EL
CATÁLOGO DE ESPECIES AMENAZADAS DE ARAGÓN
El
Gobierno de Aragón publica un volumen para la fauna
y otro para la flora
Algunas
especies vivas en Aragón están "puestas
contra las cuerdas" de la extinción. Las hay
por motivos naturales, muchas por la acción directa
del hombre, y otras por factores globales como el cambio
climático. Se trata de la fauna y flora amenazada.
En Aragón contamos con 228 taxones o especies y
subespecies de animales y plantas catalogadas en cuatro
diferentes categorías de amenaza. El Gobierno de
Aragón ha publicado dos volúmenes divulgativos
de unas 400 páginas cada uno, que ayuda a conocer
y proteger mejor a todas esta biodiversidad.

El
oso pardo, el quebrantahuesos, el cangrejo de río
o plantas como algunas orquídeas silvestres o vegetales
de la estepa fueron en tiempos no muy lejanos dueños
de todo Aragón, hace cientos de años. El
águila azor perdicera volaba por los cielos de
las sierras prepirenaicas, el urogallo cantaba sin alteración
en muchos más bosques de montaña, la tropical
Borderea chouardii crecía a sus anchas -sin problema
ambiental alguno- en el último congosto para esta
especie en la Ribagorza
y el carpintero pico dorsiblanco
tamborileaba a placer por los recónditos bosques
maduros de hayas de Los Valles Occidentales. Ahora todas
ellos son reliquias y están en grave peligro de
desaparición si no se adoptan las oportunas medidas
de conservación. La triste historia del bucardo,
antaño presente en todo el alto Pirineo y hoy desaparecido,
nos enseña la lección de que una presión
y persecución continuada del hombre hacia estas
especies vivas puede dar al traste para siempre con esos
seres vivos. Cuando la extinción se produce, no
hay vuelta atrás.

El
catálogo de Especies Amenazadas de Aragón,
que es una norma legal, el Decreto 181/2005, habla de
cuatro categorías diferentes. De menor a mayor
gravedad son: De interés especial, Vulnerable,
Sensible a la alteración de su hábitat y,
finalmente En peligro de extinción. En esta última
categoría, la más preocupante, se encuentra
algunas plantas, joyas únicas todas ellas y entre
las cuales hay que citar: el helecho boreo-alpino Diphasiastrum
alpinum, la conocida Borderea chouardii, las orquídeas
Corallorhiza trifida y Cipripedium calceolus, los briófitos
Crossidium aberrans -de suelos arenosos y de yesos-, Orthotrichum
rogeri, Riella notoriasi -en las saldas de Ballobar- y
otro musgo más, Buxbaumia viridis -de troncos en
descomposición en bosques muy húmedos-.

Entre
la fauna aragonesa que está en peligro de extinción
a nivel de Aragón cabe citar al cangrejo de río
-presente aún en algunas cuencas fluviales prepirenaicas-,
el pez fraile, el quebrantahuesos, la muy escasa águila
azor perdicera, el avetoro -con importante área
de cría en la laguna de Sariñena-, la garcilla
cangrejera, el alcaudón chico -que tiene en la
zona del Bajo Cinca una de sus dos únicas áreas
de cría en la península Ibérica-,
la avutarda, el pico dorsiblanco- con una sola pareja
reproductora- o el oso pardo.

En
Aragón actualmente hay ocho planes aprobados, seis
de recuperación (para quebrantahuesos, Margaritifera
auricularia, cangrejo de río, Borderea chouardii,
crujiente aragonés y zapatito de dama), uno de
conservación (la planta al-arba) y otro de conservación
del hábitat (para el cernícalo primilla).

El
Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón,
a través del Servicio de Biodiversidad, trabaja
en la elaboración de algo más de una docena
de nuevos documentos que darán lugar en los próximos
años a la aprobación de nuevos planes de
actuación. Además, buena parte de todas
estas especies cuentan ya con acciones de conservación
directa promovidas por el Departamento de Medio Ambiente.
El seguimiento de las poblaciones de aves esteparias,
el manejo y mejora del hábitat del urogallo pirenaico
o del rocín, o las pioneras experiencias en el
seguimiento del águila azor perdicera con tecnología
satélite son algunos de los trabajos consolidados
como líneas de actuación de la Dirección
General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad.
CUEVAS Y KARST, LOS PAISAJES
DE LA ROCA CALIZA
Los
paisajes kársticos son paisajes generalmente desnudos,
descarnados, con la piedra caliza a flor de piel. Lugares
casi lunares, trabajados por el agua y donde las precipitaciones
se filtran rápidamente bajo el suelo. Aragón
es una tierra rica en este tipo de paisajes.
En
numerosas ocasiones geógrafos, naturalistas y excursionistas
nos referimos a la existencia de un paisaje de tipo "kárstico".
¿A qué nos estamos refiriendo con este vocablo?

Bco.
de Mascún, Guara
Pero
antes viajemos al Pirineo, donde siempre concurre una
gran diversidad de naturaleza y paisaje. Geológicamente,
para no armarnos mucho lío, podemos afirmar que
en la parte norte del Alto Aragón o de los Pirineos
de Huesca hay tres tipos de rocas dominantes: las graníticas
o ígneas propias de las montañas del Pirineo
Axial o verdadero eje central de la cadena (Aneto, Balaitús,
Panticosa, Posets), las rocas calizas de tipo sedimentario
en las llamadas "Sierras Interiores" (que dan
lugar a macizos no menos imponentes como el Monte Perdido,
Cotiella, Telera o Bisaurín), y las metamórficas
que son el resultado que experimenta una roca sedimentaria
al ser sometida a una gran presión y temperatura
(mármoles de Pondiellos y calizas de Peña
Foratata).
Pues
bien, es el grupo de esas segundas rocas, llamadas sedimentarias
por nacer de la precipitación del carbonato cálcico
los fondos marinos, donde se localiza, por norma general,
el paisaje denominado "kárstico". ¿Por
qué se llama así? Pues por que Karst es
una palabra yugoslava que en un principio simplemente
se correspondía a una región de naturaleza
caliza situada entre Eslovenia y Croacia, y que tras su
popularización se ha hecho extensible para hacer
referencia a los paisajes, ambientes y procesos desarrollados
por una serie de fenómenos físico-químicos
entre los que siempre está presente el de la disolución
de las rocas por el agua. "Esta, a medida que circula,
va corroyendo la roca y formando en su seno una red de
conductos y oquedades en un proceso llamado karstificación",
explica claramente el espeleólogo José Martínez,
autor de varios libros sobre cuevas y procesos kársticos.

