EL POLLO URBANO
Mensual Elegante para el Gigante y el Enano

 
 
 
 
 
El Pollo Urbano para el Gigante y el Enano


La chati de Casbas te deja leer la sentencia del "Caso Progea"
¡Pínchale las tetas!

El Pollo Urbano, la revista en su género más leída de Aragón, de España y del mundo latino
Conoce nuestras
ESTADÍSTICAS
 
Desde 1977 primera revista de sátira política, información, ocio y cultura del mundo negro aragolés        
Nº 90 (3ª Epoca) Mayo 2008. Zaragoza. 
España

El primer grupo aragonés de medios de comunicación por internet
ARTES Y LETRAS
REVISTAS
MAGAZINE
RADIOS
MISCELÁNEA
Apúntate a nuestro boletín de novedades y recibe en tu correo todas las novedades de
EL POLLO URBANO
estás en: elpollourbano.net / sociedad / Un viaje por los pueblos deshabitados de Aragón

La radio más cachonda de Aragol ¡Pincha el logo!
ECOS DE SOCIEDAD
Un viaje por los pueblos deshabitados de Aragón (III)
Jesús Sáinz


23 de febrero, 2008

    Como de costumbre nos levantamos a las siete de la mañana. El restaurante del Hotel Boltaña está cerrado. No hay posibilidad de tomar un te o café así que a la media hora estamos listos para salir. Decidimos adelantar la salida que estaba prevista a las ocho de la mañana. La temperatura debe de ser de unos seis o siete grados. Hemos tenido suerte y el frío intenso que es habitual en estas épocas del año no ha hecho acto de presencia. El día está despejado, o al menos eso nos parece. Una vez en el Land Rover tomamos la dirección norte. El destino inicial es el Valle de la Solana donde pensamos visitar Sasé, Campol y Berroy. Vamos bordeando un profundo barranco por donde discurre el río Ara. Pasamos por Seso y seguimos en dirección a Jánovas. La vista es magnífica pero el despeñadero a nuestros pies y la estrechez de la carretera recomiendan prudencia al conducir. No han pasado diez minutos de trayecto cuando empieza a asomar desde el norte una densa niebla que se desliza hacia abajo cubriendo el barranco. La imagen tiene una belleza misteriosa. La niebla, a medida que avanzamos, nos va rodeando con gran rapidez y a los pocos minutos la visión es casi nula. La visibilidad no llega a más de cinco metros de distancia.

    El día no empieza bien ¿Es un aviso de lo que nos espera? En esas condiciones no podemos seguir. Así que, sobre la marcha, cambiamos los planes. Dado que los pueblos que planeábamos filmar por la tarde están hacia el sur, decidimos cambiar de planes. Damos media vuelta para tomar la dirección hacia Boltaña camino a Morcat. Un pueblo que se halla en la zona del Puerto del Sarrablo.

Morcat

     Al llegar a Boltaña vemos un bar abierto y paramos a preguntar por el camino. Allí nos explican que hay dos posibilidades. Elegimos la que pasa por Sieste. Las indicaciones verbales que nos dan son bastante complicadas pero, como veremos luego, precisas. Salimos en la dirección de Ainsa y al pasar el Monasterio, hoy transformado en Parador, giramos a la derecha para entrar en una carretera que, a los pocos kilómetros, se transforma en una pista. Al pasar por Sieste hacemos una breve parada. El pueblo está muy reconstruido y muchas de las casas están en obras.

    Seguimos el camino hasta llegar a un par de casas nuevas. Es una de las indicaciones que nos han dado en el bar. Antes de pasar las casas, giramos a la izquierda abandonando la pista para cruzar un barranco pedregoso. Al otro lado del barranco, seguimos por lo parece ser una pista en mucho peor estado. La dificultad de la pista aumenta a medida que avanzamos. La marcha es cada vez más lenta. Ha pasado un largo rato, durante el que dudamos de estar en el buen camino, cuando divisamos un pueblo en lo alto. En unos minutos llegamos a una distancia donde podemos distinguir detalles de las casas. No hay indicaciones sobre qué pueblo se trata. Deducimos que es San Belián. Lo escribo según la ortografía en nuestro mapa aunque en otros lugares aparece escrito con la ortografía "San Velián." Vemos humo en una chimenea y signos de que está habitado. No entramos al pueblo y desde la distancia no vemos a ninguna persona.

