirúrgicas y tratamientos especiales antes de su nueva puesta en libertad.

     Aves tiroteadas, mamíferos envenenados, pollos que se han caído del nido, rapaces con un ala rota, cigüeñas electrocutadas en tendidos, tortugas que después de haber estado en cautividad son liberadas sin éxito en la naturaleza... Todos estos animales heridos o amenazados reciben atención y cuidado en los centros de recuperación de la fauna silvestre. En Aragón hay uno general para todo el territorio: el que está ubicado en la Finca de la Alfranca, Pastriz (Zaragoza), que es gestionado por el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón.

    Por este centro pasaron en el año 2006 unos 1.240 animales, pertenecientes a 107 especies vivas: desde tres quebrantahuesos, a cuarenta y cuatro tejones, pasando por ginetas, nutrias, erizos, cárabos, carracas, cuervos, águilas perdiceras o reales, numerosos buitres, garzas, avutardas... además de especies exóticas introducidas. Pero, según la Sociedad Española de Ornitología, SEO/BirdLife, se calcula que sólo se descubren alrededor del 10% de las aves tiroteadas. Por tanto, se podría decir que el número de animales recogidos y atendidos son sólo la punta del iceberg de un problema ambiental mucho mayor de lo que en un primer momento podríamos pensar: la muerte no natural de las especies silvestres.

     Sin embargo, ahora, gracias a la creciente preocupación social por la conservación de la naturaleza, podemos decir sin reparos que ya hay quien atiende a estos animales. Cada vez es mayor el número de veterinarios que se licencian en la facultad especializándose en fauna silvestre. Profesionales de la medicina animal que van más allá de los clásicos perros, gatos y reses. Personas que se han decantado por el cuidado de uno de nuestros mayores bienes: la biodiversidad, con todo lo que ello implica, desde linces, lobos, quebrantahuesos o águilas, hasta pequeños animales como los reptiles. A la par, en los últimos años, instituciones públicas y privadas de toda España han puesto en esta faena al servicio de la naturaleza mucho esfuerzo e interés. Guardas, naturalistas y personas sensibles llevan cada año, desde todos los puntos de Aragón, animales heridos o graves al Centro de Recuperación de la Alfranca. Allí les atiende un equipo humano técnico que les proporciona atención veterinaria.

     ¿En qué consiste este cuidado especializado? Cuando un animal que llega, por ejemplo, al Centro de la Alfranca por que no puede ser liberado, lo primero que le se realiza es un chequeo general de su estado mediante radiografías, analíticas de sangre, coprologías o microbiologías... que pueden dar paso a una operación quirúrgica y, en ese caso, a un seguimiento y medicación postoperatorio. Una vez que se ha realizado este importante tratamiento primario, al animal se le aloja en estancias de vuelo -para las aves-, se realizan técnicas de nueva musculación, se estudia su comportamiento, se le estimula en los hábitos de la caza y captura de presas vivas, y se comprueba periódicamente el estado físico. Si todo sale correctamente, el animal será liberado en su hábitat, su medio natural. Algunos de estos animales puestos en el monte tras la recuperación en cautividad, además, pueden ser seguidos "muy de cerca" gracias al empleo de marcas alares, anillas o técnicas de radioseguimiento, tal y como se está haciendo desde el Gobierno de Aragón con el quebrantahuesos.

     También en los Centros de Recuperación de Fauna Salvaje se llevan a cabo otras tareas adicionales como son incubación artificial de huevos, proyectos de cría en cautividad, cesión de animales irrecuperables a proyectos nacionales e internacionales para la recuperación o reintroducción de especies, cursos de formación, programas educativos y campos de trabajo... o colaboración con universidades y centros de investigación científica.

    Pero el esfuerzo de estas personas e instituciones es limitado. Por tanto, se requiere del apoyo y de la conciencia social de todos los ciudadanos en dicho asunto. Aquí sucede como en los incendios forestales o los accidentes de tráfico: lo primero es prevenir.