Detrás
de la cascada
La
disolución selectiva a favor de los planos de debilidad
de la roca (caso de planos de estratificación,
fallas o diaclasas) produce un progresivo desarrollo de
surcos, canales y galerías desde las zonas superficiales
del terreno hasta las más profundas, dando lugar
a formas de relieve propias de estos fenómenos
de infiltración y emanación del agua como
se puede ver en el artículo anexo de la derecha
de esta doble página. Las reacciones de la karstificación
son bastante complejas, y dependen de condiciones ambientales
de humedad, temperatura y, especialmente, de la presencia
o ausencia de CO2 en las reacciones químicas del
agua pura y las rocas carbónicas.
José
Antonio Cuchí, de la Universidad de Huesca, ha
sido uno de los grandes estudiosos del conjunto kárstico
de la provincia oscense. No ha dudado en caminar cuesta
arriba para encontrar lapiaces, en hacer muchos kilómetros
para analizar sumideros y surgencias de agua, o en penetrar
en las entrañas de la tierra para explorar simas,
cuevas y oscuras galerías naturales. De esta manera
Cuchí ha podido manifestar con rotundidad que "la
provincia de Huesca y, en especial, su mitad norte, es
rica en manifestaciones kársticas desarrolladas
en las importantes masas de calizas que existen en el
Pirineo y el Prepirineo, aunque en los somontanos y en
la zona monegrina existen manifestaciones de menor espectacularidad
que se desarrollan en calizas, yesos y limos".

Grutas
de Cristal de Molinos
Cuchí
ha subdividido la riqueza kárstica de la provincia
en grandes unidades o paisajes kársticos: primero,
el karst de las calizas devónicas sobre materiales
paleozoicos, como sucede en las zonas de Estanés,
Portalet, Barrosa, Chistau, Montes Malditos,... y con
fenómenos tan conocidos como el del Forau de Aigüalluts
donde se filtran las aguas en fusión del glaciar
de Aneto que casi misteriosamente aparecerán en
el valle de Arán para ir al río Garona;
otra segunda unidad es la del karst pirenaico cretácico
eoceno, dividido a su vez en cinco zonas evidentes (1.-
Larra-Zuriza, 2.- Alanos-Aspe-Lecherines-Canfranc, 3.-
Collarada-Telera-Tendeñera, 4.- Ordesa-Marboré-Monte
Perdido. y 5.- Cotiella-Turbón); la tercera gran
unidad la constituye el karst del Prepirineo formado en
calizas del Cretácico Superior y del Eoceno con
más de mil metros de espesor en la Sierra de Guara
(Cupierlo, Bastarás, Belsué), Santo Domingo,
Montsec, etc.; por último, encontramos otras tres
unidades de menor interés en la depersión
del Ebro o Tierra Llana que corresponde a los paisajes
kársticos de las calizas monegrinas, de las zonas
de yesos y a la formas pseudokársticas en arcillas
y limos.
FORMAS DE RELIEVE PARA ENTENDER Y CONOCER LA PERSONALIDAD
DEL KARST: DESDE LOS LAPIACES A LAS CUEVAS Y SIMAS.
Hay
dos tipos de karst exterior e interior. Técnicamente
hablando, diremos que hay dos formas generales de relieve
que se producen por el fenómeno de la karstificación:
endokársticas y exokársticas, es decir,
según se hallan generado de forma subterránea
o subaérea (en el subsuelo o al aire libre).

Mascún.
El Delfin
Dentro
de las formas endokársticas, al aire libre, hay
que destacar los lapiaces, las dolinas, los poljes, los
cañones o barrancos, además de sumideros
y surgencias. Estos dos últimos son los puntos
del terreno por donde los cursos fluviales o arroyos inician
y terminan su viaje por el subsuelo mediante la infiltración.
Algunas surgencias o fuentes bien conocidas en la provincia
de Huesca son la Cola de Caballo de Ordesa, los Chorros
de Fornos en Lafortunada, las fuentes de Rodellar y Lecina
en Guara, las Fuentes de Escuaín,... o la Surgencia
de Cienfuéns en Belsué. Y entre los sumideros
más populares hay que volver a mencionar el Forau
de Aigüalluts en el valle de Benasque.
Los
lapiaces son acanaladuras superficiales e irregulares
en el terreno rocoso, recibiendo el nombre también
de "lenares" o "leneras". Presentan,
por tanto, microcanales, oquedades, alvéolos de
escalas muy variadas, siempre originadas por corrosión
del agua meteórica. En Huesca hay muchos ejemplos,
algunos de ellos tan inolvidables como los de Castillo
Mayor, Ereta de las Brujas y sector superior de Cotiella,
Alanos, Millaris-Brecha de Rolando, y un largo etcétera.
Una dolina u "hoya" es una depresión
a modo de embudo, de boca redonda u ovalada, más
ancha que profunda, y sin desagüe visible. Son frecuente
en toda zona kárstica del Alto Aragón. En
el Prepirineo, cuando estas depresiones son algo impermeables
y se llenan de agua tras las lluvias se les conoce con
el nombre de "lacos". Los llamados poljes son
grandes extensiones de áreas deprimidas, de fondo
plano, cubiertas de aluviones y productos residuales de
la disolución de las calizas. El polje de Jaganta
es el más espectacular de todo Huesca con unas
dimensiones de 17 kilómetros de longitud y seis
de anchura.
Por
otro lado, dentro de las formas endokársticas,
en el subsuelo, podemos encontrar lo que popularmente
todos conocemos como simas, cuevas y cavernas. Pero si
profundizamos más en las formas de relieve de las
entrañas de la Tierra podemos encontrar formas
excénticas con aspecto de estrellas, banderas de
sedimentación o cortinas, columnas, coladas, discos
o paletas, las espectaculares concreciones de los gours,
otras concreciones epifreáticas, tubos de presión,
geysermitas, macrocristales, concreciones aborregadas,
calcitas flotantes,... y tobas o travertinos.
EL
EFECTO DEL AUMENTO DE LAS TEMPERATURAS EN LOS ECOSISTEMAS
DE MONTAÑA DE LOS PIRINEOS
El
cambio climático está desplazando a muchos
animales y plantas de sus lugares habituales de residencia.
El Instituto Pirenaico de Ecología analiza a largo
plazo los efectos de este fenómeno en las plantas
alpinas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Anayet
y lotus
En
las altas montañas se dan cita especies vivas muy
sensibles a cualquier alteración climática.
Y es en dieciocho regiones de montaña del Viejo
Continente donde un selecto grupo de científicos
estudian conjuntamente las comunidades vegetales de altitud
y los efectos que sobre las mismas produce el cambio climático.
Se trata del proyecto Gloria (Global Observacion Research
Iniciative in Alpine Environnements), llevado a cabo en
diversas cordilleras de Europa, así como en los
Andes argentinos y peruanos, las Montañas Rocosas
norteamericanas y los Alpes de Nueva Zelanda. Iniciado
en el Viejo Continente, entre las áreas naturales
o regiones de trabajo se hallan los Urales, el Cáucaso,
los Alpes, los Cárpatos, las montañas de
Córcega y Creta, Escocia, Noruega, la andaluza
Sierra Nevada... y el Pirineos de Huesca. En cada cordillera
se han elegido cuatro cimas o cumbres de diferente elevación
para el seguimiento de la vegetación alpina, pensando
que estos lugares son una referencia única, con
hábitats bien definidos.