     Seguimos adelante en un camino cada vez más duro y penoso. La pista está llena de piedras y más que con baches nos encontramos con agujeros de gran tamaño. Así que de vez en cuando tengo que bajar para inspeccionar si el coche va en buena dirección. Corremos peligro de romper el coche con una de las piedras o en uno de los agujeros. La marcha es más lenta que si fuéramos a pie. La vista es excelente pero es difícil de disfrutarla. Estoy más pendiente del precipicio que hay a nuestra izquierda y de la posibilidad de que el coche rebote en una piedra y nos despeñemos con él que de otra cosa.

   Ha pasado más de una hora desde que paramos en Boltaña y seguimos en la incertidumbre de si llegaremos o no a Morcat. El día, sin embargo, es excelente. Hace una temperatura primaveral y estamos rodeados de un paisaje bellísimo. Seguimos subiendo y con la altura las vistas se vuelven más impresionantes. De repente oímos un ruido siniestro. El coche ha chocado contra una piedra en los bajos. Paramos. Marcha atrás. El pedrusco puntiagudo está casi en el medio del camino. Lo circundan un par de surcos profundos creados por la erosión y, probablemente, por coches circulando en el barro. Es difícil de pasar. No parece que se haya roto nada. El coche no pierde aceite ni se han roto ejes o amortiguadores. Pero todavía hay que pasar el obstáculo. Al final la pericia y experiencia del conductor permite que el coche pase. Dejamos una señal en uno de los árboles para que nos recuerde el lugar por si acaso volvemos por el mismo camino. Ahora, en lugar de ir dentro del coche, yo camino un buen rato por delante pare comprobar si hay nuevos obstáculos. La pista sigue empeorando y nos preguntamos a qué extremos llegaremos.

    Al final divisamos un desvío donde parece que hay unas señales. Internamente damos la bienvenida a los signos de civilización. La señal es un poste de madera donde se han atornillado dos flechas indicadoras, de madera también. Una de ellas indica hacia el camino por el que hemos llegado. Lleva las inscripciones, "Sieste", "Boltaña", "ruta 2", y tiene clavado un cartelito azul con fondo blanco donde se ha dibujado un ciclista y unas montañas nevadas al fondo. Arriba lleva el texto "BTT", y abajo dice "Sobrarbe." La ruta que hemos elegido obviamente es usada también para el ciclismo de montaña. La otra flecha, que indica la dirección del desvío, es la que más nos interesa. Lleva la inscripción "Morcat (800 m)". O sea que el desvío nos llevará en 800 metros ascendentes a nuestro destino.

     Tomamos la dirección de Morcat y la pista mejora a ratos. Es más ancha y menos accidentada. Por otra parte ya no tenemos el precipicio a nuestro lado. A menudo la pista vuelve a empeorar y la velocidad sigue siendo muy lenta. Cuando llegamos a Morcat hemos empleado unas dos horas para recorrer aproximadamente tres kilómetros.

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

   Una vez aparcado el coche, podemos admirar el paisaje que nos rodea. Estamos en el punto más alto de la zona que nos circunda y la vista es impresionante. Podemos observar montañas con los picos nevados en las cuatro direcciones. Es un día soleado, pero las montañas aparecen en sucesivas capas entre la neblina que proporciona la distancia. Quizás sea el lugar más bello de los que hemos visto hasta ahora. Nos ha costado llegar pero valía la pena.

     El pueblo, hoy deshabitado, pertenece al municipio de Boltaña y está situado a unos 1.077 m de altura. En tiempos pasados tuvo un papel en la defensa militar de la región. Su localización es la adecuada para el control del paso por el valle que domina desde las alturas. Su importancia estratégica radica en la posición transversal del valle. Controlaba el único camino de comunicación entre el este y el oeste. Todavía hoy se encuentran restos de una antigua fortificación militar. Según Adolfo Gastán, los restos de la fortificación muestran que su construcción no fue muy cuidada. El mismo autor informa de que dicha fortificación tuvo un papel activo durante los años 1020-1030 y que en esas fechas se documenta un tal señor Ato Garcianis de Morkato.