     Muchos animales son llevados a este tipo de hospitales para la fauna silvestre por parte de agentes de protección de la naturales -forestales- o del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil. A ellos hay que avisar rápidamente en caso de recoger un ave o cualquier otro animal supuestamente herido o desvalido. Nunca hay que pensar que nosotros mismos, con nuestros medios, podemos sacar adelante el animal por que, además de que tiene grandes posibilidades de fracasar, ello luego puede tener consecuencias muy graves para el ejemplar que difícilmente prosperará adecuadamente una vez que haya sido liberado en el medio natural. Aún así las estadísticas son crudas y se calcula que sólo un 15% de los individuos recogidos logra posteriormente salir adelante.

    Los grupos ecologistas de defensa de la naturaleza van más allá y solicitan medidas preventivas de incremento de la vigilancia y de las sanciones, el que se realice un severo examen del cazador, que se sustituya la media veda en aquellas regiones en la que está permitida o que se corrijan tendidos y se habiliten pasos subterráneos bajo las carreteras y autovías.

    Frente a la ignorancia e incultura aún existente, las labores de sensibilización social y de puesta en valor de nuestro patrimonio natural desde la óptica de lo sostenible son importantes, especialmente en el mundo rural. Muchas aves rapaces siguen ingresando heridas o muertas en estos centros, por que hay quien sigue pensando que son "alimañas dañinas", y por eso se les dispara a propósito.


EL LAGÓPODO ALPINO O PERDIZ NIVAL

EL HABITANTE MÁS GENUINO DE LAS ALTURAS MONTAÑOSAS DE EUROPA


     En las montañas y cordilleras de todo el mundo, la diversidad de especies animales y vegetales disminuye de forma considerable conforme se gana altura sobre el nivel del mar. Lo mismo sucede conforme se alcanzan porciones geográficas situadas en latitudes más norteñas. Los rigores climatológicos hacen una selección de la vida, y sólo la fauna y la flora adaptada o especializada en climas fríos, de alta montaña o de tundra son capaces de soportar en un medio adverso y a la vez frágil.


Foto: Gerardo Báguena

    ¿Qué especie viva de las montañas puede ser representativa de estos medios a nivel internacional, que estuviera presente en nuestro país, y que fuera muy sensible a la alteración del medio ambiente? El lagópodo alpino, es decir, esa especie a la que durante mucho tiempo hemos conocido como perdiz nival o blanca. Hace unos pocos años los ornitólogos decidieron darle un nombre más apropiado que el ya tradicional de "perdiz", ya que se trata de un ave tetraónida, más emparentada con el urogallo, el gallo lira y otros lagópodos del norte de Europa, que con las convencionales perdices que ya conocemos (la roja y la pardilla, por ejemplo).

    El lagópodo alpin, en los Pirineos y en otras cordilleras como los Alpes o los Cárpatos, gusta de los ambientes extremos y es un ave sedentaria que, como mucho, únicamente realizan pequeños desplazamientos altitudinales en el territorio o área concreta donde vive.


Sensible a la alteración del clima.

    Pero el lagópodo alpino también nos interesaba en esta sección de naturaleza de El pollo urbano, por que es una especie asociada al frío, siendo muy sensible a los cambios climáticos. Los científicos han determinado que vive en aquellas áreas de montaña donde, además de alimento y espacio natural, se registren el mes de agosto temperaturas medias inferiores a los 15º C. Su presencia en las montañas puede ser, en efecto, un indicador biológico del cambio climático global que experimenta el planeta con el efecto invernadero.


Foto: Juan Antonio Gil, FCQ

    Este lagópodo está desapareciendo de muchas zonas de montaña. En la parte oriental de los Pirineos, por ejemplo, los naturalistas catalanes ponen de manifiesto el descenso de poblaciones ante la desaparición de la especie en territorios ocupados con anterioridad. El calentamiento del clima, y la progresiva ausencia de precipitaciones de nieve constituyen uno de los motivos fundamentales para su desaparición. Sin embargo, es difícil describir la evolución de las poblaciones de perdiz nival o lagópodo alpino a lo largo de los últimos años. Los datos anteriores son escasos y esporádicos. Y, por si fuera poco, a la problemática de conservación de esta perdiz nival se achaca también la predación natural, el furtivismo, y especialmente el turismo y las estaciones de esquí. La adecuada ordenación en la construcción y ampliación de las estaciones de esquí alpino y la adopción de medidas conservacionistas en caso de sobrefrecuentación de áreas de montaña donde habita la especie, son dos medidas urgentes a abordar en aras de su preservación.


Desde el ártico a los Pirineos.