Erino
alpino
El
proyecto Gloria-Europe, promovido por la Agencia Europea
del Medio Ambiente, está coordinado por el Instituto
de Ecología y Conservación Biológica
de la Universidad de Viena (Austria). El origen de partida
de este estudio se sitúa en los datos obtenidos
hace ya cien años en los Alpes, con los que se
demuestra que en un siglo muchas plantas de alta montaña
que vivían en las cumbres bajas se han visto obligadas
a desplazarse en altitud o han desaparecido por completo.

Acónito
En
los Pirineos, concretamente en el sector central o aragonés,
son los botánicos Luis Villar y José Luis
Benito quienes desde el Instituto Pirenaico de Ecología
de Jaca se han encargado dirigir esta interesante experiencia
que comenzó en el año 2001.

Saxifraga
oppositifolia
El
método empleado consiste en dividir cada cumbre
en ocho parcelas de un metro cuadrado de superficie, recogiendo
datos de biotemperatura -para el seguimiento del clima
en intervalos de una hora-, tomando fotos, registrando
el pisoteo, la presencia de herbívoros... y detectando
la migración o desplazamiento de la flora con el
transcurso de los años. Los paisajes y cumbres
pirenaicas escogidas por los investigadores pirenaicos
son la Punta Acuta, la Sierra Custodia, el Pico Tobacor
y la Punta de las Olas, todas ellas en el Parque Nacional
de Ordesa y Monte Perdido.

Las
montañas, y sus especies vivas, son por tanto ejemplos
evidentes que, más tarde, sus consecuencias pueden
ser trasladadas a otros ecosistemas representativos de
Europa. La flora de las montañas es considerada
un ejemplo sensible de los efectos indirectos y cambios
ambientales que se crean en otros medios y elementos de
los medios alpinos: cambios de suelo, incrementos de erosión,
desplazamiento de la fauna alpina.
De
momento, los cinco años de análisis pirenaico
son pocos para adelantar conclusiones. Pero los termómetros
ya han sido sustituidos por otros nuevos para cinco o
seis años más. Aunque algunos de los datos
registrados han merecido trabajos y publicaciones científicas
que se han
presentado en la Asociación de Ecología
Terrestre o en la reunión de la Asociación
Española para el Estudio de los Pastos. Uno de
los resultados es saber que entre la cara norte y la sur
de las montañas hay una diferencia de un mes de
helada, y que ello equivale a un mes más de vida
vegetativa. Aunque en otras cordilleras de Europa ha sorprendido
descubrir que las vertientes orientadas al este son más
cálidas que las que miran al sur. Ahora, desde
el Instituto Pirenaico de Ecología, se prepara
la redacción de un artículo en lengua inglesa
para la prestigiosa revista internacional "Oecologia".
SOBRE
EL PROYECTO:
El proyecto GLORIA dispone de un sitio web, donde se puede
obtener más información: www.gloria.ac.at
En los Pirineos el estudio se acomete desde el Instituto
Pirenaico de Ecología de Jaca por parte de los
botánicos Luis Villar y José Luis Benito.
EN
RELACIÓN
El cambio climático obliga a que las plantas alpinas
retrocedan y se aíslen cada vez más en las
cumbres. Lo mismo sucede en los Pirineos con animales
como el lagópodo alpino. Otros indicadores evidentes
en la alta montaña son el retroceso del hielo glaciar
y el descenso de las precipitaciones en forma de nieve.
LA GRUTA HELADA DE CASTERET
Una cueva de hielo en el Parque Nacional de Ordesa, en
peligro con el cambio climático
Texto
y fotos: Eduardo Viñuales Cobos.
El
Monte Perdido esconde a gran altitud una treintena de
majestuosas cavidades con hielo. Ocultos y oscuros palacios
cuyo exponente más conocido y accesible es la Gruta
Helada de Casteret, una cueva de dimensiones modestas,
con 220 metros de desarrollo, pero fascinante.

La
Gruta Helada de Casteret, situada cerca de la Brecha de
Rolando, bajo el collado de los Sarrios, debe su nombre
al espeleólogo Norbert Casteret que la descubrió,
en compañía de su familia, el 27 de junio
del año 1926. Poco después escribiría:
"Los ríos subterráneos de hielo eterno
que hemos podido contemplar ofrecen un espectáculo
inolvidable, uno de los más raros que se dan en
nuestro planeta. En las entrañas de estos picos
gigantes, donde imperan el silencio y la quietud, todo
se halla inmutablemente congelado. Únicamente un
viento glacial que ulula eternamente, circula por los
corredores de estas cuevas y anima la soledad de las naves
desiertas donde jamás había penetrado persona
alguna".

El
camino más sencillo para acceder a la entrada de
la Gruta Helada de Casteret parte del refugio de montaña
de Góriz (2.195 m), situado a su vez a unas 4 horas
de camino desde la Pradera de Ordesa (1.300 m) por los
Llanos de Soaso. Es un sendero muy transitado con un repechón
final en la zona del Circo de Soaso, donde hay que superar
unas clavijas o el paso alternativo del camino de los
Mulos.

A
partir de los prados de Góriz la senda prosigue
en dirección a la Brecha de Rolando sobre los Llanos
de Millaris (2.300 m), un mundo de turberas y humedales
someros que da paso al collado Descargador (2.457 m).
Desde aquí la senda marcada con hitos da la vuelta
a la montaña y, en una zona rocosa, recogida, se
halla la entrada principal de la Gruta, localizada a 2.710
metros de altitud bajo una gran pared de caliza. Estamos
hablando, por tanto, de una zona elevada donde es frecuente
la presencia de nieve dura durante buena parte del año,
y donde se requerirá el empleo de piolets y crampones.

