Uno
de los mayores acicates que presenta la investigación
antropológica es poner al descubierto las
raices científicas de los mitos sobre los
que se asientan las creencias de cualquier sociedad.
En el caso de la sociedad aragonesa, en cualquier
escuela de pueblo, nuestros niños estudian
los "orígenes" negroides de nuestra comunidad
en un atadijo de incorporaciones joteras, ("te ví
tol bujero negro"), apreciaciones de escaso valor
linguístico, (monegro: mono negro) e incluso
de rechazo, ("ties la caeza como el hollín
d'Andorra). Pero siempre, sin ningún rigor
histórico ya que los intelectuales y científicos
de la postguerra y aún de hoy, están
más preocupados por desempolvar accidentes
históricos, (Costa, El Pastor de Andorra,
Pignatelli, etc), que por desentrañar el
nervio genético de nuestro devenir, lo cual,
a todas luces, nos aportaría más luz
que el cifrar con exactitud a qué hora se
tomó el café D. Ramón
antes de ojear su microscopio y anotar nombre y
apellidos una nueva celula motórica. La ciencia
en Aragol ha estado en manos de cuervos y culebras
que han prestado muchísima más atención
al personaje que a la esencia, repito, del devenir.
¿Cómo es posible que siendo el común
de los aragoneses de apariencia blanca la conducta
sea singularmente negroide?
"Chusé tol negrata" el día
de su descubrimiento.
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"Genara" la monegra que puede dar luz a
los orígenes negroídes de
Aragol.
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El sentido tribal que aún hoy se observa
en la mayoría de nuestros pueblos a los
que todavía no han llegado las minifábricas
de cableado u otras de parecida significación
y ,en todo caso, todas ellas relacionadas con
el occidentalizante sector del automóvil,
soporta cualquier comparación con el que
podemos observar en cualquier aldea de Tanzania.
Muy poca diferencia podemos apreciar entre el
comportamiento de un pastor "wakikki", propietario
del escaso ganado que posee la comunidad, con
el que nos mostraría un hábil "mediero"
de cualquier villa semidesierta. Las comidas,
casi siempre empleando los dedos; la bebida, siempre
contenida en objetos que hay que alzar; las canciones,
casi siempre interpretadas a voz en grito y con
acompañamiento rítmico simple y
monocorde; la familia, siempre girando alrededor
de la hembra...Es decir, son comportamientos tan
extraordinariamente similares que aparentemente
uno no se explica como podemos ser blancos y actuar
como unos negros.
Y nuestras investigaciones dieron un paso extraordinario
cuando descubrimos a "Chusé tol negrata".
Efectivamente habíamos decubierto un eslabón.
Pero, sabemos desde hace, al menos, 30 años,
que los aragoleses nacemos de macho y hembra.
Esta característica científica hoy
en día ya no cuestionada ni por los ortodoxos
de la jota, nos dejaba huérfanos en el
descubrimiento. Así, los más talibanes
de Aragol se aprestaban a explicar que el "descubierti
Chusé" sería un híbrido de
"alguna negra" con un pastor pirenáico,
sabedores ellos "por ciencia infusa" de la soledad
del oficio. Bien, ante esas argumentaciones dignas,
a todas luces, del siglo pasado, no de éste,
sino del anterior, es decir del XVIII, nosotros,
los científicos modernos quedamos a merced
de cualquier boca de ganso. Ni podíamos
inferir hipótesis generalistas, (ya que
serían rapidamente desechadas por
el taliban), ni podíamos ir más
alla de lo descubierto. Estábamos pues,
en una encrucijada violentísima. "Chusé"
podía convertirse incluso en una "gracia"
de la naturaleza. Por eso, era imprescindible
encontrar una hembra.
Y no fué facil seguir
buscando y pateando la zona de influencia dónde
se halló a "Chusé". Pero los días
se sucedián a las noches, (por suerte,
en Aragol, esa cadencia no depende del taliban
de turno sino , como en el resto del mundo Occidental,
de Dios), y ya éramos incapaces de encontrar
el menor rastro.
Pero
por fin, un día, un 23 de Abril, ¡Dios
mío!, se nos aparecio la Virgen.
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