    Pero veamos algo más postivo y pasemos a hablar de este ave boreoalpina, de una longitud de 34 a 36 centímetros, que llegó a la Península Ibérica con las glaciaciones cuaternarias, quedándose acantonada por efecto del clima en las cumbres pirenaicas al retroceder los hielos y el frío. Hoy se distribuye por Europa, desde las tundas árticas y subárticas (Islandia, Escandinavia, Groenlandia, islas Spitzberg,...) hasta "macizos montañosos-islas" del sur de Europa como los Alpes o los Pirineos. Este fenómeno produjo unos aislamientos geográficos, favoreciendo una evolución en la especie hacia diferentes formas según la coloración, talla y peso. Así, de las veinte subespecies que existen en todo el mundo, la de los Pirineos es una diferenciada del resto, conocida científicamente como "Lagopus mutus pyrenaicus".


Foto: Luis Lorente

    La adaptación de esta perdiz nival al frío y duro medio en el que vive es sorprendente. Su plumaje, que es totalmente blanco en invierno, varía en la época estival hacia colores extremadamente miméticos con el entorno. Con el plumaje de esta especie se produce, además, no sólo un prodigio de la adaptación, sino también un récord de velocidad en el campo de los procesos de muda. Un cambio de plumaje acelerado que tiene su efecto en la duración del día y de la noche. Por otra parte, sus patas están emplumadas hasta los mismos dedos, a modo de polainas o calcetines que le protegen del frío y la nieve por donde camina. En vuelo es inconfundible al presentar, todo el año, las plumas primarias de color blanco, con la cola negra. Su pico es pequeño y oscuro. Se alimenta de insectos, semillas y plantas alpinas. Su voz es un castañero ronco que emite en los meses de mayo y junio.

    Los machos son ligeramente más grandes que las hembras. Los ejemplares masculinos, además, disponen de una carúncula supraocular roja más desarrollada y visible que en las hembras -que se reduce en invierno-, además de un plumaje estival grisáceo y barreado que diferente del de las hembras al ser más parduzco y barreado o moteado, con tonos negruzcos y ante amarillentos. En invierno, con el plumaje blanco, la hembra carece casi por completo de una brida negra próxima al ojo.

    La población pirenaica constituye la única del territorio ibérico, y respecto a Europa es la de distribución más meridional. En los Pirineos el lagópodo alpino o perdiz nival ocupa los medios subnival y nival -en el piso alpino-, siempre por encima del arbolado. Su ocupación altitudinal varía según la época del año, siendo su óptimo entre los 2.200 y los 2.700 m., aunque puede sobrepasar los 3.000 m. de altitud. Se distribuye desde el macizo de Larra (Navarra), a los más altos macizos del Pirineo de Gerona.


Un ave cada vez más rara y difícil de observar.

    El diseño mimético del lagópodo alpino y su situación en áreas alpinas de alta montaña, hacen difícil su observación. Las escuchas en época de celo o al amanecer son un método eficaz para detectar a la especie.

    En Navarra tan sólo hay un par de parejas. El Atlas de las Aves de Aragón determina que este lagópodo es un ave escasa pero presente en las zonas que reúnen las condiciones adecuadas, con las máximas densidades de población en los macizos de Posets y de Maladeta, aportando una estima poblacional de unas 200 parejas territoriales. Y en Cataluña la situación es muy similar, con una constada regresión de la especie en número.

    No obstante, las densidades pirenaicas son muy bajas -de 0'52 a 0'67 parejas por kilómetro cuadrado-, si se comparan con las de los Alpes -hasta 4'78 parejas por kilómetro cuadrado- o con las de países nórdicos como Escocia -50 parejas por kilómetro cuadrado-. El frío, más que la altitud, es determinante.


No amenazada a nivel mundial, pero sí a nivel nacional.

    En España, esta tetraónida, fue declarada especie protegida por Real Decreto 1497/1986. En el Libro Rojo de los Vertebrados en España se la considera como una población escasa y marginal en riesgo, siendo catalogada como "En Peligro de Extinción". Sin embargo el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas no tiene correspondencia al determinarla como de "Interés Especial". Sin embargo, los catálogos regionales de especies amenazadas afinan más al considerar al lagópodo alpino como "Vulnerable". En el contexto europeo o mundial es una especie "No Amenazada", según la UICN.