     Hay muy poca información de fácil acceso sobre dicho pueblo. Sin embargo, la palabra aparece citada en un estudio de Gartzen Lacasta Lestaun fechado en 1988 llamado "El Euskera en el Alto Aragón". El propósito de dicho estudio es "poner de relieve una serie de afinidades existentes entre los espacios culturales contiguos constituidos por el Alto Aragón y el País Vasco" y "el posible reflejo que un grupo de étimos vascos, elegidos al azar, han podido ejercer en la toponimia altoaragonesa." Dicho estudio parte de la hipótesis, que el mismo autor califica de "provocadora", de que el Alto Aragón tuvo habla vasca en momentos pasados de su historia. En apoyo de esta hipótesis cita a historiadores tan ilustres como Menéndez Pidal, Corominas y Caro Baroja. Para ello estudia la toponimia del Alto Aragón y, en apoyo de este enfoque, parafrasea a Caro Baroja diciendo que la toponimia y la historia están íntimamente ligadas. Lo que nos interesa aquí de este estudio son las referencias al topónimo Morcat. Se cita la palabra Morcate como ejemplo de la utilización del sufijo "at(h)e", que en vasco significa "puerta" y cuyo significado se amplía en Navarra a "garganta, estrechadura de un valle, desfiladero, paso, puerto". Todas estas descripciones se ajustan a la localización geográfica de Morcat. Más adelante el estudio dedica un apartado entero al pueblo. Recoge una cita de Madoz que lo sitúa "en lo alto de una peña" y aporta el dato de que por "Morcate pasa un camino de herradura que conduce desde la capital del 'part.' (sic) a la de la de la Provincia". El autor concluye que, dado que Morcat está a una altura de 1077 metros, a 400 metros de altura del río Sieste y a menos de 3 km de Sieste, constituye un verdadero "paso" o "puerto". Algo que nosotros podemos atestiguar ya que acabábamos de hacer el camino desde Sieste hasta Morcat con las dificultades anteriormente descritas. En el mismo estudio se mencionan la lista de grafías recogidas por Agustín Ubieto: Morcat, Morchato, Morchat, Morcato, Morkato, Morquat y Morquart.

     Antes de empezar a trabajar, decidimos tomarnos el almuerzo. No hemos probado nada en todo lo que va de día y la tensión de las últimas horas ha sido considerable, así que un descanso con refrigerio nos vendrá bien. Instalamos la mesita plegable y el hornillo de butano en la plaza junto a la iglesia. Sacamos las vituallas y al rato nos tomamos los típicos huevos fritos, queso, olivas, guindillas, pan y un trago de la bota de vino. Nos hacemos una foto para el recuerdo y tras admirar el pueblo reanudamos el trabajo.

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  Empezamos la filmación de lo que nos rodea. El pueblo está en ruinas pero bastantes de las casas se conservan parcialmente en pie y en no muy mal estado. También están en buen estado algunas bordas y otras construcciones probablemente utilizadas para almacenaje y guardar animales. El número de casas no es muy elevado. Quizás una docena. Las hierbas y zarzas aparecen por todos lados, sin embargo algunas de las antiguas calles están limpias, así como una plazoleta central. Todo ello le da un aspecto despejado que destaca la belleza del pueblo junto a las maravillosas vistas de montañas nevadas que lo rodean en todas las direcciones.

     La iglesia está derruida, aunque la torre todavía se conserva en pie. Las casas son de un tamaño más que mediano y fueron construidas con la suficiente solidez como para que, por ahora, hayan sobrevivido al abandono. Algunas de las pequeñas construcciones, que parecen tener la finalidad de almacenar o guardar animales, se hallan en buen estado. Esto sugiere un mantenimiento reciente de personas que las utilizan con fines prácticos. En una explanada, se ha construido una mesa y bancos de piedra utilizando piedras cuadradas y losas planas y delgadas similares a las que suelen cubrir los tejados. La mesa está rodeada por cinco bancos de piedra. Todos ellos en condiciones de ser utilizados.

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

    Las vallas de piedra que rodeaban los antiguos caminos y calles están totalmente derrumbadas y las piedras cubren los caminos. Sin embargo, el aspecto que da el pueblo es que no hace mucho tiempo que ha sido abandonado. En una de las casas todavía quedan restos de las instalaciones para la corriente eléctrica. Vemos también un pozo donde se han realizado obras fechadas en una inscripción: 1933. Lo más probable es que Morcat fuera abandonado durante los años de posguerra cuando la mayoría de los pueblos pirenaicos sufrieron una fuerte despoblación. Sin embargo, es posible que los habitantes de pueblos cercano todavía utilicen algunas de sus construcciones de forma ocasional. Me imagino que los inviernos en este lugar deben de ser muy fríos. No solo por la altura, sino por estar abierto a todos los vientos. Dado su aislamiento, pienso en el tipo de vida que tuvieron sus antiguos habitantes. No sé como serían las carreteras de su tiempo, pero si eran como la que hemos pasado (probablemente peores) sus comunicaciones con el entorno no serían fáciles.