La
boca principal de la Gruta Helada de Casteret, enmarcada
en el paisaje calizo del Casco de Marboré y el
Pico Anónimo, da acceso a una amplia sala cuyo
pavimento es un lago helado. Caminar por aquí obliga
al uso de crampones, por tanto precaución para
no sufrir un resbalón y el consabido golpe. Frágiles
columnas de hielo cuelgan de las paredes, a modo de estalagtitas
de cristal, algunas más notables que otras dependiendo
de la época del año. A mano izquierda, a
mitad de sala, una rampa helada de 12 metros desciende
a otra sala inferior; se trata de una cascada de hielo
traslúcido conocida como el Niágara Helado.
Para el acceso a esta parte baja es obligatorio el empleo
de material más específico de montaña
y espeleología. Así mismo, hay que indicar
que el interior de la gruta es hoy Zona de Reserva del
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y la entrada
precisa de un permiso administrativo.

Frente
al Niágara hay una pared tapizada de hielo azul,
traslúcido y puro que tiene la condición
de ser fósil. Aquí, en su mismo corazón,
la Cueva de Casteret guarda su mejor secreto: el hielo
residual de la última glaciación, con sus
vetas, colores y grosores. Los estudios realizados entre
los años 1957 y 1968 comprobaron que los hielos
existentes en esta zona de la cueva no experimentan ninguna
modificación de estado y volumen. Esto ha hecho
sospechar que sean residuos reales de la llamada glaciación
Würm, es decir, de hace 10.000 ó 15.000 años.
¿Podría tener esa edad el hielo acumulado
en el fondo de la Gruta Helada de Casteret? La respuesta
sigue ahí, congelada en el aire. Sin embargo, la
desaparición en los últimos años
de las espectaculares columnas de hielo que se observan
en fotos antiguas, son imágenes que pronto o tarde
pasarán a la historia. El cambio climático
podría ser el causante de este deterioro.
OTRAS CUEVAS HELADAS
Pero Casteret no es la única
cueva helada de los Pirineos. Fue la primera en descubrirse,
y más tarde se han hallado y explorado otras 35
cavidades o simas donde también se produce esa
bella conjunción de mundo subterráneo, el
agua y el frío (altitud).
Aunque para la formación
de una de estas curiosas cuevas de hielo centelleante
aún hay un último ingrediente preciso: el
aire que debe de correr por su interior gracias a un sistema
de ventilación entre bocas, y que permite que el
agua se congele.
La mayor parte de estas cuevas
de aspecto ártico que hay en los Pirineos se concentran
en la zona del Monte Perdido, el Marboré y la Punta
de las Olas: Isards, Casco, Torre, Cilindro, Faja Luenga,
Brecha, Roya, Devaux, Cristales y Covas del Gel,... así
hasta completar la cifra de 29 simas independientes. Están
situadas entre los 2.710 y los 3.060 metros, con desarrollos
que van desde los 5 metros -de la más pequeña-
a los 300 metros de longitud de la cueva Devaux.
GUÍA PRÁCTICA
Cómo llegar: Desde Huesca llegar hasta Torla por
Sabiñánigo, Biescas y el túnel de
Cotefablo. Desde Torla seguir 8 kilómetros más
hasta la Pradera de Ordesa. Caminar a Góriz (4
h, 900 m) y a la Gruta Helada de Casteret (2 h 30 min,
500 m).
Tiempo: 6 h 30 min, ida. 11 horas, ida y vuelta. Aconsejable
repartir en dos jornadas pernoctando en Góriz o
vivaqueando a partir de los 2.100 metros.
Desnivel acumulado: 1.400 m desde la Pradera de Ordesa.
Dónde dormir y comer: Refugio de Góriz,
Tel.: 974 34 12 01.
Teléfonos de información: 974 48 64 72,
Parque Nacional en Torla.
Material: Piolet, crampones, ropa de montaña e
iluminación para el acceso y entrada a la primera
sala. Cuerda, casco y material de espeleología.
Época: Primavera antes del deshielo (mayo) es la
época ideal de visita. Verano es una buena época
por la facilidad de acceso sin nieve.
Permisos: La visita y fotografía del interior de
la cueva requiere de un permiso del Parque Nacional de
Ordesa y Monte Perdido (Pasaje Baleares, 3. Paseo de las
Autonomías, s/n. 22071 Huesca).
Mapa: Ordesa-Gavarnie. Sua Edizioak. Cuadernos pirenaicos.
ABEJAS,
INSECTOS SOCIALES AMIGOS DEL HOMBRE
Las
abejas son insectos polinizadores que desempeñan
un papel crucial en la naturaleza y, especialmente, en
el mundo vegetal. Hacen acopio de néctar y polen,
producen miel y nos endulzan la vida con su miel. En este
artículo conoceremos a la abeja reina, las obreras
y los machos o zánganos.
Si
hay un grupo de animales en la naturaleza por el que siempre
va a merecer la pena romper una lanza a su favor, ese
es el de los insectos. Muchas veces repudiados y temidos,
estos animalillos no deben ser considerados unos "enemigos",
ya que constituyen una pieza esencial dentro del mundo
natural, un eslabón de la cadena de la naturaleza
imprescindible para el buen funcionamiento de los campos
y prados, los bosques, los cultivos, los montes... A pesar
de su diminuto tamaño y de saber que la mayor parte
de ellos son inofensivos, muchas personas con sólo
pensar en ellos sienten una cierta inquietud, y simplemente
por ello les declaran la guerra.