    En Europa la subespecie "pyrenaica" está incluida en el Anexo I de la Directiva relativa a la Conservación de las Aves Silvestres, y por tanto, objeto de medidas de conservación especiales en cuanto a su hábitat, con el fin de asegurar su supervivencia y su reproducción en su área de distribución. Pero, hasta el momento, los responsables de la gestión de la naturaleza no le han prestado demasiada atención.

     El futuro de esta hermosa perdiz blanca en las montañas del sur de Europa está, pese a lo que aparente su plumaje, un poco negro.


EL TRITÓN DE LOS PIRINEOS, UN SER ANTEDILUVIANO EN LAS AGUAS MÁS FRÍAS Y CLARAS DEL ALTOARAGÓN


    Hay un anfibio que sólo vive en ibones, fríos torrentes o cabeceras de los altos ríos pirenaicos. Se trata del tritón pirenaico (Euproctus asper), popularmente conocido por las gentes del Alto Aragón como "guardafuentes", pues casi siempre se le localiza -según cuentan los pastores- en aquellos arroyos y manantiales donde las aguas son más claras, limpias y, por norma general, donde el agua resulta potable.

    Este simpático anfibio propio del medio acuático pirenaico es una especie endémica de la cordillera. Los herpetólogos -científicos que estudian los anfibios y reptiles- han determinado que su distribución mundial queda limitada a la zona comprendida entre el extremo oriental de Guipúzcoa hasta La Junquera (Gerona) y la sierra del Montnegre (Barcelona) donde se hallan las poblaciones más meridionales. Está presente, pues, en todas las comarcas altoaragonesas, además de la zona comprendida en sierras prepirenaicas como Riglos, Guara, Montsec, etc.

    Algunos naturalistas ven en su aspecto y morfología lo que han dado en llamar "un ser antediluviano". Y hay quien ve cierta similitud entre el tritón pirenaico y el pálido proteo que vive en cuevas de los macizos kársticos de los Alpes Dináricos. Lo cierto es que hay quien ha encontrado al tritón de los Pirineos a muchos cientos de metros de profundidad bajo tierra, en sistemas espeleológicos, lejos de las bocas de entrada y salida al exterior de las cuevas, donde reina la más absoluta oscuridad.

    El tritón pirenaico es un tritón de tamaño medio-grande, que mide entre 100 y 160 mm, presenta un dorso pardo-grisáceo -a veces con una línea amarillenta discontinua que le recorre la espalda-, aunque su coloración es muy variable, pudiendo adquirir tonos verdosos. En general tiene un aspecto enjuto y alargado, tanto en el cuerpo como en la cabeza -que es estrecha y aflechada con un hocico redondeado-, y sus pequeños ojos son amarillentos con una marcada "ceja" o abultado arco sobre los mismos. La diferencia entre machos y hembras hay que buscarlas en las protuberancias que hay bajo las patas traseras.

    Su vientre muestra una banda central roja, anaranjada o amarilla, generalmente bordeada de oscuro. La cola es muy larga y aplanada, debido a que con ella se sirve de propulsión para la natación bajo el agua. Tiene sólo cuatro dedos en las extremidades anteriores, y cinco en las posteriores.

    En tierra firme el tritón pirenaico es un torpe caminante, pero dentro del agua es un excelente nadador. Durante los meses más fríos del año, este tritón se aletarga bajo piedras y troncos. Pero es en primavera y principio del verano cuando más activo se encuentra esta especie, pues a partir del mes de marzo cuando nuestro protagonista lleva a cabo el celo y el apareamiento, realizando posteriormente una puesta de huevos. Los acoplamientos entre machos y hembras pueden durar muchas horas, hasta 30. Cada hembra deposita de 34 a 39 huevos por temporada. De ellos nacen tritones larvarios que completan la metamorfosis a forma de adulto ya en el verano. La madurez sexual se alcanza a los 3 ó 4 años. Y un animal de estos puede alcanzar los 20 años de edad.

    El tritón de los Pirineos se alimenta de larvas de moscas de piedra, efímeras, mosquitos… Tiene actividad predominantemente nocturna, y ha sido hallado a una altura de 3.000 metros en el Pirineo francés. No le importa el frío. Es más, no tolera aguas con una temperatura superior a los 17 ºC. Una curiosidad que se cuenta de este animal es que respira por su rugosa piel, cuajada de protuberancias o tubérculos, pues sus pulmones están prácticamente inutilizados.