     Una vez terminada la filmación decidimos volver por el camino que hemos venido. Quizás por influencia del refrán que dice que "más vale malo conocido que bueno por conocer." Instalamos un nuevo invento tecnológico de la casa en el capó del coche. Una cámara sujeta a un soporte con ventosa. Esto nos permite que la cámara sujeta en la parte delantera del coche filme la carretera mientras bajamos hacia Boltaña. Filmamos casi unos veinte minutos. No he podido ver la filmación todavía, pero me imagino que el traqueteo causado por las piedras del camino, reflejarán la dificultad del trayecto.

   

     Al llegar a la encrucijada, paramos para quitar la cámara del capó. Allí Dionisio me informa de que tenemos un problema con la electricidad del coche. El problema es que no funciona nada que sea eléctrico, incluido el motor de arranque. Así que no podemos arrancar de forma normal. Cambiamos los fusibles pero la cosa sigue igual. La batería está completamente descargada y nos imaginamos que el problema está en el sistema de carga. Llamamos a nuestro amigo Rafael Esteban, un gran experto para solucionar este tipo de problemas, y nos sugiere que es un contacto con el motor. Arrancamos el coche gracias a que estamos en dirección cuesta abajo y decidimos no parar hasta que lleguemos a un taller mecánico. El problema es que estamos en un domingo al mediodía y la probabilidad de encontrar un taller mecánico va ser muy baja si llegamos a Boltaña después de las dos de la tarde, y cuando lleguemos faltará poco para ello. Por otra parte necesitamos gasolina y no podemos echarla con el motor en marcha. Así que se acumulan los problemas.

    En silencio bajamos hacia Boltaña volviendo a pasar por todos los agujeros y piedras que nos dificultaron la llegada a Morcat. Después de unas dos horas, hemos recorrido los menos de tres kilómetros que nos separan de Sieste. En Boltaña preguntamos por una gasolinera y un taller mecánico. No hay. Nos indican que los encontraremos en Ainsa. Después de recorrer los siete kilómetros de distancia que nos separan de Ainsa, paramos en una gasolinera. Allí llenamos el depósito y compramos un bidón de gasolina y preguntamos por los talleres. Hay tres posibles. El primero al que nos dirigimos está cerrado. Los dos siguientes están el uno al lado del otro. Paramos y entro a preguntar en uno de ellos. No hay nadie, así que salgo y, andando, me dirijo al de al lado. Allí hay una señora de mediana edad que junto a un señor mayor observan el trabajo de un mecánico. Les explico nuestro problema y les pregunto si le podrían echar un vistazo al coche. La primera reacción es que no. Son más de las dos y van a cerrar el taller. Insisto y les explico nuestro trabajo. Titubean y al final deciden echarnos una mano. Me dicen que entremos el coche al taller. Le hago una señal a Dionisio, que está esperando afuera, y éste entra con el coche. El mecánico empieza a mirar en el motor y hace unas pruebas. El coche sigue sin electricidad. Comprueba que la batería carga. Trae una luz y empieza a mirar en la parte trasera del motor. Parece ser que ha encontrado el problema. No han pasado diez minutos y el problema está resuelto. Una pieza que hace contacto con el motor estaba rota. Partida probablemente por el traqueteo y los golpes en la carretera. Nos cobran diez euros por el trabajo. Salimos encantados de haber resuelto el problema y poder terminar el trabajo que nos falta.

    Para celebrarlo y para planificar el resto del día, paramos en el bar Pirineos. Este bar parece que se ha convertido en nuestra oficina de trabajo en Boltaña. Allí nos tomamos un par de botellines de cerveza y decidimos cual va ser nuestra próxima parada.