Los naturalistas conocen bien
que la vida es impensable sin los insectos. Son el principal
alimento de muchos otros animales. Son necesarios para
la perpetuación de muchas plantas a las que sirven
como agentes polinizadores. E incluso forman parte de
muchas culturas tradicionales humanas. En nuestro planeta
se han descrito para la ciencia casi un millón
de especies distintas de estos invertebrados. Pero si
hubiera uno cercano y especialmente amigo del hombre,
posiblemente elegiríamos a la discreta abeja. Es
posiblemente el insecto más conocido, pero seguro
que todavía desconocemos grandes cosas de este
animal social que nos da la miel y nos proporciona grandes
beneficios mediante la polinización. Sin las abejas
las plantas silvestres producirían menos semillas,
los frutales darían menos manzanas, peras y cerezas,
y muchos animales morían de hambre. Veamos algunas
cosas de su vida, sus costumbres y su comportamiento.
La
abeja (Apis mellifera) pertenece al grupo de los himenópteros
-junto con abejorros y avispas-, ya que posee una par
de alas transparentes y nerviaciones oscuras, que puede
batir casi cien veces por segundo. Es fácil imaginar
la velocidad de estas alas cuando oímos el zumbido
sonoro que producen. De distribución cosmopolita,
vive en campos, prados, parques y jardines... y en general
en cualquier hábitat natural donde haya numerosas
flores de plantas herbáceas, árboles y arbustos.
Las abejas, al igual que los abejorros, se alimenta de
néctar y polen. Su constante visita a de flores
de los campos, frutales y plantas silvestres, le ha llevado
a ser considerada una de las especies que por, antonomasia,
contribuyen a la polinización del reino vegetal,
y por ello desde la antigüedad se les ha considerado
como un insecto beneficioso. Se calcula que una colmena
visita al año entre 1.000 millones de flores distintas.
Y que el 30% de la alimentación humana depende
de una u otra forma de las abejas.
Las
abejas ven colores que nosotros, los humanos, no podemos
distinguir. Aprecian la luz ultravioleta, y por eso muchas
flores blancas que nos pueden parecer uniformes y poco
llamativas, para ellas son un semáforo lleno de
líneas ultravioleta, un sistema de señales
que atrae a los insectos como las luces de la pista de
aterrizaje de un aeropuerto. La abeja es además
una especie sedentaria, de costumbres diurnas, que sale
de su colmena a partir de mediados de primavera, aunque
únicamente cuando hace sol, ya que depende en gran
medida de la temperatura ambiente.
Como
todos los insectos posee varios estadios de crecimiento
o formas de vida: huevo, larva, preninfa, ninfa y adulto.
Pero dentro de lo que es la abeja adulta podemos distinguir
tres tipos: la "abeja reina" es grande y estilizada,
tiene todo el cuerpo recubierto de finos pelos y alas
transparentes; la "abeja obrera" es la más
normal, mide entre 2 y 2'5 cm., con cuerpo oscuro y con
el abdomen que no sobresale por detrás de las alas,
posee patas traseras con celda para recoger el polen;
y el "macho" o "zángano" es
una abeja mayor -o más gruesa- que las obreras,
con las alas muchos más grandes. Para éste
último la cópula es un momento de la vida
que le llevará a la muerte, puesto que el zángano
debe desprenderse de sus genitales para sellar la cavidad
que aloja al esperma en el interior de la reina. Genéticamente
su sacrificio merece la pena, pues aumenta la cantidad
de huevecillos fecundados por su propio esperma. Pero,
como sólo hay una reina virgen en cada colonia,
y muchos zánganos que la cortejan, sus posibilidades
de copular otra vez son muy escasas.
Las
abejas son, en efecto, animales sociales. Forman colonias
que pueden superar los 10.000 individuos. Allí
la vida social está perfectamente organizada. Todas
las obreras tienen un papel que desempeñar, el
cual cambia conforme envejecen. Además de recoger
polen, una tarea de las abejas es la de producir cera,
material con el que construyen celdillas hexagonales donde
a modo de "cunas" se alojan los huevos y larvas.
Estas últimas se alimentan de "hámago",
una mezcla de miel, polen y juegos gástricos de
las obreras. La cera se produce por sintetización
de los azúcares recolectados en el néctar
de las flores y sale en forma de hojuelas de unas glándulas
situadas en el abdomen de las abejas. Estas hojuelas se
mastican y mezcladas con secreciones glandulares se moldean
a una temperatura en torno a los 35º C. Otras celdas
se convierten en simples depósitos de miel o de
polen, en lugar de puesta de huevos, o para el nacimiento
de las reinas.
HOSPITALES PARA LA FAUNA
SILVESTRE
Los
Centros de Recuperación de la Fauna Salvaje son
los hospitales donde reciben atención veterinaria
aquellos animales del campo que, accidentados o desvalidos,
ingresan allí debido a causas diversas. Intoxicaciones,
venenos, expolios, atropellos, trampas, desnutrición
o tiros son los casos más frecuentes que obligan
a realizar intervenciones quirúrgicas y tratamientos
especiales antes de su nueva puesta en libertad.
Aves
tiroteadas, mamíferos envenenados, pollos que se
han caído del nido, rapaces con un ala rota, cigüeñas
electrocutadas en tendidos, tortugas que después
de haber estado en cautividad son liberadas sin éxito
en la naturaleza... Todos estos animales heridos o amenazados
reciben atención y cuidado en los centros de recuperación
de la fauna silvestre. En Aragón hay uno general
para todo el territorio: el que está ubicado en
la Finca de la Alfranca, Pastriz (Zaragoza), que es gestionado
por el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de
Aragón.
Por
este centro pasaron en el año 2006 unos 1.240 animales,
pertenecientes a 107 especies vivas: desde tres quebrantahuesos,
a cuarenta y cuatro tejones, pasando por ginetas, nutrias,
erizos, cárabos, carracas, cuervos, águilas
perdiceras o reales, numerosos buitres, garzas, avutardas...
además de especies exóticas introducidas.
Pero, según la Sociedad Española de Ornitología,
SEO/BirdLife, se calcula que sólo se descubren
alrededor del 10% de las aves tiroteadas. Por tanto, se
podría decir que el número de animales recogidos
y atendidos son sólo la punta del iceberg de un
problema ambiental mucho mayor de lo que en un primer
momento podríamos pensar: la muerte no natural
de las especies silvestres.
Sin
embargo, ahora, gracias a la creciente preocupación
social por la conservación de la naturaleza, podemos
decir sin reparos que ya hay quien atiende a estos animales.
Cada vez es mayor el número de veterinarios que
se licencian en la facultad especializándose en
fauna silvestre. Profesionales de la medicina animal que
van más allá de los clásicos perros,
gatos y reses. Personas que se han decantado por el cuidado
de uno de nuestros mayores bienes: la biodiversidad, con
todo lo que ello implica, desde linces, lobos, quebrantahuesos
o águilas, hasta pequeños animales como
los reptiles. A la par, en los últimos años,
instituciones públicas y privadas de toda España
han puesto en esta faena al servicio de la naturaleza
mucho esfuerzo e interés. Guardas, naturalistas
y personas sensibles llevan cada año, desde todos
los puntos de Aragón, animales heridos o graves
al Centro de Recuperación de la Alfranca. Allí
les atiende un equipo humano técnico que les proporciona
atención veterinaria.
¿En
qué consiste este cuidado especializado? Cuando
un animal que llega, por ejemplo, al Centro de la Alfranca
por que no puede ser liberado, lo primero que le se realiza
es un chequeo general de su estado mediante radiografías,
analíticas de sangre, coprologías o microbiologías...
que pueden dar paso a una operación quirúrgica
y, en ese caso, a un seguimiento y medicación postoperatorio.
Una vez que se ha realizado este importante tratamiento
primario, al animal se le aloja en estancias de vuelo
-para las aves-, se realizan técnicas de nueva
musculación, se estudia su comportamiento, se le
estimula en los hábitos de la caza y captura de
presas vivas, y se comprueba periódicamente el
estado físico. Si todo sale correctamente, el animal
será liberado en su hábitat, su medio natural.
Algunos de estos animales puestos en el monte tras la
recuperación en cautividad, además, pueden
ser seguidos "muy de cerca" gracias al empleo
de marcas alares, anillas o técnicas de radioseguimiento,
tal y como se está haciendo desde el Gobierno de
Aragón con el quebrantahuesos.
También
en los Centros de Recuperación de Fauna Salvaje
se llevan a cabo otras tareas adicionales como son incubación
artificial de huevos, proyectos de cría en cautividad,
cesión de animales irrecuperables a proyectos nacionales
e internacionales para la recuperación o reintroducción
de especies, cursos de formación, programas educativos
y campos de trabajo... o colaboración con universidades
y centros de investigación científica.
Pero
el esfuerzo de estas personas e instituciones es limitado.
Por tanto, se requiere del apoyo y de la conciencia social
de todos los ciudadanos en dicho asunto. Aquí sucede
como en los incendios forestales o los accidentes de tráfico:
lo primero es prevenir.
Muchos
animales son llevados a este tipo de hospitales para la
fauna silvestre por parte de agentes de protección
de la naturales -forestales- o del Servicio de Protección
de la Naturaleza de la Guardia Civil. A ellos hay que
avisar rápidamente en caso de recoger un ave o
cualquier otro animal supuestamente herido o desvalido.
Nunca hay que pensar que nosotros mismos, con nuestros
medios, podemos sacar adelante el animal por que, además
de que tiene grandes posibilidades de fracasar, ello luego
puede tener consecuencias muy graves para el ejemplar
que difícilmente prosperará adecuadamente
una vez que haya sido liberado en el medio natural. Aún
así las estadísticas son crudas y se calcula
que sólo un 15% de los individuos recogidos logra
posteriormente salir adelante.
Los
grupos ecologistas de defensa de la naturaleza van más
allá y solicitan medidas preventivas de incremento
de la vigilancia y de las sanciones, el que se realice
un severo examen del cazador, que se sustituya la media
veda en aquellas regiones en la que está permitida
o que se corrijan tendidos y se habiliten pasos subterráneos
bajo las carreteras y autovías.
Frente
a la ignorancia e incultura aún existente, las
labores de sensibilización social y de puesta en
valor de nuestro patrimonio natural desde la óptica
de lo sostenible son importantes, especialmente en el
mundo rural. Muchas aves rapaces siguen ingresando heridas
o muertas en estos centros, por que hay quien sigue pensando
que son "alimañas dañinas", y
por eso se les dispara a propósito.
EL LAGÓPODO ALPINO O PERDIZ
NIVAL
EL HABITANTE MÁS GENUINO DE LAS ALTURAS MONTAÑOSAS
DE EUROPA
En las montañas y cordilleras
de todo el mundo, la diversidad de especies animales y
vegetales disminuye de forma considerable conforme se
gana altura sobre el nivel del mar. Lo mismo sucede conforme
se alcanzan porciones geográficas situadas en latitudes
más norteñas. Los rigores climatológicos
hacen una selección de la vida, y sólo la
fauna y la flora adaptada o especializada en climas fríos,
de alta montaña o de tundra son capaces de soportar
en un medio adverso y a la vez frágil.