    Pero el tritón pirenaico tiene un enemigo: la trucha. Allí donde habita este pez, el tritón desaparece, por que el salmónido depreda sobre las larvas o jóvenes de este anfibio.

    El tritón, como la mayor parte de los anfibios, requiere de la adopción de medidas de protección para la especie y sus hábitats, si bien su situación no es extremadamente preocupante, puesto que todavía se le encuentra en abundancia en muchos parajes naturales del Pirineo y el Prepirineo como la Sierra de Guara, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, o el Parque Natural Posets-Maladeta.

    Pero antes de terminar, aquí va una recomendación final por si vamos nos encontramos con su crítica figura en el fondo de una poza o una charca del Pirineo. Hay que evitar mover piedras o troncos que estén metidos en el agua, pues ello puede ocasionar un notable daño en esta especie que precisamente se refugia y protege al amparo de estos lugares. Y hay que evitar sacarlo del agua colocándolo sobre una piedra caliente expuesta al sol. Como todos los animales, es en su hábitat natural donde mejor están.

EL ACEBO, SÍMBOLO DE LA PRUDENCIA

    El acebo es un arbolillo que puede ser refugio y alimento para corzos, urogallos y zorzales. Sus flores son hermafroditas. Su madera teñida de negro imita al ébano. Y pese a ser el símbolo de la prudencia, en estas fechas pide protección frente a una tradición importada de Centroeuropa y Gran Bretaña.


Acebo

     El acebo (Ilex aquifolium) es una especie protegida por la ley. En el año 1986 lo protegía una norma del Gobierno de Aragón. Y en el año 1995, la especie se mantuvo en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón con la categoría de "Interés Especial". El acebo, considerado como "la madre de la caza", cumple un importante papel en la difícil alimentación invernal de aves -como el urogallo o el camachuelo- que comen sus bayas redondas, así como de cobijo para ciervos, corzos y sarrios que además de ramonear sus hojas encuentran protección y abrigo bajo su tupida, densa y frondosa cubierta vegetal.


Urogallo en celo

    Pero en EL POLLO URBANO queremos ir más allá del mensaje proteccionista que imprescindiblemente debe calar hondo en la sociedad durante la Navidad. Y aprovechando que hablamos del acebo, queremos saber algo más de este arbusto que puede alcanzar el porte de un pequeño árbol de hasta 8 ó 10 metros de altura. Por ejemplo, que está considerado como el símbolo de la prudencia, según el tradicional sentir popular español. O que en Argentina, Paraguay y parte de Brasil, con un familiar suyo, el Ilex paragüensis, se elabora la bebida nacional de la "hierba mate", una especie de infusión semejante al té que contiene propiedades estimulantes debidas al alcaloide de la cafeína.

    Si nos vamos a las sierras aragonesas veremos que al acebo le gustan los suelos ácidos o descalcificados, aunque también prospera bien en substratos calizos. Requiere humedad y no soporta los largos periodos de sequía. Crece mejor a plena luz, en zonas de bosque aclarada, si bien necesita protección de otros árboles de sombra durante los primeros años de vida. El hombre, contra lo que algunos puedan creer, puede hacer mucho por él mejorando su aspecto. Por eso se ha empleado desde hace muchos siglos en jardinería, tanto recortado como para formar preciosos setos de lustroso color verde oscuro, como discretamente podado, siendo muy valorado en concepciones paisajísticas. Por otro lado, su madera ha sido y es muy querida por los ebanistas, gracias a sus cualidades de pesadez -no flota en el agua-, textura, color y compactidad, así como por su facilidad para aceptar colorantes. En caso de tintura negra, le hace imitar con gran perfección a la madera de ébano.

    Pero quizás lo más curioso del acebo es que es un árbol dioico, es decir, que hay ejemplares machos y otros hembras, como en las personas. Mejor dicho, sus flores blancas o sonrosadas son unisexuales y las de cada sexo se producen en plantas diferentes, no en un mismo ejemplar. Unos machos y otros hembras. Por tanto, esos acebos que vemos a partir de octubre cargados de frutos rojos del tamaño de un guisante son todos ellos