El Pollo Urbano. Desde 1977 la primera revista de sátira politica, información, ocio y cultura del mundo negro aragolés. Zaragoza. España. Nº 126 Mayo 2012
Poemas / Manuel Jarque Bucaro |
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Por Manuel Jarque Bucaro En mi ciudad fuego cruzado y purpurina ensangrentada bombillas alicatadas y verde yerba embarrada.
En mi ciudad nadando en la nada del domingo; en el umbral de la nada de un oasis de domingo. En el sabina Franciscano y el Joaquín republicano.
Y así sigue mi gran ciudad una inmortal muerta que por la noche se convierte en estantigua, en fantasma de dos cabezas, la misma noche que será mañana antes de que caiga la tarde y vendrá con su rumor de farola y parque. EN EL domingo que viene con lo fatal de unos estantes vacíos y los gritos del bar porque Darío Franco vuelve al Fondo Norte. Y el lunes ya entrando por la puerta. Miro de reojo su escote en la nada del domingo aún culebrea la última noche contigo. Y por fin algo en el Domingo.
2 Si no lo digo ahora cuando decirlo, teniendo a Unamuno en las garras y mis venas queriendo ser más de lo que deberían. El váter ahí dormido con los pies bañados en orín y alguien esperando fuera enrabietado, suena alguna canción de Jazz malo el ventilador lo succiona todo y yo apoyado sobre el interruptor para que la luz no se mueva, me aparto se apaga y pulso se apaga y pulso otra vez para poder seguir mirándome en el dispensador plateado de papel higiénico que crea una imagen deformada de mi careto y es una buena compañía ahora que todos se han ido y estoy solo aquí intentando apoyarme en un interruptor mientras alguien espera fuera algo cabreado con el pipi en la punta porque hace demasiado frío para salir a hacerlo fuera. Saco un billete para esnifarme las estrellas apoyado sobre el interruptor, la luz quieta. mi imagen deforme me pregunta quien eres tú.
3 Ardiéndote a fuego lento con el son sordo de mil campanas vociferantes tañidas mansamente. Ardiéndote con fogonazos de sombras en suelos de brasas mojadas; hablando inefabilidades con San Juanito con Fray Luis ¡Oh! místicos misterios gozosos. Ardiéndote por caudalosos ríos, por glaciares inmensos y morrenas gélidas. Ardiéndote y deleitándome en tu fuego y tu baile rojo anaranjado peligroso, febril, violento. Ardiéndote en chimeneas apagadas en camas verticales Ardiéndome el tabique Y tu lengua encaramada A esta cima nevada Haciendo que replique.
4 Esta ignorancia tan sabia como la más pueril de las lágrimas El taxi arroyando vitrinas de cristales sin salida Una armónica negra en el fondo del bar Este hacer del es un estar en quiebra quiebra rosa como el cierre de este gramo de dios de mi bolsillo que zarandeo y agito desafiando al cielo amedrentando a la noche prostituta noche versos acampanados este esgrima de la rima que no existe de la métrica a medio gas y sin Arturo Fernández estas rayas en la carretera rayas blancas discontinuas con vocación de ayudar al tráfico como las de las tapas de los retretes rayas blancas discontinuas con vocación de ayudar al tráfico nariz arriba y se ve todo más sano más limpio más blanco y para colmo y fin esta tinta roja que no es sangre pero la admira que siente y padece que mira hacia atrás con gesto de ciclista que no gana que se imagina ser como la estructura metálica con la que nos deslumbran los edificios como los huesos desnudándose ante lo cierto del frío.
5 Cuando matas una cucaracha con tu propia orina te sientes más o menos bien hasta que te das cuenta que sigue moviendo levemente una pata y te acercas y fijas tu mirada en su negro rostro, como de puta herida, y vuelves a ver su pata derecha trasera moviéndose apenas y sientes algo parecido a lo que dicen que se llama compadecer y la miras y te sientes suyo y sientes el impulso de besar ese hocico negro diminuto y llevarla a casa y cuidar de ella ¿me la llevo? No. Me quedaré aquí quieto mientras se ahoga en mi amarillenta sustancia y yo mirando su pata moviéndose al ritmo del silencio que crean mis venas. |