Foto:
Gerardo Báguena
¿Qué
especie viva de las montañas puede ser representativa
de estos medios a nivel internacional, que estuviera presente
en nuestro país, y que fuera muy sensible a la
alteración del medio ambiente? El lagópodo
alpino, es decir, esa especie a la que durante mucho tiempo
hemos conocido como perdiz nival o blanca. Hace unos pocos
años los ornitólogos decidieron darle un
nombre más apropiado que el ya tradicional de "perdiz",
ya que se trata de un ave tetraónida, más
emparentada con el urogallo, el gallo lira y otros lagópodos
del norte de Europa, que con las convencionales perdices
que ya conocemos (la roja y la pardilla, por ejemplo).
El
lagópodo alpin, en los Pirineos y en otras cordilleras
como los Alpes o los Cárpatos, gusta de los ambientes
extremos y es un ave sedentaria que, como mucho, únicamente
realizan pequeños desplazamientos altitudinales
en el territorio o área concreta donde vive.
Sensible a la alteración del clima.
Pero
el lagópodo alpino también nos interesaba
en esta sección de naturaleza de El pollo urbano,
por que es una especie asociada al frío, siendo
muy sensible a los cambios climáticos. Los científicos
han determinado que vive en aquellas áreas de montaña
donde, además de alimento y espacio natural, se
registren el mes de agosto temperaturas medias inferiores
a los 15º C. Su presencia en las montañas
puede ser, en efecto, un indicador biológico del
cambio climático global que experimenta el planeta
con el efecto invernadero.

Foto:
Juan Antonio Gil, FCQ
Este
lagópodo está desapareciendo de muchas zonas
de montaña. En la parte oriental de los Pirineos,
por ejemplo, los naturalistas catalanes ponen de manifiesto
el descenso de poblaciones ante la desaparición
de la especie en territorios ocupados con anterioridad.
El calentamiento del clima, y la progresiva ausencia de
precipitaciones de nieve constituyen uno de los motivos
fundamentales para su desaparición. Sin embargo,
es difícil describir la evolución de las
poblaciones de perdiz nival o lagópodo alpino a
lo largo de los últimos años. Los datos
anteriores son escasos y esporádicos. Y, por si
fuera poco, a la problemática de conservación
de esta perdiz nival se achaca también la predación
natural, el furtivismo, y especialmente el turismo y las
estaciones de esquí. La adecuada ordenación
en la construcción y ampliación de las estaciones
de esquí alpino y la adopción de medidas
conservacionistas en caso de sobrefrecuentación
de áreas de montaña donde habita la especie,
son dos medidas urgentes a abordar en aras de su preservación.
Desde el ártico a los Pirineos.
Pero
veamos algo más postivo y pasemos a hablar de este
ave boreoalpina, de una longitud de 34 a 36 centímetros,
que llegó a la Península Ibérica
con las glaciaciones cuaternarias, quedándose acantonada
por efecto del clima en las cumbres pirenaicas al retroceder
los hielos y el frío. Hoy se distribuye por Europa,
desde las tundas árticas y subárticas (Islandia,
Escandinavia, Groenlandia, islas Spitzberg,...) hasta
"macizos montañosos-islas" del sur de
Europa como los Alpes o los Pirineos. Este fenómeno
produjo unos aislamientos geográficos, favoreciendo
una evolución en la especie hacia diferentes formas
según la coloración, talla y peso. Así,
de las veinte subespecies que existen en todo el mundo,
la de los Pirineos es una diferenciada del resto, conocida
científicamente como "Lagopus mutus pyrenaicus".