Campol

     Salimos del bar y nos dirigimos hacia el norte. El día es soleado y las nieblas de la mañana están completamente ausentes. Hace un día excelente, sobre todo después de resolver el problema mecánico. Pasamos el desvío que lleva a Ascaso, nombre de resonancias históricas, pasamos Jánovas y Lavetilla. Antes de llegar a Lacort tomamos un desvío a la derecha en dirección a Billamana y Campol. Todos los pueblos que acabo de mencionar están deshabitados. El Valle de La Solana, en la comarca del Sobrarbe, cuenta con una docena y media de pueblos deshabitados. Para llegar a Campol nos dirigimos, por una pista de tierra, a San Martín de la Solana donde hoy se ha construido un Hostal. En este lugar hay solamente un edificio, el Hostal. El sitio está muy cuidado, tiene unas vistas magníficas del valle y el edificio que es el Hostal tiene un aspecto excelente. Paramos para tomar unas cuantas imágenes.

   Aprovechamos para preguntar como llegar a Campol. Llamo a la puerta y nos abre un joven con acento norteafricano. Nos explica el camino. Como es habitual llegamos a los sitios utilizando una mezcla de la información que nos da la gente del lugar, el uso de la intuición y lo que aparece en unos "mapas turísticos de Aragón" que espero fueran destinados originariamente a otro tipo de actividades porque uno no se puede fiar mucho de ellos. En último lugar utilizamos las señalizaciones, cuando existen lo cual no es lo habitual. En cualquier caso al final (casi) siempre llegamos a nuestro destino.

    La pista, una vez pasado San Martín de la Solana, pasa de ser de tierra a ser una carretera asfaltada. Parece curioso que para llegar a un lugar donde hay un Hostal la pista sea de tierra y el tramo siguiente, que conduce a un pueblo deshabitado, sea de asfalto. Misterio que, como todo, seguro que tiene una explicación.

    En menos de dos kilómetros estamos en Campol. El pueblo está encaramado en un alto. Depende de Fiscal y tiene una altura de 1344 metros. Tiene una calle central donde se alinean las casas con calles laterales bastante angostas y hoy completamente tomadas por las zarzas. Esto dificulta bastante el inspeccionar lo que queda del pueblo que está muy arruinado.

    La historia de Campol es bastante triste. En una página de internet llamada "aragon es asi" (http://www.aragonesasi.com/huesca/fiscal/campol.php) se describe cómo sus habitantes tuvieron que abandonarlo: "lugar deshabitado, como muchos del valle de La Solana, se persiguió e incomodo a muchos de sus habitantes para que abandonaran su poblaciones para poder construir el pantano de Jánovas."

    La expropiación de los pueblos de la zona empezó en 1951. El núcleo de Jánovas fue dinamitado por Iberduero durante la expropiación, pero el pantano, 57 años más tarde, no se ha construido. Tal como se describe en otra página web: "En el BOE del día 10 de febrero del 2001 sale publicada la resolución de la declaración de impacto ambiental negativa del proyecto de Jánovas, y por lo tanto se descarta su construcción." (http://www.laemboscadura.arrakis.es/msrsobrarbe2004/janovas.htm).

    Un libro de Marisancho Menjón con el título de "Pantano de papel" fue publicado en el 2004 por la Biblioteca Aragonesa de Cultura. Esta es la descripción del libro por la editorial: "Narra la dramática historia vivida en el valle de Ara, una hermosa zona del Sobrarbe, cercana al Parque Nacional de Ordesa, como consecuencia del proyecto de construcción de un pantano. Hace casi cincuenta años, las gentes de Jánovas, Lavelilla, Lacort y toda la Solana fueron obligadas a marcharse, diecisiete pueblos quedaron destrozados y el valle quedó convertido en un lugar desolado por culpa de una obra que nunca llegó a hacerse. Aún hoy, sin embargo, no se ha desechado definitivamente su realización, ni se han devuelto las propiedades arrebatadas a sus antiguos habitantes, ni se ha reparado la injusticia cometida con toda una comarca 'en nombre del interés general'."

    Hay un vídeo en "youtube" titulado "Jánovas, victimas de un pantano de papel" (http://www.youtube.com/watch?v=MY3aUk0Kraw) donde aparece una de las últimas familias de Jánovas y donde se retrata de forma poética y entrañable la historia de la zona desde el punto de vista humano. Es un vídeo que en menos de cinco minutos refleja con sensibilidad la impotencia del ciudadano frente al poder. El vídeo pese a ser triste es optimista con el futuro y muestra el amor de las familias del lugar por su tierra.

    Los hechos han tenido gran repercusión social. En internet encuentro más de 31.000 páginas con la búsqueda "Jánovas". En la Wikipedia en inglés Jánovas, Lacort y los pueblos de la Solana aparecen citados como pueblos fantasmas o "ghost towns" (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_ghost_towns).