Foto:
Luis Lorente
La
adaptación de esta perdiz nival al frío
y duro medio en el que vive es sorprendente. Su plumaje,
que es totalmente blanco en invierno, varía en
la época estival hacia colores extremadamente miméticos
con el entorno. Con el plumaje de esta especie se produce,
además, no sólo un prodigio de la adaptación,
sino también un récord de velocidad en el
campo de los procesos de muda. Un cambio de plumaje acelerado
que tiene su efecto en la duración del día
y de la noche. Por otra parte, sus patas están
emplumadas hasta los mismos dedos, a modo de polainas
o calcetines que le protegen del frío y la nieve
por donde camina. En vuelo es inconfundible al presentar,
todo el año, las plumas primarias de color blanco,
con la cola negra. Su pico es pequeño y oscuro.
Se alimenta de insectos, semillas y plantas alpinas. Su
voz es un castañero ronco que emite en los meses
de mayo y junio.
Los
machos son ligeramente más grandes que las hembras.
Los ejemplares masculinos, además, disponen de
una carúncula supraocular roja más desarrollada
y visible que en las hembras -que se reduce en invierno-,
además de un plumaje estival grisáceo y
barreado que diferente del de las hembras al ser más
parduzco y barreado o moteado, con tonos negruzcos y ante
amarillentos. En invierno, con el plumaje blanco, la hembra
carece casi por completo de una brida negra próxima
al ojo.
La
población pirenaica constituye la única
del territorio ibérico, y respecto a Europa es
la de distribución más meridional. En los
Pirineos el lagópodo alpino o perdiz nival ocupa
los medios subnival y nival -en el piso alpino-, siempre
por encima del arbolado. Su ocupación altitudinal
varía según la época del año,
siendo su óptimo entre los 2.200 y los 2.700 m.,
aunque puede sobrepasar los 3.000 m. de altitud. Se distribuye
desde el macizo de Larra (Navarra), a los más altos
macizos del Pirineo de Gerona.
Un ave cada vez más rara y difícil de
observar.
El
diseño mimético del lagópodo alpino
y su situación en áreas alpinas de alta
montaña, hacen difícil su observación.
Las escuchas en época de celo o al amanecer son
un método eficaz para detectar a la especie.
En
Navarra tan sólo hay un par de parejas. El Atlas
de las Aves de Aragón determina que este lagópodo
es un ave escasa pero presente en las zonas que reúnen
las condiciones adecuadas, con las máximas densidades
de población en los macizos de Posets y de Maladeta,
aportando una estima poblacional de unas 200 parejas territoriales.
Y en Cataluña la situación es muy similar,
con una constada regresión de la especie en número.
No
obstante, las densidades pirenaicas son muy bajas -de
0'52 a 0'67 parejas por kilómetro cuadrado-, si
se comparan con las de los Alpes -hasta 4'78 parejas por
kilómetro cuadrado- o con las de países
nórdicos como Escocia -50 parejas por kilómetro
cuadrado-. El frío, más que la altitud,
es determinante.
No amenazada a nivel mundial, pero sí a nivel
nacional.
En
España, esta tetraónida, fue declarada especie
protegida por Real Decreto 1497/1986. En el Libro Rojo
de los Vertebrados en España se la considera como
una población escasa y marginal en riesgo, siendo
catalogada como "En Peligro de Extinción".
Sin embargo el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas
no tiene correspondencia al determinarla como de "Interés
Especial". Sin embargo, los catálogos regionales
de especies amenazadas afinan más al considerar
al lagópodo alpino como "Vulnerable".
En el contexto europeo o mundial es una especie "No
Amenazada", según la UICN.
En
Europa la subespecie "pyrenaica" está
incluida en el Anexo I de la Directiva relativa a la Conservación
de las Aves Silvestres, y por tanto, objeto de medidas
de conservación especiales en cuanto a su hábitat,
con el fin de asegurar su supervivencia y su reproducción
en su área de distribución. Pero, hasta
el momento, los responsables de la gestión de la
naturaleza no le han prestado demasiada atención.
El
futuro de esta hermosa perdiz blanca en las montañas
del sur de Europa está, pese a lo que aparente
su plumaje, un poco negro.
EL TRITÓN DE LOS PIRINEOS, UN SER ANTEDILUVIANO
EN LAS AGUAS MÁS FRÍAS Y CLARAS DEL ALTOARAGÓN
Hay un anfibio que sólo
vive en ibones, fríos torrentes o cabeceras de
los altos ríos pirenaicos. Se trata del tritón
pirenaico (Euproctus asper), popularmente conocido por
las gentes del Alto Aragón como "guardafuentes",
pues casi siempre se le localiza -según cuentan
los pastores- en aquellos arroyos y manantiales donde
las aguas son más claras, limpias y, por norma
general, donde el agua resulta potable.

Este
simpático anfibio propio del medio acuático
pirenaico es una especie endémica de la cordillera.
Los herpetólogos -científicos que estudian
los anfibios y reptiles- han determinado que su distribución
mundial queda limitada a la zona comprendida entre el
extremo oriental de Guipúzcoa hasta La Junquera
(Gerona) y la sierra del Montnegre (Barcelona) donde se
hallan las poblaciones más meridionales. Está
presente, pues, en todas las comarcas altoaragonesas,
además de la zona comprendida en sierras prepirenaicas
como Riglos, Guara, Montsec, etc.