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  Campol es uno de los pueblos que forman parte de dicha historia. Unas décadas más tarde, Campol apareció en la noticias por otros hechos que reflejan uno de los puntos de malestar de nuestra sociedad. La dificultad de acceso a la vivienda. El pueblo fue ocupado por un grupo de jóvenes que intentaron hacer su vida allí y de paso rehabilitarlo, pero fueron desalojados por la Guardia Civil y llevados a juicio.

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  Campol tiene unas vistas excelentes. El paisaje es de gran belleza y tenemos la suerte de gozar de un día primaveral. La iglesia, que está bastante bien conservada dentro de la ruina del lugar, parecer ser que es románica con arreglos del XVII y XVIII. El interior está en un estado deplorable. Lleno de suciedad y de escombros. Aparte de pintadas como "viva el punk y la salsa", alguien se ha entretenido en decorar las paredes de la iglesia con pinturas llamativas y de dudoso gusto. Entre Chagall, Mattise y hortera. En los desconchados de la cal se advierten las pinturas originales de la iglesia. Quizás alguien las cubrió con cal para preservarlas o porque no le gustaban. Afuera, en el suelo una piedra tiene grabada la inscripción "1870 A.G."

   

      Las casas son grandes y sólidas. Algunas tienen una cierta belleza. Sin embargo, la ruina es evidente y da la sensación de que está progresando rápidamente. Podemos observar instalaciones que indican que el pueblo tenía un sistema de agua corriente. En una casa, en muy mal estado por cierto, hay abandonados un par de colchones cochambrosos y un saco de dormir.

    Después de haber recorrido todo el pueblo, con dificultades debido a la vegetación, y filmado lo suficiente tomamos la dirección del próximo y último pueblo del día.

Sasé

    Bajamos a la carretera de nuevo, giramos a la izquierda y pasamos Lacort para llegar a Santa Olaria. Allí mismo tomamos un desvío a la derecha que nos conducirá a Sasé. Como comprobaré más tarde son unos 16 kilómetros de pista muy mala. En su estilo tan mala o peor que la que hemos sufrido por la mañana en el camino hacia Morcat. La pista es ascendente y al principio no está tan mal. Luego empieza a serpentear y aparece el agua, las piedras y, lo peor, el barro. Además hay numerosos desvíos que sin tener un mapa adecuado de la zona convierte el viaje en una aventura. Tenemos la suerte de cruzarnos con un Land Rover de lo que parecen ser cazadores. Llevan un remolque cubierto con un toldo. Paramos a su lado y les preguntamos cómo ir a Sasé. Nos explican la forma de llegar. La luz empieza a escasear y tenemos que calcular el tiempo de ida y vuelta. No parece muy conveniente conducir de noche en la pista por la que vamos. Seguimos adelante y pasamos por zonas muy penosas de cruzar. Particularmente un trecho de casi 100 metros completamente embarrado donde el coche pierde control y amenaza encallarse. Este tipo de trechos embarrados aparecen periódicamente y se alternan con otros de charcos enormes o de campos de piedras que hacen saltar al coche como si estuviera en una feria. Pasamos a una respetuosa distancia los pueblos deshabitados de Tricas, Ginuábel y Muro. Por fin, después de casi dos horas de trayecto llegamos a Sasé. 

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

  Al entrar observamos materiales de construcción apilados en una pequeña caseta. Las casas están bastante bien conservadas para un pueblo deshabitado. La luz grisácea del atardecer les da un aspecto algo triste. El pueblo tiene una belleza imponente. Está localizado en una llanada al fondo del valle y construido alrededor de una plaza central donde se halla la iglesia. Hay edificios que datan de los siglos XVII y XVIII. Destacan las chimeneas cilíndricas típicas de la arquitectura alto-aragonesa. Todavía se conservan los edificios que fueron la herrería, la escuela y el antiguo lavadero con su fuente. La iglesia que preside con autoridad todo el conjunto es del siglo XII y fue reformada en el siglo XVIII.

    Empezamos a filmar la plaza y la iglesia. Tomamos imágenes de la fuente y el abrevadero. Mientras estamos filmando aparece un caballo que se detiene en el centro de la plaza y nos observa fijamente. Al cabo de un rato aparece otro caballo, éste con manchas castañas. Nos siguen durante un rato y luego se van por donde han venido. El pueblo es su dominio. 

Viaje a los pueblos deshabitados de Aragón