Algunos
naturalistas ven en su aspecto y morfología lo
que han dado en llamar "un ser antediluviano".
Y hay quien ve cierta similitud entre el tritón
pirenaico y el pálido proteo que vive en cuevas
de los macizos kársticos de los Alpes Dináricos.
Lo cierto es que hay quien ha encontrado al tritón
de los Pirineos a muchos cientos de metros de profundidad
bajo tierra, en sistemas espeleológicos, lejos
de las bocas de entrada y salida al exterior de las cuevas,
donde reina la más absoluta oscuridad.
El
tritón pirenaico es un tritón de tamaño
medio-grande, que mide entre 100 y 160 mm, presenta un
dorso pardo-grisáceo -a veces con una línea
amarillenta discontinua que le recorre la espalda-, aunque
su coloración es muy variable, pudiendo adquirir
tonos verdosos. En general tiene un aspecto enjuto y alargado,
tanto en el cuerpo como en la cabeza -que es estrecha
y aflechada con un hocico redondeado-, y sus pequeños
ojos son amarillentos con una marcada "ceja"
o abultado arco sobre los mismos. La diferencia entre
machos y hembras hay que buscarlas en las protuberancias
que hay bajo las patas traseras.

Su
vientre muestra una banda central roja, anaranjada o amarilla,
generalmente bordeada de oscuro. La cola es muy larga
y aplanada, debido a que con ella se sirve de propulsión
para la natación bajo el agua. Tiene sólo
cuatro dedos en las extremidades anteriores, y cinco en
las posteriores.
En
tierra firme el tritón pirenaico es un torpe caminante,
pero dentro del agua es un excelente nadador. Durante
los meses más fríos del año, este
tritón se aletarga bajo piedras y troncos. Pero
es en primavera y principio del verano cuando más
activo se encuentra esta especie, pues a partir del mes
de marzo cuando nuestro protagonista lleva a cabo el celo
y el apareamiento, realizando posteriormente una puesta
de huevos. Los acoplamientos entre machos y hembras pueden
durar muchas horas, hasta 30. Cada hembra deposita de
34 a 39 huevos por temporada. De ellos nacen tritones
larvarios que completan la metamorfosis a forma de adulto
ya en el verano. La madurez sexual se alcanza a los 3
ó 4 años. Y un animal de estos puede alcanzar
los 20 años de edad.

El
tritón de los Pirineos se alimenta de larvas de
moscas de piedra, efímeras, mosquitos
Tiene
actividad predominantemente nocturna, y ha sido hallado
a una altura de 3.000 metros en el Pirineo francés.
No le importa el frío. Es más, no tolera
aguas con una temperatura superior a los 17 ºC. Una
curiosidad que se cuenta de este animal es que respira
por su rugosa piel, cuajada de protuberancias o tubérculos,
pues sus pulmones están prácticamente inutilizados.
Pero
el tritón pirenaico tiene un enemigo: la trucha.
Allí donde habita este pez, el tritón desaparece,
por que el salmónido depreda sobre las larvas o
jóvenes de este anfibio.
El
tritón, como la mayor parte de los anfibios, requiere
de la adopción de medidas de protección
para la especie y sus hábitats, si bien su situación
no es extremadamente preocupante, puesto que todavía
se le encuentra en abundancia en muchos parajes naturales
del Pirineo y el Prepirineo como la Sierra de Guara, el
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, o el Parque
Natural Posets-Maladeta.
Pero
antes de terminar, aquí va una recomendación
final por si vamos nos encontramos con su crítica
figura en el fondo de una poza o una charca del Pirineo.
Hay que evitar mover piedras o troncos que estén
metidos en el agua, pues ello puede ocasionar un notable
daño en esta especie que precisamente se refugia
y protege al amparo de estos lugares. Y hay que evitar
sacarlo del agua colocándolo sobre una piedra caliente
expuesta al sol. Como todos los animales, es en su hábitat
natural donde mejor están.
EL
ACEBO, SÍMBOLO DE LA PRUDENCIA
El
acebo es un arbolillo que puede ser refugio y alimento
para corzos, urogallos y zorzales. Sus flores son hermafroditas.
Su madera teñida de negro imita al ébano.
Y pese a ser el símbolo de la prudencia, en estas
fechas pide protección frente a una tradición
importada de Centroeuropa y Gran Bretaña.

Acebo
El
acebo (Ilex aquifolium) es una especie protegida por la
ley. En el año 1986 lo protegía una norma
del Gobierno de Aragón. Y en el año 1995,
la especie se mantuvo en el Catálogo de Especies
Amenazadas de Aragón con la categoría de
"Interés Especial". El acebo, considerado
como "la madre de la caza", cumple un importante
papel en la difícil alimentación invernal
de aves -como el urogallo o el camachuelo- que comen sus
bayas redondas, así como de cobijo para ciervos,
corzos y sarrios que además de ramonear sus hojas
encuentran protección y abrigo bajo su tupida,
densa y frondosa cubierta vegetal.

Urogallo
en celo
Pero
en EL POLLO URBANO
queremos ir más allá del mensaje proteccionista
que imprescindiblemente debe calar hondo en la sociedad
durante la Navidad. Y aprovechando que hablamos del acebo,
queremos saber algo más de este arbusto que puede
alcanzar el porte de un pequeño árbol de
hasta 8 ó 10 metros de altura. Por ejemplo, que
está considerado como el símbolo de la prudencia,
según el tradicional sentir popular español.
O que en Argentina, Paraguay y parte de Brasil, con un
familiar suyo, el Ilex paragüensis, se elabora la
bebida nacional de la "hierba mate", una especie
de infusión semejante al té que contiene
propiedades estimulantes debidas al alcaloide de la cafeína.
Si
nos vamos a las sierras aragonesas veremos que al acebo
le gustan los suelos ácidos o descalcificados,
aunque también prospera bien en substratos calizos.
Requiere humedad y no soporta los largos periodos de sequía.
Crece mejor a plena luz, en zonas de bosque aclarada,
si bien necesita protección de otros árboles
de sombra durante los primeros años de vida. El
hombre, contra lo que algunos puedan creer, puede hacer
mucho por él mejorando su aspecto. Por eso se ha
empleado desde hace muchos siglos en jardinería,
tanto recortado como para formar preciosos setos de lustroso
color verde oscuro, como discretamente podado, siendo
muy valorado en concepciones paisajísticas. Por
otro lado, su madera ha sido y es muy querida por los
ebanistas, gracias a sus cualidades de pesadez -no flota
en el agua-, textura, color y compactidad, así
como por su facilidad para aceptar colorantes. En caso
de tintura negra, le hace imitar con gran perfección
a la madera de ébano.
Pero
quizás lo más curioso del acebo es que es
un árbol dioico, es decir, que hay ejemplares machos
y otros hembras, como en las personas. Mejor dicho, sus
flores blancas o sonrosadas son unisexuales y las de cada
sexo se producen en plantas diferentes, no en un mismo
ejemplar. Unos machos y otros hembras. Por tanto, esos
acebos que vemos a partir de octubre cargados de frutos
rojos del tamaño de un guisante son todos ellos